La escena del dolor y el escenario del poder

recreados en diferentes formatos

El puntapié inicial de este propuesta narrativa de dispersión que —aún hoy— continúa expandiéndose en diferentes formatos complementarios es la exploración de un tema que se ramifica en múltiples aristas: el encarnizamiento terapéutico.

El tratamiento del tema se diversificó en diversas producciones: novela, pieza teatral, dossier fotográfico, cómics, video, performance en vivo y, ahora, novela gráfica (recién terminada).

La novela Doma [Buenos Aires: Alción, 2004] aborda el problema del ensañamiento clínico y expone el costado más cruento de la práctica médica. El relato despliega la trastienda de quirófanos y terapias intensivas, centrándose en la mirada de los pacientes y su mundo interior.

Ángela, el personaje principal, al igual que otros pacientes que comparten esta experiencia, cae en las manos de aquellos médicos que rinden culto al dios positivista de la curación del cuerpo-cosa y olvidan que el ser humano tiene una trascendencia, algo que excede las posibilidades tecnológicas y económicas: lo intangible, la sensibilidad personal.

En Doma, como bien lo señaló Michel Foucault, el cuerpo humano es el lento resultado de acciones artificiales y represivas que incesantemente le son impuestas por las tecnologías del poder. Para estas tecnologías, incluso las funciones vitales, la sexualidad, la enfermedad y la muerte son factibles de ser sometidas a manipulaciones médicas, económicas y políticas, es decir, a procesos de control.

En este escenario, Ángela y los demás pacientes sostienen la delgada línea que separa la vigilia de la distorsión onírica intentando evitar el exilio de sus propios cuerpos.

El tema del encarnizamiento terapéutico era un material extremadamente sensible y tenía el potencial para continuar desarrollándose en diferentes formatos. Así surgió la idea de hacer una puesta en escena teatral de ciertos núcleos conflictivos de la novela que aparecían comprimidos en el relato y resultaban lo suficientemente interesantes para expandirlos en otro dispositivo narrrativo. De este nuevo trabajo con un lenguaje completamente diferente comencé a esculpir una dramaturgia y a gestar un concepto escénico que le permitieron cobrar vida a la obra de teatro Tumbada blanca en blanco.

Tumbada blanca en blanco se hizo carne, con una mención especial de Argentores en 2006 bajo el brazo, y tuvo su temporada teatral durante 2007 dirigida por Roxana Randon en el teatro Espacio Abierto.

Descargar el PDF de la obra TUMBADA BLANCA EN BLANCO (con dossier fotográfico de la puesta en escena incluido en el texto).

En 2008 nació, del trabajo conjunto con la artista plástica e ilustradora Muriel Frega, el cómic “Los espantapájaros”.

Como cómic unitario, “Los espantapájaros” obtuvo una mención especial en el Concurso Nacional de Historietas Roberto Fontanarrosa 2008, fue publicado en la antología de ese concurso y en diversos medios: revista Nómada de la Universidad Nacional de San Martín, en el magazine mexicano Replicante, en Blanco Experimental de Chile y en revista RAWR (México), entre otros.

Ese mismo año realizamos un registro audiovisual del making off de “Los espantapájaros” en video (disponible en YouTube).

En 2009 quisimos testear la interacción con el público a través de una performance en vivo realizada en la Casa de la Lectura de la Ciudad de Buenos Aires, que se llamó “Tumbada Work in Progress”, con actriz, música y proyección de dibujos.

A la par seguimos trabajando con Muriel Frega en otro cómic que profundizara aún más la apuesta. La historieta “El rey francés” obtuvo una mención especial en el Concurso Nacional Crack Bang Boom, Edición 2011, Rosario, Argentina, y fue publicada por la revista mexicana Replicante.

Lo interesante de este crecimiento multiformato es que todos los productos son independientes entre sí y tienen su propio lenguaje. No es necesario leer la novela Doma ni ver la obra de teatro Tumbada blanca en blanco o la performance para comprender las historietas “Los espantapájaros” y “El rey francés”. Es un universo cuya mitología se ramifica en diversos terrenos.

Y la representación de este universo nos conduce a replantearnos qué significa verdaderamente “calidad de vida”. A reformular el derecho que toda persona tiene a decidir por su cuerpo, por sus tratamientos, por elegirlos o rechazarlos y dejar establecido cuándo y en qué momento no quiere continuarlos.

Doma, Tumbada, “Los espantapájaros” y “El rey francés” están atravesados por las preguntas y cuestiones fundamentales sobre el derecho a decidir, el grave deterioro de la relación médico-paciente y la crisis del sistema de salud que reclaman un debate urgente.

La continuación del proyecto siguió junto a la talentosa Muriel Frega y esta vez se trata de Modus operandi, la novela gráfica, de la cual “Los espantapájaros” y “El rey francés” son dos capítulos de un total de nueve.

Tanto Muriel como yo tenemos la convicción de que Modus operandi es, sin duda, la novela gráfica de la épica del cuerpo. Por eso esperamos encontrar un sello editorial que publique la obra y nos ayude a acercarle a los lectores esta apuesta estética y ética. ®

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Publicado en: Existenz, Noviembre 2012


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