La universidad del populismo

Pros y contras de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

La UACM no es una mala universidad. Sus requisitos para titularse, los planes de estudio, la planta docente y la infraestructura son inobjetables. El problema es que su diseño institucional está hecho a partir de un principio político que conduce al fracaso académico: el derecho irrestricto a la educación superior universal y gratuita.

Un proyecto alternativo de educación

UACM Campus San Lorenzo

El 26 de abril de 2011 se cumplió una década de que fue creada la Universidad de la Ciudad de México, Autónoma desde enero de 2005 (UACM). A diferencia de otras Instituciones de Educación Superior (IES) públicas, ésta ha sido relacionada en la opinión pública con un proyecto político, el de Andrés Manuel López Obrador, por lo que la crítica a ella se expresa o interpreta con cierta facilidad o ligereza como un medio de descalificación a él y a sus ambiciones presidenciales. Aunque se trata de un organismo público autónomo, la correspondencia entre la universidad y el caudillo no es gratuita, dado que expresa la realización de una promesa de campaña para todo el país.

Cuando sea presidente, dice López Obrador que “todos los jóvenes podrán ingresar a escuelas preparatorias y a universidades públicas. Habrá 100% de inscripción” porque “el gobierno está obligado a garantizar una educación pública, gratuita y de calidad en todos los niveles escolares”. La única manera de hacer esto medianamente posible es, además de crear todos los planteles educativos que requiera la demanda y contratar a todo el personal académico y administrativo necesario, eliminar cualquier requisito de admisión académico, como exámenes y calificación mínima en el nivel educativo previo.

Se trata de una política pública que fue establecida por él cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, la cual ha sido mantenida tanto por el Consejo Universitario de la UACM como por el Instituto de Educación Media Superior (IEMS) dependiente de la Secretaría de Educación local. Pudo haber reconocido a la Universidad Autónoma Metropolitana como la IES propia de los capitalinos y otorgarle financiamiento con la expectativa de que, en el marco de su autonomía, pudiera ampliar su matrícula, su oferta educativa (nuevas carreras profesionales y posgrados) e invertir en infraestructura y recursos que le permitieran elevar su calidad y cantidad de investigación, así como de difusión de la cultura. Pero en vez de eso decidió crear un nuevo proyecto, apegado a valores e ideas propias de su proyecto político.

La exposición de motivos de la Ley de la UACM plantea como uno de ellos “desarrollar un proyecto innovador”, en el marco de “una política educativa democrática”. Y su Estatuto General establece que “los servicios educativos que ofrezca serán sin costo para los miembros de su comunidad”. Además “está plenamente abierta a cualquier persona independientemente de su condición económica o cualquier otra particularidad social, de conformidad con la normatividad aplicable” Esto implica que “no realiza un procedimiento de selección”, sino que considera que todos los que han solicitado su ingreso tienen la misma oportunidad, y “debido a que no cuenta con la posibilidad de admitir a todos los aspirantes, acude a un sorteo ante notario público” [www.uacm.edu.mx].

Los emancipados

Los programas educativos de licenciatura de la UACM no han sido reconocidos como de buena calidad por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes), que es un organismo colegiado no gubernamental sin fines de lucro que se dedica a acreditar hasta por cinco años el cumplimiento de requisitos que como tal, según lo establezcan expertos, ni por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES).

Para el año 2011 tuvo un gasto por alumno de casi 66 mil pesos, lo que equivaldría a un costo por carrera de 264 mil, más o menos lo que cuesta en la Universidad del Valle de México. Hasta hace una año había otorgado 81 títulos: 28 de licenciatura y 53 de posgrado, y reportó tener 313 egresados en proceso de titulación y 257 que habían cubierto el 100 % de “cursos” (créditos). Si consideramos que de 2001 a 2006 hubo 20,535 matriculados, tiene un titulado por cada 253 de ellos y una eficiencia terminal de 0.39%. El promedio en el país para este indicador es de 32.2%, que no concluyen 17 de 25 (cálculos con base en datos publicados en el Informe de la Rectoría al Consejo Universitario sobre los resultados relevantes del periodo 2001-2010, y otros que se reportan aquí).

Los programas educativos de licenciatura de la UACM no han sido reconocidos como de buena calidad por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes), que es un organismo colegiado no gubernamental sin fines de lucro que se dedica a acreditar hasta por cinco años el cumplimiento de requisitos que como tal, según lo establezcan expertos, ni por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES).

Pero en realidad no es una mala universidad. Sus requisitos para titularse, los planes de estudio, la planta docente y la infraestructura son inobjetables. El problema es que su diseño institucional está hecho a partir de un principio político que conduce al fracaso académico: el derecho irrestricto a la educación superior universal y gratuita. Su matrícula de casi 13 mil estudiantes se nutre principalmente de dos conjuntos: los no aceptados en la UNAM, la UAM o el IPN y los egresados de las preparatorias del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) del Distrito Federal, que también ingresaron por sorteo a ese bachillerato. Para los segundos se ha convenido, formalmente desde 2004, un proceso de admisión para “ampliar” sus oportunidades, cercano al pase automático, pues en 2009, de 828 que solicitaron ingreso, 707 fueron aceptados.

El egreso certificado de las prepas del Gobierno del DF es el más complaciente posible en un modelo que concibe al estudiante como “un sujeto en emancipación cognitiva, emocional, simbólica, social y cultural, y que requiere que su formación trascienda la relación impersonal impuesta por la cultura educativa tradicional”, para el cual “no se justifican” más de doce o catorce horas de “sesiones grupales” (clases) a la semana y el tutor —que no conduce, sino acompaña— lo debe evaluar en consideración a la información socioeconómica que de él tenga. El resultado es que en los últimos seis años sólo lograron graduarse seis de los 3,725 jóvenes que ingresaron a la UACM provenientes de los planteles del IEMS (El Universal, 30 de marzo de 2011).

Aspectos positivos

No obstante, sería injusto descalificar en su totalidad a la institución. Cabe reconocer que tiene aspectos positivos, espacios de calidad educativa, investigación, difusión de la cultura y desarrollo institucional. Entre los principales pueden mencionarse los siguientes:

—Cuenta con un programa de Posgrado inscrito en el Padrón Nacional de Calidad, el de Maestría en Ciencias Genómicas, con un nivel de calidad avalado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, como competitivo a nivel nacional. Esto se debe a que sus docentes-investigadores forman parte del Sistema Nacional y varios de ellos han publicado en revistas arbitradas en el extranjero. Esta maestría continúa con un doctorado que puede preverse que pronto contará también con el reconocimiento a buena calidad. Es el programa que más tesis ha logrado de toda la universidad. Sus principales requisitos de ingreso son: título de licenciatura afín con promedio mínimo de 8.00, compromiso de dedicación de tiempo completo, comprensión de inglés científico y dos cartas de recomendación (académicas). Es decir, rompe por completo con los criterios de admisión a las licenciaturas al establecer varios méritos académicos como condición para que el gobierno garantice el derecho a educación superior. Los otros programas de posgrado establecen requisitos de ingreso similares.

No obstante, sería injusto descalificar en su totalidad a la institución. Cabe reconocer que tiene aspectos positivos, espacios de calidad educativa, investigación, difusión de la cultura y desarrollo institucional.

—La titulación de las licenciaturas se basan en méritos académicos. Quien los cumple, ha presentado y defendido una tesis ante un grupo de sinodales, no sólo acreditado la totalidad de asignaturas de su plan de estudios. De modo que quienes obtienen su cédula profesional no son menos capaces ni preparados que sus homólogos egresados de otras IES públicas.

—La revista académica (journal) Andamios cumple con todo el protocolo y arbitraje que los criterios científicos establecen como necesarios para que los textos publicados cuenten con una validez reconocida por los especialistas en el estudio de la política y la sociedad.

—El Programa de Educación Superior para Centros de Readaptación Social (PESCR) en el Distrito Federal es el primero y único que ofrece clases presenciales a presos desde abril de 2005 en las licenciaturas de Derecho, Ciencia Política y Administración Urbana, y Creación Literaria. Además desarrolla en los centros penitenciarios actividades de difusión cultural y extensión universitaria, es decir, diplomados, cursos, talles y conferencias. Actualmente cuenta con 189 alumnos matriculados y 70 sin ella, a cargo de 44 profesores. Un dato interesante es que 27 internos continúan con sus estudios en planteles regulares.

—Hay un alto grado de institucionalidad, pues con base en normatividad hay reglas explícitas, claras y consensuadas para la distribución de los recursos y los criterios para su asignación. Por ejemplo, la contratación de sus profesores se hace por convocatoria pública con base en méritos académicos. Por cierto, sus salarios son los mejores entre sus pares: 30,612 pesos mensuales.

—Hay una oferta educativa que cubre algunos vacíos entre las IES públicas, como pueden ser la Licenciatura en Arte y Patrimonio Cultural o la atención de algunos requerimientos profesionales de la ciudad, como la Licenciatura en Protección Civil que está próxima a abrirse.

Perder la cultura; ganar elecciones

Una política pública de educación superior basada en principios de izquierda tendría que ser la que le diera a los egresados provenientes de las clases bajas la capacidad de competir de tú a tú en el mercado laboral con quienes provienen de posición económica favorecida. Sin embargo, quienes se dicen de izquierda como gobierno en México no han garantizado que la educación pública sea superior o mejor a la de gobiernos de sus adversarios o políticos de signo opuesto. No importa cuántos intelectuales se digan de izquierda y se suban a las tarimas a ensalzar al presidente legítimo, mientras sus gobiernos no logren mejorar la educación pública hasta hacerla igual o superior a la mejor que imparten los particulares, habrán fracasado rotundamente. Aumentar matrículas, hacer ingresos por sorteos, autoevaluaciones, otorgar becas e inaugurar planteles es demagogia y fraude si no hay buena calidad; es seguir estacionados en la derrota cultural a costa de los pobres que dicen representar, pero a cambio de ganar elecciones y presupuestos. ®

Compartir:

Publicado en: Enero 2012, Política y sociedad

Suscríbete gratis a Replicante:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.