Ideologías y manifiestos revolucionarios

Crítica, literatura y revolución

Acerca de si se puede ser exclusivamente de derecha o exclusivamente de izquierda, un par de personajes ficticios que parecen reales y un manifiesto revolucionario a propósito de un artículo sobre literatura mexicana son los temas de esta entrega.

¿De izquierda o de derecha?

AMLO

Aun en los tiempos que corren para muchas personas es muy fácil identificarse con cualquiera de las numerosas ramas de la izquierda socialista, sobre todo aquellas que se declaran marxistas —en alguna de sus múltiples versiones— y están reciamente en contra del sistema capitalista, la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado. Así, tenemos entre todos ellos desde los ultras —como los guerrilleros del EPR en México o las FARC en Colombia—, que aspiran a una sociedad totalitaria como en la extinta Unión Soviética, Cuba o Corea del Norte, hasta la izquierda democrática que se ha desvinculado de sistemas políticos dictatoriales y ha enmarcado sus principios y programas en sociedades democráticas —pero que aún se ve a sí misma como moralmente superior al resto de las corrientes ideológicas. A menos que alguien se considere un dogmático, casi nadie puede presumir de ser únicamente de izquierda o, por el contrario, de derecha, la otra parte del espectro donde también hay muy distintas concepciones de la sociedad, de la fascista a la democrática.

En términos ideales, la izquierda democrática valora más la igualdad social que la libertad individual y la comunidad más que el individuo, además busca la transformación progresista y profunda de la sociedad, la eliminación de privilegios y de un orden jerárquico injusto. Un “capitalismo con rostro humano” en el que se respetaría a todos los individuos sin importar sus diferencias de clase, ideológicas, religiosas o de preferencia sexual, en el que no habría discriminación y todos podrían gozar efectivamente del derecho a la educación, a la salud, a trabajos con salarios justos, a la recreación y a una vida digna. Por oposición, y también en términos generales, la derecha política se asocia a posturas conservadoras: exaltación de la tradición, el nacionalismo y los valores patrios, defensa de la religión o de la moral —no al aborto ni a matrimonios homosexuales—, privatización de servicios públicos, aunque también esta derecha puede tener convicciones democráticas. Así, ¿hay alguien que pueda asegurar plenamente que es un puro de izquierda o de derecha? La izquierda aún arrastra atavismos y prejuicios en tanto que hay sectores de la derecha que pugnan por la responsabilidad personal y social, que están contra la corrupción y defienden el Estado laico, la economía mixta y el bienestar social. Por lo mismo, dentro de las varias izquierdas y derechas las críticas suelen ser virulentas y las diferencias muchas veces irreconciliables. Recuérdese las graves disputas entre panistas como Vicente Fox, Manuel Espino y Felipe Calderón —y entre Cordero y Vázquez Mota antes de la elección del candidato del PAN a la presidencia—, o véase la crítica de Paco Ignacio Taibo II a la izquierda perredista en el poder en la Ciudad de México, a la que acusa de corrupción, burocratismo y de estar en proceso de descomposición —aunque, a cambio, propone como “alternativa” el proyecto lopezobradorista de Morena y su “república amorosa” [“Taibo II cuestiona el futuro de la izquierda en el DF”]. ¿Es por ello Taibo de derecha? Él sería el primero en refutarlo, y tanto Fox como Espino y Calderón siguen siendo panistas, pero en el razonamiento de los detractores de Taibo o de Espino éstos se han convertido en traidores, al igual que los críticos de López Obrador pasaron a ser cómplices de la “reacción”, sin importar que muchos de ellos sólo han defendido principios liberales como la democracia constitucional y el Estado de derecho, esto es, la legalidad.

Ramtha vs. Marcola

En La Fábrica del Lenguaje, S.A. Pablo Raphael no se detiene a hacer la crítica del libro de Heriberto Yépez La increíble hazaña de ser mexicano, solamente expresa su desconcierto por la inclusión de la recomendación de Mark Vicente en la contraportada de éste. Vicente dice: “En una época de tanta apatía es raro encontrar un autor con tal pasión y tal compromiso a (sic) un país y su cultura. Hay que leer este libro”. Una sugerencia que se vuelve sospechosa cuando nos enteramos de quién es el que la firma, pues además de ser uno de los tres directores de la película What the Bleep Do We Know? (¿¡Y tú qué sabes!?), escribe Raphael, “Vicente es miembro de la secta de Ramtha, que patrocinó el famoso documental. Obra cinematográfica que es una manipulación desaforada de verdades científicas que se acomodan impunemente para desarrollar un discurso sobre la voluntad, la percepción temporal y la capacidad de transformación interna y cuyo objetivo anunciado es convencer al auditorio de nuestra condición de seres creadores y libres, aunque en realidad pretenda apoyar los preceptos de un credo y hacerse de seguidores”. Es muy difícil pensar que el tijuanense persigue los mismos objetivos que la secta, pero ¿cuál es la razón por la que los editores incluyeron ese escueto elogio? La probable realización de una película basada en su libro, como me lo dijo el propio Yépez. Desconozco si ese proyecto está en marcha, pero sería una grotesca paradoja que una obra que le exige a los mexicanos abandonar supercherías, mitos, ideologías y religiones para transformarse en seres plenos fuera financiada y orientada por la religión que fundó J. Z. Right, una mujer que afirma que el extraterrestre Ramtha se manifiesta por medio de ella.

Desconozco si ese proyecto está en marcha, pero sería una grotesca paradoja que una obra que le exige a los mexicanos abandonar supercherías, mitos, ideologías y religiones para transformarse en seres plenos fuera financiada y orientada por la religión que fundó J. Z. Right, una mujer que afirma que el extraterrestre Ramtha se manifiesta por medio de ella.

(No creo que sea el caso de Yépez, pero son muchos los escritores que desdeñan “los dogmas” de la ciencia y prefieren teorías conspiracionistas como las de Naomi Klein y su “Doctrina del shock”, e incluso, en otro campo, las del biólogo inglés Rupert Sheldrake, quien afirma que los animales tienen poderes psíquicos y que fenómenos como la telepatía o la premonición tienen una explicación biológica, en libros como El séptimo sentido, la mente extendida.)

A pesar del espíritu crítico con que está pensado La Fábrica del Lenguaje, S.A. al autor se le escapan detalles importantes, acaso por la velocidad con que hace el repaso de sus lecturas y reflexiones. Cita largamente al inexistente narcotraficante brasileño “Marcola”, cuando se sabe que el personaje fue inventado por el periodista y cineasta Arnaldo Jabor en mayo de 2007 en una entrevista ficticia para el diario O Globo, de Brasil, en la que ponía en boca del imaginario delincuente un discurso elocuente y dramático sobre las injusticias y desigualdades sociales. El criminal apócrifo presumía de haber leído más de tres mil libros y anunciaba la aparición de “otra lengua”: “La posmiseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes”. No había necesidad de ir tan lejos cuando Raphael tenía más a mano el testimonio del narcotraficante mexicano Miguel Ángel Félix Gallardo, quien en veinte años de prisión leyó más de dos mil libros y donó una suma considerable a la Universidad Autónoma de Sinaloa para la construcción de una biblioteca y además compró cuadros de Martha Chapa y José Luis Cuevas (“El Jefe de Jefes, un capo culto”, Diego Enrique Osorno, Milenio, 29-3-2009).

No hay más ruta que la suya

Escritores mexicanos nacidos en los 70s, compilados por Almadía

“Repertorio íntimo”, un examen crítico de Alejandro de la Garza sobre las recientes generaciones de escritores en México, publicado en la edición de enero de Nexos, sirvió de pretexto a los editores de la revista Consideraciones para pegar al pie de la versión en línea del artículo mencionado no un comentario, sino todo un manifiesto revolucionario (el cual ya habían publicado en septiembre de 2010 en el sitio El Revolucionario, el cual tiene los vínculos de rigor al diario cubano Granma, a Pueblo en línea, un portal de la China supercapitalista, a la televisora bolivariana Telesur y al sitio de noticias RT, radicado en Moscú, que presume de informar, por supuesto, lo que otros ocultan). La proclama, titulada “Ante el vacío intelectual. Las tareas críticas de una nueva generación”, firmada en los cubículos de la UNAM por Alonso Vázquez, Octavio Solís, José Saed Ayub y Carlos López-Gómez, es un extenso lamento que culmina con un sobado llamado a la insurrección: “Desde 1989 no se ha pensado con rigor y necesidad la idea de la revolución, es necesario volver a retomarla” (quise rematar la oración con un “camaradas”, pero eso no lo escribieron).

El artículo de Alejandro de la Garza advierte —sin evaluar calidades literarias— las diversas vertientes, influencias y afinidades de escritores que rondan entre los veinte y cuarenta años, y que una gran mayoría de “los nacidos a partir de 1970 muestra que casi todos han estado becados al menos una vez”. “Esta es una generación mimada por el Estado y sobreprotegida por sus instituciones culturales”, sigue De la Garza, y “Su obra ha sido aprobada, financiada, promovida y muchas veces también editada por el ogro filantrópico al que desprecian”. Es cierto, pero debe precisarse que escritores anteriores, como Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska —todos ellos muy bien consentidos por el Ogro—, recibieron becas vitalicias en el sexenio de Carlos Salinas poco después de la fundación del Consejo y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, así como del Sistema Nacional de Becas para la Creación Intelectual y Artística.

Los académicos del manifiesto escriben que con la muerte de Carlos Montemayor, Bolívar Echeverría y Carlos Monsiváis “se hace presente la siniestra sentencia: no hay quien llene el vacío”. Para enderezar el rumbo de la nación, “en los límites de la decadencia”, los huerfanitos proponen seguir el modelo de los Cuadernos Políticos, en la que colaboraban Monsiváis y Echeverría y también Carlos Pereyra, Adolfo Gilly y Arnaldo Córdova (quien en “La izquierda tal como es” escribió esta frase memorable: “La izquierda real está allí: pelada, maloliente, malhablada, provocadora, violentita a veces, inculta, sin valores éticos, oportunista, corrupta, a veces traidora, incapaz de hacer tratos, sin programa cierto, sin verdaderas alternativas que ofrecer” [La Jornada, 3-II-2008]. También plantean estos académicos necesitados de luz “la construcción de una gran agrupación política de la izquierda mexicana” (¡otra!, aunque ésta es la buena…) y la fundación de una nueva publicación cultural “que vaya más allá de las posiciones políticas complacientes en las que ahora se regodean las actuales publicaciones de peso cultural como Letras Libres y Nexos” (donde el mimado Monsiváis escribía con frecuencia), pues sus respectivas posturas, “la liberal y la socialdemócrata, están ya rebasadas por una realidad que urge alternativas nuevas”; de paso calumnian a “la mayoría de los integrantes” de la revista Replicante al afirmar que se benefician “de aportaciones de instituciones culturales no necesariamente arruinadas”. Por supuesto, un manifiesto sin mentiras ni generalizaciones no es un manifiesto respetable. Si esa pura y revolucionaria publicación llega a ver la luz podrían poner en la portada, con un poco del humor que les falta, la leyenda: En este pasquín no colabora Carlos Monsiváis.

En el muro de su Facebook los redactores de Consideraciones publicaron esto (y también al pie del artículo, originalmente publicado en la revista MSemanal): “Reconocemos que esa afirmación en particular en donde nos referimos a Replicante como una revista cuya “mayoría de sus integrantes se beneficia de las aportaciones de instituciones culturales no necesariamente arruinadas”, puede interpretarse de diversos modos y, en ese sentido, somos conscientes que la ambigüedad de la proposición puede dar pie a la interpretación de que Replicante se financia con recursos del Estado o decualquier otra institución cultural que tenga que ver con éste; si ésta es la interpretación que se está haciendo no contamos con las bases ni la información suficiente para sustentarla, pero el debate de fondo es otro. A eso responderemos, reiterando la rectificación aquí vertida, en el editorial del próximo número, el 12, que se lo haremos llegar a sus oficinas en cuanto se encuentre impreso, así como los números anteriores de la publicación. Lo que prevalece es el diagnóstico de la vida cultural y política del país, así como el señalamiento de la crisis orgánica del Estado y las tareas críticas de una nueva generación.”

Con esta respuesta por parte de la redacción de Replicante damos por terminada esta “discusión”:

Consideraciones sobre unas “consideraciones” de Consideraciones

Al grano: si no contaban ni cuentan con las bases ni la información suficiente para afirmar lo que afirmaron sobre otra revista, ¿por qué lo hicieron? Evidentemente, la consideración no fue causa, pues quienes son considerados obran tras meditación y reflexión. ¿Por provocar debate? Así no podría haber dos partes democráticas en él. ¿Por llamar la atención? ¿Llamarla a como dé lugar? Así no se podría hacer mejor vida cultural e intelectual. ¿Son de los que creen que “no hay mala publicidad”, que toda “publicidad” es buena? Ustedes mismos, la “redacción de Consideraciones”, afirman ahora que no podían ni debían afirmar lo que afirmaron; pero, de cualquier forma, lo hicieron. ¿Qué son quienes actúan de esa manera? ¿Irresponsables? ¿Hipócritas? ¿Cínicos? ¿Torpes? ¿Todo al mismo tiempo? ¿No se parecerían, cuando menos, a eso malo que, se supone, van a destruir? ¿Es posible debatir con ellos en los términos que dicen querer, buscar y honrar? ¿Merecen ser considerados, es decir, atendidos y respetados, porque sí? No hay más, el cuestionado dicho de la “redacción de Consideraciones” no es otra cosa que, precisamente, un dicho, un dicho tramposo, acaso una bajeza, no una verdad.
A pesar de todo (incluyendo otros de sus dichos), no se han atrevido a rectificar debidamente, no por completo, y hablan de una mera “ambigüedad” (de su parte) que puede dar pie a una interpretación errónea, independientemente de la intención de Consideraciones. ¿En verdad iban o querían ir por el camino de otra interpretación? ¿O simplemente fueron ambiguos porque no son cuidadosos? ¿Porque no pueden ser lo que dicen ser? Y sea lo que sea, claman, “el debate de fondo es otro”. Entonces, ¿por qué afirmar cosas como la que afirmaron? ¡Si el fondo estaba y está en otra parte! ¿Cómo se explica que, si ustedes trabajan para llegar ahí, hayan terminado por ser tan superficiales en un punto así? ¡Cuán democráticamente desconsiderados! Considerando su manera de “considerar” ciertas realidades, no es imposible “temer” que su frase “el debate de fondo es otro” sólo sea una frase, hasta una “ambigüedad” de paso para tapar un verdadero fondo muy superficial.
“Asumimos […] el compromiso serio de la crítica”, declaran. Lo hubieran asumido antes de publicar… El compromiso serio de la crítica —y el serio compromiso con la crítica— es algo que, como ustedes mostraron y demostraron, “tanta falta hace en nuestra vida cultural e intelctual (sic)”. Amén.
Vayamos todos en paz, recordando al gran Charles Wright Mills —viene al caso recordarlo: “El radicalismo sale a la luz en el análisis detallado y preciso, no en los nombres ni en las consignas”. Ni en las poses ni en las mentiras. ®

Publicado en: Febrero 2012, Insolencia

Suscríbete gratis a Replicante:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.

  • María de los Ángeles Magdaleno Cárdenas

    Me ha gustado mucho esta revista, la voy leyendo en partes y me sorprenden tantos y tan variados temas. Además me divierte leerla. Algo que es muy notorio en la “izquierda” es su atraso en materia económica, se quedaron en los 80, No alcanzan a entender que algunas privatizaciones eran necesarias, claro no enmedio de tanta corrupción como sucedió, pero ese es otro asunto. No hay marxistas, lo digo en serio, ni siquiera los profesores de dicha asignatura estudian a Marx, sólo repiten. Crician a Ricardo y a Smith pero no los han leído. En una conferencia en la Fac. de Economía de la UNAM, Enrique Semo se la pasó hablando del tianguis de Tlatelolco y los métodos de tributación, seguro lee nahuatl y ha revisado las matrículas de tributos, sólo que ese fenómeno tuvo lugar en el S. XVI, pero fue incapaz de explicar como nos afecta el índice Dow Jones, tampoco conoce el funcionamiento de la Bolsa de Valores, no estudian matemáticas porque es de burgueses y luego se sorprenden de que hayan perdido la batalla en la cosa pública. Por algo Alfonso Reyes dijo que quería el latín para las izquierdas, sólo que las izquierdas no conocen ni a uno ni a otro.

  • Gracias, Ricardo, comparto tus reflexiones. Así es, el Ogro Filantrópico de Paz es el gran promotor de la literatura mexicana, para bien y para mal. Un abrazo.

  • Ricardo Alarcon

    Rogelio:

    Me llama la atención el articulo de Alejandro de la Garza , cuando dice “los nacidos a partir de 1970 muestra que casi todos han estado becados al menos una vez”…lo cierto es que la creación literaria en México, aun cuando mencionas a grandes escritores como ” Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska”, todos ellos en la memoria colectiva, y anteriores a la generación que alude de la Gaza, son aunque no nos guste , un reflejo de lo que sucede en México: la creación literaria no obedece al éxito en los lectores, no es el producto de una prosa que sacude al lector con su innovación e ideas únicas, sino un aparato de estado que ayuda y ha ayudado a que algunos nombres sean los mas conocidos, publicados y discutidos por el lector mexicano…

    No niego la relevancia de las obras de los autores como Paz, García Marquez , pero no deja de ser un puñado de escritores a expensas de erario publico, que logran llegar a publicar y publicar, recibir reconocimientos, becas y otras dádivas del gobierno en turno…

    No hay un verdadero mercado literario en México, abierto, sin limites a las ideas, sin compadrazgos, el ambiente literario en México es mas parecido a como funciona la CTM, que un reflejo fiel del gusto por la creatividad, y lo “único” de la literatura ….

    Basta con ver lo que publica las publicaciones por diferentes fondos del gobierno, par entender el mercado del libro en México: es prácticamente nulo…