La vanguardia perdurable

La casa de cartón, de Martín Adán

Con excepción de Trilce, de César Vallejo, ésta, la única novela del poeta limeño Martín Adán (seudónimo de Rafael de la Fuente Benavides), escrita a sus diecinueve años y publicada en 1928, tal vez sea el libro más relevante de la vanguardia peruana.

La casa de cartónUn hecho que nada debe al azar pues la vigencia de su prosa sugestiva —producto de un profundo y laborioso dominio verbal— ha resultado categórica para el desarrollo de la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX.

Como Las composiciones de Fritz Kocher, de Robert Walser, El gran Meaulnes, de Alain Fournier, o Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, La casa de cartón [Buenos Aires: Editorial Mansalva, 2013] se presenta como una novela de aprendizaje narrada desde la óptica de un muchacho, y lo hace sin separarse de su interés primordial: la poesía. El texto prescinde de hilo argumental pues su trama apenas esboza una serie de pequeños cuadros. Se trata de vivencias y reflexiones —casi siempre irónicas— de un adolescente en el provincial balneario de Barranco junto a sus amigos Ramón y Catita. No obstante, esas viñetas desprovistas de progresión funcionan como pretexto para explorar las posibilidades del lenguaje. Al optar por un texto de estructura fragmentada, discontinua, los elementos innovadores multiplican el grado de significación de las palabras. Las arrastra a otro plano y es esto lo que vale al considerar la importancia de su obra, es decir, el deseo intrínseco de libertad que emana del libro.

Fiel a una pulsión lúdica, Adán expande, quiebra y reinventa vocablos que rebasan su propio significado resplandeciendo en inigualable imaginación auditiva. Menos hiperbólico que Julio Herrera y Reissig, y con recursos estilísticos como gestación de neologismos, despliegue de imágenes, adjetivación múltiple, uso de arcaísmos, superlativos, tendencia a las hipérboles, uso de sinestesias, peruanismos e incisiones sintácticas varias, hacen que en su conjunto infrinjan deliberadamente la rigidez tradicional de la novela para inventar su propia estructuración semántica. Un portentoso muestrario que revela el producto de una insólita conjunción de técnicas que actúan en hermético y concluyente equilibrio. Como resultado, La casa de cartón permite una realidad lírica arriesgada, pues en su ordenada digresión reside la inagotable plasticidad de su fraseo neogongorino, exigiendo siempre al poeta doblegar y alterar el orden gramatical de su léxico hacia un nivel de mayor concentración alegórica, metafórica y, por sobre todo, elíptica. La presente edición de Mansalva complementa el texto con una introducción de César Aira. ®

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Publicado en: Diciembre 2013, Libros y autores

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