Hermosos y tiernos

Camiones de ternura, de Françoise Rey

Camiones de ternura pudiera ser el acrisolamiento de una oculta fantasía femenina o la declaratoria de emancipación de una mujer apocada. Vicky, su protagonista, se embarca en un viaje de dos años a la cotidianeidad de dos apolíneos conductores de tráileres; sensuales, detallistas, dedicados, melómanos, amantes espléndidos y homosexuales.

Françoise Rey (1951) ha escrito más de veinte obras de marcada inclinación sensual desde la aparición de La mujer de papel, pieza que, con gran éxito, la dio a conocer en 1989 y que ya es considerada una obra clásica del erotismo francés. La pieza que nos ocupa, Camiones de ternura (1991), aparentemente fue escrita el mismo año que La mujer de papel, pero la quiebra de la editorial la hizo desaparecer del mercado. Afortunadamente fue recuperada por el santón francés del erotismo, Jean-Jacques Pauvert, en 2002, y editada en castellano en 2010 por Tusquets editores; son las dos únicas novelas de las que encuentro pista de su traducción a nuestro idioma (la primera en ediciones de los noventa, ya descatalogadas). Una pena, ya que de las cosas que se leen sobre ella es que se le ha nombrado “la grande dame de l’érotisme”, lo cual dicho en francés no es asunto menor, dada la estima que esa nación siente por la literatura de entrepierna.

Camiones de ternura [Tusquets, 2011] es una novela cuajada de descripciones sensoriales que pueden hacer la delicia de cualquiera, hasta, quizá, el hartazgo, ya que de pronto ganan más espacio que el que nos concede para conocer los meandros interiores de Tristán, pareja de Mark, de quien nos concede explorar un poco más; sin embargo, son agradecibles sus descripciones en la medida que conforman las atmósferas que rodean al trío; principalmente se detienen en la corporeidad de la música con que ellos se hacen acompañar, está claro que la señora Rey adora —como sus criaturas— la música; también son espléndidas sus descripciones carnales, ya que, aunque claras, están escritas con innegable elegancia: nada como una mujer para describir el ayuntamiento de dos varones a los que endiosa, ni para adentrarse en las posibilidades eróticas del trío en ciernes. Quizá sea esto, el carácter sensual de la novela de Rey lo que primero llama la atención de su prosa, después, el sentido del humor con el que amalgama el carácter lúdico a la experiencia literaria erótica, que pocas piezas consiguen.

Decía al principio que la novela puede develarnos una fantasía femenina oculta. Tengo por cierto que uno de los sueños favoritos de nosotros es yacer con dos lesbianas —de tendencias bisexuales, of course—; pues bien, Françoise Rey trastoca los papeles y describe para nosotros un ideal femenino apenas confesado: un hombre hermoso, viril, musculoso, enorme y mejor dotado que acompaña sus feromonas con la delicadeza y la sensibilidad femenina.

Los camiones de la novela representan maquinas titánicas que cruzan las autopistas llevando consigo jinetes poderosos y bellos, epítome de una masculinidad tosca, fálica y deseable, que por ende sirve de imán para que Rey fije en ellos un ideal varonil que completa con la sensibilidad de sus choferes homosexuales. Véronique, en cambio, es una mujer esmirriada y vejada por su entorno familiar, casada y divorciada de un hombre miserable, con una vida de la que ha desterrado el sexo y que por un infortunio termina subida en el tractor de un camión gigantesco, desde el que descubrirá una sensualidad desconocida que la hará transformarse y alcanzar su reconstrucción como mujer. Aunque no es sólo la sensualidad lo que Véronique descubre, sino el amor: la entrega de un ser a otro, las complicidades, la trama de gestos y momentos particulares que hermanan a la pareja y que se convierten en código común; a través de sus personajes, la novela muestra el reclamo femenino al amor consolidado entre iguales.

Decía al principio que la novela puede develarnos una fantasía femenina oculta. Tengo por cierto que uno de los sueños favoritos de nosotros es yacer con dos lesbianas —de tendencias bisexuales, of course—; pues bien, Françoise Rey trastoca los papeles y describe para nosotros un ideal femenino apenas confesado: un hombre hermoso, viril, musculoso, enorme y mejor dotado que acompaña sus feromonas con la delicadeza y la sensibilidad femenina; el no va más de lo que una mujer coloca en sus ensueños, aunque sí hay un más allá de esta estampa de masculinidad sensible: dos ejemplares para su servicio y delectación —ahora sí, ¿alguien da más? Pero no sólo plasma (y de una manera felina) el despertar y los deseos de Vicky, sino que la transforma y una vez transmutada le permite el libre albedrío. Vicky, que ha recorrido kilómetros que jamás imaginó, puede, al final de su periplo, recuperar su individualidad y su independencia.

Los Camiones de ternura es una novela que disfrutarán las mujeres y aquellos a quienes no les cause angustia y disfruten de la visión de la masculinidad, el sentido del humor (y hacer caso omiso de un par de malabares argumentativos —que por demás se aceptan en aras de continuar leyendo). ®

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Publicado en: Libros y autores, Septiembre 2011


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