La punta del iceberg

Dos poemas

© Josef Koudelka

Me falta mucho
Me falta mucho para llegar a ser la pintora naif que he soñado ser.
La pérdida de la perspectiva es el único camino hacia la libertad.
Los góticos son demasiado estructurados, demasiado obedientes. Por esta razón nunca me hice gótica.
Nada peor que un performance serio. ¿Hasta cuándo?
Nada peor que un video —arte serio. ¿Hasta cuándo?
Los aeropuertos y los centros de detención se parecen cada vez más.
Hablar es un vicio.
La mejor comida es la casera.
La Guía Michelin ha contribuido a destruir el paladar de muchos burgueses.
Si quieres hipnotizar a alguien debes elegir a los que le sudan las manos o tienen cirugía estética, son los más sugestionables.
Vender es tedioso.
Comprar agota.
Nada sustituye a la juventud.
La humanidad le da demasiada importancia al pelo.
Admirar a alguien es la forma más leve de canibalismo.
Las aeromozas guapas son cosa del pasado.
Ningún barco debería llevar cuatro mil pasajeros a bordo.
La multitud es materia catastrófica.
Los carruseles son un regalo del sueño a la realidad.
En lo artesanal está la salvación.
Los borrachos no saben nada de vinos.
La playa cura casi todo.
Lo verdadero es indecible. En cuanto empezamos a articular, empieza el teatro.
La vida es multidimensional.
Nadie puede ser profundo, vivir es un acto superficial.
La vida es la punta del iceberg.

Narco come narco
Ese fue el comentario de David
cuando repasamos las noticias.
Su papá lo metió en el negocio
y su abuelo metió a su papá en el negocio.
Su abuelo denunció a su papá:
Los sicarios mataron a su papá.
David, mi vecinito de la infancia,
El huérfano maldito
(como lo llaman en los bajos fondos
que ya no son bajos sino altos)
se convirtió poco a poco
en un tipo malo.
Yo no digo que es un tipo malo,
aunque lo diría,
pero en este caso
lo dijo él mismo:
“Soy malo Blanca,
nací con una mesa reservada
en el infierno,
jodí a seis familias
para comprarme la Hummer H2”.
“¡Cambia tu historia! ¡Tú puedes!” le dije.
(soné superficial)
Me vio como se mira a una estúpida,
y recitó:
“He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer.
No he sido feliz.
Que los glaciares del olvido me arrastren
y me pierdan, despiadados”.1
A David y a mí
siempre nos unió la poesía,
la irreverencia y la tragedia.
Esa fue la última vez que lo vi,
era un hombre joven, bien vestido,
solitario y desconfiado.
Me enteré de que un sicario le disparó a su coche
desde una camioneta en marcha
en la autopista del este.
Perdió el control
y cayó al río Guaire.
Murió ahogado.
“Narco come narco”
Hoy esas palabras resuenan más
que el poema de Borges. ®

Nota
1. Borges.
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Publicado en: Julio 2012, Poesía


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