La fascinante odisea de Pixar, VII

The Incredibles: Los Supers y la identidad

The Incredibles es cine animado, no una película de animación, no sólo por el formato de cámaras que utilizó Bird, la panorámica, y la filmación en el formato de cinemascope, sino porque cada plano es pensado y concebido por el imaginativo Bird como si se tratara de una secuencia a filmar, con actores de carne y hueso.

Pixar dio el paso monumental al año siguiente a Nemo. Fue en The Incredibles (2004) en donde la compañía de Emeryville, California, simplemente llegó a una cumbre que ya no han abandonado. Y es que este colectivo, transgrediendo la forma en que trabaja el show bussiness, cedió la batuta a un realizador hasta entonces ajeno al grupo.

La vibra liberal de la compañía, y quizá la gran amistad de ese realizador con John Lasseter, desde que estudiaban diseño en Cal Arts, hizo el resto. Y fue uno de los movimientos más sabios del colectivo, uno que ha permitido que no se estanquen y hayan expandido sus horizontes gracias al aporte de este visionario creador.

Brad Bird es un director de cine oculto en el animador, y esa condición nos ayudará a entender la clase de obra que es The Incredibles. Bien se lea, tanto Lasseter, Stanton y Docter llegaron a cotas sorprendentes sin siquiera haber dirigido un filme animado antes de Toy Story. Su título correcto es el de director de animación, una desbordante y visualmente impactante, y su ingenio, humor y agudeza al tomar los temas hizo maravillas.

Pero con Bird, el título de director se refiere al de un realizador de cine; sin más, The Incredibles es cine animado, no una película de animación, no sólo por el formato de cámaras que utilizó Bird, la panorámica, y la filmación en el formato de cinemascope, sino porque cada plano es pensado y concebido por el imaginativo Bird como si se tratara de una secuencia a filmar, con actores de carne y hueso. Y aportando algo de esa magia cinemática que sólo un realizador con formación en el séptimo arte puede aportar a un proyecto tan complejo. Por supuesto que permanece el sello de la casa, la ingeniosa comedia y desfogue del que hace lujo Pixar.

Pero aquí ya no veremos lo surreal que es Mike Wazowski y su comicidad desternillante, que parece cortada con otra tijera e insertada en el filme con maestría, hilvanada cuidadosamente, ni la ternura infantil de Andy, o el perfecto retrato de lo que debe ser un sidekick como la Dory de Nemo. No. Acá todo sirve a la historia de Bird, y Bird en ningún momento descuida el sugerirnos que esto, aunque no es real, tiene una lógica que rehuye a la forma llana, como de cuento, en la que las anteriores cintas de Pixar llegaron a nosotros.

Es decir, antes de The Incredibles los subtextos y metáforas hacían el trabajo de proyectar los filmes de Pixar a un nivel más alto que el medio en que fueron grandes, pero con The Incredibles las metáforas no son necesarias, la historia lo explica todo, y no está por demás decir que utilizando el lenguaje cinematográfico de una forma magistral. Es el gran paso de la animación por computadora.

Piense usted, querido lector, en cómo esa terrible sociedad se deshace de sus héroes al comienzo del filme; reímos porque el que originó todo ese rechazo a los Súpers era un imbécil que “no quería ser salvado”. Luego, reflexionemos, en serio, en aquella maldita compañía para la que está obligado a trabajar Bob Parr, el Mr. Incredible.

La bofetada a la inhumanidad de las compañías de seguros (y justo a unos meses de Katrina), con ese personaje jefe de Bob, que usa de metáfora laboral a los relojes y su funcionamiento, y representa el orden y conservadurismo más angustiante, gris y malévolo.

Vaya mosaico de cine que es The Incredibles, el trabajo de animación por computadora más sorprendente hasta estos momentos en la historia, guiada a niveles magistrales por la mano maestra de Bird. Una cinta que exige y que grita desde el comienzo que es tan seria, inteligente y punzante, como las grandes obras de la cinematografía, aunque eso sea algo que, todavía, a seis años de su estreno, aún no valoramos en tal forma.

Y el discurso en forma de broma cruel e inhumana: “Espero que al que hayan asaltado no sea nuestro asegurado”, el mundo descrito en The Incredibles es tan parecido al mundo real que sólo alcanzamos a clamar por que gente como Bob Parr salga del retiro y nos salve. Y de ahí entender que lo que hace Parr, aun tratando de pasar inadvertido como civil, al ayudar a la viejita a utilizar ese mismo sistema para obtener un poco de justicia, es una forma de heroísmo en sí misma. Vaya discurso de experto que esboza Bird.

Y así, el autor llega al sentido de por qué necesitamos que seres excepcionales como los superhéroes sostengan las roturas de ese mundo cruel.

Sin afán de profundizar, eso es la sociedad moderna en nuestra época, y Bird nos lo está diciendo en una pretendida película “para niños” y sin tener que recurrir a subtextos y guiños de ojo ocultos como sus colegas tuvieron necesitad; nueve años después de Toy Story Bird lo explica como es, y su obra es tan impactante que nadie puede decirle nada, vaya sangre fría.

En The Incredibles el drama que comenzó a explorar Finding Nemo ahora es parte de esos personajes, que no por estilizados y por parecer muñecos y no personas se nos hacen prescindibles, acá cada uno de los miembros de la familia tiene una historia impactante, y en verdad se ganan nuestro aprecio.
Pero si en Nemo había momentos en que nos recordaban que los de Pixar son un colectivo de geniecillos ocurrentes que van construyendo sobre la marcha y conforme a la influencia y sugerencia de cada uno de ellos, respetando la batuta del director en turno, con el logro descomunal de 2004, simplemente, los grandes autores de la Odisea de Pixar se hicieron a un lado, se concentraron en la animación y dejaron el campo abierto a Bird. Y Bird se expande, homenajea al cómic de superhéroes con su cinta en forma impagable.

Pero mejor que mi amigo Jorge Tovalín, editor de la revista Comikaze y experto en la materia nos comente sobre esto.

Más que reflejar al grueso del cómic actual de superhéroes, caracterizado por una alta carga de violencia, The Incredibles es un homenaje a los clásicos del género, principalmente a The Fantastic Four, agrupación conformada por una familia de justicieros, la cual tiene, como toda familia, una amplia gama de problemas internos.
Cabe mencionar, como dato curioso, que The Underminer, villano que aparece en los últimos segundos al final de esta cinta de Pixar, es una parodia de The Mole Man (el Hombre Topo), primer enemigo que enfrentaron los héroes liderados por Mr. Fantastic.
Además de la referencia al grupo creado por Stan Lee y Jack Kirby, en The Incredibles también hay una clarísimo homenaje al cómic de culto Miracleman, escrito por Alan Moore. En esta historieta Kid Miracleman, compañerito de aventuras de Miracleman, protagonista del título, se convierte en máximo enemigo del héroe, de la misma forma en que sucede en esta película del también realizador de The Iron Giant, otro bello homenaje al cómic y la ciencia ficción de la era atómica.
Por último, la ley que prohíbe la existencia de superhéroes en The Incredibles alude a otra historieta de Moore, Watchmen, donde las labores de vigilancia están consideradas fuera de la ley.

Además de lo explicado por Jorge, lo que llama la atención es que Brad Bird no sólo entiende la estética del cómic y su gran background, también capta a la perfección la estructura mítica de la historieta, como cuando vuelve a la identidad el tema recurrente de ambos antagonistas en la obra.

Por un lado, Helen Parr diciéndole a sus hijos que la identidad es lo más preciado que tienen y cómo deben protegerla, para poder seguir adelante, y cómo el ser excepcional tiene que auto limitarse en un mundo en donde, como dice Bob Parr: “Inventan formas para celebrar la mediocridad” (éste sería el tema de Ratatouille unos años después). Y por otra, Syndrome, el súper villano de la película, que termina en el mal camino por no saber quién es y por no querer ser más que Incrediboy, el apéndice de alguien que sí sabe quién es, y al no poder serlo, puesto que no posee súperpoderes, encuentra su identidad y razón de existir: “Si yo no puedo ser súper, nadie más lo será”.

Vaya mosaico de cine que es The Incredibles, el trabajo de animación por computadora más sorprendente hasta estos momentos en la historia, guiada a niveles magistrales por la mano maestra de Bird. Una cinta que exige y que grita desde el comienzo que es tan seria, inteligente y punzante, como las grandes obras de la cinematografía, aunque eso sea algo que, todavía, a seis años de su estreno, aún no valoramos en tal forma.

Ése es el siguiente tabú que a Pixar aún le falta vencer. ®

Publicado en: Cine, Junio 2012

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