LA TRIVIALIDAD DEL MAL

El maquillaje de la muerte

La noticia resultaba escandalosa, desde la portada de un diario de circulación nacional. La firma MAC-Rodarte lanzaría el 15 de septiembre (en vísperas del bicentenario de México, para mayor puntería) su colección otoño-invierno de ropa y maquillaje, inspirado en Ciudad Juárez y sus mujeres.

Las hermanas Mulleavy, responsables de la colección, habían declarado a la prensa que la idea había provenido de un viaje por carretera en Texas el año pasado, desde la ciudad de El Paso a Marfa. La naturaleza “etérea” del paisaje las influenció para establecer la paleta de colores, y los detalles claves de la colección aludían invariablemente a una muy reelaborada imagen de motivos mexicanos. Pero desde diversos blogs y publicaciones de moda en Estados Unidos fue criticada la alusión a las muertas de Juárez.

Navidad kitsch y sonámbula

En la colección había, por ejemplo, un barniz de uñas llamado Juárez y otro Factory (fábrica). Otros nombres más: Ghost Town (pueblo fantasma), Bordertown (ciudad fronteriza), Sleepwaker (sonámbulo), Sleepless (Insomne). Las alusiones continúan: “Kitschmas”, una contracción de las palabras “navidad” y kitsch —que alude a aquella expresión artística “inferior” o “barata”; o a lo naco, como se llamaría despectivamente en México—; “Pale” (pálida), Softly Drifting (Suavemente a la deriva), “Badlands (Páramos, baldíos).

La colección también tenía dos nombres en español, en el original: “Del Norte” y “Quinceañera”.

Las fotos de la campaña, que apenas alcanzaron la luz en ruedas de prensa, mostraban imágenes de mujeres maquilladas para resaltar una palidez espectral, sin color en los labios, con ojos oscurecidos… la prensa internacional las calificó como “fantasmagóricas” y “noctámbulas”. Pero Norma Ledesma, que perdió a su hija Paloma Escobar en 2002 en la ciudad de Chihuahua, las describe de forma diferente: “Definitivamente, la imagen lleva muerte. Representa muerte. Es sombría, es cadavérica. Imagínese para una como mamá, ¿que nos revive? El calvario que vivieron nuestras hijas al estar secuestradas, al estar violentadas, al ser asesinadas. Se supone que los cosméticos representan vida… y esto representa horror, soledad, y representa muerte. Es lo que a mí me representan las imágenes”. Norma Ledesma es fundadora del grupo Justicia para Nuestras Hijas. “Un verdadero homenaje”, resumió Norma, “hubiera sido representar a estas niñas y mujeres vivas, con toda su belleza”.

La belleza y la muerte

¿Cómo puede explicarse un fenómeno así?

Sergio González Rodríguez, periodista y escritor mexicano, autor de Huesos en el desierto, uno de los primeros reportajes sobre el tema de los feminicidios en Ciudad Juárez, advierte: “La venta de cosméticos sobre el feminicidio en Ciudad Juárez lucra con la imagen falsa de una realidad urgente, y aprovecha la percepción equívoca y estetizada de hechos salvajes: secuestro, tortura, violación, mutilación y asesinato de decenas de víctimas inermes cometidos por narcotraficantes y gente de poder”. Pero “aquí no hay estilizaciones post-góticas posibles: se trata de crímenes contra la humanidad, como los han denominado diversos expertos internacionales”.

¿Qué expresa un fenómeno mercantil de esta naturaleza?

“Esta trivialidad es hermana del revisionismo del feminicidio en Ciudad Juárez, que afirma que tal cosa nunca existió, que sólo fue un ‘invento’ de periodistas, feministas y académicos”, explica Sergio González.

“Expresa el grado de amnesia e indiferencia al que la cultura globalizada ha llegado”, dice González Rodríguez. “Una geografía imaginaria que se nutre de lo mediático (prensa, radio, televisoras, etcétera) y lo trans-mediático (internet, nuevas tecnologías y plataformas), donde el ideal es lograr mercancía, servicios y productos capaces de convertirse en ciber-acontecimientos. Allí el escándalo resulta primordial. Y suele ser intenso, ubicuo, simultáneo y fugaz. En esa geografía imaginaria no hay noticia que perdure más de una semana. Es la nueva trivialidad del mal. Vender cosméticos sobre el feminicidio en Ciudad Juárez evoca el fenómeno de los actos criminales que no pueden ser imputados a ningún tipo específico de maldad o convicción ideológica de quien los hace, y cuya única característica personal es una extraordinaria frivolidad o incapacidad para discernir que lo hecho es incorrecto”.

Pero esta trivialidad, esta frivolidad viene acompañada. “Esta trivialidad es hermana del revisionismo del feminicidio en Ciudad Juárez, que afirma que tal cosa nunca existió, que sólo fue un ‘invento’ de periodistas, feministas y académicos”, explica Sergio González. “No es la primera vez que se quiere negar la existencia de crímenes contra la humanidad en nombre de intereses equis o zeta”.

El binomio muerte-belleza no es nueva. González Rodríguez relata: “La identificación entre la belleza y la muerte es un tema cultural del siglo XVIII hacia el XIX, tal como lo ha estudiado el pensador italiano Mario Praz en La muerte, la carne y el diablo en la literatura romántica”. Y en la actualidad “los usos ultra-contemporáneos de la violencia suelen repetir, voluntaria o involuntariamente, tales realizaciones del pasado”.

En el caso de esta línea de cosméticos, el escritor añade: “Ni siquiera cabe la ironía, pues las aplicaciones irónicas tienen un filo crítico que (en esta ocasión), está lejos de cumplirse: es mero oportunismo mediático y trans-mediático. Asimismo eso nada tiene que ver con las consideraciones sobre la muerte y lo sagrado de las culturas antiguas, mucho menos con un elemento espectral en la psique humana”. Y finaliza: “La única evaluación posible sobre semejante fenómeno de mercantilismo es la denuncia de su trivialidad, la reflexión que cuestiona tales usos. Y el recuerdo de los hechos en los que supuestamente se basa: el feminicidio, la impunidad, la corrupción institucional que dio espacio y tiempo a ese drama fronterizo. No hay maquillaje posible que cubra la barbarie y la crueldad existentes”.

Indignación colectiva

El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, que aglutina a más de 43 organizaciones en 19 entidades de la República, emitió un pronunciamiento en el que calificó de “insultante e indignante” la campaña: “Lejos de contribuir a la erradicación de la violencia contra las mujeres, las firmas de MAC y Rodarte refuerzan y erotizan este tipo de violencia extrema, a través de la difusión de sus productos como símbolo de belleza. De igual forma, las imágenes de adolescentes cadavéricas minimizan la problemática del feminicidio, que se comete en esta ciudad, y al mismo tiempo desvirtúan otros feminicidios en otros estados de la República”.

Ana Yeli Pérez Garrido, abogada y vocera de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción Derechos Humanos (que forma parte también del Observatorio), advirtió que “hay mucha gente que ni siquiera sabe que esta problemática sigue. Cree que es algo que ocurrió, y que ya no pasa”.

Después de semanas de presión internacional, MAC-Rodarte anunció la intención de donar cien mil dólares a una organización de lucha en Juárez. El 28 de julio la firma anunció a la prensa internacional que cambiaría los nombres de toda la colección. Días después, representantes de MAC-Rodarte se reunieron con funcionarios de la Secretaría de Gobernación en México y ofrecieron disculpas formales.

Aunque MAC-Rodarte anunció que la colección cambiaría de nombres, la herida quedó abierta. Nuevamente. ®

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Publicado en: Agosto 2010, Política y sociedad


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  • Lydiette carrión
  • tororojo2010

    estas son las noticias de los nuevos tiempos, compañias que se alimentan de la tragedia para generar impacto publicitario, que bueno que está vez el escándalo no les retribuyó morbo sino indignación. Con este asunto de la libertad de expresión cualquier imbécil puede ofender el sufrimiento de otros, esta vez en aras del marketing y el consumo. Este tipo de mórbida explotación de la tragedia del otro (porque si fuera propia ya no nos resultaría tan “interesante”) con fines de espectacularidad y audiencia me recuerda también a algunos medios de comunicación, y por supuesto, las cadenas disque noticiosas.