La mezquindad del deseo

Espectáculo para avestruces, Imanol Caneyada

Al buen hacer de las novelas de serie negra, mientras la trama va poniendo a cada uno de los personajes en el sitio que les corresponde —sin justicia poética, claro— el sexo, la droga, la apuesta y la traición son para ellos apenas juegos que también se aburren de jugar.

Jugar a ser avestruces.

Jugar a ser avestruces.

¿Cómo abordar Espectáculo para avestruces, la más reciente novela del escritor Imanol Caneyada? Digo la más reciente porque si bien se publicó a finales de 2012, y a inicios de 2013 el autor presentó la novela Tardarás un rato en morir, esta última es una reedición que hace la editorial Suma de Letras y primero circuló, con muy buena suerte y méritos propios, editada por el Instituto Sonorense de Cultura. Llevo tiempo preguntándome cómo abordar Espectáculo para avestruces [Guadalajara: Ediciones Arlequín. 2012] prácticamente desde que tuve la suerte de que el autor me la confiara conforme la iba escribiendo. Y todavía me lo pregunto. Así que las siguientes líneas seguirán tan solo uno de los hilos de la madeja de ideas que la lectura de la novela formó en mi cabeza.

Son pocos actualmente los escritores hispanohablantes que tienen la habilidad de redactar frases directas, sencillas y veloces, pero dotadas de una fuerte carga evocativa en los planos sensorial, cognitivo, como la tiene Imanol. No hay página de un cuento o de una de sus novelas de donde no podamos hacer nuestra una frase que luego se nos marca como un mantra. Por ejemplo ésta: “La respiración pausada de una mujer desparramando su orfandad por el pecho de un hombre no es un destino, es la única historia que se ha contado siempre”, o esta otra: “Yo era joven, pero carecía de alma”.

Compuesta de dos partes, Espectáculo para avestruces narra la conjunción de un sociópata, un travesti y una prostituta en una ciudad sin nombre con los mismos bajos fondos de cualquier otra ciudad. En el primer apartado, llevados de la mano de un narrador en primera persona (un narrador que queda muy cerca de la omnisciencia), conocemos las andanzas criminales de RQ, un sujeto que ha comprendido que transgredir las reglas, las normas, las leyes y dejar atrás cualquier atisbo de moralidad puede a uno ponerlo por encima de la gran piara que acepta la rutina como acepta la ruina, además de la sumisión y la violencia que le ejercen seres como RQ. Es el protagonista un ser consciente de que los hombres “juegan a un juego que no entienden […] y que sólo les queda la grandilocuencia. Las mayúsculas. El tácito acuerdo de no denunciar la falacia del trámite. Porque esto es un trámite que apunta a cosas como joder con tu mujer, traer al mundo a un par de animalitos asustados y escupir tu nombre en algún directorio”. También nos encontramos a la Muñeca, un travesti que mantiene una extraña fidelidad y alianza de poder con RQ. Junto a ellos, completando la triada, una puta de ojos grises, hábil en el arte de conseguir que los hombres se apiaden de ella. Es en la segunda parte del libro, ahora desde la visión de un narrador en tercera persona, donde se nos cuenta el despertar de los protagonistas a una vida que transcurre de noche, más allá de las ventanas y puertas enrejadas que usamos para mantenernos a salvo, entre sombras que también han aprendido a temerles. Los opuestos noche y día, afortunadamente usados como un recurso de contraste y no para acentuar moralinas huecas de sobadas, nutren la historia porque acentúan las contradicciones de nuestro protagonista; también, porque visto desde las páginas de la novela, tal opuesto no lo es tanto, más si los demonios andan sueltos a cualquier hora.

Imanol Caneyada, un vasco avecindado en el desierto de Sonora.

Imanol Caneyada, un vasco avecindado en el desierto de Sonora.

Quizás en la segunda parte podríamos hallar un pequeño pero a la historia. Y éste sería el papel tan preciso desempeñado por el azar para que coincidan los destinos de todos los personajes, tanto que en vez de azar parece la burla de un demiurgo ocultándonos que él los crea y que ellos solos se juntan. No ahondo en ello para no revelar información determinante para el engarce de la trama, pero quizás el móvil del oportunismo de la puta de ojos grises cazaría mejor con su personaje que el móvil de la venganza; aun así, no afecta el decurso de la narración ni caemos en la incredulidad: el narrador no nos suelta por nada del mundo, y aunque nos soltara, para esta altura de la historia ya no queremos irnos de ella.

Al buen hacer de las novelas de serie negra, mientras la trama va poniendo a cada uno de los personajes en el sitio que les corresponde —sin justicia poética, claro— el sexo, la droga, la apuesta y la traición son para ellos apenas juegos que también se aburren de jugar. No puedo dejar de pensar que entre las muchas lecturas admitidas por Espectáculo para avestruces una sea que se trata de una especie de Biblia, sólo que en lugar de que el dios iracundo e impredecible que es RQ comience siendo falible (como Dios en el viejo Testamento), en la primera parte comienza siendo infalible hasta irse materializando para, contrario también a lo que pasa con nuestro Dios (vuelto el todopoderoso dios del universo hasta el Nuevo Testamento), convencernos de que sí existe, de que no se ha ido a ningún sitio, de que no observa sin intervenir, sino que interviene sin detenerse a observar todo lo que causan sus caprichos.

Los muestra bien provistos de mezquindades, atendiendo primero al deseo, no a su razón. Y tampoco opta por el otro recurso fácil, el de mitificar al hombre que vive fuera de la ley. Tan solo se nos deja una foto del envilecimiento, que en manos poco expertas pudo haber resultado velada.

Bien atados los destinos de cada uno de nuestros personajes, la novela apuesta por no mostrarnos sus flancos débiles y comunes: se arriesga y no busca una empatía fácil, no busca la identificación. Al contrario, los muestra bien provistos de mezquindades, atendiendo primero al deseo, no a su razón. Y tampoco opta por el otro recurso fácil, el de mitificar al hombre que vive fuera de la ley. Tan solo se nos deja una foto del envilecimiento, que en manos poco expertas pudo haber resultado velada. Aquí, en cambio, tenemos una propuesta distinta a lo que suele llegar a las librerías. Espectáculo para avestruces se arriesga a narrar sin caer en las convenciones del best seller (personajes planos, tramas predecibles y cuasi interesantes, y mucho marketing) y se propone como literatura sin más adjetivos y sin recurrir, para que se le considere novela seria, al también fácil recurso de la biografía disfrazada o de las citas y homenajes a otras novelas, es decir sin recurrir a hacer literatura de la literatura, sin recurrir al reciclaje tan de moda hoy. ®

Publicado en: Junio 2013, Libros y autores

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