La masacre de Iguala

El Estado va desnudo

Desigualdad, corrupción, ineptitud, guerrilla, activismo político extremista, grupúsculos narcos enfrentados entre sí, opio y oro, regados por miles de millones de dólares, formaron la explosiva combinación que nos acaba de estallar y que nadie quiso ver.

Una fosa en Iguala.

Una fosa en Iguala.

I. La masacre de Iguala ha cimbrado a México entero. Ya no digamos al estado mexicano en todos sus niveles, la sociedad completa se ha estremecido con este atroz suceso.

¿En que se diferencian los 43 desaparecidos —y seguramente asesinados— de la Normal de Ayotzinapa de los seis mil inmolados en este año? ¿En qué se diferencian de los sesenta mil liquidados en el último sexenio? En que estas víctimas se han vuelto simbólicas. Para bien y para mal.

Pero otra víctima parece ser la cordura de muchos personajes públicos, intelectuales e informadores profesionales. Cuando más se necesita un análisis sereno éste ha escaseado. No es suficiente explicación la atrocidad de la matanza. Hemos vivido entre atrocidades desde hace decenios. La indignación no es pretexto para prescindir de la racionalidad.

Toda la estructura política mexicana se ha perturbado desde sus cimientos. La evolución democrática mexicana que milímetro a milímetro ha avanzado penosamente, obteniendo sufridos pero reales progresos, ha recibido un impacto en su línea de flotación con el fracaso integral de la gestión gubernamental del Partido de la Revolución Democrática en el Estado de Guerrero.

Otra víctima parece ser la cordura de muchos personajes públicos, intelectuales e informadores profesionales. Cuando más se necesita un análisis sereno éste ha escaseado. No es suficiente explicación la atrocidad de la matanza. Hemos vivido entre atrocidades desde hace decenios. La indignación no es pretexto para prescindir de la racionalidad.

El desmantelamiento del ogro filantrópico del sui generis sistema priista, a través de un federalismo real y una no menos real autonomía municipal, acompañada de una desigual pero auténtica división de poderes y un sistema electoral funcional, no fue el remedio mágico que todos esperaban para los centenarios problemas de la nación mexicana, que se pueden resumir en tres palabras: injusticia, desigualdad y corrupción.

El seguro asesinato de los jóvenes estudiantes guerrerenses ha desnudado a un Estado y a una sociedad mexicana profundamente violentos, primitivos y antidemocráticos.

Se ha fallado en todos los niveles: los perredistas gobiernos municipal de Iguala y estatal de Guerrero coludidos hasta las manitas con el crimen organizado. También el gobierno federal que, calculadoramente, creyó poder contener y manejar una “crisis” local, y que por su pasividad e ineptitud se le ha convertido en un problema nacional e internacional. Igualmente un gran porcentaje de políticos y opositores profesionales carroñeros que han querido lucrar y obtener ventajas en el sangriento río revuelto de estos desgraciados sucesos. Los analistas de los medios de comunicación tampoco han salido indemnes; abundan las opiniones tan emocionales como cargadas hacia sus posiciones ideológicas, y la verdadera información es tan exigua que hay que filtrarla como gambusinos para separar el escaso oro de la abundante ganga.

Que los activistas y oportunistas políticos aprovechen estos desgraciados sucesos para beneficiarse es reprobable pero al fin entendible. Que los intelectuales e informadores profesionales haya fallado en el tan necesario análisis de esta hecatombe es peor que lamentable. Hoy más que nunca son vitales la interpretación serena y reflexiva, la argumentación profunda y bien sustentada, que tanta falta nos ha hecho.

La de Iguala fue una catástrofe largamente anunciada que nadie quiso solucionar y muchos quisieron aprovechar.

La Normal Rural Raúl Isidro Burgos, cuna y semillero de guerrilleros y las guerrillas mismas, convivían estrechamente con una inestable red de narcotráfico que produce y comercia más de 90% del opio nacional, del que México, a su vez, es el segundo productor mundial.

En unos pocos miles de kilómetros cuadrados convivieron una institución de educación pública que al mismo tiempo era un poder real, una organización política insurgente y de extrema izquierda, que tenía y tiene asolada la región con vandalismo e interminables secuestros de unidades de transporte público, robo y asalto de comestibles y combustibles, continuos bloqueos de las vías de comunicación y un largo etcétera de impunes violaciones a la ley. La Normal Rural Raúl Isidro Burgos, cuna y semillero de guerrilleros y las guerrillas mismas, convivían estrechamente con una inestable red de narcotráfico que produce y comercia más de 90% del opio nacional, del que México, a su vez, es el segundo productor mundial.

Al mismo tiempo, esa accidentada región serrana igualteca es la más promisoria productora de oro de la nación. Los consorcios mineros extraen el llamado oro “orgánico”, que tiene los procesos de separación mineral más baratos del mundo, tan ricas son las vetas.

Desigualdad, corrupción, ineptitud, guerrilla, activismo político extremista, grupúsculos narcos enfrentados entre sí, opio y oro, regados por miles de millones de dólares, formaron la explosiva combinación que nos acaba de estallar y que nadie quiso ver.

II. Mientras los revolucionarios ersatz digitan desde sus smartphones y tablets su impostada indignación, paladeando la agria rebeldía trendy de los radical chic desde la comodidad de sus hogares, los violentos de veras roban, golpean, incendian y bloquean… buscando desesperadamente su mártir 44.

Mientras la autoridad inepta y pasmada hace el tancredo cerrando los ojos, las amarillentas páginas de las ¡Alarmas! progres, llenas de ruido y de furia azuzan a la rebelión, y se regurgitan las sobadas y sudadas profecías de las tramposas casandras mediáticas.

Mientras en su autóctona Estación Finlandia un tropical y atroz redentor espera impaciente que hagan efecto los aullidos de ceniza del burlón Tezcatlipoca, esparcidos por su telaraña de bytes.

Y el opio y el oro no dejan de trepar al norte…

Pero tampoco dejan de salir a trabajar arduamente cada mañana los que de veras sostienen a este país de locos.

Ya vendrán tiempos mejores. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Noviembre 2014


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