Gente profana en el museo

Obras Maestras del Dr. Atl

Las historias acerca de Nahui Ollin y el Dr. Atl rondaron frecuentemente mi infancia. Conocía los libros de Atl y los ojos enormes de Nahui. La obsesión con los volcanes de Gerardo Murillo y los poemas de Carmen Mondragón. Mi mamá los nombraba como si se tratara de deidades.

Mi mamá, que también se llama Carmen, se sentía incontrolablemente atraída a la historia de los amantes modernos. Él, un espíritu libre que buscó toda su vida ser parte de y crear belleza. Ella, la belleza física e intelectual encarnada. Mi mamá suspiraba profundamente al final de cada historia.

En casa teníamos un espejo circular, de unos cincuenta centímetros de diámetro, rodeado por un marco de plata de unos tres centímetros de ancho. Mi mamá lo había recibido como regalo de alguna sobrina de Nahui Ollin que era novia de uno de mis tíos. Era una de nuestras posesiones más valiosas. “La primera vez que lo limpié”, recordaba, “le quité todo el polvo que tenía encima, y en la parte de atrás (de madera) vi cómo el agua se metía poco a poquito en las grietas hasta dibujar ‘Carmen’… sentí que Nahui Ollin me estaba llamando de ultratumba, me asusté…”, bromeaba.

La primera vez que oí esta historia creí, como frecuentemente lo hacía, que mi mamá estaba loca. Me escondí un día para tomar el espejo, lo descolgué con mucho trabajo de la pared y lo volteé mientras lo apoyaba sobre mis piernas. En efecto, atrás decía “Carmen” en un burdo y delgado grabado hecho a mano. Era tan auténtico como pesado. Había pertenecido de verdad a aquella mujer de pelo corto y ojos verdes cuyo retrato el Dr. Atl realizó con stencils para ilustrar amorosamente los poemarios de la novel escritora.

A esa edad leí Gentes profanas en el convento, memoria-novela del Dr. Atl que comienza con Gerardo Murillo huyendo casi desnudo de una batalla en Veracruz a un lado de las fuerzas obregonistas. Campanitas sonaron en mi cabeza mientras relacioné: mi bisabuelo era un general obregonista que murió en una batalla en Veracruz. Conocía ya entonces la carta, firmada por Álvaro Obregón, en la que se informaba a mi bisabuela el deceso de su esposo. “Seguramente pelearon juntos”, concluí emocionada.

Probablemente lo inapropiado de esta lectura logró que algunas imágenes se grabaran en mi mente con mayor fuerza que si yo misma las hubiera vivido (últimamente no recuerdo lo que hice el día, la semana o el mes anterior): Murillo viviendo a escondidas en el Antiguo Convento de la Merced, sobreviviendo gracias a la venta de sus dibujos, a cinco pesos cada uno, a las marchantas que iban a hacer el mandado. El artista bañándose en la fuente del claustro, disfrutando el agua fría de cada día, viviendo humildemente con prácticamente nada. Los colores de sus paisajes realizados en los vívidos Atl Colors eran reflejo de su alegría de vivir y sus palabras me llegaban como las historias de un abuelo que antes de su tierna decadencia vivió una vida fantástica, llena de belleza y dolor y alegría y amores que ocuparon su mente y que terminaron por impregnar con su esencia cada una de las cosas buenas y malas que hizo.

Evidentemente suspiro yo también. De generación en generación vamos pasando el amor por el Dr. Atl y esa personalidad fascinante, con su curiosidad por la naturaleza y su empeño insaciable por explorar los límites de su representación, por buscar el nivel perfecto de abstracción en el que se expresaran tanto la perfección de la naturaleza retratada como el momento moderno de búsqueda del estilo y el espíritu de su revolucionario tiempo.

La exhibición Obras Maestras del Dr. Atl llega al Museo Colección Blastein (Centro Cultural Universitario de la Ciudad de México) tarde en el año, tal vez sólo para recordarnos, en la antesala del 2012, el poder de la autenticidad y la belleza como fuerza creadora que fascina y llena y hace suspirar como aquellos ojos verdes que en 1921 le robaron el corazón a uno de los pintores más grandes de México. ®

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Publicado en: Diciembre 2011, Sinecdoquier


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  • Violeta

    Me encanto tu historia!! me haz hecho pasar una buena tarde!

  • Marisol

    Hola Óscar,
    No hay mucha más historia. Mi tío era novio de una sobrina que estaba a cargo de algunas pertenencias de Nahui Ollín y en algún momento le regaló el espejo.
    saludos!
    m.

  • Oscar Palafox Soto

    Hola espero y este sitio un siga vigente, me siento atraído por esta enigmática mujer de hecho soy mexicano y estoy en una investigación sobre este personaje que no me gusta en absoluto que este oculta o pasando de vos en vos quiero sacar mas de ella a la luz respetando su persona y su integridad como un personaje fuerte pero muy interesante que todos deberían conocer.
    Algo que me llamo mucho la atencion de tu post fue aquello del espejo y me gustaria mucho saber un poco mas sobre ello.
    soy un publicista independiente de 21 años me refiero a “publicista” que tengo mi blog en el cual hablo y escribo de diferentes temas al igual que ideas propias.
    Espero y me puedas ayudar
    De ante mano muchas gracias.