La moral y el cerebro

Dilemas morales y racionales

Existen básicamente dos posturas con respecto a los juicios morales: o son resultado de un razonamiento deliberado (postura de Kant) o son intuiciones morales basadas en las emociones (postura de Hume).

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En la conocida película Naranja mecánica el personaje principal, Alex, es condicionado para generar aversión a la violencia mediante un procedimiento llamado “Técnica Ludovico”. Mi interpretación de lo que quiso decir el autor es que un buen comportamiento que no esté basado en buenas intenciones es amoral. Además, podemos decir que la película afirma que en nosotros funciona una máquina, el cerebro, que nos permite discernir entre lo correcto y lo incorrecto.

Dilemas morales

Antes de abordar directamente la cuestión del papel del cerebro en la ética tenemos que explicar que la investigación sobre el área trabaja con unas historias que generan conflictos sobre lo que debería hacerse y que se les conoce como dilemas morales. Por ejemplo, en la película La elección de Sofía ella y sus hijos se hallan cautivos en un campo de concentración nazi y un guardia alemán se acerca a ella y le hace la siguiente proposición: si mata a uno de sus hijos, el otro vivirá; si rehúsa elegir, ambos niños morirán.

Uno de los mejores ejemplos de dilema moral es el siguiente propuesto por Unger [1996]: un hermano y una hermana están pasando juntos las vacaciones y deciden que para enriquecer su maravillosa relación deberían hacer el amor. A él le han practicado la vasectomía y ella está tomando la píldora, no hay pues riesgo alguno de embarazo.

Uno de los mejores ejemplos de dilema moral es el siguiente propuesto por Unger [1996]: un hermano y una hermana están pasando juntos las vacaciones y deciden que para enriquecer su maravillosa relación deberían hacer el amor. A él le han practicado la vasectomía y ella está tomando la píldora, no hay pues riesgo alguno de embarazo. Hacen el amor apasionadamente, lo que constituye una maravillosa experiencia para ambos. Guardan en secreto este hecho, que recordarán para siempre con placer. O el más clásico de todos los dilemas morales, el propuesto por la filósofa Phillipa Foot [1967] que se conoce como el problema del tranvía: un tren avanza a una velocidad de 240 kilómetros por hora, de pronto el maquinista ve que se enciende en el cuadro de mandos una luz que indica la completa rotura de los frenos. Delante de él en la vía hay cinco excursionistas que caminan de espaldas al tren, ignorando al parecer que se les aproxima. El conductor ve que la vía está a punto de bifurcarse y otro excursionista camina por la segunda vía. El maquinista ha de tomar una decisión: puede dejar que el tren prosiga su camino actual, matando así a los cinco excursionistas, o puede dirigir el tren hacia la segunda vía, matando así a un excursionista pero salvando a cinco.

Activación cerebral

El filósofo y científico cognitivo Joshua Greene [2004] ha trabajado sobre la relación entre los dilemas morales y la actividad cerebral; en sus estudios pone a los sujetos a leer los dilemas, especialmente diferentes versiones del dilema del tranvía mientras les escanea el cerebro.

Antes hay que decir que existen básicamente dos posturas con respecto a los juicios morales: o son resultado de un razonamiento deliberado (postura de Kant) o son intuiciones morales basadas en las emociones (postura de Hume); Greene montó sus experimentos para explorar las contribuciones de la emoción y la razón en nuestros juicios morales.

Si es el razonamiento, entonces se esperaría que se activaran las regiones cerebrales que intervienen en ese proceso psicológico; si en cambio son producto de nuestras emociones, serán otras partes del cerebro las que intervendrán. Los salomónicos hallazgos de Greene dicen que dependiendo del tipo de problema del que estemos hablando se activarán ciertas regiones cerebrales.

Naranja mecanica

En situaciones morales personales (pongamos el caso de los hermanos que tienen relaciones sexuales) hay una notable actividad de las zonas que intervienen en las emociones (la circunvolución frontal media, la circunvolución cingulada posterior y la circunvolución angular). Pero si los sujetos estaban juzgando situaciones morales en el que las consecuencias utilitarias (maximización del bien: salvar a cinco vidas en vez de una) entraban en conflicto con reglas morales como ¡no causes daño a otros!, este conflicto o tensión afectaba directamente a la circunvolución cingulada anterior (zona que se activa cuando los individuos se encuentran ante opciones o elecciones que entrañan conflicto).

No sólo eso, el grado de activación de la circunvolución cingulada anterior está relacionado con el tiempo que lleva dar la respuesta; entre más se tardaran en dar la respuesta más se activaba esta región cerebral. Por último, Greene descubrió que cuando los sujetos iban contra la corriente, declarando que era lícito hacer algo que la mayoría creía que no lo era, mostraban una activación mucho mayor del córtex prefrontal dorsolateral, zona que interviene en la planificación y el razonamiento.

Lo que no nos dicen los trabajos de Greene, ni ninguno de los estudios sobre la relación entre moral y cerebro, es que haya una región específica y exclusiva para resolver dilemas morales. Lo que sí nos dicen es que cuando experimentamos conflictos entre deberes y obligaciones incompatibles, la fuente del conflicto viene del enfrentamiento entre emociones y razón (en el caso de los hermanos el dilema está planteado de tal forma que la mayoría sentiría que hay algo mal, aunque no sepan decir en qué consiste lo que está mal).

El conflicto emocional proporciona la marca delatora de un dilema moral. Todos los estudios de imágenes cerebrales realizados hasta la fecha muestran inequívocamente que las zonas que intervienen en el procesamiento de emociones se activan cuando emitimos un juicio moral, sobre todo en los casos en que hay conflicto.

Lo que también nos dicen es que si no hay emoción, no hay tensión moral. El conflicto emocional proporciona la marca delatora de un dilema moral. Todos los estudios de imágenes cerebrales realizados hasta la fecha muestran inequívocamente que las zonas que intervienen en el procesamiento de emociones se activan cuando emitimos un juicio moral, sobre todo en los casos en que hay conflicto.

Otra área de investigación sobre la relación entre moral y cerebro proviene de los estudios sobre las neuronas espejo; este grupo de células fueron descubiertas por el italiano Giacomo Rizzolatti y se ha ido descubriendo que podrían ser el mecanismo para reproducir empatía, para meterse en la piel de otros y sentir cómo es ese otro ser humano.

La forma más importante en que se puede observar el papel de este sistema de neuronas espejo en la moralidad humana proviene de ver cómo se comportan sujetos que tienen lesiones o alteraciones cerebrales. Ese será motivo de otra entrega. ®

Referencias bibliográficas
Philippa Foot, “The Problem of Abortion and the Doctrine of the Double Effect”, Oxford Review, no. 5, 1967, pp. 5-15.
Greene, J.D., Nystrom, L.E., Engell, A.D., Darley, J.M., Cohen, J.D., “The Neural Bases of Cognitive Conflict and Control in Moral Judgment”, Neuron, 44, 2004 pp. 389-400.
Unger, P.K., Living High and Letting Die, Nueva York: Oxford University Press, 1996.
Para ver más artículos de Greene puede visitar su página personal, donde tiene la mayoría de sus investigaciones: http://www.wjh.harvard.edu/~jgreene/

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Publicado en: Ciencia y tecnología, Febrero 2013


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