La izquierda lunática

Entre la parcialidad y la irracionalidad

No soy judía, estoy vinculada ideológicamente a la izquierda y soy periodista. ¿Por qué no soy antiisraelí, como la mayoría de mis colegas? ¿Por qué la izquierda europea, y globalmente toda la izquierda, sólo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, Estados Unidos e Israel, y no contra las peores dictaduras?

Hugo Chavez y Mahmoud Ahmadinejad

“Maten a ese cerdo infiel.” Con esa simple orden, enviada por un imán, la vida de un profesor francés, Robert Redeker, cambió para siempre el 19 de septiembre de 2006. Internet multiplicó la amenaza en decenas de webs islámicas, y la dirección de su casa, sus números de teléfono, los datos de sus hijos, fueron publicados. Desde ese día, toda su familia vive bajo protección policial y ha tenido que abandonar su trabajo, su domicilio y cambiar de vida. Su crimen, haber escrito un artículo en el diario francés Le Figaro titulado: “What should the free world do while facing Islamist intimidation?” En ese artículo Redeker defendía la libertad de las democracias y alertaba del peligro del Islam radical. Y por defender la libertad de nuestra sociedad ha perdido su propia libertad. En su reciente libro Atrévete a vivir explica su vida en la clandestinidad. Una vida condenada al exilio interior, en su propio país. Por ejemplo, no ha podido anunciar la muerte súbita de su padre, por miedo a ser descubierto. Miembro de la revista de la elite de izquierdas Le Temps Modernes, fundada por J. P. Sartre, se ha visto abandonado por los líderes de izquierda franceses, que han atacado su crítica al Islam. Y así, como Salman Rushdie, como Talisma Nasreem, como Ayan Hirsi Ali, también Robert Redeker ha descubierto que una parte de la izquierda europea está traicionando a la libertad. Él habla de los peligros del fascismo islámico, que amenaza, aterroriza, esclaviza y mata. Y sus compañeros de la izquierda lo acusan de islamófobo y racista. Él denuncia la pasividad del mundo ante la esclavitud de la mujer, la ablación del clítoris, el uso de niños bombas, el fanatismo terrorista. Y sus compañeros de la izquierda le acusan de no ser respetuoso con otras culturas. Él, como yo, como muchos, defiende un Islam libre de fanáticos, dictadores, terroristas y totalitarios. Y nuestros compañeros de la izquierda nos dejan solos ante esa defensa. Él asume, pues, la responsabilidad moral de defender la carta de derechos humanos ante el acoso del islamismo radical, que es la nueva ideología totalitaria a la que se enfrenta el mundo. Y los compañeros de la izquierda traicionan ese mismo compromiso moral. Es decir, estamos en un momento de la historia que exige una defensa firme de la libertad. La izquierda tendría que liderar esa defensa. Y sin embargo, desgraciadamente, no está a la altura del momento histórico que vive la humanidad.

¿Por qué? ¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda europea de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Londres, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no lo hacen contra la dictadura birmana? ¿Por qué no hay manifestaciones en contra de la esclavitud de millones de mujeres que viven sin ningún amparo legal? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas en los conflictos donde el Islam está implicado? ¿Por qué no ha liderado nunca la lucha a favor de las víctimas de la terrible dictadura islámica de Sudán? ¿Por qué nunca se ha conmovido por las víctimas de los actos de terrorismo en Israel? ¿Por qué no considera la lucha contra el fanatismo islámico una de sus causas principales? ¿Por qué no defiende el derecho de Israel a defenderse y a existir? ¿Por qué confunde la defensa de la causa palestina con la justificación del terrorismo palestino? Y la pregunta del millón, ¿por qué la izquierda europea, y globalmente toda la izquierda, sólo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, Estados Unidos e Israel, y no contra las peores dictaduras? Las dos democracias más sólidas, y las que han sufrido los atentados más sangrientos del terrorismo mundial. Y la izquierda no está preocupada por ello.

Desde mi perspectiva de librepensadora, vinculada históricamente al pensamiento de izquierdas racional, me veo obligada a acusar a una parte de la izquierda, la que hace más ruido en periódicos y calles, de ser profundamente reaccionaria, antimoderna y antioccidental. Y, por todo ello, cómplice del avance del totalitarismo en el mundo.

Desde mi perspectiva de librepensadora, vinculada históricamente al pensamiento de izquierdas racional, me veo obligada a acusar a una parte de la izquierda, la que hace más ruido en periódicos y calles, de ser profundamente reaccionaria, antimoderna y antioccidental. Y, por todo ello, cómplice del avance del totalitarismo en el mundo. Nuevamente, ¿por qué? Éstas son las patologías del pensamiento que detecto en los intelectuales y líderes más ruidosos de la izquierda, desde Noam Chomsky hasta José Saramago, desde Michael Moore hasta Hugo Chávez o Evo Morales: no superación de la herencia dogmática estalinista; simplismo antiamericano; odio exacerbado a Israel; antisemitismo inconsciente. Es decir, hoy en los periódicos, en las universidades, en algunas cancillerías y en muchos libros no tenemos líderes de izquierdas comprometidos con la libertad. Tenemos líderes de una izquierda lunática capaz de minimizar al terrorismo, banalizar a la Shoá, ignorar el sufrimiento de la mujer y justificar dictaduras terribles. Esos líderes, y esa corriente de opinión, explican el odio que hoy sufre Israel en el mundo, y especialmente en Europa. Un odio que va de la mano del odio que sufre, a su vez, Estados Unidos.

1. Permítanme analizar la primera patología, la herencia dogmática estalinista y el antiamericanismo. Aunque el muro de Berlín ha caído, y con él la mayoría de las dictaduras comunistas, aún no ha caído el muro que muchos militantes de izquierdas mantienen en su propio cerebro. Así, algunos grandes dogmas estalinistas están intactos y condicionan los análisis de sus herederos. No es una casualidad que, durante décadas, el estalinismo criminalizara a Israel, y la izquierda actual lo continúe haciendo. No es una casualidad que, durante décadas, se considerara a las organizaciones palestinas terroristas como fuerzas de liberación, y la izquierda actual continúa minimizando el terrorismo palestino y despreciando a las víctimas judías. No es una casualidad que, durante décadas, considerara a Estados Unidos el paradigma de la maldad política, y la izquierda continúe obsesionada con Estados Unidos. De hecho, la mayoría de actitudes antiamericanas se deben a los anteojos con que la izquierda lunática mira al mundo. Son anteojos furibundamente antiamericanos. De manera que, si alguien es amigo de Estados Unidos es mi enemigo, y si alguien es enemigo de Estados Unidos es mi amigo. Y así, tipos de extrema izquierda acaban siendo amigos de Irán. Les une el odio a Estados Unidos, el odio a Israel y el desprecio genético hacia los valores occidentales. Es decir, les une el desprecio profundo a la libertad. Sin duda, el paradigma de la imbecilidad de esta izquierda dogmática se llama Hugo Chávez. Pero en Europa muchos profesores universitarios, escritores con prestigio y grandes intelectuales piensan igual que Chávez. Sólo se distinguen por ser más sutiles en la expresión de sus prejuicios.

Por supuesto, la crítica a las políticas de Estados Unidos o Israel son legítimas y algunas muy necesarias. Pero el fenómeno actual va mucho más allá de las críticas razonables. Se trata de una brutal criminalización del derecho de Israel a su existencia y a su defensa, acompañada de una mirada tierna sobre el terrorismo palestino. Y en el caso de Estados Unidos, tampoco abunda la crítica razonable. Abunda el prejuicio, el maniqueísmo y la obsesión. En Europa y América Latina este fenómeno es especialmente virulento.

2. La segunda patología, el antiisraelismo sin complejos y el antisemitismo inconsciente. Sin duda, el odio exacerbado a Israel marca las pautas de los periódicos del mundo. Ningún otro conflicto sufre una distorsión informativa como éste; Israel es el único país del mundo que tiene que pedir perdón por existir, perdón por defenderse y perdón por no desaparecer. Sus acciones militares son elevadas a la categoría del horror. Sus víctimas son despreciadas y sus enemigos son considerados héroes. La clave está en la frase que dijo el Premio Nobel Imre Kertesz, judío húngaro que sufrió el Holocausto: “Cuando veo en la televisión los tanques israelíes una idea me atraviesa el alma: Dios mío, que bien que pueda ver la estrella judía sobre los tanques israelíes y no cosida sobre mi ropa como en 1944. No soy imparcial ni puedo serlo: dejo la imparcialidad a los intelectuales europeos que juegan a ese juego de forma tan malvada…” Así es. Lejos de ser la histórica víctima judía que se arrastraba por los ghettos, era perseguida como una rata y era asesinada, hoy el judío eleva un país de la nada, investiga, inventa, ganas premios internacionales y vence en todas las guerras que le plantean. Y esa imagen del judío victorioso, a pesar de siglos de persecución y exterminio, es insoportable para muchos. El primer pecado de Israel es no sucumbir. Esa fuerza que le ha permitido sobrevivir a guerras letales y a millones de enemigos es lo que más indigna a la izquierda lunática. ¿Por qué? Porque es genéticamente antisemita.

Por supuesto, nadie de esa izquierda reconoce que es antisemita. Hablan de solidaridad con el pueblo palestino, de crítica racional a Israel, de compromiso con la libertad. Veamos los conceptos. Primer concepto: solidaridad, palabra tótem de la izquierda europea e internacional. Sin embargo, es una solidaridad tuerta, que llora con un único ojo, solamente por las víctimas palestinas, pero que aplaude la masacre en una escuela judía, o en un autobús, o en Universidad Monte Scopus. Y si se solidariza con la causa palestina, nunca lo ha hecho con la causa judía. Esa izquierda aplaudiría la desaparición de Israel y nunca se ha sentido cómoda con su existencia. Por tanto, no es solidaridad con las víctimas. Es odio hacia Israel.

Otro concepto: crítica racional. No existe en la práctica totalidad de los análisis. Lejos de encontrar reflexiones equilibradas sólo encontramos una reducción extrema y maniquea del conflicto, que convierte a Israel en un ente malvado y a los palestinos en víctimas puras. Así, durante años la mayoría de los analistas convirtieron a Arafat en una especie de Che Guevara árabe, héroe de la lucha de los pueblos. Su corrupción, su autoritarismo, su violencia nunca fueron objeto de crítica, y a nadie le interesó saber qué hacían los palestinos con los miles de millones de dólares que llegan a la autoridad palestina desde todos los lugares del mundo. Cada palestino ha recibido, per cápita, el doble que los europeos por el Plan Marshall. ¡Y hay pobreza! ¿Por qué? A nadie le ha interesado formular esta pregunta, porque es más fácil culpar a Israel de los males palestinos que intentar saber qué responsabilidad tienen los palestinos en su propia miseria.

Cada palestino ha recibido, per cápita, el doble que los europeos por el Plan Marshall. ¡Y hay pobreza! ¿Por qué? A nadie le ha interesado formular esta pregunta, porque es más fácil culpar a Israel de los males palestinos que intentar saber qué responsabilidad tienen los palestinos en su propia miseria.

Y finalmente, el concepto de compromiso con la libertad. Oigo esa expresión en todos los foros propalestinos europeos. “¡Estamos a favor de la libertad de los pueblos!”, dicen con ardor. No es cierto. Nunca les ha preocupado la libertad de los ciudadanos de Siria, de Irán, del Yemen, de Sudán… Y nunca les ha preocupado la libertad destruida de los palestinos que viven bajo el extremismo islámico de Hamás. Solo les preocupa usar el concepto de libertad palestina como misil contra la libertad israelí.

Una terrible consecuencia se deriva de estas dos patologías ideológicas: la manipulación periodística. Finalmente, no es menor el daño que hace la mayoría de la prensa internacional. Sobre el conflicto árabe-israelí no se informa, se hace propaganda. La mayoría de la prensa, cuando informa sobre Israel, vulnera todos los principios del código deontológico del periodismo. Y así, cualquier acto de defensa de Israel se convierte en una masacre y cualquier enfrentamiento en un genocidio. Se han dicho tantas barbaridades que a Israel ya no se le puede acusar de nada peor. En paralelo, esa misma prensa nunca habla de la injerencia de Irán o Siria a favor de la violencia contra Israel; de la inculcación del fanatismo en los niños; de la corrupción generalizada en Palestina. Y cuando habla de víctimas eleva a la categoría de tragedia a cualquier víctima palestina y camufla, esconde o desprecia a las víctimas judías.

Acabo con un apunte sobre la izquierda española. Muchos son los ejemplos que ilustran el antiisraelismo y el antiamericanismo que definen el ADN de la izquierda global española. Por ejemplo, un partido de izquierdas acaba de expulsar a un militante porque ha creado una web de defensa de Israel. Cito frases de la expulsión: “Nuestros amigos son los pueblos de Irán, Libia y Venezuela, oprimidos por el imperialismo. Y no un Estado nazi como el de Israel”. Otro ejemplo, la alcaldesa socialista de Ciempozuelos cambió el día de la Shoá por el día de la Nakba palestina, despreciando, así, a más de seis millones de europeos judíos asesinados. O en mi ciudad, Barcelona, el ayuntamiento socialista ha decidido celebrar, durante el 60 aniversario del Estado de Israel, una semana de “solidaridad con el pueblo palestino”. Para ilustrarlo invitó a Leila Khaled, famosa terrorista de los años setenta, actual líder del Frente de Liberación de Palestina, que es una organización considerada terrorista por la Unión Europea y que defiende el uso de las bombas contra Israel. Y etcétera. Este pensamiento global, que forma parte de lo políticamente correcto, impregna también el discurso del presidente Zapatero. Su política exterior cae en todos los tópicos de la izquierda lunática y, respecto a Oriente Medio, su actitud es inequívocamente pro-árabe. Estoy en condiciones de asegurar que, en privado, Zapatero considera a Israel culpable del conflicto, y la política del ministro Moratinos va en esa dirección. El hecho de que el presidente se pusiera una kefia palestina en plena guerra del Líbano no es una casualidad. Es un símbolo. España ha sufrido el atentado islamista más grave de Europa y “Al Andalús” está en el punto de mira de todo el terrorismo islámico. Como escribí hace tiempo, “nos mataron con celulares vía satélite, conectados con la Edad Media”. Y, sin embargo, la izquierda española está entre las más antiisraelíes del planeta. ¡Y dice ser antiisraelí por solidaridad! Esta es la locura que quiero denunciar con esta conferencia.

Conclusión

No soy judía, estoy vinculada ideológicamente a la izquierda y soy periodista. ¿Por qué no soy antiisraelí, como la mayoría de mis colegas? Porque, como no judía, tengo la responsabilidad histórica de luchar contra el odio a los judíos y, en la actualidad, contra el odio a su patria, Israel. La lucha contra el antisemitismo no es cosa de judíos, es obligación de los no judíos. Como periodista, estoy obligada a buscar la verdad, más allá de los prejuicios, las mentiras y las manipulaciones. Y sobre Israel no se dice la verdad. Y como persona de izquierdas, que ama el progreso, estoy obligada a defender la libertad, la cultura, la convivencia, la educación cívica de los niños, todos los principios que las Tablas de la Ley convirtieron en principios universales. Principios que el islamismo fundamentalista destruye sistemáticamente. Es decir, como no judía, periodista y de izquierdas tengo un triple compromiso moral con Israel. Porque si Israel fuera derrotada serían derrotadas la modernidad, la cultura y la libertad.

La lucha de Israel, aunque el mundo no quiera saberlo, es la lucha del mundo

Am Israel jaim. Amén. ®

Texto leído en la Conferencia Política de AIPAC en 2008, Washington. Se reproduce con permiso de la autora. Visita su sitio.

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Noviembre 2011


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  • Anibal Fajardo

    Particularmente interesante el artículo, con un enfoque cargado de pasión,lo cual no quita valor a los argumentos de la autora. Todo puede ser discutible,menos el derecho a sentir y expresarse.

  • alanp

    Creo que usar la explicación de “Odio hacia los Judíos” para referir a las voces en contra del estado de Israel es el principal “discurso tajante” de todo este conflicto.
    Por logica no podríamos referir a cada uno de los palestinos o a cada israeli. Si algo se habla en contra ese del estado de Israel y sus políticas (por cierto no aceptadas por varios sectores de la sociedad israeli) Querer decir que el terrorismo palestino es responsable seria como responsabilizar a la rebelión del Guetto de Varsovia por lo sucedido durante el nazismo. Si hacemos una revision histórica (concepto del cual carece el articulo) los palestino fueron segregados y se les quito muchos de sus derechos civiles a partir de la creación del estado de Israel, ¿que podía suceder sino la rebelión del pueblo palestino?
    Si lo vemos en otro sentido el estado de israel coquetea con varios de los ideales comunistas, no hace falta mencionar los kibutz. Entonces no tiene ningun sentido hablar de izquierda o derecha si no es para generalizar tambien.
    ¨lleva hasta el extremo esta lógica de convertir sujetos en enemigos objetivos ¨ Por otro lado esta frase no seria aplicable a toda explicación sobre el nazismo? Desde ese simple lógica el articulo justificaría al nazismo (estalinismo incluido) Con el simple hecho de cambiar nombres y fechas; asi encajaría y funcionaria como un justificación al nazismo de igual forma.
    Ahora bien que discurso es mas tajante y generalizador que entender toda critica fundamentada como ¨Odio europeo hacia los Judios ¨?

  • Ves Luque

    No veo en qué sentido se justificaría la segregación racial desde ese punto, incluso el caso nazi (como también el stalinista) lleva hasta el extremo esta lógica de convertir sujetos en enemigos objetivos para finalmente pasar de largo sobre sus muertes, el punto que trato de resaltar es el uso de este tipo de discursos tajantes que generalizan los conflictos en distintos bandos polarizados, es así que en ocasiones se llega a hablar de que todos los palestinos son terroristas y todos los israelís son “fascistas”

  • alanp

    “las victimas que no se acomodan a esta descripción pasan a ser “daños colaterales” que no tienen importancia porque son miembros de los malos.”

    No seria esto aplicable para el nazismo también? Y eso por consiguiente justificaría la segregación racial durante los primeros anos de la guerra?

    Critica argumentada?? No por ver las cosas de una sola perspectiva es un argumento de valor

  • Ves Luque

    Quizás cabria especificar que entiende la autora por “democracia más solida” teniendo en cuenta el proyecto de ley sobre fidelidad al Estado Judío, siendo que uno de los argumentos del conflicto es precisamente la legalidad de Israel como Estado-Nación , en contraposición con el argumento de que la propia Palestina se consideraba con un Estado islámico bajo la ocupación inglesa.

    Comparto la idea de que la mayoría de propaganda supuestamente regida por los “ideales de izquierda” en contra de Israel no es más que una suerte de antisemitismo disfrazado de teoría crítica, el rebuznar de prejuicios “progres” que suelen preferir a la victima solo cuando esta se encuentra bajo el manto ideológico de su preferencia, las victimas que no se acomodan a esta descripción pasan a ser “daños colaterales” que no tienen importancia porque son miembros de los malos.

    En verdad felicidades por el artículo, ya que en estos tiempos en donde tajantemente se hace evidente que si uno no comparte las ideas de los “militantes” en turno se transforma automáticamente en enemigo, se requiere de cierto valor para escribir una crítica argumentada