La rehabilitación del Teatro de Bellas Artes

Un rescate totalmente Palacio

Después de 700 millones de pesos y 27 meses cerrado para su rehabilitación, el Teatro del Palacio de Bellas Artes reabrió sus puertas el 19 de noviembre de 2010 para un concierto oficialista y el telón operístico el 5 de diciembre para una nueva producción de Fidelio de Ludwig van Beethoven.

Palacio de Bellas Artes

Las críticas hacia este proyecto institucional han sido de múltiple origen, hacia todas su áreas y fases; comenzaron desde su anuncio y no cesaron con la reapertura. Lo que pretendió ser uno de los puntos fuertes del festejo por el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución se convirtió en un campo fértil para el cuestionamiento de un gasto excesivo, creciente y quizás innecesario y para la polémica por los resultados obtenidos en acústica y estética, en cuya vertiente arquitectónica los especialistas aún no descartan un posible daño de repercusiones internacionales a uno de los patrimonios artísticos de la humanidad, todo ello en medio de comunicados exitistas de las instituciones y funcionarios culturales del país.

De confirmar la UNESCO ese diagnóstico señalado por ICOMOS México cuando a finales de 2011 decida si envía una misión de especialistas a practicar un estudio a fondo en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, emitiría una recomendación que obligaría al gobierno mexicano a revertir el daño y devolver al monumento su estatus original, pues estaría violando la Convención para la Conservación del Patrimonio Cultural y Natural firmado en 1972, o de lo contrario aplicaría una sanción que pondría la totalidad del Centro Histórico de la Ciudad de México en la lista de Patrimonio de la Humanidad en Peligro (Noticieros Televisa, 25 de marzo de 2011).

La inauguración

El Teatro del Palacio de Bellas Artes puede considerarse el máximo escenario artístico del país. Es además, por diseño, un foro netamente operístico, aunque su interior haya albergado, a través de los años, teatro, ballet, conciertos sinfónicos, cine, maratónicas sesiones legislativas, informes presidenciales y hasta velorios.

Fue inaugurado oficialmente el 29 de septiembre de 1934, con la Orquesta Sinfónica de México y los coros del Conservatorio Nacional de Música, que interpretaron el Himno Nacional Mexicano, la sinfonía Llamadas de Carlos Chávez y la Sexta, Pastoral, de Ludwig van Beethoven. El acto concluyó con la representación de La verdad sospechosa, obra teatral de Juan Ruiz de Alarcón. Fue la inauguración oficial, porque extraoficialmente ya se habían presentado diversas funciones operísticas entre 1928 y 1932, con los trabajos de construcción (que se extendieron durante treinta años de labor interrumpida entre otras razones por la Revolución y luego una consecuente falta de recursos), de lo que originalmente pretendía ser un gran Teatro Nacional, con diseño del arquitecto italiano Adamo Boari, todavía inconclusos (José Octavio Sosa Manterola, 70 años de ópera en el Palacio de Bellas Artes, INBA, 2004).

Rehabilitación

Luego de 73 años de funcionamiento con mejoras menores a la concepción original y mantenimiento permanente, el Teatro del Palacio de Bellas Artes sería sometido a partir del segundo semestre de 2007 a un proyecto de rehabilitación, según informó la entonces directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Teresa Franco.

Así, con esos calificativos del dictamen de “inseguras, obsoletas e ineficaces”, que al parecer se tomaron como sinónimos de necesidad de cirugía mayor, se procedió a armar todo un proyecto de rehabilitación. La información oficial no especificó satisfactoriamente si la única solución viable era la adoptada o si había otras opciones, menos costosas y en todo caso igualmente útiles…

En el portal de Internet Transparencia Focalizada del INBA, que es donde se supone que estaría toda la información del proyecto y que durante el proceso de la intervención al inmueble en realidad funcionó a medias, actualmente se explica que “el foro (del Palacio) es el único espacio que se había mantenido casi sin ninguna intervención a lo largo de estos años”. Por ello, el INBA solicitó “al Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México la realización de un diagnóstico del estado que guardaban esas instalaciones. El resultado fue que eran inseguras y que los equipos que se encontraban en uso eran obsoletos e ineficaces para cumplir con las exigencias de una sala de espectáculos moderna, acorde con las nuevas tecnologías cada vez más utilizadas en los espectáculos. Fue por ello que se decidió intervenir el foro, para abatir riesgos y posibles accidentes”.

Así, con esos calificativos del dictamen de “inseguras, obsoletas e ineficaces”, que al parecer se tomaron como sinónimos de necesidad de cirugía mayor, se procedió a armar todo un proyecto de rehabilitación. La información oficial no especificó satisfactoriamente si la única solución viable era la adoptada o si había otras opciones, menos costosas y en todo caso igualmente útiles, porque rápidamente el proyecto fue subido al carro de los festejos bicentenarios, con un particular fuelle del entonces presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Sergio Vela Martínez, ex compañero de escuela del presidente de la República Felipe Calderón.

La transparencia

Aunque la decisión habría sido tomada en realidad desde la cúpula del Conaculta, el INBA acogió la explicación y defensa del proyecto por la personalidad jurídica que sí tiene la institución de la que depende el Palacio de Bellas Artes. Transparencia Focalizada consigna: “A convocatoria de la Dirección General del Instituto se estableció un Consejo Técnico formado por funcionarios involucrados en la obra, asistidos por un Consejo Asesor de especialistas en artes escénicas, escenografía e iluminación”.

La información oficial no especifica los parámetros que utilizaría el consejo técnico ni el consejo asesor de especialistas, y ni siquiera nombra a los integrantes de los mismos, pero el escenógrafo Philippe Amand fue elegido como asesor principal de los trabajos de rehabilitación.

En cualquier caso, expertos en arquitectura, ingeniería y arte reunidos por el Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, México), organismo A de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), de carácter no gubernamental y con fines no lucrativos, advirtieron “la falta de transparencia en la adjudicación de obras a empresas no especializadas, como el caso de la compañía que se dedicaba al bacheo en Cuernavaca y realizó la instalación eléctrica del recinto” (La Razón, 18 de enero de 2011).

En esa misma nota, firmada por Sandra Nieves, se consignan las palabras de Domingo Pánico, “ingeniero encargado de efectuar un estudio en 2002 de las modificaciones necesarias a la sala”, quien destacó que “en muchos casos la adjudicación de los contratos representó grandes ganancias para quien dio los materiales y para quien se llevó la comisión de venta”.

La electricidad no fue el área única a intervenir, pues señala Transparencia Focalizada que a partir del dictamen de la UNAM “se tomó entonces la decisión de cambiar la maquinaria teatral original conservando el espíritu de la misma, así como instalar nuevos sistemas de iluminación y sonido”. “Para garantizar la seguridad de los espectadores y los artistas que se presentan, el proyecto integral de rehabilitación contempló la instalación de un sistema contra incendios automatizado, moderno y eficiente y la construcción de nuevas salidas de emergencia para el foso de orquesta. Los cambios también fueron pensados para mejorar la acústica, visibilidad y comodidad de los espectadores”.

Garantía

¿Qué podría garantizar que en estas otras áreas hubo mayor transparencia en la adjudicación de contratos que en el rubro de la electricidad? La buena fe de los funcionarios públicos, quizás. Pero aun así los resultados no sustentan el gasto en sí y la planeación y ejecución del proyecto puede ser altamente cuestionado.

El musicólogo y operador del supertitulaje en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, Francisco Méndez Padilla, ha tenido que regresar al viejo sistema de proyección sobre una pantalla blanca y dejando a un lado el moderno y costoso equipo de leds porque fue adquirido sin consultar a nadie las especificaciones requeridas para Bellas Artes y no cabía en el espacio estructural asignado, razón por la que en cada función después de la reapertura del recinto tenía que ser instalado y desinstalado hasta que finalmente, con menos de cuatro meses de uso esporádico, “tronó”. Por lo demás, la cabina del supertitulaje fue estropeada en su visibilidad para monitorear los supertítulos en tiempo real. Es hora, tal vez, de sacar las pólizas de garantía y hacerlas valer.

Los millones

En el informe de actividades 2008 del INBA Teresa Franco explicó que la “cirugía mayor” al Teatro del Palacio de Bellas Artes tendría un costo de 400 millones de pesos, que no se incrementaría, y que el recinto podría ser reinaugurado en el primer trimestre de 2010 (La Jornada, 17 de diciembre de 2008). Fue entonces cuando se dio a conocer el portal de Transparencia Focalizada por parte de la funcionaria, quien “se comprometió a ofrecer periódicamente información acerca de los avances de los trabajos, toda vez que al iniciarse el proyecto los datos se manejaron a discreción”.

Sin embargo, y como ya se ha mencionado, esa página cibernética funcionó poco. En algunos momentos de la remodelación permaneció caída o, como escribe Ricardo Pacheco Colín, “curiosamente, la citada página se mantuvo actualizada hasta el 25 de agosto de 2009. Pero hace unos días, el 17 de junio (2010) como respuesta a la presión de los medios, se volvieron a incluir datos que no aclaran nada. Es decir, pasaron nueve meses sin información mientras se fomentaba la desconfianza y la especulación (El Financiero, 25 de agosto de 2010).

¿Qué podría garantizar que en estas otras áreas hubo mayor transparencia en la adjudicación de contratos que en el rubro de la electricidad? La buena fe de los funcionarios públicos, quizás. Pero aun así los resultados no sustentan el gasto en sí y la planeación y ejecución del proyecto puede ser altamente cuestionado.

El presupuesto para la rehabilitación del máximo recinto artístico de nuestro país fue autorizado en la Cámara de Diputados, cuyo entonces presidente de la Comisión de Cultura, José Alfonso Suárez del Real, especificaría en entrevista con la revista Proceso (7 de febrero de 2011) que “se autorizaron 300 millones de pesos para la rehabilitación integral y restauración de la sala dentro de los ejercicios presupuestales 2008 y 2009” y que la actual Comisión, presidida por la diputada panista Kenia López Rabadán, “autorizó la ampliación de más de 400 millones de pesos para 2010”.

Otra nota firmada por la Redacción de Proceso (25 de marzo, 2011), que da cuenta de la averiguación previa AP/PGR/UEIDAPLE/LE/7/031/2011U iniciada por la Procuraduría General de la República (PGR) por el presunto daño cometido contra el patrimonio nacional, derivado de las obras de remodelación en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, refiere que el ex legislador perredista Suárez del Real enfatizó que “la anterior legislatura aprobó una ‘rehabilitación’ que quiere decir volver a habilitar, y una restauración para ‘recuperar el esplendor original’. Pero el producto entregado es una ‘remodelación’ por lo cual encuentra ‘elementos susceptibles del análisis de los órganos de control’, pues los recursos destinados a un fin se utilizaron para uno distinto ‘y eso es desviación’ y la ley lo sanciona”.

Copia del mismo expediente presentado ante el titular de la PGR en ese momento, Arturo Chávez Chávez, fue dirigido al presidente del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO, con sede en París, Francesco Bandarin.

El incremento de 75%

En efecto, durante el proceso de la remodelación el costo original de 400 millones de pesos se incrementó a 600 millones, es decir en 50 por ciento. La reapertura también se retrasó, pues primero se anunció una gala de reinauguración para septiembre de 2010, que tampoco pudo llevarse al cabo, sino hasta el 19 de noviembre, fecha para la cual el costo había ascendido a 700 millones de pesos, es decir un 75 por ciento más de la suma originalmente planteada, con la advertencia oficial de que aún no son cifras definitivas, pues todavía quedan procesos y cuentas por liquidar.

En ese lapso también hubo cambios en las instituciones culturales, pues en el primer cuatrimestre de 2009 Sergio Vela fue relevado en Conaculta por Consuelo Sáizar, y en el INBA Teresa Franco dejó el cargo en manos de Teresa Vicencio.

El costo de 700 millones de pesos para la remodelación del Teatro del Palacio de Bellas Artes, para ponerlo en perspectiva, equivaldría al presupuesto anual (de un muy buen año) de la Compañía Nacional de Ópera, durante treinta años. Eso, la supuesta falta de recursos con la que suele pretextarse una presentación artística mínima y la baja calidad derivada de la falta de planeación y programación anticipada permite preguntar si la intervención del recinto era prioritaria, indispensable, considerando además que una vez reinaugurado el teatro las actividades artísticas no han sido por regla las del primer mundo para el que supuestamente se instaló la maquinaria y el equipo con tecnología de punta.

Comunicación social

Interiores Bellas Artes

En realidad, las autoridades tampoco se ocuparon mucho de brindar comunicación oportuna y clara hacia el gremio artístico antes y durante la remodelación de la sala principal del Palacio de Bellas Artes.

Los grupos artísticos realizaron diversos mítines para exigir información confiable de lo que estaba ocurriendo o para mostrar abiertamente su rechazo a los planes oficiales respecto de su centro de trabajo, del que tuvieron que mantenerse alejados para actuar en sedes alternas como el Teatro de la Ciudad, Teatro Hidalgo, Centro Nacional de las Artes, Centro Cultural Universitario o el Centro Cultural del Bosque, con un desembolso de recursos adicionales para ello, cuyo monto no fue hecho público en ninguna de las producciones, pero que según trascendidos de algunos sectores sindicales probablemente haya podido duplicar e incluso triplicar su costo normal.

Sobre la incertidumbre generada por el proyecto de remodelación, en su nota de El Financiero Ricardo Pacheco afirma: “El INBA no ha explicado lo que sucede. Los trabajadores sindicalizados no saben, la comunidad cultural no está informada y el público menos”.

Las críticas

Una vez reinaugurado el Teatro del Palacio de Bellas Artes surgieron numerosas críticas en varias vertientes por los trabajos realizados. Principalmente en materia arquitectónica y estética, ya que para algunos especialistas se podría haber dañado el carácter patrimonial histórico del recinto; en acústica, puesto que algunos cantantes, músicos y críticos advierten que el sonido de la sala habría sido lastimado, puesto que si antes de la intervención quizás no era excelente al menos era un sonido natural, propio de un foro operístico de tradición y no el de una sala de espectáculos múltiples que probablemente habría quedado, incluso con un equipo, se encienda o no, de sonorización que los expertos al servicio del INBA institucional y eufemísticamente refieren como “sistema de energía reflejada”.

Sobre este particular el crítico y presidente de la Unión Nacional de Cronistas de Teatro y Música, Lázaro Azar, escribió: “No me cansaré de reprobar la masacre cometida en la sala ni la inclusión de 350 bocinas que no se justifican diciendo que sin ellas hay artistas ‘famosísimos’ que no vendrían pues, de igual manera, me atrevería a suponer que el Palacio resultará insuficiente para los fans de Lady Gaga (Reforma, 11 de febrero de 2011).

Sobre esta modificación acústica y la consecuencia artística que genera, el tenor Antonio Duque, solista que interpretó al personaje de El Guardabosques en la producción de la ópera Rusalka de Antonin Dvorák que durante marzo de 2011 se presentó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, expresó que los artistas que ahora son invitados a cantar en el recinto remozado se enfrentan a un severo problema, ya que “la acústica dejó de ser la que diseñó el experto Boari; el Palacio de Bellas Artes ya no es un teatro de ópera y las condiciones acústicas constriñen al director de orquesta a mantener fría la batuta en cuestión de matices, pues el foso fue alterado sin conocimiento de lo que requiere un teatro de ópera; además, el piso que antes era una contrabóveda acústica ahora tiene un escalón cada metro. Con esto quiero decir que el torrente de sonido que sale del foso de orquesta tapa fácilmente a los cantantes y nos fuerza a emitir de una manera más en punta para evitar parecer peces haciendo glu-glú en una pecera. No desearía estar en el lugar del director de orquesta pues ya no hay posibilidad de ofrecer una interpretación apasionada y de matices contrastados. Perdimos nuestro teatro de ópera”.

En su nota citada, Lázaro Azar también puntualiza su opinión general respecto de otras voces más contrastadas, como la de ICOMOS México que preside Olga Orive: “Tras asistir a una de las reuniones convocadas por ICOMOS no faltó quien me reprochara el prestarme ‘a hacerle el juego a esos grillos’, ignorando que fui para saber qué decían y a estas alturas no me convencen plenamente ni los unos ni los otros. Deploro el alcance de estos especialistas tanto como la torpeza del INBA por no admitir sus errores y, peor aún, por impedir que realizaran la inspección con que pretendían integrar debidamente el expediente que se envió a la UNESCO. ¿Acaso pretendían ocultar algo más?”

Los responsables

Una vez reinaugurado el Teatro del Palacio de Bellas Artes surgieron numerosas críticas en varias vertientes por los trabajos realizados. Principalmente en materia arquitectónica y estética, ya que para algunos especialistas se podría haber dañado el carácter patrimonial histórico del recinto; en acústica, puesto que algunos cantantes, músicos y críticos advierten que el sonido de la sala habría sido lastimado.

El INBA aún no se ha librado de todo este cuestionamiento generalizado, pese a que su titular, Teresa Vicencio, haya pretendido reducir la problemática a una simple discusión de “gustos” o al envío propagandístico de boletines del Instituto con opiniones de supuestos expertos como la del actor y compositor español Alejandro Massó, quien en su “paso” por el Teatro del Palacio de Bellas Artes supuestamente comprobó la impresionante acústica, que jamás había escuchado, ni siquiera en teatros europeos.

Respecto a los múltiples cuestionamientos, la actitud de Philippe Amand ha sido retadora. En entrevista con Alida Piñón preguntó: “¿Por qué no me cuestionaron antes? No ocultamos lo que íbamos a hacer. No cuestiono lo que diga ICOMOS, cuestiono el momento en el que lo hacen. Es muy difícil ahora, terminado el proyecto, escuchar las voces y pensar que ahora podemos echar marcha atrás”. La reportera de El Universal le expresó que con el elevado gasto en la remodelación uno pensaría que no debe fallar nada. Amand, en tono cínico y demagogo respondió: “Los aviones se caen, no podemos pensar que las cosas son infalibles” (Agencia El Universal, 4 de abril de 2011).

Totalmente Palacio

Pero el asunto de fondo no es cuestión de mero gusto ni de tiempos. En diversos foros y medios públicos, el arquitecto Alberto Pérez-Amador Adams, profesor investigador C de la Universidad Autónoma Metropolitana, ha explicado en detalle el impacto de la remodelación y concluye que “la destrucción de la unidad estilística de la sala de espectáculos de Bellas Artes inevitablemente llevará a que la UNESCO retire al recinto la calidad de Monumento Artístico otorgada en 1987. Es necesario cerrar la sala y contratar a los mejores restauradores del mundo para intentar salvar lo que aún se pueda salvar de lo que fue la obra maestra del art-decó”.

El cierre del Teatro del Palacio de Bellas Artes para restaurarlo de la restauración parecería inevitable y según fuentes oficiales que aún no se pronuncian públicamente podría concretarse este mismo 2011. Este proceso de regresión al estado original no podría concretarse en menos de un año de trabajos, con los consecuentes problemas de logística, operatividad y financiamiento a que darán origen.

Lo más cuestionable es que el rescate se tendría que realizar nuevamente con recursos públicos, todavía no cuantificados, para evitar en todo caso una sanción de la UNESCO. Serían otra vez decenas, seguramente centenas de millones de pesos que se tendrían que destinar a este propósito. Sería una especie de Fobaproa totalmente Palacio. Pero ahora es indispensable que haya responsables de este presuntamente fallido y poco transparente proyecto. Es necesario que enfrenten un costo político y, si procede, legal. La impunidad ya no es una opción tolerable y nunca ha sido una de las bellas artes. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Mayo 2011


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