La cultura del rezago y el arte de la inmovilidad

El arte y la cultura en Tamaulipas

Hoy en día el arte tiene que competir con los medios masivos y la cultura popular. El artista debe lidiar con burocracias culturales, gestores poco profesionales, por no decir incompetentes. Tamaulipas no es la excepción.

No es nuevo sabernos habitantes de ciudades que parecen desconocer el significado del progreso. Y con ello no me refiero a inyecciones de dinero en actividades o empresas que, se nos dice, “modernizan” nuestras ciudades, sino a lo que nos enriquece como ciudadanos y personas del mundo. En apariencia, en nuestro estado se produce poco realmente digno de exportarse en términos creativos o artísticos, pero las sanas excepciones están siempre ahí. Cuando hablamos de arte y de cultura también hablamos de educación, pero no directamente relacionada con el ámbito laboral sino con una educación expresiva, “creación de públicos”, se le llama en el oficio. Por desgracia los artistas y las actividades culturales tienen que enfrentarse o “competir” con lo que los medios masivos —principalmente la televisión— insisten en vender a la población como “arte y entretenimiento” (por lo general productos diseñados sólo para distraer y evitar la generación de pensamiento y debates racionales). En contraparte, existen algunos pequeños medios, programas de radio y publicaciones que ofrecen espacio a otras expresiones, aquellas que no cargan con la marca de alguna televisora.

Tamaulipas también debe lidiar con la narcoviolencia

Una parte del presupuesto de los gobiernos se designa al área del arte y la cultura. Y la pregunta siempre es, con respuestas distintas según quién responda: ¿se manejan bien estos recursos?

En un estado donde se cuestiona poco la gestión cultural (tal vez por el desconocimiento mismo del arte y la cultura de muchos periodistas) vale la pena analizar algunos puntos que pensamos se pueden mejorar. En mi caso, con base en distintas experiencias a largo de más de 24 años como integrante de un grupo de música experimental, productor de un espacio radial, editor de un fanzine y organizador de un festival alternativo.

Mi principal preocupación es la cultura misma de los que trabajan para la cultura. Reconozco que hay gente que ayuda y permite que las cosas puedan salir adelante, pero también que muchas veces hay quienes las obstaculizan, por ignorancia o desidia (o incluso por decisiones desde otro nivel jerárquico, tan poco éticas como recortar presupuestos debido a campañas políticas u otros ejercicios diferentes de su intención original). Habrá quien piense que un concierto de Alejandro Fernández sea un buen cierre para un festival cultural. Para muchos de nosotros eso solamente demuestra una “cultura” televisiva de parte de los organizadores (y esto no significa que censure este tipo de actividades, sino que habría que situarlos como lo que son: conciertos comerciales).

Algunos puntos con los que se topa quien desee organizar alguna actividad cultural y solicite apoyo a dependencias oficiales son:

Podemos apoyar pero no puedes cobrar. Esto puede ser lógico, siempre y cuando el apoyo cubra la totalidad de los gastos de una actividad. Tal parece que los artistas de Tamaulipas están destinados a no obtener ganancias por su trabajo debido a la extraña mentalidad de los funcionarios, que olvidan que ellos sí ganan un salario y que ayudar a que la cultura y el arte se desarrollen en el estado debiera ser su labor.

Cuando hablamos de arte y de cultura también hablamos de educación, pero no directamente relacionada con el ámbito laboral sino con una educación expresiva, “creación de públicos”, se le llama en el oficio.

¿Cuánta gente puedes meter? El arte no es necesariamente un evento de masas (aunque si no fomentamos la educación artística y cultural nunca lograremos mayor interés en los públicos). El funcionario de la cultura debe olvidarse de la visión populista heredada de las campañas políticas: su trabajo desde debiera consistir en mejorar la oferta para la población. Si sólo se pensara en actividades masivas festivales tan interesantes como el Aural (antes Radar), de la Ciudad de México, no existirían.

Eso está demasiado raro, no lo entiende la gente. Y menos lo entenderá si se trata al público como retrasados mentales. En arte y cultura existen dos corrientes muy distintas: la preservación de las tradiciones y las expresiones contemporáneas. Aquélla no está en contra de ésta ni una debe supeditarse a la otra, pero el hecho de que los funcionarios de cultura tengan una pobre cultura ellos mismos llega a obstaculizar propuestas de avanzada antes de que la gente las pueda conocer. Mi ciudad no debería tener menos acceso a las nuevas artes que cualquiera otra en el mundo. En la era del internet el rezago cultural no tiene justificación.

Desinterés por el trabajo integral o en equipo. Otra postura al parecer heredada de una especie de socialismo mal entendido es aquélla en la que una actividad no puede obtener recursos de gobierno si también los obtiene de la iniciativa privada. Incluso peor, cuando no puede haber apoyo de diferentes dependencias al mismo tiempo. Podemos aprender mucho de lo que se hace en otros países: festivales como el Primavera Sound en Barcelona o el Tanned Tin de Castellón, organizados de manera independiente, obtienen apoyos, publicidad y espacios que pertenecen a las mismas ciudades (como el Tanned Tin, donde el Teatro de la Ciudad de Castellón fue un préstamo del municipio, y tanto las entradas como lo obtenido por la venta de bebidas quedaban en manos del organizador). La ciudad también sale ganando: hoteles llenos, comercios y restaurantes abarrotados por turistas y riqueza cultural. Esa visión no es muy común entre nuestros funcionarios, y algunos al parecer están más ávidos de su ganancia personal que de algo que signifique un bien para la comunidad. Es claro que una coordinación adecuada entre dependencias siempre ayudará a reducir costos, así como patrocinadores privados.

Lo sentimos, todos los recursos ya están destinados desde marzo. Ésta es una de las respuestas más desalentadoras escuchadas por artistas o creadores que se acercan a las casas de cultura. Las instituciones culturales del estado parecieran programadas tan sólo para cubrir un esquema muy delineado. ¿Organizar un solo “magno evento” durante el año justifica la existencia de un instituto de cultura estatal? Nadie quiere que esto se use de excusa política para recortar los ya reducidos fondos, sino algo a tomarse en cuenta para un probable rediseño del aparato burocrático a fin de que se cubran las necesidades de la comunidad durante todo el periodo, promoviendo diversas actividades durante pero también dejar el espacio abierto a otras propuestas (como prestar un local, facilitar un permiso o permitir que el artista pueda cobrar para cubrir sus gastos). Aceptar propuestas no programadas es importante para generar opciones propositivas y evitar la práctica de los “eventos-muy-concurridos”, realizados por las instituciones para justificar su existencia.

Las instituciones culturales del estado parecieran programadas tan sólo para cubrir un esquema muy delineado. ¿Organizar un solo “magno evento” durante el año justifica la existencia de un instituto de cultura estatal?

En momentos en los que tanto se habla de inseguridad es justo recordar que la cultura y el arte sensibilizan a las personas, crean mayor amplitud de miras en la toma de decisiones y el uso de la razón. No obstante, tratar de “guiar” al arte por medio de subjetivas censuras o lemas demagógicos no hace otra cosa que volver mediocre la expresión creativa. Es necesario abandonar nociones campiranas sobre la cultura y buscar una mayor estatura intelectual. Este texto no busca otra cosa más que poner sobre la mesa la importancia de un buen quehacer en lo que se refiere a las artes y la cultura de Tamaulipas. Así como existe el funcionario inculto que sólo sabe poner trabas, también están los que abren puertas, ayudan al desarrollo de proyectos y tratan de estar al día sobre lo que sucede. Incluso se han realizado foros culturales en busca de opiniones y propuestas en el ámbito artístico y cultural. Siempre desearemos que este tipo de gente continúe con esa buena labor. Ahora mismo, con el inicio de una nueva administración y nuevos titulares en las instituciones culturales, sigue abierta la oportunidad para que Tamaulipas ofrezca lo mejor que tiene.

Una ciudad no sólo crece en virtud de su extensión geográfica o del aumento poblacional; es la noción sobre su vida y el pensamiento ciudadano lo que determina su verdadero tamaño. ®

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Publicado en: Abril 2011, Política y sociedad


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