La venganza de Lulu

El fracaso de Lou Reed y Metallica

Mal momento para Metallica en su treinta aniversario este año y pésimo para un creador musical cuyo genio no fue suficiente. Take a walk in the wild side, Mr. Reed, but don’t take Lulu with you.

Lulu es la extraña promesa del éxtasis que devora la cordura de los hombres y los arrastra a la muerte accidental o el suicidio. Es la niña prostituida que arrastra su vida en busca del amante que satisfaga sus ambiciones. Es la visión de una mujer objeto que hace de quienes la adoran sus propios artículos de uso, entre los que encuentra lo necesario para satisfacer su hedonismo y al mismo tiempo para dejarse arrastrar hacia su propia degradación moral y física, explorando una visión descarnada de lujuria y desencanto entre la sociedad conservadora de fines del siglo XIX.

Poco más de un siglo después, Lulu es también la promesa y expectativa de un grupo de hombres que osan ir más allá de sus propios paradigmas en la búsqueda de domar el inasible espíritu de esa figura que renace gracias a ellos mismos, en un arriesgado viaje del que terminan saliendo igual que aquellos antiguos amantes engañados por la seducción de esa Eva llevada al extremo.

La nueva configuración de la femme fatale corre por cuenta del rey del rock avant-garde neoyorquino, Lou Reed, quien se acompaña de los “Cuatro Jinetes” del thrash en un álbum que debería llevar, además del Parental Advisory-Explicit Lyrics, una leyenda más que dijera: Not for Extreme Fans. Not a New Metallica or Lou Reed Album. Not, not, not…

A lo largo de noventa minutos que parecen alargarse en un plano monocorde, una voz desgastada por el tiempo y que apela al origen teatral de la figura de Lulu recurriendo más a una suerte de lectura poética que al canto, es sostenida por una estructura musical anodina o repetitiva, con escasos picos de brillo para mantener el proyecto a flote, ya no se diga a salvo de los riesgos de seguir a una mujer que condena lo que toca.

La nueva configuración de la femme fatale corre por cuenta del rey del rock avant-garde neoyorquino, Lou Reed, quien se acompaña de los “Cuatro Jinetes” del thrash en un álbum que debería llevar, además del Parental Advisory-Explicit Lyrics, una leyenda más que dijera: Not for Extreme Fans. Not a New Metallica or Lou Reed Album. Not, not, not…

Luego de la enorme expectativa que el disco provocara meses antes, del adelanto del sencillo The View —lo más rescatable—, el debate previo al material rayaba en condenar previamente o mistificar en aras de la experimentación musical el encuentro entre Reed, Ulrich, Hetfield, Hammet y Trujillo. A la salida del disco la condena raya en el fundamentalismo de fan extremo, tanto de Lewis Allen Reed como de los cuatro thrasheros. El problema, si se tratara de rebatir a ambos, es que la terrible Lulu no aporta mucho material para sacarlos de su coraje o decepción.

El proyecto de Reed y Metallica toma su nombre de un hallazago inspiracional del ex vocalista de Velvet Underground, quien apuesta a representar su versión de la ópera del músico alemán Alban Berg, inspirada en las obras del dramaturgo de finales del siglo XIX y principios del XX Frank Wedekind, considerado un antecesor del expresionismo, cuya obra se orientó a la crítica dura y sin tapujos de la sociedad burguesa, especialmente en su moralina actitud frente a la sexualidad humana.

Esta característica de las obras de Wedekind, como El despertar de la tierra y La caja de Pandora, seducen a Berg, quien escribió dos actos y un epílogo de la obra antes de morir en 1935, que finalmente tendría una segunda versión en la década de los setenta de la mano del austriaco Fiedrich Cerha, con tres actos y el epílogo.

Casi cuarenta años después no es raro que el espíritu de Lulu terminara por llegar a manos de Reed, quien encuentra en esa Eva maldita, dispuesta a arrastrar en su camino de depravación a todo aquel que ose acercársele en busca de sus favores carnales, un motivo para crear un joint venture musical en el que se atreve bajo todo riesgo a reclutar a la banda liderada por Lars Ulrich y James Hetfield.

Quizá por orgullo o por taparle el ojo al macho, tanto los integrantes de Metallica como Reed han dicho que quedaron satisfechos con este primer encuentro con Lulu. Tal cual lo exponen en la página oficial de Lulu y se han esmerado en reiterarlo en toda entrevista al respecto.

El halo de oscuridad que el rey del avant-garde rock logra en las letras inspiradas en el personaje no es ni por asomo desdeñable. Su crudeza es explícita y descubre abiertamente una sexualidad cargada de perversidad y dolor, algo que para él no es nuevo, de ahí el dominio. El problema está en la combinación, en la voz de Lou que le cobra la factura, en la segundona de Hetfield y en una serie de riffs repetitivos o mezclas que no van a ningún lado congruente ni siquiera bajo la perspectiva o corte de un trabajo experimental que pudiera presentarse en un gran teatro europeo.

No es que se trate de géneros irreconciliables, es que el experimento simplemente no salió, no cuajó. Tampoco es que no alcance los sitios de un álbum comercial o siquiera se acerque a los récords de venta de otros discos de cualquiera de los dos involucrados, pero difícilmente llegará siquiera a ser un disco de culto.

“The Brandenburg Gate” abre el álbum con una voz de Reed que suena agotada. La canción se convierte en poesía musicalizada y el coqueteo con Lulu bajo la gran puerta comienza a formar el vórtice que arrastrará prácticamente todo el disco hacia su defenestración.

Cuando el que frente a las críticas previas y sin fundamento de sus camaradas fanáticos compró el disco escuche The View, definitivamente respira aliviado creyendo que ahora vendrá lo bueno. La música de Metallica es más consistente, hay congruencia y Reed hace el esfuerzo para poder montarse sin problemas.

Quizá por orgullo o por taparle el ojo al macho, tanto los integrantes de Metallica como Reed han dicho que quedaron satisfechos con este primer encuentro con Lulu. Tal cual lo exponen en la página oficial de Lulu y se han esmerado en reiterarlo en toda entrevista al respecto.

El sencillo ha sido el promocional que jala al escucha, pero al continuar con el largo repaso del disco deberá ser considerada la canción que debió ser única. Una sola colaboración que bien podría haber estado en los próximos álbumes de Reed y de Metallica, cada quien por su lado. Un bonustrack-rareza, una pieza para ponerla en un disco sencillo de dos rolas.

“Pumping Blood” hace que el corazón comience a hacer eso, bombear aceleradamente mientras el cuestionamiento de ¿qué es esto? se revuelve con la idea —para quien no haya vivido los sesenta y setenta— de que seguramente así sonaban los poetas beatniks respaldados en improvisaciones musicales libres. Pero no los buenos, sino los que intentaron sin mayor progreso.

“Mistress Dread”. Metallica suena plano y repetitivo. “Iced Honey” es un descanso de la monotonía que exasperaba. La rola más rítmica por momentos suena incluso algo pop. Se suma bien al efecto de “Cheat on Me”, donde Reed deja bien claro que el disco es suyo, no de Metallica, y pone en fresco la esencia de Velvet Underground. La canción es un tanto larga, pero alcanza uno de esos mínimos picos de brillantez del total.

“Frustration” y “Little Dog” se prolongan aún más. La primera comienza bien, pero en tanto se alarga lleva a la sensación que el mismo título evoca. “Dragon” es una bestia a punto de morir, pero que con menos de los once minutos que dura pudo haber alcanzado el suficiente equilibrio musicalmente para sostenerse… ah, pero está otra vez la voz de Reed, fangosa.

El final raya en lo inexplicable si se intenta tercamente en tratar de entender los porqués de Lulu, no de la Lulu de Wedekind o Berg, sino de Lou-Lou al convocar a los cuatro jinetes a lanzarse por las oscuras calles del arte con él y regresar con algo en las manos que deja mucho que desear de tales artistas. “Junior Dad” le pone furia al asunto y luego simplemente se queda ahí, monotonal, y haciendo pensar en un zumbido flat line de monitor cardiaco. Murió. Lulu lo hizo de nuevo, no contenta con su propia caída arrastra a los cinco músicos.

En la mitología de la obra revisitada por Cerha, Lulu termina como una prostituta sin ambiciones en las calles de Londres. Ahí su último cliente será Jack… el Destripador. Experto en su arte, Jack desmembrará a placer a la femme fatale de la misma forma que ahora el álbum extraño de Reed y Metallica, Loutallica, como le llaman ya algunos con sorna, es despedazado por una crítica nada complaciente, no se diga los fanáticos extremos. Mal momento para Metallica en su treinta aniversario este año y pésimo para un creador musical cuyo genio no fue suficiente. Take a walk in the wild side, Mr. Reed, but don’t take Lulu with you. ®

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Publicado en: Diciembre 2011, Música

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