Historia del amor feliz entre mediocres

El futuro no será de nadie, de Óscar de la Borbolla

Óscar de la Borbolla propone que mientras llega la muerte “hay que hacer el amor”, pues de todas formas no nos vamos a salvar —es decir, no pasaremos a la historia, seguiremos siendo mediocres…

Óscar de la Borbolla. Foto por: Pirocho

“¡Qué maravilloso es México como coartada para los mediocres! Porque en México nadie puede llegar hasta adelante, el propio país es la justificación perfecta que nos lo impide.” Vaya frase para concluir la presentación de una novela de amor que triunfa. Y Óscar de la Borbolla no se queda allí, sus lectores lo sabrán: afirma que “hay muchos seres humanos de relleno en este mundo” y que “en este salón [el Mariano Azuela de la FIL, donde presentó su nueva novela el domingo pasado] no nos vamos a salvar”.

Y con “salvarse” se refiere a “pasar a la historia”, lugar a donde la inmensa mayoría no pasa (“los que han pasado tienen calle en Polanco”, dice) y lo que es peor, la historia no va a trascender, “el futuro no será de nadie porque en el fondo todo es un absurdo”.

El futuro no será de nadie [Plaza y Janés, 2011] es una novela de amor entre un matemático y una pintora, ambos mediocres “por culpa del país”, que a de la Borbolla (La rebeldía de pensar y El canto de las sirenas) le llevó diez años escribir.

“Me di cuenta de que lo que se escribe del amor, siempre son las vicisitudes, las desgracias, o como dice García Márquez: ‘los amores contrariados’, pero que el amor feliz no tiene historia”, dice.

Al intentar “contar el amor feliz” el filósofo sabía que se enfrentaba a dos peligros: incurrir en la inverosimilitud, lo cual en realidad le tenía sin cuidado “porque una idea por más inverosímil y absurda que sea, siempre encontrará alguien que la crea, y esto por una razón muy sencilla, que viene en la Biblia además: el número de los imbéciles es infinito”, y caer en la cursilería, “que eso sí no me lo podía permitir, porque empiezo a tener un pasado qué respetar”.

Hasta el seis todo fluía con naturalidad, pero “el maldito capítulo siete de la novela se me presentó como obstáculo encanijado” que el autor resolvió recurriendo a la física y su estudio del espacio y el tiempo. “Según Einstein el tiempo es una cuarta dimensión del espacio”, y con esto logró que los personajes dejaran frases inconclusas para viajar a la velocidad de la luz, hacer el amor y luego volver al momento de la conversación y concluirla, no con frases cursis, hechas, sino con “lo que tenían que decir en ese momento”.

El libro recorre intrincados conceptos matemáticos, los simplifica y los vuelve disfrutables para el lector, además se introduce en el mundo de la pintura. La suma de los dos es el amor feliz.

Óscar de la Borbolla propone que mientras llega la muerte “hay que hacer el amor”, pues de todas formas no nos vamos a salvar —es decir, no pasaremos a la historia, seguiremos siendo mediocres— y “en consecuencia estoy seguro de que la novela habla de todos nosotros”. ®

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Publicado en: FIL, Noviembre 2011


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  • Se cayeron las utopias y se cayò el ideal de la ciencia;màs bien, està destartalando el mundo. Ya no hay una vision de futuro, ya no vamos a ningun lado. Estamos estancados en un presente. Palabras que creo no estan en el libro, pero fueron pronunciadas por Oscar de la Borbolla, y me gustarìa saber màs, sobre este pensamiento. Toda mi admiracion para don Oscar.