LA REIVINDICACIÓN DE SPIKE LEE

Un repaso a la obra del polémico director estadounidense —y negro.

En el campo de la Toscana, Italia, un batallón de negros arrojados al matadero avanza con los rifles listos para responder el ataque de los alemanes ocultos en la ciénaga. Los hábiles propagandistas alemanes han instalado bocinas, y la sensual voz de una locutora alemana, Axis Sally, intenta convencerlos con grandes verdades para que abandonen la causa de los blancos estadounidenses. Los conmina a evitar morir por una sociedad racista que no ha hecho nada por ellos, e insinúa que en Alemania a las mujeres les gustan los negros.

El comandante estadounidense Driscoll, una pobre imitación de John Wayne, se rehúsa a creer luego en las palabras de un soldado negro que trasmite las coordenadas exactas de la artillería germana antes de que ésta conteste el fuego. El coronel, hablando al estilo del sur racista, no cree que hayan llegado tan lejos, y no confía en la posición que se le indica para la artillería aérea, decide jugar su carta y los negros son arrasados y dispersados.

Ésta es una de las escenas de Miracle at St. Anna, la más reciente película del polémico realizador Spike Lee. La cinta, basada en la novela de James McBride, cuenta la historia del primer batallón de negros durante la II Guerra Mundial, y a pesar de ser una película de género bélico, con todos sus clichés, es un compendio de viñetas análogas a los anteriores trabajos de Lee, ahora determinado a dar como resultado no una hábil crítica sociológica como fin último, sino dos horas y media de historia enaltecedora.

Es el Lee que al ver a Barack Obama en la presidencia se le ha acabado uno de sus discursos de desigualdad racial. Ahora director de la escuela de cine de Nueva York, Lee sabe de la adoración que le profesa la “América blanca” a los músicos y atletas negros en la Unión Americana, y de que al menos en el norte, y en la sociedad culta de ese país, el progreso de su raza es notable.

El género como máscara

Piénsese en eso al examinar las últimas dos obras de Spike, Inside Man (2006), una bien montada obra de suspenso en torno al robo de un banco, y ahora Miracle at St. Anna (2008), una película bélica. Como si ya en una etapa de sobriedad y adaptación, los grandes cineastas eligieran incursionar en los géneros para probar su habilidad y no enmohecerse; así tenemos a Stanley Kubrick dirigiendo 2001: A Space Odyssey en 1968 y Full Metal Jacket en 1987, rindiendo tributo a dos géneros, la ciencia ficción y el género bélico; o Ridley Scott, alejado de su mejor quehacer, la ciencia ficción de Alien y Blade Runner, para darnos buenos ejemplos de cine fuga de rosetas de maíz con Gladiator (2000); Black Hawk Down (2001), Kingdom of Heaven (2005) y Body of Lies (2008), ejemplos de géneros entrañables por los cinéfilos y muy distintos entre sí.

En lo que atañe a Lee, uno puede adivinar que el género es sólo la forma elegante de hacer llegar sus ideas de otra forma. En Inside Man no puede evitar colar una escena en la que un negro (Denzel Washington) y una blanca (Jodie Foster) se manifiestan como antagonistas; o a un árabe “parecido” a Osama Bin Laden al que detienen sólo por observar costumbres musulmanas, a unos cinco años del atentado terrorista del 11 de septiembre. O la escena surreal de un pequeño jugando un videojuego sangriento del rapero 50 cent, lanzando una elegante imprecación a la cultura violenta que destruye la infancia de su raza y responsabilizándola quizá del problema de bandas.

Todos ellos guiños de la genialidad de Lee, pero en el contexto de historias que por primera vez en su carrera son tan disfrutables, como un paseo, con la misma idea vicaria del cine como escape. Son sus películas de fuga: el mcguffin bien implementado de Inside Man y la hábil mezcolanza de géneros en Miracle at St. Anna, como si su concepción italiana de fantasía viniera del Cinema Paradisso de Giuseppe Tornatore o La Vita è Bella de Roberto Benigni; como si sus nociones de cine bélico provinieran del serial televisivo de los sesenta Combate! y de las clásicas películas de la II Guerra.

Imprecando a Clint Eastwood porque en su díptico Flags of Our Fathers y Letters From Iwojima (2006) no aparecen muchos negros, pero con la suficiente intención de crear en esta película una escena igual de memorable que el desembarco aliado en Normandía de Steven Spielberg en Saving Private Ryan (1998), o el de los estadounidenses en Iwojima en Flags of Our Fathers de Eastwood, y sólo hay que ver la escena inicial en combate de Miracle para atestiguar que lo logró en su propia excepcional visión.

Es el Lee que quiere estar en la reunión de esos grandes entertainers, cada uno representante de una visión única y una ideología propia con la que impregnan sus obras, pero sin renunciar a su pasado de cine de protesta, su idea de orden social, la idea de cambio instaurada en su mente por sus ideólogos de cabecera Martin Luther King y Malcom X; sin renunciar al gran músico Terence Blanchard, que ilustró sus viajes cuando todavía era un rebelde acusado de racista a la inversa; sin olvidar a Radio Raheem cargando su grabadora con el “Fight the Power” de Public Enemy escuchándose eternamente.

Miracle at St. Anna puede leerse como el gran entretenimiento, pero también como el compendio de los puntos álgidos de las anteriores obras transgresoras de su carrera, como reivindicarse del viejo discurso que tenía en su juventud y que era más dolorosamente cierto que ahora, pero sin quitar el dedo del renglón, asumiéndose como una especie de vigilante del nuevo armisticio entre negros y blancos en Estados Unidos. He aquí unos momentos para recordar.

Axis Sally vs. Mr. Senior Love

La Axis Sally alemana que juega a sonsacar al batallón negro al comienzo del filme parece la gemela maldita del Mr. Senior Love de Do the Right Thing de 1989. En ese recordado largometraje, Samuel L. Jackson encarna a un DJ de estación de radio que con su programación atempera la tensión racial en el vecindario neoyorquino. Famosa es la escena de las imprecaciones en esa película, donde sin más los integrantes de cada una de las razas rompen en vituperios y críticas usando el caló racial de cada una de las minorías habitantes en el suburbio de Stuyvesant, Nueva York, hasta que Mr. Love calma por un momento la tensión.

La Axis Sally de Miracle juega a lo contrario, a provocar un conflicto racial entre negros y blancos, con la fama legendaria de la propaganda alemana, con su sensual voz prometiendo a los negros mejores condiciones de vida que un país que no los quiere. El chantaje psicológico; el juego de opuestos que exhibe Radio Raheem en Do the Right Thing, con un puño cerrado con la palabra Love y con el otro con la palabra Hate. Lo que también ilustra la secuencia introductoria de Do the Right Thing, que a ritmo del “Fight the Power” arreglado por Blanchard, y sus saxofones en una versión única del tema de Public Enemy, Rosie Pérez obsequia una danza que en un tutú de ballet es arte, y con un traje de boxeadora, se convierte en bella violencia, las dicotomías de las que es un maestro Lee.

El eco de Malcom

Poderosa escena en la que el regimiento de soldados negros visita un pueblo sureño, se detiene en una heladería, y con el uniforme de soldado piden una ronda de batidos. El dueño, que también surrealísticamente sirve en esos momentos a un grupo de alemanes, los echa del lugar con gran grosería. Cummings y su grupo se van con la cara agachada. Minutos después vuelven empuñando las armas. Ellos no piden desquite, ellos no se vengan de siglos de odio en su contra, ellos sólo exigen sus helados y el dueño del lugar los atiende con servilismo.

Recuerda esta viñeta el postulado de Malcom X, utilizar la violencia cuando es necesario para defender un derecho, para igualar la balanza. Es el mismo bajo el cual Sal (Danny Aiello) pierde su pizzería en el vecindario negro de Do the Right Thing, porque los policías blancos matan a Radio Raheem. Es unas por otras, pero al final el objetivo es nivelar la oportunidad. Polémico desde la cepa, el pensamiento le ganó a Lee en su tiempo calificativos de racista.

Los dos negros

Trance irreal, dos soldados negros, Stamps y Cummings, cortejan a Renata (Valentina Cervi) una suculenta italiana. Uno de ellos intenta enamorarla sugiriendo que su aproximación es civilizada, y su finalidad es decente, políticamente correcta. El otro, Stamps, simplemente le insinúa groseramente lo que él tiene más grande que cualquier blanco. Cummings se aleja, está decepcionado porque su subalterno “hace retroceder a la raza negra 400 años”, luego la italiana se deja llevar por su Fiebre de Selva y prefiere al negro que le ha insinuado lo largo de su… entendimiento.

Esto es Jungle Fever (1991), en el entendido de Flipper (Wesley Snipes) luchando por relacionarse con Angie (Annabella Sciorra), la del vecindario italiano. Al final Lee sugiere que entre negro y blanca o blanco y negra sólo hay un mutuo deseo de curiosidad sexual, y cuando éste es satisfecho no queda nada, más que la incomprensión de dos razas. Otra vez polémico, el concepto de racismo visto en She’s Gotta Have It (1986), School Daze (1988), Mo’Better Blues (1990) y Crooklyn (1994) reluce, y si en aquellas el negro está celoso del otro negro, porque éste tiene la piel aún más negra, entre otras cosas, acá la dicotomía entre el negro civilizado, y salvaje, se lleva en los papeles de ambos soldados, quienes olvidan la misión peleando entre sí, una crítica al interior, en efecto.

La tradicional escena surreal

El momento álgido en una película de Lee es el trance surreal, la cámara enfoca, y lo que ocurre en el cuadro parece extraído de una realidad alterna. Si en 25th Hour (2002) ese lapso se logra con Monty (Edward Norton), mandando al diablo a todas las razas que pululan en Nueva York mientras se ve al espejo; la imprecación de Do the Right Thing; Malcom X flotando en la película del mismo nombre de 1992: el ensueño de imágenes de Jesus Shuttlesworth (el basquetbolista Ray Allen), combinando la imaginería religiosa (el Jesús negro), con las gastadas imágenes del documental deportivo en He Got Game (1998), o simplemente la escena de reconstrucción del crimen que elabora Harvey Keitel en Clockers de 1995.

En Miracle los soldados aparecen a cuadro azorados. Por momentos parecen estar atisbando valerosamente al espectador del cine, cual si fuesen personajes del circo de Fellini, para momentos después revelar que están viendo un pizarrón con propaganda nazi. En ella los alemanes conciben a negros y a blancos estadounidenses unidos como el mismísimo mal. Imágenes diabólicamente deformadas de sus estereotipos más comunes, mientras un nazi tiende la mano a los campesinos italianos. Al despertar del trance los soldados rompen la propaganda, negando ese vínculo imposible con el blanco.

El ídolo de barro negro

Si se recuerda, el conflicto de Do the Right Thing comienza cuando Buggin Out (Giancarlo Esposito) impreca a Sal porque en su pizzería sólo hay retratos de ítaloamericanos cuando es un barrio negro el que le ha dado prosperidad a su negocio. En Miracle cobra eco esa idea cuando en medio de la refriega Negron hace una analogía entre boxeadores afroamericanos e italoamericanos. La idea no es tan accesoria, ya que Lee hace recordar su grito en pecho, tomando las palabras del “Fight the Power” de Public Enemy: “Elvis was a hero to most, but he never mean shit to me” (Elvis es un héroe para la mayoría, pero nunca significó una mierda para mí), donde el racismo se establece a través de la cultura popular, las creencias y los ídolos. El orgullo racial como una actitud que constriñe a la sociedad y le impide un entendimiento. Aquí sus personajes ya no cargan ese problema, pues reconocen que ambos boxeadores son grandiosos.

El reencuentro

Y las escenas de ese final, el negro caminando a la reunión con el blanco, hubieran sido impensables en el temprano quehacer de Lee. Empeñado en señalar diferencias, en algún ya lejano día, influido por el discurso de odio del ministro Farrakhan, aquel que pedía que los negros fueran devueltos a África; Spike Lee comprende que su discurso debe moderarse, que aunque en esta elección presidencial muchos sectores de blancos trajeron a recuerdo el recalcitrante odio contra la raza negra, la mayoría de ese país busca una alternativa ante siglos de incomprensión que el realizador mismo ha ilustrado con tiento a lo largo de su carrera. Entonces, el reencuentro final, el negro y el blanco llorando en una playa robada a las imágenes idílicas, son en resumen la reivindicación de Lee.

Los grandes cineastas también han hecho enmiendas a sus discursos. El Fellini de los sesenta olvidando el discurso social y neutral del neorrealismo italiano, entregándose a sus propias elucubraciones oníricas y excesos en su posterior obra, o el Pier Paolo Pasolini que tras la trilogía de la vida compuesta por sus adaptaciones de Los cuentos de Canterbury, El Decamerón y Las mil y una noches, se desdijo en su brutal Saló, condenando su optimismo anterior en una obra apocalíptica.

Así Lee, que durante casi dos décadas ha entregado documentos de sagaz crítica social llevados por un innegable arte, comprende que esa sociedad ya lo considera uno de los artistas más inspirados de su generación y que en algún momento los años de combate tienen que ceder su terreno a etapas de adaptación y tranquilidad, claro, sin olvidar el fuego interior que lo hizo influir en la historia del cine. ®

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Publicado en: Abril 2010, Cine


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  • albino_red

    Muy interesante el repaso que haces sobre la obra de Spike Lee y demás directores que mencionas. He visto el último film Red Hook Summer, donde Lee toca un tema muy polémico hoy día para la iglesia católica: el asunto de acusación de pedófilos dentro del clero. Por otro lado, no pude ver todavía lo ultimo de Tarantino Django… pero he leído que Spike Lee se ha lanzado contra el film por el exceso violento de las escenas de esclavitud y que tiene que ver con lucha entre esclavos negreros.

    No puedo recordar una escena muy corta de un flim de Spike Lee, donde un locutor de radio que habla al micrófono y agradece mencionando muchísimos nombres de músicos y cantantes negros. ¿Recuerdas de que film puede ser esa escena y en que minuto se encuentra ?
    Desde ya te lo agradezco.