Guía rápida para aprender a trolear

Explora tu faceta antisocial

Los trolls existen, lo mismo en Twitter que en Facebook, y muestran lo más retorcido de personas que, fuera de su troleo, son gente adaptada y normal, y, salvo contadas excepciones, tiran por tierra el mito de que los psicópatas son inteligentísimos.

Desde que se popularizó el uso de internet fuera de las élites militares un gran número de usuarios tiene la idea de que el ciberespacio es una especie de comuna hippie donde la paz, el amor y la convivencia armónica son una constante. Su principal argumento suele ser “la gente sigue en internet aunque ya se pasó la novedad gracias a las redes sociales”, y hacen una lista de todas las opciones que ha habido, desde el IRC y Latinchat hasta Facebook y Twitter, pasando por ICQ, los clubes y grupos de Yahoo! y los blogs.

Es cierto en parte: sí, muchos de los usuarios de la red quieren tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar, pero eso no significa que sean amables y respetuosos con el resto de los internautas. De hecho, si hacemos memoria, veremos que los trolls pueblan internet desde sus primerísimos tiempos, cuando los grupos de noticias (estamos hablando del siglo pasado y de Usenet). Desde entonces, las características principales del troll son dos: se esconde en el anonimato y es impresionantemente hostil. Obviamente, estas dos propiedades están intrínsecamente relacionadas: dentro y fuera de la red, la posibilidad de actuar desde la sombra abre una compuerta al lado oscuro de la personalidad, y esto explica igual al supremacista blanco que asesina gente de otras razas que al oficinista que, bajo una identidad ficticia, ataca en internet a quienes detesta.

Por supuesto, hay gente que opta por el anonimato por motivos menos aviesos: como una herramienta de creación literaria o de desfogue sexual, por ejemplo. Y en muchas ocasiones la mascarada es benévola y divertida, como los carnavales de la vida no-digital. Esto hace que muchos cibernautas rechacen los intentos de controlar el anonimato que ha habido en las distintas redes sociales. ¿Protección o represión? El tema da para un gran debate… y no lo abordaremos aquí. Mejor partamos de que, tal como están las cosas, los trolls existen, lo mismo en Twitter que en Facebook; que muestran lo más retorcido de personas que, fuera de su trolleo, son gente adaptada y normal, y que, salvo contadas excepciones, tiran por tierra el mito de que los psicópatas son inteligentísimos: la mayor parte de los trolls cometen errores básicos que los echan de cabeza a las primeras de cambio (como escribir con dos cuentas distintas desde una misma IP) y que los obliga a emprender la graciosa huída.

Ahora bien, si pese a todo lo dicho quiere el lector explorar su faceta antisocial, digamos en Twitter (porque su pareja se fue con alguien más, porque un amigo le ganó una apuesta en el soccer o simplemente porque quiere probar a ser malo), van aquí algunos consejos para evitar los errores más comunes:

Abriendo la cuenta

Desde entonces, las características principales del troll son dos: se esconde en el anonimato y es impresionantemente hostil. Obviamente, estas dos propiedades están intrínsecamente relacionadas: dentro y fuera de la red, la posibilidad de actuar desde la sombra abre una compuerta al lado oscuro de la personalidad, y esto explica igual al supremacista blanco que asesina gente de otras razas que al oficinista que, bajo una identidad ficticia, ataca en internet a quienes detesta.

—Abra una cuenta de correo nueva. No use una viejita, ni siquiera si hace mucho que la tiene abandonada, llenándose de spam. Es poco probable que los usuarios de internet de entonces hayan abandonado el ciberespacio (a menos de que hayan muerto) y alguien puede recordarla.

—Piense bien en su nombre de usuario. Que no se refiera a usted ni siquiera oscuramente, ni a sus hábitos ni a sus vicios.

—Que su nombre de usuario no sea una caricatura (algo demasiado sexy o demasiado intelectual o demasiado lo que sea).

Insertándose en Twitter

—Evite más que nada en el mundo que el primer usuario al que siga con la cuenta falsa (a partir de aquí, fake) sea el de su cuenta “real” u “oficial”.

—Haga un perfil consistente y comience a seguir gente afín a ese perfil. Resista la tentación de empezar de inmediato con sus amigos, enemigos y exes.

—¿Se acuerda de cuando empezó a usar Twitter? Repita la experiencia, con toda la vacilación y los errores. Un neotuitero que sabe exactamente lo que hace es rarísimo y levantará sospechas.

—Busque buenos pretextos para empezar a seguir a la gente que quiere seguir. No lo haga de repente y de la nada.

Evitando sospechas

Evite especialmente que su “identidad alternativa” se dedique a lo mismo a lo que se dedica usted.

—Si usted tuitea desde Tweetdeck, que su fake tuitee desde Echofon. Si usted tuitea en la oficina, que su fake lo haga en casa por la noche.

—Que por ningún motivo su fake cuente historias que usted ya le contó a sus amigos. Que usted no recuerde todo lo que le cuentan no quiere decir que otras personas no lo recordarán… Y que una persona no siga a su fake no quiere decir que no lo lea.

—¿Se fue usted de vacaciones a Bielorrusia en Semana Santa? ¡Que su fake no hable como ruso! Alguien puede sumar 2 + 2.

—Aunque se sienta usted orgullosísimo de sus hazañas, no caiga en la tentación de contarle a otros sobre “ese usuario nuevo tan acidito”. No llame la atención sobre usted. Que sean los otros quienes lo comenten y usted diga “Ah, qué raro. Dejen voy a leerlo para ver de qué me hablan”.

Abriendo fuego

Estudie bien a la(s) persona(s) que quiere atacar. Lea todos sus tuits. Elija un motivo para trolear distinto al que le empuja a hacerlo. ¿Lo quiere trolear porque le bajó al galán/la chica? Atáquelo/la por irle al América. ¿Es porque canta horrible? Ataque su gusto por las telenovelas. Pero, ojo, empiece atacando a OTRAS personas que compartan el irle al América o gustar de las telenovelas. Así parecerá ira expandida..

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—Estudie bien a la(s) persona(s) que quiere atacar. Lea todos sus tuits. Elija un motivo para trolear distinto al que le empuja a hacerlo. ¿Lo quiere trolear porque le bajó al galán/la chica? Atáquelo/la por irle al América. ¿Es porque canta horrible? Ataque su gusto por las telenovelas. Pero, ojo, empiece atacando a OTRAS personas que compartan el irle al América o gustar de las telenovelas. Así parecerá ira expandida…

—Elija siempre ira expandida por encima de targets específicos.

—Que su fake ataque a todos sus “amigos” menos a usted es sospechoso. Pero que lo ataque a usted gratuitamente también lo es. Si quiere eliminar sospechas siendo atacado por el trol, construya una situación que lo justifique.

—No se deje dominar por el sentimiento. Los trolls más peligrosos y poderosos son los que actúan por ocio, al azar y sin tomarlo personal. Como los asesinos seriales. Cuando usted actúa dejando que lo guíe la tripa y no la cabeza, termina cometiendo errores. Como los asesinos pasionales.

Por supuesto, estos consejos, leídos al revés, son una buena guía para detectar si alguien cercano está jugando al troll. ¿Qué hacer en esos casos? ¿Decirle que ha sido descubierto o seguirle el juego? Francamente, no lo sé. Se aceptan sugerencias. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Octubre 2011


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  • Todos trucos ya los conocía, además se de algunos más, nuca había mirado en internet consejos para trolear, pero tengo bastante experiencia en esto, hice varios ”troleos” en tuenti y facebook por los cuales he llegado a ser muy conocido y odiado.

  • Me gustaría leer algo sobre aquellos que trollean sin esconderse.

  • Excelente la nota, Raquel. Entre la ironía y la advertencia. Por mi parte, a los trols (yo los llamaba de un modo más vulgar hasta hace poco) prefiero borrarlos del mapa virtual, si es que logro descubrirlos, claro. La paranoia tampoco es buena consejera.