La fiesta sigue en San Francisco

El maratón de Bay to Breakers

De los miles de participantes que acuden a este maratón sólo unos cuantos lo hacen de verdad por el deporte, el resto de los miles de jóvenes disfrazados para este evento recorren un buen tramo de la ciudad por la fiesta que celebran. Una fiesta que, en muchos casos, dio inicio desde ayer por la noche.

Apenas amanece y ya estoy sentado a la mesa de la cocina del viejo apartamento victoriano donde vivo, en la ciudad de San Francisco. Estoy tomando una taza de té mientras escribo algunas notas en el computador portátil. Escucho voces, las voces suenan al otro lado de la ventana. Son voces jóvenes, de hombres y mujeres. Y sobre ellas escucho en el cielo el paso constante de un helicóptero, lo que me obliga a preguntarme cuál será el motivo por el que el helicóptero sobrevuela la ciudad.

Desde la mesa imagino que será un helicóptero de la policía o de alguna cadena noticiosa. Las voces no me sorprenden, porque hoy es domingo y seguramente en el apartamento de arriba, o en el de abajo, o en el edificio contiguo, hubo una fiesta que duró toda la noche. Ya estoy acostumbrado a esas voces escandalosas de los fines de semana. Son voces de jóvenes estudiantes que se reúnen para hacer una fiesta, bailar y beber: vivo a dos calles de la USF. Una universidad jesuita.

A pesar de la hora las voces de los chicos no me perturban, porque nunca olvido que alguna vez yo fui así: un joven escandaloso que pasaba con sus amigos noches enteras de fiesta, no sólo en los fines de semana, bebiendo y fumando hierba hasta que nos sorprendía el amanecer.

Dos horas más tarde, cuando mi mujer ya está en pie, me pide que vaya al supermercado, a tres calles de casa, para comprar un poco de fruta, pan y leche para el desayuno. Cuando salgo a la calle el sol ilumina con fuerza y produce en el ambiente un poco de calor, lo que me hace sentir alegría. En esta parte de la ciudad, tan famosa por la niebla y sus microclimas, regularmente hace frío o sopla constantemente un viento húmedo. Por fortuna esta mañana no; esta mañana tiene pinta de que nos espera un buen día.

Apenas llego a la esquina de Central y Golden Gate me encuentro con un grupo de jóvenes que sale de la tienda de un africano; el dueño es un eritreo al que conozco desde hace tiempo. Los bulliciosos jóvenes salen de la tienda disfrazados de bueyes y vacas.

La fiesta móvil que recorrerá varios kilómetros de céntricas calles y avenidas de la ciudad, en las que todos esos jóvenes disfrazados beberán, fumarán hierba y bailarán en cada esquina, terraza o puerta en la que se haya instalado un aparato de sonido.

Camino otro poco sobre la misma calle y me encuentro con Superman… También con enfermeras, bomberos, vikingos, robots. De pronto distingo a unos cuantos de ellos que van vestidos como atletas. Entonces recuerdo y comprendo a la vez el porqué del sonido del helicóptero: hoy se celebra un año más un maratón deportivo llamado Bay to Breakers…

De los miles de participantes que acuden a este maratón sólo unos cuantos lo hacen de verdad por el deporte, el resto de los miles de jóvenes disfrazados para este evento recorren un buen tramo de la ciudad por la fiesta que celebran. Una fiesta que, en muchos casos, dio inicio desde ayer por la noche.

La fiesta móvil que recorrerá varios kilómetros de céntricas calles y avenidas de la ciudad, en las que todos esos jóvenes disfrazados beberán, fumarán hierba y bailarán en cada esquina, terraza o puerta en la que se haya instalado un aparato de sonido serán pistas improvisadas ante las cuales se detendrán para bailar. Un baile multirrítmico que se repite año tras año. A pesar de nuevas restricciones, prohibiciones y demás cosas absurdas que se les ocurren a las instituciones para que las personas no sean felices. Esta mañana miles de jóvenes bailan y ríen sin importarles los anuncios pegados por la policía en postes y paredes a lo largo de las calles donde transcurrirá la celebración; carteles que prohiben beber en la vía pública.

Regreso apresurado a casa y desayuno pronto un poco de cereal con leche. Luego tomo mi cámara fotográfica y salgo a la calle para ser testigo de esa celebración, para unirme y ser parte de esta alegre fiesta, aunque ya no bebo ni fumo hierba.

Cuando llego la fiesta-desfile-maratón deportivo se encuentra en su apogeo. Pese a las prohibiciones muchos de los participantes van borrachos y alegres. Aunque también es notoria la ausencia de jóvenes disfrazados como recién nacidos, con pañales y gorros de colores arrastrando un carrito del supermercado en el que cargan uno o dos barriles de cerveza y sus enormes biberones llenos de esta bebida: las autoridades lo han prohibido. Aun así, y todavía no son las diez de la mañana, y aunque se ven muchos policías, hay cientos de jóvenes con una cerveza en la mano. Y por todas partes huele a mariguana.

Me alegra mucho ver que la policía no hace nada por prohibir la fiesta. Me alegro de saber que San Francisco, a pesar de los cambios tan drásticos y muchos de ellos superficiales que ha sufrido en los últimos años sigue siendo una ciudad progresista y libertaria. Una ciudad en la que convive gente de todo el mundo, sin importar cuál sea la orientación política, sexual o religiosa de cada uno. Sin importar que, a pesar de la ambición desmedida y despiadada de unos y los discursos cavernarios de los políticos que viven desconectados del mundo, la gente todavía se divierte.

Después de vagar unas horas me detengo en una esquina en la que cientos de jóvenes bailan al ritmo de una música que escapa a todo volumen de una ventana. Cientos de jóvenes vestidos con disfraces multicolores. Al verlos bailar y sentir su alegría me hacen pensar que contra la intolerancia, la violencia, la marginación, el desamor y el abandono el antídoto, así sea fugazmente, es bailar y divertirse. Por muy banal, absurdo, y frívolo que suene esto para las conciencias rígidas y absurdas.

Bailar y reírse. Nada más porque sí. Para que las cosas que valen la pena en la vida tengan sentido. ®

Archivado en Fotografía, Junio 2012

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  • Mario Meneses

    Hola Tony

    Divertirse te lleva a compartir de tal manera que dejas atrás todos tus prejuicios, ego, peligros etc, esta por demás entender el comportamiento de los jovenes, ya que como tu lo comentas, uno también fue joven y conoce la esencia de la diversión. Te comparto un sentimiento personal, cuando me rió de tal manera que se estiran todos los músculos de la cara, me empieza a doler la cabeza y después se me salen las lagrimas porque no puedo para de reír, es una experiencia chingona!!! Tony te mando un abrazo y felicidades por tus publicaciones.

    Mario Meneses de México. Ojala algún día podamos compartir una fiesta así…..

  • Tamara

    Hola Antonio.

    Me gusta mucho la descripción que haces de este momento, es como estar ahí.
    Un abrazo fuerte.

  • JOan Esteve

    Antonio Tovar (y Anja Fule):f

    Fuiste tu quien hizo las fotos ? que alegria me has dado con este reportaje tan bueno !
    hace años corrí y viví (contigo) una Bay-to-Breakers y nunca lo olvidaré

    que envidia poder vivir en SF un dia como este

    dos abrazos . Joan Esteve. Barcelona (de Catalunya, que está muy lejos de SF, pena !)

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