La mujer y el mastín

nunca jamás me había sucedido esto le juro yo sólo me dejé llevar y bueno yo no quería que algo así pasara es que yo sólo iba en el carro y lo vi y no pude me detuve y y bueno la radio venía a todo volumen y yo cantaba dulcemente detrás del volante mientras circulaba por Himno Nacional ¿sabe? hacía un calorón muy feo y yo me detuve en un alto para pintarme los labios que salí muy rápido y no tuve tiempo de detenerme a arreglarme el cabello ha de decir usted que vengo muy desarregladita y es que bueno pues yo hubiera querido ponerme el hermoso rimel que me compré ayer que tiene unas tonalidades bien bonitas ¿eh? ¿que regrese a la cuestión? ¡ah sí! bueno este yo iba por la avenida y cuando crucé Coronel Romero como a dos cuadras lo vi un mastín de hermosa piel gris tirado bajo la acera al lado del camino arrollado y luego arrastrado por alguien para que su cuerpo no estorbara el paso de los automóviles bajé la velocidad y me pitó una camioneta roja pero no le hice caso y luego me gritó vieja pendeja no te fijas pero yo seguí hacia la acera hasta detenerme casi en doble fila al lado del perro muerto y entonces me bajé y lo vi de cerca olía muy mal y se le veía una tripa saliendo del vientre toda roja de sangre y tierra y luego la marca de llanta que manchaba toda su espalda del pobrecito parece que ya llevaba varios días porque el cuello se le había puesto negro de ya no tener pelo y se le veían los huesos de las patas y me dio compasión y no pude más que acariciarle le cabecita al pobre y sus ojitos como que resplandeciendo un poquito pero yo los veía apagados cuando me hinqué a observarlos y me dieron ganas no sé por qué de acercar los labios pero una señora gorda gorda con un perrito de esos que parecen de peluche y están diminutos se acercó a olisquear el ano putrefacto del mastín el perrito no la señora y la señora me vio feo y me dio a mí mucha pena y casi suelto el cuello del pobrecito sobre la banqueta pero sólo lo bajé hasta mis muslos para que descansara aunque creo que los muertos ya descansan y tuve que subirlo conmigo al Chevy en el asiento de adelante y le puse el cinturón de seguridad para que no se golpeara porque ¿sabe? no sé manejar todavía muy bien no se lo diga a nadie manejé por la avenida hasta una callecita cerca de la iglesia del Saucito y casi llegando al Tecuán me estacioné abajo de un árbol y entonces y entonces sucedió eso que no le quiero contar porque me da mucha pena pero es que yo no pude controlarme es la primera vez que me pasa le juro que no hubiera querido pero bueno así se da continúo pues yo me estacioné y me quité el cinturón de seguridad me acerqué poco a poco al mastín y noté que una tripa se había deslizado y manchaba el tapiz pero en ese momento no me importó y hasta me dieron ganas de meter la mano por la abertura sanguinolenta y lo hice y se sentía como si metieras la mano a una gelatina con pedazos de fruta en su interior y toqué todo el interior los intestinos y el estómago los riñones la vejiga me asusté porque pensé que estaba vivo y me alejé hasta mi puerta pero vi que no se movía me acerqué a verle su carita de pobrecito vi que los ojitos estaban bien hundidos en los huesos pero conservaban todavía su reflejo de cristal me gusta decirle reflejo de cristal a los ojos y se veía que eran como verdes o cafezosos y luego vi su mandíbula abierta y la hilera de dientes que había perdido su brillo de saliva y estaban bien secos como si fueran de yeso se veía una lengua color morado y las encías casi negras tenían un olor que casi me hizo vomitar pero me aguanté y luego pensé que al final todos los humanos somos animales como los changos o los pericos o los perros y entonces yo podía libremente estar con quien yo quisiera sin discriminar por género a ningún ser de la tierra y la idea me gustó porque pensé que estaba yo haciendo una teoría y yo nunca he hecho una teoría y me gustó la idea y creo que sonreí como yo sonrío cuando hago las cosas bien cuando manejo sin estar a punto de chocar durante todo el trayecto por ejemplo vi entonces los retrovisores y hacia todos lados y nadie estaba y acerqué la cabeza a la cabecita del mastín y vi sus labios o bueno los perros no tienen labios pero sí una carne negruzca entre la piel y las encías que está suave por la saliva pero ésta estaba toda dura lo noté mientras mis labios recorrían húmedos la superficie dura y me dio mucho asco y como que quise vomitar pero no y luego el asco era como si me gustara el asco y no pude más que acercarme otra vez y sacar la lengua y lengüetearlo todo los ojos las orejas bueno la oreja porque una ya se la habían comido los gusanos metí toda la mandíbula en la mandíbula del mastín hasta rozar con la punta de la lengua la campanita chistosita de la garganta pero parecía hecha de tierra por su textura y nunca había sentido eso ni con Jorge ¿sabe? yo estaba con las manos bien prensadas a la cabecera del asiento y me movía y me movía hasta que vi una luz en la calle y me asusté y me acomodé la falda y me regresé al asiento del conductor y encendí en seguida el carro aunque ya me había dado cuenta que no era más que una farola y me fui por Carranza hasta la Diagonal pero a mi mente vino uno como sentimiento de culpa pero no sabía por qué y me puse a pensar mientras manejaba hacia aquí me detuve varias veces por ir distraída y pensé luego que pensaba que le había sido infiel a Jorge pero no se podía porque Jorge y el mastín eran de distintas especies y creo que así no importa pero de todos modos me puse muy confusa metí al perro en la cajuela y entonces llegué con usted padre para que me diera consejo sobre qué debo hacer ®

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Publicado en: Enero 2012, Narrativa


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