La presidencia imperial en la FIL de los 43

Enrique Krauze ante la prensa

Los jóvenes deben de leer y entender la historia de México, propone el historiador Enrique Krauze. Se puede hablar de historia en más de 140 caracteres, dijo en conferencia de prensa.

Enrique Krauze. Foto © FIL / Marte Merlos.

Enrique Krauze. Foto © FIL / Marte Merlos.

En la conferencia del domingo 30 que Enrique Krauze ofreció a la prensa para presentar la reedición de sus tres primeros libros de la Biblioteca Histórica de Tusquets —Siglo de caudillos, Biografía del poder y La presidencia imperial), le pregunté su opinión sobre la gestión de Enrique Peña Nieto.

Krauze, quien expresó ahí mismo que “los intelectuales no están a la altura del momento” —y se incluye—, respondió recordando un artículo publicado en el New York Times el 15 de septiembre en el que señaló que “las dudosas” reformas tanto energética y de telecomunicaciones no serán mientras no haya un cambio en el Estado de derecho, en el combate al crimen y en la relación clave entre crimen y corrupción política. En resumen, “no hay nada que festejar”, dijo.

El director de Letras Libres aclaró que defendió las reformas porque es necesario abrir la economía mexicana, aunque “todo esto que se ha vivido arroja una enorme sombra sobre estas reformas”. “Mientras no se resuelva la línea entre crimen organizado y la corrupción, el aspecto del Estado de derecho en México —que es complicadísimo—, y también mientras no se actúe, pero no después del niño ahogado, con los estados atrasados del país que son Guerrero, Michoacán, Oaxaca, el sueño de modernidad se nos va a ir entre las manos”.

Un joven reportero del portal Revolución 3.0 —y también colaborador de esta revista— se mostró indignado con el director de Letras Libres pues no estuvo de acuerdo cuando éste dijo que lo expuesto el 7 de noviembre por el procurador general de la república, Jesús Murillo Karam, sobre que la probabilidad de que los restos encontrados en Cocula, Guerrero, sean los de los 43 normalistas desaparecidos. Al periodista Érick Ampersand le llamó la atención que Krauze dijera que debemos de creer en “la versión macabra que ha manejado la televisión”. Ampersand comentó: “Yo ahí empiezo a tener ciertas dudas de si eso es llevar el nivel de análisis”. A lo que Krauze respondió: “Hay una facilidad intelectual en lo que se llama la corrección política […], es buscar al público, es buscar el aplauso, es muy fácil buscar el aplauso, yo prefiero buscar la verdad […] No me cabe la menor duda de que el Estado mexicano desde Fox, desde antes de Fox, empezamos desde Díaz Ordaz, era inherentemente corrupto y criminal, porque el ejército y los políticos tenían trato con los narcotraficantes. […] los narcotraficantes se volvieron demasiado fuertes y empezaron a sentir que no tenía por qué negociar con el gobierno, sobretodo con un gobierno como el de Fox o el de Calderón, que ya eran débiles.

“Quiero dejarle absolutamente claro, porque lo mío no es la corrección política, que en esto yo veo culpables directos, estos gobernantes concretos, un partido, PRD, en Iguala, que llevaron a cometer ese crimen. Responsables jurídicos ante la sociedad, el gobierno estatal de Guerrero, el gobierno federal y el Estado”.

Hay una responsabilidad histórica del Estado mexicano, luego hay una responsabilidad cojurídica del Estado mexicano y del gobierno federal mexicano, el actual. No sólo de la pareja presidencial [de Iguala], del gobierno mexicano. Porque el gobierno mexicano que está para dar ante todo seguridad a las vidas y propiedades de los mexicanos falló, ha fallado y sigue fallando en problemas de seguridad, de modo que yo no estoy en absoluto ni justificando ni edulcorando la responsabilidad del gobierno mexicano. Quiere usted que yo amplíe la responsabilidad al Estado mexicano, que no es lo mismo que el gobierno, o sea que el Estado mexicano integrado por el poder judicial, legislativo, el gobierno federal… De acuerdo, el Estado mexicano, todo, tienen una responsabilidad en estos hechos”.

Krauze añade y termina: “Quiero dejarle absolutamente claro, porque lo mío no es la corrección política, que en esto yo veo culpables directos, estos gobernantes concretos, un partido, PRD, en Iguala, que llevaron a cometer ese crimen. Responsables jurídicos ante la sociedad, el gobierno estatal de Guerrero, el gobierno federal y el Estado”.

Ampersand revira: “Yo creo que habría que ser cuidadoso con las palabras, a eso nos dedicamos…”. Interrumpe Krauze: “Imagínese usted con quién está hablando… Llevo sesenta años haciendo esto” (nació en 1947). Ampersand: “Bueno, no sé cuántos vaya a durar yo…”. Krauze ataja con tono respetuoso: “Le deseo los mismo sesenta”. Ampersand le agradece y dice: “No hablemos de responsabilidad, hablemos de coparticipaciones, hubo coparticipación del ejército y ese es el Estado, y eso más allá del partido pertenece al poder judicial, sigo…”. Krauze: “No, no, no, no siga, no siga…”. Ampersand: “Permítame terminar, hay una visión maniqueísta entre vaqueros e indios, entre narcos y políticos, y eso en nuestra situación mexicana no aplica necesariamente. No es que antes los políticos tuvieran relaciones y hoy ya no. Hoy son parte de la narcopolítica”.

Finalmente, Krauze le responde: “Querido amigo, acabo de hablar de que el Estado mexicano, incluido el ejército, no omití al ejército, está encargado de Iguala. Es muy extraño que no haya reaccionado. En ese sentido pienso que puede haber, y habría que probarlo, una complicidad. La última persona que defiende desde 1968 al sistema político mexicano es su servidor, si llega usted a leer alguno de mis artículos, que son mil 500, va a ver todo esto. Yo no estoy planteado esto como blancos y negros, simplemente estoy diciendo que hay grados de culpabilidad y grados de responsabilidad. […] Si todo el Estado mexicano está podrido, tiene que derrumbarse, en ese momento si se derrumbara todo el Estado mexicano se derrumba el país completo. Yo lo que creo es que aquí se requieren reformas muy profundas y en situaciones mucho más difíciles nos vimos en México. Espero que con el tiempo entienda que el introducir un matiz en la discusión no quiere decir en lo absoluto claudicar al tiempo de hoy”.

Retratos de dos desaparecidos de Ayotzinapa. Foto © Antonio Monterrosas.

Retratos de dos desaparecidos de Ayotzinapa. Foto © Antonio Monterrosas.

Al día siguiente, primero de diciembre, la Expo Guadalajara fue blindada por robocops tapatíos. El tema de Ayotzinapa se encuentra en todas partes en la FIL. Estudiantes de esa Normal montaron una exposición de 43 cuadros, pintados por compañeros suyos, con los rostros de los desaparecidos en Iguala; en el Foro FIL hay 43 sillas negras que contrastan con las otras de color naranja, las cuales permanecen vacías durante los conciertos del país invitado, Argentina; en los pasillos de la misma FIL grupos de jóvenes van gritando los números del 1 al 43 y hasta en la fiesta de la editorial Almadía el “Mambo número 8” de Dámaso Pérez Prado se convirtió en el Mambo número 43.

La presidencia imperial en tiempos de los millennials

Para el capítulo relativo a Gustavo Díaz Ordaz de La presidencia imperial, de Enrique Krauze, el autor hizo uso de unas memorias inéditas del ex presidente, que le “facilitó, con generosidad, su hijo Gustavo”. “Esas memorias nunca han salido a la luz y acaso nunca se conozcan”, dice el historiador.

De esas memorias provienen estas palabras de Díaz Ordaz del 30 septiembre de 1968, cuando el ejército abandonó las instalaciones universitarias, tomadas días antes: “¡Qué pena, pero la Universidad está llena de basura y mugre!” (La presidencia imperial, p. 377)

Casi al final del prólogo Krauze escribe algo acerca de “los millenials mexicanos de la era de internet y las redes sociales”, como define a los jóvenes nacidos en el fin de siglo XX y quienes, dice, “ven [a los ex presidentes de México de Ávila Camacho hasta Salinas de Gortari] —si es que los ven— como dinosaurios. No lo eran, no lo son. Vale la pena conocerlos para adentrarse en su pasado, para advertir las vetas de ese pasado en el presente”.

Mónica Maristain le pregunta a Krauze por qué ha generado tal indignación la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Tal vez, responde, porque la matanza fue conocida prácticamente “en tiempo real y en las redes sociales. Esto es lo que multiplicó ese eco y ese eco regresó a México y alentó aún más la indignación, y otro factor que se me ocurre es que hayan sido estudiantes. En este país, en 1968, el gobierno masacró a un número indeterminado de decenas, centenas de estudiantes. Esto indudablemente tocó un punto muy sensible de la imaginación política mexicana”.

“En este país, en 1968, el gobierno masacró a un número indeterminado de decenas, centenas de estudiantes. Esto indudablemente tocó un punto muy sensible de la imaginación política mexicana”.

“México está viviendo de ideas viejas en un mundo nuevo” […] “y como no hay vida pública en México, como la máxima sabiduría política es el silencio, los hombres públicos se han hecho pequeños y misteriosos”, dice Daniel Cosío Villegas en la página 371 de La presidencia imperial. No había más remedio, dice Krauze, que llevar a la realidad la propuesta de los estudiantes, que ya se habían aburrido con “aquel circo político”, y esto consistía en “Hacer pública la vida pública del país”.

Leeré con calma este libro de 554 páginas después de la FIL. Krauze se despidió con una frase que me pareció graciosa y afortunada: “Para que vean que se puede hablar de historia en más de 140 caracteres”. ®

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Publicado en: FIL, Noviembre 2014


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