Hoy amanecí muerto

y otros breves cuentos fúnebres

© Luke Hillestad

Revelación

Debido a la sequía, el nivel de la presa sigue bajando de manera preocupante.

De seguir así, descubrirán los cuerpos.

El demonio

Tomó al perro y comenzó a destazarlo a mordidas; el animalito chillaba frenético mientras el hombre le arrancaba trozos de piel, carne y vísceras. Mordió su cuello y un chisguete de sangre impetuoso salpicó su rostro y su ropa. Entonces su mujer, llevada por el escándalo, entró en la cocina: cuando vio la escena no podía creerlo; su esposo, bañado en sangre, con el carcaje violado del perro entre sus dientes y la cabeza del animal, aún con los ojos abiertos, reposando en el suelo de la cocina, desangrada. Y aquel hombre, semidesnudo y sobre el suelo de la cocina, con el cabello desaliñado, las facciones tensas y los ojos abiertos, exclamó: “Se transformó en un demonio”. La mujer, boquiabierta, pasmada y sin quitarle la vista de encima, se tocaba el pecho con las manos. “Iba a matarnos a todos”, replicó el hombre, al tiempo que sostenía el cadáver sangrante del perro. Ella permanecía congelada, sin saber qué hacer; él la miraba sin expresión alguna. El hombre dijo después: “Quería llevarse el alma del niño”. Entonces la madre sintió un frío profundo y corrió hacia la recamara donde se hallaba la cuna: el cuerpo de su hijo se encontraba recostado, entre juguetes y chupones, sangrante y eviscerado.

Oscuridad

Entré en el cuarto, pero no quise encender la luz: el cuerpo yacía sin vida en el suelo. Lo supe por el sonido de las ratas masticando su carne. Al fondo de aquel espacio, alguien respiraba agitadamente.

Gestación

El feto dejó de desarrollarse en la novena semana, pero no murió. Sigue ahí, cinco años después.

Tumbas

Cavaron las tumbas y arrojaron los cuerpos.

Anochece.

Mañana temprano regresamos a tapar los agujeros.

Esa noche llovió torrencialmente.

Volvieron: el agua cubre por completo las fosas.

Quedaron ahí, viendo el paso de las nubes ennegrecidas reflejándose en la superficie.

Dejaron caer las palas sobre el lodo y se alejaron.

Mutilación

Frente al espejo.

Se vio de frente.

Llevó la aguja con anestesia y se pinchó un ojo, luego el otro. Vació la jeringa, recargó y pinchó nuevamente; buscó el nervio óptico y aplicó el anestésico. Esperó un minuto, tomó un cuchillo pequeño y filoso y se picoteó el ojo izquierdo. Laceró el tejido practicando cortes en varias direcciones, tomó unas pinzas, arrancó la parte mutilada y dentro de la órbita quedaron sangre, membranas, músculos, pequeñas arterias y un gran trozo de nervio. Hizo lo mismo con la órbita opuesta y quedó así, parado frente al espejo, adivinando su apariencia. La sangre escurre por la cara y gotea sobre su camisa y el suelo; la pisa y siente la sustancia viscosa. Se queda ahí, esperando a que la anestesia pierda fuerza. La sangre seca se adhiere al rostro y la sensación vuelve, despacio, de manera pausada: el dolor pega de repente. Se lleva las manos al rostro se inclina sobre la tarja y manoteando dentro del lavamanos siente los ojos flotando en el agua. Contiene el grito y escucha. Ahora puede realmente escuchar.

Muñecas

Colecciono muñecas.

De noche me gusta quitarles la ropa y tocarlas, sobarles sus brazitos y piernas tersas, sentir cómo resbalan mis dedos sin dificultad, y ellas sonríen, me observan, sus ojos brillantes y claros, su boca chiquita y labios carnosos, húmedos.

Tengo varias, viven en un cuarto especial.

A veces lloran y debo cerrar las ventanas para que nadie escuche.

Amuleto

La pareja perdió al niño en el quinto mes de embarazo. Lo extrajeron, llevaron a casa y lo momificaron. Lo cargan a todas partes, como amuleto de la buena suerte.

Hoy amanecí muerto

Desperté con la boca llena de gusanos y moscas plantando huevecillos en mi piel. Amanecí abotagado, con los ojos reventados, el vientre hinchado de gases, el cráneo roto, el cerebro expuesto y hormigas arrancando minúsculos pedazos de carne y llevándoslos a un oscuro agujero. Animales salvajes desgarran mi piel, mis músculos, pájaros picotean mi vientre, arrancan trozos de intestino pulmón estómago páncreas. El sol deshidrata mis tejidos seca líquidos internos crecen hongos en mi piel y el polvo me cubre. Entre el bosque y la maleza viajan ecos que se rompen en los árboles, chillidos que hacen temblar las hojas, se confunden con grillos, el aire rozando los bordes de las hojas y el rechinido de larvas transformando mi carne en gelatina y grasa espumante. Quiero levantarme verme al espejo lavarme los dientes rasurarme llegar al trabajo beber café saludar pero debo decir que hoy amanecí muerto pero no quiero decirlo pensarlo. Puede ser, sólo puede ser que esté soñando. Tal vez no sea mi cuerpo el que se pudre en la ciénega, quizá vi un programa de televisión o alguna nota del periódico y se trata de alguien más.

Quizá sea sólo eso.

Transformación

Metió la mano en la licuadora y un ruido seco hizo saltar trozos de dedos, tendones y músculos. Sacó la mano bañada en sangre y horriblemente mutilada y la envolvió en una toalla blanca. Después se quitó la toalla del brazo y su mano estaba intacta, limpia. Cogió la toalla ensangrentada y se la metió en la boca y escupió palomas blancas sin cabeza que volaban de manera errática y tonta, golpeando gabinetes, cacerolas y sartenes y manchando todo de sangre. Luego de invocar a un dios extraño, se transformó en un ser alado y, saliendo por la ventana, voló hacia los cielos.

Aorta

Mi aorta se desprendió y vaga locamente por mi cuerpo. Presiona la piel de mi abdomen y palpita furiosamente. Puedo tocarla y escucho los latidos de mi corazón proyectarse en la arteria golpeando mi piel. Debo sentarme y conservar la calma: puede estallar en cualquier momento. ®

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Publicado en: Narrativa, Noviembre 2012


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