La Línea Dorada

El preestreno del nuevo metro

El nuevo miembro de la familia chilanga ha llegado. Antes de que el alcalde de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, abandone el cargo entrega su nuevo juguete, más esperado y costoso que los conciertos de Paul McCartney y Justin Bieber juntos: la línea 12 del metro de Mixcoac a Tláhuac.

Los paseos comenzaron el domingo 17 de junio desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde. Algunos madrugadores ansiosos se dispusieron a llegar temprano a las estaciones Mixcoac, Eje Central y Periférico Oriente para emprender el trayecto y pasar a la posteridad a través de Facebook o Twitter.

Los pasajeros aglomerados en el andén de la estación Mixcoac aguardaban el viaje de prueba de las dos de la tarde con más de quince minutos de retraso. “Se ha de estar tardando porque lo vienen empujando”, se mofaban algunos. La espera de un tren nunca fue más parecida al arribo de una celebridad. Algunos llegaron ataviados con playeras regaladas y etiquetas adhesivas que los nombraban como “el usuario número uno”. La fiesta de bienvenida comenzaba en medio de música, regalos y coreografías entre aroma a cal y yeso. Los obreros, operadores y titulares del metro fungieron como anfitriones. A su llegada fue recibido entre aplausos, porras y caras sonrientes, como a candidato en campaña.

Transitar por el metro en el Distrito Federal resulta un deporte extremo, especialmente en las horas pico en que el hacinamiento se vuelve sofocante y caótico en el recorrido de distancias largas. Después de años de trabajo, caos vial en la superficie y 19 mil millones de pesos invertidos, Ebrard se ufana de tener la obra en un 95 por ciento de avance y darse el lujo de invitar a los usuarios a realizar paseos dominicales a fin de conocer las bondades de la llamada Línea Dorada antes de su inauguración oficial. Con meses y meses de retraso y la presión electoral a cuestas.

Los pasajeros abordaron de inmediato cada resquicio de los vagones sin que importara la presencia de niños, ancianos o discapacitados. La caza de un asiento se vuelve feroz, so pena de permanecer de pie y sufrir dolores de piernas y espalda y los tocamientos propios de cada viaje como el roce de nalga a nalga y las manos inquietas masculinas que se deslizan hacia los cuerpos femeninos. En este caso no hubo una separación de géneros como habitualmente se hace en cada vagón; se metieron de chile, de dulce y de manteca en un mismo espacio.

A medida que avanzaba la excursión los empleados del metro saludaban a los pasajeros como quienes se suben a un novedoso juego mecánico en un parque de diversiones. El transporte es un moderno tren, ligero y ventilado con pantallas y música de fondo, canciones rancheras, en este caso, para ambientar como “Paloma negra” o “Cielo rojo”. Eso sí, los asientos están pintados de amarillo y negro.

De vuelta a la estación de Mixcoac los pasajeros no dejaban de posar y tomarse fotos con sus celulares y cámaras digitales y hasta alguna por ahí en formato HD que grabó su propio periplo. Abordar un transporte inconcluso es como usar un vestido terminado a medias para una fiesta.

Acudieron familias enteras sin importar que se tratara del día del padre; jóvenes, ancianos, niños, parejitas que no paraban de besarse. “¡Ya ves cómo te queremos, Manuel, así te celebramos en tu día!”, decía irónicamente doña Marcela a su marido, quien respondió con una mueca de desagrado. Llegó acompañada de él y sus cuatro hijos por iniciativa del mayor, quien tenía el entusiasmo de levantarse temprano y ser de los primeros pasajeros en abordar la “línea tardada”. Ella se negaba asistir, pero fue tal la insistencia que terminó accediendo. Para ellos resulta una ayuda desde la colonia Portales, donde viven, para no tener que subir hasta el norte y volver a bajar por la línea azul. Lo que lamentaba era la cantidad de gente que se acumularía en la estación del Parque de los Venados, en la colonia Letrán Valle, y sus efectos en las áreas verdes.

Finalmente el oriente y el poniente se conectan. El transporte en la zona de Iztapalapa-Tláhuac resulta insuficiente para una vasta población que se ha instalado en los recovecos del Pueblo Culhuacán, San Miguel Tomatlán o Tezonco y acuden diariamente a estudiar o trabajar de extremo a extremo. Recorrer esa mancha urbana desde la vista panorámica resulta una postal lastimera y triste por las carreteras de terracería, las zonas semi-rurales, los barrios antiquísimos transformados por la modernidad y el cerro resquebrajado de Tláhuac como destino final. “A Ebrard debería darle vergüenza esto”, dice indignada doña Marcela.

El regreso resulta fatigoso y pesado. Las caras sonrientes del comienzo del trayecto se vuelven en otras de hartazgo y cansancio, especialmente por los problemas de logística que sólo calcularon las estaciones Eje Central y Periférico Oriente para salir. Después de dos horas y quince minutos el panorama visual ya no es tan impresionante como al inicio. Las gotas de lluvia caen y el tren que se deslizaba despacio emprende la marcha de manera más apresurada.

De vuelta a la estación de Mixcoac los pasajeros no dejaban de posar y tomarse fotos con sus celulares y cámaras digitales y hasta alguna por ahí en formato HD que grabó su propio periplo. Abordar un transporte inconcluso es como usar un vestido terminado a medias para una fiesta. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Junio 2012


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