La vida que yo quiero escribir

Entrevista a Ave Barrera

Mi abuela luchó como maestra rural para ganar un par de libros y tenerlos en su estantería a pesar de que mi abuelo los tiraba a la basura. Sin embargo, esa iniciativa, ese granito de arena, algo tuvo que haber contribuido, pues como mi abuela seguramente existieron millones de mujeres que abrieron espacio a las mujeres.

Ave Barrera. Foto © Elyzabet.

Ave Barrera. Foto © Elyzabet.

Ciudad de México. La cita es en el Parque de los Venados una tarde fría. Nuestra autora también se mueve por la ciudad en bicicleta. Simpatizo con ella, más allá de aspectos literarios. Buen lugar, pienso cuando llego a la fuente del parque. Una pareja por allá, se abrazan y se miran. Cuatro hombres hacen extraños rituales frente a la fuente, caminan hacia adelante y hacia atrás. Hacen reverencia a un dios invisible que sólo ellos ven y con el cual incluso hablan. Clases de zumba al aire libre. Escojo el sitio: una mesa de cemento con dos sillas del mismo material bajo grandes árboles. Una señora obesa se acerca, grita al celular, discute. Trata de esconderse, como si la persona al otro lado de la línea la observara.

Un buen día ocurre. Dices: ¡Uf! Pones punto final, vas a la papelería, sacas los juegos de copias, los engargolas, los mandas por mensajería y ganas. Antes de dejar el sobre lo bendices, le das un beso, qué sé yo. Unos cuantos días. Parece sencillo. No lo es tanto. Resulta que eres la segunda mujer en ganar el Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo de la Universidad Veracruzana (UV) por Puertas demasiado pequeñas. Realicen una operación matemática: de entre los países latinoamericanos multipliquen al menos una novela por país. Hagamos trampa: son 124 novelas. Y te lo dan a ti. Algo tiene Puertas demasiado pequeñas. Así lo cree en una primera instancia el jurado: Luigi Amara, Luis Jorge Boone y Fabricio Mejía Madrid. Añaden: “El reconocimiento (nuestra primera palabra fea) tiene que ver con la redacción (segunda palabra fea si se le ve de lejos) de pasajes literarios de gran intensidad y variados movimientos, que logran acaparar la atención del lector”. Ya está: parece una receta para hacer pastel de fresas.

Frente a frente. Iniciamos la charla. Antes le sugiero que sea algo informal. No me veo leyendo las preguntas como niño en ceremonia escolar. Y menos cuando Ave Barrera tiene un cierto aire de maestra de primaria.

—Me parece que tu novela no es narrativa sino arquitectónica. Tras su andamiaje hay una influencia determinante de los espacios de Luis Barragán. Incluso le das más relevancia a la casa, enigmática, sin duda, que a los personajes mismos. Por otro lado, está la parte de las antiguedades, que actúan también como inmóviles personajes pero cargados de historias.

Al regresar a Guadalajara tras una larga ausencia comencé a reconstruir en mi memoria. Llegué entonces a esa casa, la cual me impresionó mucho y es muy representativa de una Guadalajara noventera, ochentera. Así se fue armando la historia. Primero fue el espacio, la memoria, luego la narración.

—Me encanta que lo veas así, como este espacio arquitectónico, como esta atmósfera, porque precisamente la idea de Puertas demasiado pequeñas partió del espacio. Al regresar a Guadalajara tras una larga ausencia comencé a reconstruir en mi memoria. Llegué entonces a esa casa, la cual me impresionó mucho y es muy representativa de una Guadalajara noventera, ochentera. Así se fue armando la historia. Primero fue el espacio, la memoria, luego la narración.

—¿Desde tu perspectiva femenina, el personaje de Federico Burgos fue difícil de construir?

—El personaje se impuso. Y por regla tengo que lo que se impone en una narración le tengo que hacer caso, dejar que me permee lo que aparece por ahí, darle su lugar, y dejar que atraviese la escritura conforme ésta vaya saliendo de la manera más natural posible. No es que haya sido difícil, pero sí requirió mucho trabajo, hasta que realmente fuera él, expulsarlo y quitarle todo lo Ave para dejarlo hablar.

—Si eres un lector atento te das cuenta de que Puertas demasiado pequeñas es una novela excesivamente tallereada.

—No la he leído desde ese punto de vista. Pero si lo hago, yo creo que sí se notará bastante del taller. El apoyo tuvo varias perspectivas. Desde quien me ayudó a leerla con un enfoque arquitectónico, hasta la lectura de Verónica Murguía, quien me ayudó a darle sentido a la trama. En la constancia conté con el apoyo de mis amigas del taller, las chicas Kamikaze del Fonca. Luego vino el trabajo fino, el cual se lo tengo que agradecer al doctor Alberto Vital, uno de los mejores críticos de la obra de Juan Rulfo, quien me ayudó a recortarle las orillas de manera puntual. Geney Beltrán hizo una lectura muy atenta. Me dijo: “A ver, en este momento la tensión afloja; en este momento hay una tuerquita que se tiene que apretar”, y le hice caso y lo trabajé.

—¿Recuperas en tu narrativa los silencios de Juan Rulfo?

—El silencio es uno de mis temas favoritos. Y creo que la arquitectura de Luis Barragán, sea por coincidencia o de manera intencional —quiero creer que es de manera intencional— consigue hacer una interpretación de los silencios de Juan Rulfo, de los vacíos, que significan mucho: sus muros totalmente vacíos, los patios llenos de silencio donde lo único que escuchas es el murmullo del agua, o el silencio que hay en una habitación grande que únicamente es ocupada por una silla. Todos esos espacios están habitados por elementos de identidad. Lo que quise en Puertas demasiado pequeñas fue reinterpretar los silencios de Luis Barragán con una historia distinta.

—En el panorama literario actual despuntan las mujeres, sobre todo en tu generación.

Publicada por la Universidad Veracruzana en 2013.

Publicada por la Universidad Veracruzana en 2013.

—A mí me encanta. Creo que más allá de cualquier aspecto de género, del “Ay, soy mujer de lucha feminista a ultranza”, discurso que por supuesto no me gusta nada, somos el resultado de las mujeres que están antes que nosotras. Mi abuela luchó como maestra rural para ganar un par de libros y tenerlos en su estantería a pesar de que mi abuelo los tiraba a la basura. Sin embargo, esa iniciativa, ese granito de arena, algo tuvo que haber contribuido, pues como mi abuela seguramente existieron millones de mujeres que abrieron espacio a las mujeres. Muchas no lo lograron y no podemos reclamarles nada. El hecho de que actualmente haya chicas haciendo cosas muy interesantes en las distintas disciplinas artísticas es el resultado del camino que consiguieron abrir las predecesoras.

Un poco a oscuras. Así es como finalizo la charla con Ave Barrera. La mujer del cellular continúa discutiendo a lo lejos. Hablamos un poco de libros, de autores, de la nueva novela de Ortuño. Me cuenta de sus proyectos en puerta. Lo pienso dos veces y hago una última pregunta. En ese momento siento que es indispensable hacerla.

—¿Cuándo decidiste que ibas a ser escritora?

—El hecho de haberme decidido por la escritura tuvo mucho que ver con el fallecimiento de mi madre. Inmediatamente después me dije: “No, la vida que yo quiero, y la vida que mi madre hubiera querido que aprovechara es la que yo quiero tener”. Fue un momento muy duro, y en mi caso representó un click que me despertó. Me dije: “¡Ah, caray, tengo pocos años para vivir la vida que yo quiero vivir, y la quiero vivir escribiendo”. ®

Puertas demasiado pequeñas se presentará el miércoles 22 de enero a las 19 hs. en la Casa Museo de Luis Barragán, General Francisco Ramírez 12, colonia Ampliación Daniel Garza, 11840, Ciudad de México. Presentan Óscar Omar Ramírez Moreno, Vicente Alfonso y la autora.
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Publicado en: Diciembre 2013, Libros y autores


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