LA UDG Y EL GOBIERNO DE JALISCO

Desencuentro de moda

En la disputa entre el gobierno de Jalisco y autoridades de la Universidad de Guadalajara lo que menos importa es la ampliación de la matrícula y el mejoramiento en la calidad de los servicios educativos de la citada institución universitaria.

Dicho de otra forma, entre las partes en pugna no hay ni a quién irle, pues mientras el gobernador Emilio González Márquez busca ahorrarse los casi 400 millones de pesos que, como ampliación presupuestal, le exigen las autoridades udegeístas, la petición económica de éstas en realidad responde a otra cosa: en esencia, a mantener el poco racional y hasta dispendioso tren de vida al que se han acostumbrado los mandarines de la UdeG.

Y ese abusivo y poco sensato estilo de vida tiene que ver lo mismo con aportaciones millonarias para los dirigentes de la FEU (a uno de los cuales, de nombre Carlos Corona, le da de pronto por adquirir coches de lujo) que con la compra de tiempo-aire en la televisión comercial, o en fracasadas empresas faranduleras como Zapo¡pum!, o en pervertir, alegre y cínicamente, la pretendida promoción cultural, al presentar, en un costosísimo inmueble universitario y como si del campeón de las musas se tratara, a Joan Sebastián, aun cuando no se apellide Bach, o en adquirir la franquicia de un equipo de futbol de la Primera División A, y luego sostener la nómina de jugadores y cuerpo técnico, pues son más los boletos de cortesía —los cuales se reparten hasta en programas radiofónicos dizque culturales— que los que se venden en las taquillas.

Si algo no se ha revisado a conciencia en la Universidad de Guadalajara es qué cosas debe hacer la institución y cuáles otras no.

Si algo no se ha revisado a conciencia en la Universidad de Guadalajara es qué cosas debe hacer la institución y cuáles otras no. Y si no se han revisado es por la sencilla razón de que el grueso de la comunidad universitaria (entiéndase maestros, alumnos, investigadores y empleados administrativos) no participa en la toma de decisiones, pues quien lo hace es una junta de notables, adicta y sumisa al ex rector Raúl Padilla. Este personaje es quien en verdad decide cómo se gasta el presupuesto de la UdeG y cuáles son sus prioridades institucionales.

Y ante esta situación, el penoso papel de los integrantes del Consejo General Universitario es el de sometimiento, es decir, el de acatar y no discutir los dictados del amo o del poder tras el trono.

Luego, si a éste se le ocurre que la UdeG debería hacer un pretendido Centro Cultural Universitario, no les queda otra salida que aprobar ese designio, pues donde manda capitán no gobiernan autoridades formales, llámense rectores o consejeros universitarios. Y si, eventualmente, a alguno de éstos no le pareciera muy sensato que el primer inmueble de ese presunto centro “cultural” sea un mega-auditorio, concebido para el show business, pues más vale que se calle la boca, y si la abre ha de ser para decir que ¡qué magnífica idea!

Así las cosas, vale la pena hacerse unas cuantas preguntas: ¿quién ha decidido que el presunto Centro Cultural Universitario de la UdeG incluya un desarrollo inmobiliario y un hotel y un centro comercial? La respuesta es obvia: el ex rector Raúl Padilla.

Otra pregunta: ¿algún integrante del Consejo General Universitario se ha atrevido a decir que eso nada tiene que ver con la cultura, con las manifestaciones artísticas e intelectuales? La respuesta es: no.

No nos engañemos, si eventualmente el gobierno del estado entregara los 390 millones de pesos extras que exigen los jeques udegeístas, la parte de león de ese dinero no sería utilizado para ampliar la matrícula y para mejorar la calidad académica.

Una pregunta más: ¿quién ha decidido que la UdeG debe mantener, echando mano de fondos públicos, una serie de actividades en Los Ángeles, California, y eventualmente abrir un campus de la institución en esa que es la ciudad más poblada de la costa oeste de los Estados Unidos, para el cual ya se anuncia la carrera de Enfermería como una de las primeras que habrán de impartirse en ese sitio? Exacto, el ex rector Raúl Padilla.

¿Y cuántos de los más de 170 consejeros universitarios se han atrevido a decir que las prioridades de la UdeG deben estar en el territorio jalisciense y no en la Unión Americana? ¿Que cuántos? Los mismos que han dicho que la UdeG no debería destinar, anualmente, decenas de millones de pesos a Televisa Guadalajara por la compra de tiempo-aire. ¿Cuántos consejeros? Ninguno.

¿Y el presupuesto de la UdeG no podría ahorrarse esta sangría multimillonaria y trasmitir en forma gratuita sus producciones y programas televisivos por el Canal 7, una televisora pública, cuya señal también es abierta? Claro que podría. Y si no lo hace, es por la sencilla razón de que lo que le conviene y es benéfico de la Universidad de Guadalajara no siempre lo es para quienes manejan la casa de estudios.

No nos engañemos —ni se engañen algunos columnistas, ingenuos o ladinos, que confunden o quieren confundir a la Universidad de Guadalajara con las personas que la regentean—, si eventualmente el gobierno del estado entregara los 390 millones de pesos extras que exigen los jeques udegeístas, la parte de león de ese dinero no sería utilizado para ampliar la matrícula y para mejorar la calidad académica.

Y todo lo demás es rollo, demagogia y ganas de querer verle la cara a los incautos, para ver cuántos de ellos toman partido, o compran pleitos ajenos, o sudan calenturas ídem, en un pleito en el que, la mera verdad, no hay ni a quién irle. ®

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Publicado en: Política y sociedad, Septiembre 2010

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