Jasón y el dueño de la chistera

Ray Harryhausen, el titán de los efectos especiales

El entretenimiento cinematográfico hollywoodense no tendría sentido sin el trabajo de Harryhausen. Para muchos que se declaran cinéfilos el nombre puede significarles poco, y para quienes entienden que hacer películas es un trabajo en equipo en donde cada pieza cuenta, la pérdida es significativa como invaluable es su legado.

Harryhausen y sus maravillas.

Harryhausen y sus maravillas.

Como si de una autobiografía se tratara, el genio de los efectos especiales Ray Harryhausen (1920-2013) concibió una película en donde el héroe habría de sortear difíciles y monstruosas pruebas para alcanzar el trono que por sangre le corresponde. Y así, con la idea principal de la cinta más significativa en la que participó, Harryhausen alcanzó un lugar de prestigio en la cinematografía mundial del cual no habrá de bajar nunca.

El entretenimiento cinematográfico hollywoodense, como lo conocemos ahora, no tendría sentido sin el trabajo de Harryhausen. Para muchos que se declaran cinéfilos el nombre puede significarles poco, y para quienes entienden que hacer películas es un trabajo en equipo en donde cada pieza cuenta, la pérdida es significativa como invaluable es su legado.

Steven Spielberg podrá poner a bailar a mil extraterrestres sobre bicicletas, James Cameron creará exoplanetas policromáticos como una bodega repleta de lápices de colores y Peter Jackson hará que hobbits y dragones se pongan a jugar damas en una taberna, y aun así, ellos y todos los demás realizadores le deben a Harryhausen esa convicción para hacer realidad el mundo de la fantasía.

Hay mucho de magia en este camino que Harryhausen labró para convertirse en uno de los íconos del género fantástico del cine. Hoy las grandes producciones nos sorprenden con mundos y escenarios que difícilmente soñamos, sitios que no podrían construirse sin mucha imaginación. Ése fue el principal legado de uno de los grandes maestros de la fantasía: su mente prolífica, capaz de demostrarle a millones que para hacer funcionar el cine hay que soñar pero, antes que nada, saber concretar.

Steven Spielberg podrá poner a bailar a mil extraterrestres sobre bicicletas, James Cameron creará exoplanetas policromáticos como una bodega repleta de lápices de colores y Peter Jackson hará que hobbits y dragones se pongan a jugar damas en una taberna, y aun así, ellos y todos los demás realizadores le deben a Harryhausen esa convicción para hacer realidad el mundo de la fantasía.

Su vida misma es una película, pues de niño fabricó sus primeras maquetas, “pequeñeces” que a la postre serían el comienzo del perfeccionamiento del stop motion, técnica que aparenta movimiento por medio de la sucesión de imágenes fijas. Su compañero de juegos, y amigo de por vida, sería otro chico poseedor también de una fecunda imaginación que decidió usar la tinta para plasmar sus creaciones: Ray Bradbury.

Animar a seres mitológicos.

Animar a seres mitológicos.

Juntos idearon mil universos y uno nutrió al otro, y así empezó Harryhausen un episodio autodidacta del que afortunadamente para nuestros ojos no saldría jamás.

Bradbury no sería el único monstruo —literario, en este caso— que cambiaría su vida. Un enorme gorila enojado porque le cambiaron de residencia de la selva a Nueva York también hizo mella en su mente. King Kong (Merian C. Cooper y Ernest Shoedsack, 1933) iluminó al chamaco y decidió dedicarse al mundo de los efectos especiales para siempre.

Su pericia para la elaboración de marionetas y creaturas fantásticas fue lo que logró que otro maestro de los efectos especiales, Willis O’Brien, se fijara en él y le diera la oportunidad de unirse a su equipo de colaboradores, no sin antes enfatizarle al joven Ray que debía de tomar clases de dibujo y anatomía animal para hacer un mejor trabajo.

Y así se concretó la incursión de Harryhausen en el quehacer cinematográfico. La labor del estadounidense, más allá de la maestría en su oficio, es un aliciente, una prueba de que los imposibles están en la cabeza de los medianos. Si Ray no se hubiera creído con la capacidad para inventar mundos y hacerlos realidad el cine habría perdido mucho, muchísimo en años de historia.

Harryhausen aplaudió el uso de los ordenadores, pero como viejo lobo de mar que fue, dio en el clavo al señalar que el stop motion logra un efecto diferente que la computadora no ha logrado, hasta ahora.

Harryhausen cosechó premios por doquier, y antes de que llegara el fin vio a Hollywood y al mundo rendirse ante la capacidad de las computadoras para hacer más detallado y práctico el trabajo que solía hacer. Lo curioso es que Harryhausen aplaudió el uso de los ordenadores, pero como viejo lobo de mar que fue, dio en el clavo al señalar que el stop motion logra un efecto diferente que la computadora no ha logrado, hasta ahora.

Hoy el stop motion y las películas con capas y capas de edición digital se pelean el apartado de las animaciones. Los resultados varían pues no sólo se trata de dominar la técnica o las funciones del ordenador. En el cine todo cuenta. Harryhausen lo sabía y por eso su obra cumbre, Jasón y los argonautas (1963), es todo un clásico.

Como la gran mayoría de las películas de culto, el filme fue un desastre en la taquilla, la crítica la trató medianamente bien, y muchos la condenaron al olvido.

Algunas de las criaturas de Ray.

Algunas de las criaturas de Ray.

Perseverancia, fe, confianza en el trabajo realizado y calidad son las características que separan a los grandes de los mediocres. Harryhausen tuvo los tamaños para llegar con la idea original bajo el brazo frente al británico Don Chaffey y conjuntar al equipo necesario para el épico viaje.

De cierto modo, el paso de Harryhausen por la industria del entretenimiento es el viaje mismo de Jasón: el centauro Quirón sería O’Brien, su amigo y sabio tutor. Con la edad suficiente para hacer aportaciones propias, Harryhausen ascendería al grado de reclamar el trono que como animador le corresponde, al igual que Jasón exigió el trono de Yolcos.

La travesía se inició a bordo de Argos, proyecto emprendido por un grupo de talentosos guerreros. Harryhausen era el líder, pero siempre contó con un equipo detrás para hacer realidad sus fantasías. Y llegaría el Vellocino de Oro, llegarían los reconocimientos. Hace unas semanas Zeus decidió dejar en paz a Harryhausen por un momento, al igual que hizo con Jasón.

http://youtu.be/Q17dl_aUNf4

Jasón y los argonautas trató de alejarse del cine de péplum, respetando su esencia pero brindándole un mayor grado de aventura, monstruos, batallas. La cinta se convirtió en culto porque se atrevió a ser diferente, porque sentó las bases de una nueva forma de retomar las historias épicas de antaño.

El péplum tiene como máximos exponentes a Ben Hur (William Wyler, 1959), Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) y Doctor Zhivago (David Lea, 1965). Pero no es hasta que Jasón y los argonautas irrumpe en escena cuando la industria se da cuenta de que con menos kilómetros de diálogos y más acción las películas pueden funcionar muy bien.

En su momento la hicieron pedazos por atreverse a salirse del formato. Pero el tiempo es sabio y siempre pone las cosas en su lugar. Hoy es imposible pensar en 300 (Zack Snyder, 2006), Gladiador (Ridley Scott, 2000) o la trilogía de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001-2003) sin Harryhausen.

Para los anales del cine quedaron esos feroces esqueletos armados que significan el principal referente de la labor del mago Harryhausen, sin que ello signifique productos de menor calidad en otros filmes. Involvidables también el monumental primate de El gran gorila (1949), el gigante Talos de Jasón y el pulpo de Surgió del fondo del mar (1955), Dioskilos, el perro de dos cabeza de Furia de titanes (1981), y el Kraken de la misma cinta.

El stop motion se fue relegando poco a poco, hasta dejarlo a diposición de los más pacientes y para estudios con tiempo de sobra. Pero lo hecho a mano, los procesos artesanales, tienen esa “alma” que muy pocas veces logra reflejar la máquina.

La revolución en los efectos especiales llegó proveniente del espacio con un George Lucas dispuesto a cambiar los procesos de creación de universos desconocidos, convirtiendo los procedimientos en moda, luego en canon, finalmente en cosa de todos los días.

Así, el stop motion se fue relegando poco a poco, hasta dejarlo a diposición de los más pacientes y para estudios con tiempo de sobra. Pero lo hecho a mano, los procesos artesanales, tienen esa “alma” que muy pocas veces logra reflejar la máquina; tal vez, en busca de ese espíritu que Harryhausen brindó a sus creaciones, la técnica ha vuelto y con más fuerza.

Harryhausen, el mago, no volverá a darle vida a personajes míticos, pero el gran truco que consiguió sacar de su chistera fue que sus creaciones, esos “pequeños grandes” protagonistas y antagonistas, son quienes ahora le darán vida mientras el cine sea arte y entretenimiento. ®

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Publicado en: Cine, Junio 2013


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