Las campañas por la presidencia de México

Del origen del PRI al 1 de julio de 2012

Al calor de los acontecimientos de los últimos meses el autor fue escribiendo estas reflexiones en Facebook, las cuales ahora ordena para los lectores de Replicante. De los orígenes del PRI y el rechazo de sectores de la población al candidato Peña Nieto al apostolado del candidato de las izquierdas y una lección de historia recinete para los estudiantes del 132.

I. El priismo y su metamorfosis

Uno de los graves problemas del priismo (que tiene muchos) es el manejo generalizado de un concepto muy reducido y falso —en buen grado— de lo que fue, ha sido y es. Simplificación muy popular y extendida hasta el día de hoy. Un detalle muy significativo al respecto es el error —que hasta analistas de fuste repiten— el de que el PRI tiene 83 años. Ese periodo lo cubrieron los tres partidos de la revolución: PNR, PRM y PRI. El PRI, como tal, fue creado el 18 de enero de 1946, para remarcar la transición de la significativa entrega de la presidencia (y no de todo el poder) de los generales a los civiles, en la persona de Miguel Alemán como candidato presidencial y “cachorro de la revolución”, para lo cual crearon el oxímoron de la revolución institucionalizada, que sólo tiene 66 años de existencia.

El priismo (y los partidos del régimen de la Revolución, PNR y PRM, del que es nieto e hijo) es(son) y ha(n) sido un fenómeno muy complejo.

Priistas fueron Alemán y Díaz Ordaz tanto como Ruiz Cortines y López Mateos. Lo fueron Gonzalo N. Santos tanto como Jesús Reyes Heroles. Así como el Tlacuache Garizurieta, Fidel Velázquez y Hank González pero también Jaime Torres Bodet, Jesús Silva Herzog (abuelo) y Agustín Yáñez. Igualmente Nassar Haro y el Negro Durazo por un lado y por el otro colaboraron en los regímenes priistas personalidades como Isidro Fabela, Martín Luis Guzmán, Ignacio García Téllez, Juan de Dios Bátiz, Manuel Sandoval Vallarta, Alfonso Caso, Gustavo Baz, Ignacio Morones Prieto, Antonio Castro Leal, Alfonso Quiroz Cuarón, Rodolfo Sánchez Taboada, Carlos e Ignacio Chávez, Nabor y Antonio Carrillo Flores, Manuel Tello, Carlos Madrazo, Rodrigo Gómez Gómez, Salvador Zubirán, Antonio Ortiz Mena, Benito Coquet, Celestino Gorostiza, Víctor Manuel Villaseñor, Víctor L. Urquidi, Antonio Gómez Robledo, José Rogelio Álvarez, Pedro Ramírez Vázquez, Jorge Castañeda Sr., Jaime García Terrés, José Luis Martínez, Víctor Sandoval, Jesús Kumate, Alfonso García Robles, Guillermo Soberón, José Luis Lamadrid, Javier Garciadiego, Jorge Carpizo y un larguísimo etcétera de cuyo recuerdo, en la mayoría de los casos, sólo quedan los despintados nombres en algunas polvorientas avenidas.

Olvidados personajes que crearon y sostuvieron instituciones que todavía dan beneficios a nuestro país, como la Secretaría de Salubridad y Asistencia, Pemex, el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto Politécnico Nacional, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, Caminos y Puentes Federales, el Instituto Nacional de Cardiología, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, la Comisión Federal de Electricidad, Ciudad Sahagún, la Ciudad Universitaria, Nacional Financiera, el Fondo de Cultura Económica, el Colegio de México, el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Museo Nacional de Antropología, el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas y otro largo etcétera.

Pero esa compleja estructura denominada priismo estaba basada en una omnipresente, estereotipada y fosilizada “Revolución” (que abarcaba un amplísimo espectro ideológico en el que se incluía de manera destacada a gran parte de la izquierda nacional —la atinada izquierda, decía López Mateos). Pues bien, ese priismo ya no existe.

Lo que ahora sigue utilizando el membrete del PRI es otra cosa (si mejor o peor también es otro cantar).

Ese priismo de la “Revolución” fue enterrado cuando Zedillo le pasó la banda presidencial a Vicente Fox en el año 2000. Aclarando que lo enterrado fue el cadáver insepulto. Un priismo que entregó agonizante López Portillo, lo mantuvo en coma De la Madrid y con Salinas falleció en y con Colosio en Lomas Taurinas, Tijuana.

Sobrevivió una especie de federación de grupos políticos regionales (que ha tenido que reinventarse en doce años fuera de Los Pinos), pero que no ha tenido una verdadera definición, aunque ha conservado el uso de la “marca”.

Eso sucede de manera frecuente en la historia de la humanidad. Toda proporción guardada, legalmente el Imperio Romano no murió en el 472 cuando cayó Roma. El Imperio Romano fue disuelto legalmente en 1806 por el último “emperador”, Francisco II de Austria, con el fin de que Napoleón no se apoderara del título tras su triunfo en Austerlitz.

Igualmente el priismo actual está, por decirlo suavemente, en plena metamorfosis. Un partido formal aunque dificultosamente adaptado a la democracia sin adjetivos. (Por cierto, otro cadáver enterrado fue el de la embalsamada “Revolución” fallecida senil en la Docena Trágica priista —porque también tenemos la Docena Trágica panista.)

¿Cuál será el futuro del PRI? ¿Volverá la estructura piramidal sexenal con el tlatoani en la cúspide? ¿Las estructuras del partido harán una profunda autocrítica? Una catarsis real permitiría una verdadera reestructuración sana basada en la democracia plena, asignatura que todavía no ha sido integralmente aprobada.

El triunfo en las elecciones de Enrique Peña Nieto no se puede dar como un hecho. Todavía faltan unos pocos larguísimos días en los que todo puede pasar. Pero gane o pierda Peña Nieto la transformación del PRI —que ya está sucediendo— debe suceder de la manera más positiva posible y pasa por la democracia. El futuro político del país lo agradecerá.

II. ¿Qué fue lo que verdaderamente pasó en Atenco?

¿Cuántos de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana que le gritaron asesino a Enrique Peña Nieto saben verdaderamente qué pasó en Atenco? ¿Cuántos de los televidentes actuales saben bien qué sucedió en Atenco?

El caso de Atenco con sus dos víctimas mortales fue una conjunción de pésimas decisiones tomadas en muy diversas instancias. Desde el gobierno federal, que fue el que acumuló los explosivos del polvorín de Atenco, hasta Enrique Peña Nieto, el joven gobernador que mandó reabrir la carretera tomada por los amotinados. Desde el ayuntamiento perredista de Texcoco que detonó el incidente inicial de los acontecimientos hasta Ignacio del Valle, líder de los comuneros de Atenco, y al final, pero no al último, los activistas universitarios y zapatistas de La Otra Campaña del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN; que estuvieron en múltiples jornadas previas conviviendo con los comuneros del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra —FPDT— vallista). Incluso pocos días antes del motín Del Valle y un contingente de sus paisanos desfilaron el 1 de mayo con machetes ostentosamente en ristre por el centro de la Ciudad de México.

Todo empezó por la decisión razonable del gobierno de Vicente Fox de construir un aeropuerto internacional para la capital, en los terrenos de esta comunidad al oriente de la Ciudd de México. La gestión de tan positiva decisión resultó peor que pésima. Lo intentaron convertir en un gran negocio, empezando por la bicoca que le ofrecían a los campesinos por la expropiación de sus terrenos. La falta de prudencia con que se condujeron los gestores del malhadado puerto aéreo desató la rebelión de los comuneros, a los que se les quería pagar casi nada por su tierra.

Eso fue lo que sucedió en Atenco. Un incidente ocasionado por el gobierno federal de Fox con su fallido aeropuerto, continuado por la policía perredista de Texcoco y rematado por la violenta actuación de fuerzas federales de Fox y estatales de Peña Nieto para reprimir la rebelión abierta de Ignacio del Valle y su Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco.

Los comuneros asesorados por un buen contingente de asesores y activistas, entre los que destaca Ignacio Burgoa Orihuela, lograron la suspensión del proyecto. El presidente Fox lo canceló en octubre de 2002. Los motines ocurrieron en mayo de 2006, ¡casi cuatro años después!

¿Qué sucedió en esos tres años y medio? Ignacio del Valle se convirtió en un líder social con un amplio protagonismo más allá de su comunidad y los macheteros de Atenco fueron conocidos en cadena nacional y en la prensa internacional. Desde París José Bové y en Canarias su tocayo Saramago proclamaban su admiración por el fundador del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, quien gobernaba de hecho Atenco y sus alrededores en una virtual independencia.

Los sucesos de Atenco fueron ocasionados por el intento de detención de Del Valle —fuera de Atenco— por las autoridades perredistas de Texcoco tras una protesta al acudir con un contingente de macheteros en defensa de unos vendedores de flores que fueron desalojados. Su hijo César exigió que dejaran salir al atrincherado Del Valle y sus acompañantes —que no habían sido detenidos todavía— y cerró la carretera federal Texcoco-Lechería. Fuerzas de seguridad municipales (PRD), estatales (PRI) y federales (PAN) se dirigieron a reabrir la vía. Fueron rechazados con violencia por los comuneros tras varios ataques. La primera víctima fue un adolescente de catorce años que recibió un tiro de pistola en una área lejos de la zona de los motines. Tres testigos señalaron que fue un policía.

La otra víctima fue un estudiante de la UNAM que recibió un impacto en el cráneo de una lata de gas lacrimógeno en el lugar del bloqueo. Ollín Alexis Benhumea había acudido al lugar, como muchos estudiantes y activistas capitalinos, tras oír horas antes la excitativa del Subcomandante Marcos en Tlatelolco para acudir en defensa de Atenco.

Los comuneros se apoderaron de varios tráilers de gas LP y amoniaco además de secuestrar y golpear violentamente a diez policías municipales. En cadena nacional televisiva salió en vivo la paliza que les propinaron. Entonces el gobernador Peña Nieto y el gobierno federal de Fox mandaron un fuerte contingente de miles de agentes que en la madrugada del 4 de mayo recuperaron la carretera federal y por primera vez en cinco años entraron al pueblo de San Salvador de Atenco. Lo que siguió fue la detención violenta de casi 247 habitantes del pueblo, y fueron detenidos en bola culpables e inocentes, nativos y fuereños —incluidos varios activistas extranjeros— con fuertes atropellos, violencia excesiva y múltiples violaciones a los derechos humanos.

De los posteriores 189 indiciados no hay ningún encarcelado en la actualidad. De los policías acusados de violaciones a los derechos humanos fueron procesados 21 elementos.

Eso fue lo que sucedió en Atenco. Un incidente ocasionado por el gobierno federal de Fox con su fallido aeropuerto, continuado por la policía perredista de Texcoco y rematado por la violenta actuación de fuerzas federales de Fox y estatales de Peña Nieto para reprimir la rebelión abierta de Ignacio del Valle y su Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco.

Por eso le gritaron asesino en la Ibero.

Tras la sangre vertida por esas dos víctimas han transcurrido más de sesenta mil muertes violentas… Ésas que no fueron recordadas el viernes 11 de mayo en la Universidad Iberoamericana.

III. La marcha de repudio a Peña Nieto

La marcha es legal, lo que no está prohibido está permitido y es un ejercicio de la libertad de expresión.

Entre los participantes y simpatizantes de la marcha se encontraban, también, personas de buena fe y amplia capacidad de análisis y reflexión. Digo, aparte de los atenquistas e integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas.

Pero —siempre el antipático pero— el acto en sí claramente es parte de una operación instrumentada por el equipo del candidato del Frente Amplio Progresista (coalición del PRD, PT y Movimiento Ciudadano), que montándose en la evidente animadversión de sectores de la población contra el PRI han conducido ese rechazo hacia un amplio abanico de manifestaciones de violencia verbal contra el candidato del tricolor. En el momento en que el país está en un parteaguas sumamente decisivo: por un lado, con doce años de poco o nulo crecimiento, en la vorágine de la brutal violencia del crimen organizado con 60 mil víctimas a cuestas y con amplias zonas del país a merced de la ley del más fuerte, vil y violento, y por el otro la situación económica del país no es del todo mala. El buen manejo de la macroeconomía y las finanzas públicas de la administración panista (hay que reconocerlo) nos tienen con buenos índices de actividad económica, superávit comercial y amplias reservas. Y en una situación mundial de emergencia financiera eso es harto relevante. Y con el plus de que somos un país rico en recursos naturales, con población joven y cada vez con mejores niveles de educación a pesar de todos los pesares. Con una posición geoconómica inmejorable compartiendo dos mil kilómetros de frontera con el país más rico del mundo.

Si el próximo gobierno pone coto y control a nuestros dos más graves problemas actuales: la corrupción y la extrema situación de violencia del crimen organizado (problemas estrechamente relacionados entre sí), estará en una muy favorable posición para detonar el crecimiento del país de acuerdo con sus posibilidades y capacidades. Estamos a unos días de elegir al titular del poder ejecutivo a quien le tocará la difícil responsabilidad de conducir a nuestra nación en ese parteaguas en el que nos encontramos.

Durante todo el proceso de la campaña electoral el candidato del PRI ha encabezado las preferencias. En la mayoría de las encuestas los otros dos candidatos no han podido estrechar la diferencia de dos dígitos que los separa del puntero y mantener un largo empate técnico entre el segundo y el tercer lugar. Tercer lugar que le correspondió una buena parte del tiempo a Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que tiene seis largos años en campaña. Y es obvio que ante su clara situación de desventaja ha optado por una táctica agresiva de confrontación y polarización, guardando en el armario su entelequia fugaz de la república amorosa, lo que le ha redituado treparse al segundo lugar y a estrechar la distancia con el que ha ocupado la cima de las preferencias electorales durante el actual proceso electoral.

Todo hay que decirlo: de los tres candidatos el más antidemocrático es AMLO. Los únicos resultados electorales que respeta son los que lo favorecen (y nomás le ha favorecido uno y por estrechísimo margen), y en los que no ha sido así los ha impugnado absolutamente todos. Siempre ha apostado por la confrontación violenta e ilegal tras sus fracasos en las urnas.

Por eso es muy preocupante el nuevo giro que ha tomado su campaña que, todo indica, prepara otro conflicto postelectoral ¡otro más! tras su muy posible derrota el próximo 1 de julio.

Porque sus marchas anti exacerban los sentimientos violentos en contra de sus escogidos adversarios, las cadenas televisivas y Peña Nieto en especial. Es más fácil desatar la agresión que contenerla, es un camino progresivo de no retorno.

Afortunadamente es evidente que en los otros dos candidatos imperará la sensatez y no caerán en la provocativa tentación de pagar con la misma moneda. Muchos detractores ha cosechado el Peje, que gustosísimos estarían de poder demostrar su animadversión de la manera que sea. Aunque los mínimos y dulces franciscos de asís no abunden en esos pagos esperemos que la sangre no llegue a río.

Muchas personas participaron en la marchas contra Peña Nieto y del movimiento Yo Soy 132 de buena fe. Otros muchos con la ingenuidad de su desinformación alegremente apuestan a la corriente mundial de movilizaciones de indignados de África, Asia y Europa que tanta difusión han tenido, sin ponerse a pensar que en ninguno de los países en que han ocurrido ha mejorado la situación integral de sus sociedades. En los países árabes del norte de África en donde tumbaron añosas y feroces dictaduras la situación real ha empeorado; en varios los fundamentalistas islámicos están en vías de tomar el poder por medio de las urnas y en todos el turismo y la economía han caído en picada. Incluso en Europa los movimientos de indignados y occupy de diversa ralea no han conseguido absolutamente nada de nada, no se diga en Estados Unidos, donde los desbandaron a punta de macanazos.

Uno de los argumentos que más he leído es que a los jóvenes no se les ha dejado otra vía para expresar su indignación por la situación del país. Eso no es cierto. Aunque inmadura y débil la de México es una democracia. Una democracia duramente conquistada por las fuerzas progresistas de la sociedad mexicana, de fuera y dentro de todos los partidos, incluido el PRI. Los jóvenes mexicanos pueden votar con un amplio porcentaje de seguridad de que su voto será respetado por una de las legislaciones electorales más puntillosas y estrictas del continente. Otra, un mayoritario número de los indignados son jóvenes con amplias posibilidades económicas, con acceso a instituciones de educación superior privadas y conectados día y noche a internet y a sus redes sociales vía sus carísimos smartphones, recursos a los que la mayoría de la población no tiene acceso. Es claro que un buen número de los protestantes juveniles tienen acceso a muchísimas vías para expresar su inconformidad de diversas maneras, además de los gritos y vituperios.

Por cierto, hay inconformidades que llaman la atención, como la virulenta animadversión contra el execrado Salinas, en muchachos que estaban en pañales durante su sexenio. Yo, que lo viví, todavía no puedo sacar un juicio ponderado sobre ese complejísimo sexenio.

Repito, la marcha es legal y la libertad de expresión no debe tener cortapisas. Lo que alarma son los claros indicios de que se está preparando un conflicto postelectoral atizando desde ahora los sentimientos en contra del candidato puntero ante la incapacidad de bajar sus márgenes de aceptación por otras vías más civilizadas …y democráticas.

El candidato López Obrador es un candidato antidemocrático y conservador —sí, conservador, porque lo de antidemocrático no sorprende— con una informe y escuálida propuesta, cuya única ventaja (gran ventaja, eso sí) es el asumir —más con palabras que con hechos— la representación de la izquierda. Esa izquierda que representa los anhelos de justicia social en un país y en un mundo donde priman el abuso, la desigualdad y, su consecuencia, la indignación contra esa injusta situación. Atizar el conflicto —que llama a más conflicto— sólo para satisfacer su ambición de poder cueste lo que cueste no va a terminar bien. Es casi seguro que no le alcanzará para triunfar en las urnas, pero el daño estará hecho. Todo indica que la polarización crecerá —a la indignación seguirá la frustración por las expectativas fallidas— y el que asuma la presidencia deberá lidiar con un conflicto postelectoral inminente. Aunque, por otro lado, servirá para ver de qué está hecho el próximo titular del Poder Ejecutivo y evaluar sus tamaños de estadista.

A Felipe Calderón le tocó padecer las maniobras de López Obrador, quien de todas las maneras que pudo trató de impedir que asumiera el cargo. El manejo del panista de la crisis postelectoral fue desastroso y con el afán de legitimarse nos hundió en la fallida guerra contra el narco que hoy todos padecemos. El tabasqueño no tuvo la culpa de la impericia de Calderón, pero está en la génesis del salto al vacío que significó la apuesta por la fuerza del michoacano.

Recuerdo la admonición del insigne Jesús Reyes Heroles: “No hay que despertar al México bronco”, pues ese bronco México ya abrió los ojos. Como dicen los toreros, que Dios reparta suerte.

IV. It’s the democracy, stupid

Todo indica que Andrés Manuel López Obrador ha tirado al bote de la basura a la república amorosa después de que el concepto le ayudó a difuminar su radicalismo de mandar al diablo las instituciones y disminuir sus negativos.

No es la primera ocasión en que AMLO ha tirado después de usado a alguien que ya no le servía, después de que lo ayudaron. Si no que le pregunten a Cuauhtémoc Cárdenas o a Rosario Robles. Su vuelta al radicalismo y a la agresión vociferante tiene dos bloques-target muy definidos y claros: el candidato puntero Enrique Peña Nieto en particular y el PRI en general, Televisa en particular y los medios que no le son afines en general.

En la faena ha tenido un aliado insólito y repentino, un buen grupo de jóvenes radicales-chic de las universidades particulares más caras de la capital que han realizado una frenética actividad más denigratoria que propositiva en las redes sociales e imitando la rebeldía trendy de los movimientos de los indignados internacionales.

El #132, como todos los movimientos abiertos, corre el riesgo de que se les trepen oportunistas políticos de distinta índole, lo cual ya ha estado ocurriendo. El problema será el control de activistas violentos y provocadores que también se les están trepando.

El movimiento del #YoSoy132 necesita un análisis extenso y acucioso por separado. Por lo pronto diré que aunque su manifiesto en los dichos declara ser apartidista y ciudadano y que no expresa apoyo o rechazo hacia ningún candidato político, en los hechos la mayoría de sus integrantes rechaza abierta y estrepitosamente y con dura violencia verbal al candidado del PRI en tanto que apoya abierta y estrepitosamente, también, al Peje.

Otro detalle sorprendente es que aparte de una solitaria, desvaída y tímida petición de que la actual situación de violencia debe ser resuelta, no hay absolutamente ninguna mención a las 60 mil víctimas de los últimos seis años, ninguna mención al problema más grave que asuela a nuestra nación.

Quieren internet como garantía constitucional y “empoderar” (qué palabra tan fea, nunca he entendido el uso de ese calco del inglés si en el español ya existe la palabra fortalecer) al ciudadano al través de la información mediante la obligatoriedad de códigos de ética y “ombudsman” en los medios de comunicación, con expresa mención del “duopolio” televisivo, pero ninguna a Proceso, La Jornada y a MVS/Carmen Aristegui, que son de lejos mucho más parciales que Televisa y TVAzteca. He oído que la situación es distinta por la limitada cobertura de los medios de comunicación antes mencionados. Yo no creo que lo que se le censure a un medio se le permita a otro nomás porque su cobertura es pequeña. O todos coludos o todos rabones.

Un dato alarmante que no ha sido lo suficientemente mencionado es que en esta lucha por el poder mediático está inmiscuido ni más ni menos que Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, quien ha desempeñado un extraño papel protagónico pero en la sombra, valga la paradoja.

El #132, como todos los movimientos abiertos, corre el riesgo de que se les trepen oportunistas políticos de distinta índole, lo cual ya ha estado ocurriendo. El problema será el control de activistas violentos y provocadores que también se les están trepando.

El Peje ha sabido protagonizar en su persona a la izquierda entera, con la paradoja de ser un político de talante conservador que, también, conserva mucho de lo peor del viejo PRI. Incluso añadiéndole una característica pre-priista ya superada y muy peligrosa: el mesianismo personalista del caudillo infalible. Si un avance significativo aportó el PRI fue el de reducir al caudillo a un periodo determinado en el tiempo (seis años) y acotado por la primacía de las instituciones sobre la persona.

¿Hasta dónde lo va a llevar esta exitosa vuelta de tuerca a su campaña? Hasta donde la ciudadanía informada, los otros partidos y los medios de comunicación lo dejen. Con su reconocida astucia ya se ha vacunado contra los partidos al reducirlos a todos a formar parte de una mafia muy conveniente y simplista. Igualmente el voto duro de sus partidarios también ha sido inmunizado contra todo lo que digan y argumenten los medios de comunicación. El punto flaco de su estrategia es contra los ciudadanos informados, desde los comunes hasta los líderes de opinión.

El Peje ha sabido protagonizar en su persona a la izquierda entera, con la paradoja de ser un político de talante conservador que, también, conserva mucho de lo peor del viejo PRI. Incluso añadiéndole una característica pre-priista ya superada y muy peligrosa: el mesianismo personalista del caudillo infalible.

Otro insólito aliado —inconsciente, supongo— ha sido la estructura completa del PAN empezando por su candidata, quienes enfilaron en un principio todas las baterías de su artillería contra el puntero sin tocar ni con el pétalo de una rosa a su verdadero enemigo ideológico, reservando todos sus misiles contra su tradicional enemigo emocional. En el trance de ese error pueden ser relegados a los sótanos del tercer lugar y desplomarse su votación a niveles catastróficos. Sus ataques circunscritos contra un solo adversario han permitido que su otro rival se beneficie de la mayoría de las intenciones de voto que el puntero pierde y las de los indecisos cada vez menos indecisos. La derivación al PRD del voto de los jóvenes universitarios adinerados —clientela que habían conservado los albiazules durante decenios— es la más clara muestra de su errónea estrategia que los puede enviar al abismo político. No sólo se juegan la presidencia, se juegan el poder legislativo federal y un alto porcentaje de cámaras estatales, gubernaturas y presidencias municipales. Deberían tener una estrategia integral y no la visceral actual que los está perjudicando tanto. El PAN tiene un aspecto negativo ligado a las facciones religiosas más reaccionarias del país, una muestra es su relación con el Yunque (por cierto, de una de sus organizaciones, Coordinadora Ciudadana, salió la candidata Josefina Vázquez Mota). Pero, también, tiene un aspecto positivo desde su origen, una impecable genética democrática imbuida por su fundador, Manuel Gómez Morín, y continuada por personalidades como Adolfo Christlieb Ibarrola y Carlos Castillo Peraza. Partidos democráticos, y no sólo de nombre, hacen y harán mucha falta en la vida política de nuestro país.

Todo puede suceder y la situación cambia día a día. Yo no creo que la agresiva estrategia de los últimos días de AMLO lo lleve al triunfo. Pero cada voto que lo acerque al porcentaje del ganador peligrosamente lo acerca también a la tentación del conflicto postelectoral, donde tiene mucho por ganar y muy poco por perder. Mientras más estrecho sea el margen que lo separe del triunfador en las urnas más probable será que acuda a su especialidad política largamente practicada, el grito de fraude o de imposición, la impugnación y las movilizaciones violentas etiquetadas de “pacíficas”. La cabra tira al monte.

En lo tocante al PRI, considero que si el partido quiere trascender debe realizar una real y profunda autocrítica sucedida por una cuidadosa redefinición política donde declare y practique —explícitamente y sin ambages— en letra y en espíritu, su vocación por la democracia y por una verdadera lucha contra la corrupción. Es más, ya no digamos trascender, sino si quiere sobrevivir como partido unificado. Y todo indica que esa redefinición ya está sucediendo, en la teoría, con el Manifiesto democrático de Peña Nieto. Falta que ocurra en la realidad. Del dicho al hecho…

El PRI tiene una existencia real. Tan real que sobrevivió a la pérdida de la presidencia y volvió a sus reales orígenes de antes del 29 y el PNR callista: una federación de grupos de poder regionales. Esa es la fuerza real (disculpen la repetición de la palabra pero no hay otra) del PRI. Por eso no desapareció como muchísimos auguraban tras la caída del tlatoani. La fuerza real del PRI NO era el tlatoani.

Cuántos prestigiados pensadores políticos todavía no acaban de asimilar esta realidad. Incluso ante la catástrofe (cabe la posibilidad, escasa, pero cabe) del triunfo el 1 de julio de Andrés Manuel López Obrador, el PRI sobrevivirá porque tiene estructuras reales de poder, eficientes, populares y enraizadas desde hace muchos decenios en gran parte del territorio nacional.

Como también sobrevivirá nuestra débil e inmadura democracia porque es el sistema más eficiente de organización social, ampliamente comprobado desde hace centurias, si no es que milenios.

Habrá que señalar que la democracia per se no nos hace más talentosos y hábiles para escoger las mejores decisions, simplemente las hace más amplias abarcando a la totalidad de la ciudadanía, nada más y nada menos.

Cabe señalar también que la democracia carga consigo un pecado de origen. En su lugar de nacimiento, la culta Atenas, su pensador más destacado, Sócrates, fue condenado a muerte por un tribunal popular impecablemente democrático. Así ha sucedido y sucederá. En el siglo XX en la ilustrada Alemania Hitler llegó al poder por elecciones democráticas también. Y es que, en realidad, no existe la democracia, existen los demócratas. La solución a los problemas que ocasiona la democracia es más democracia. La democracia se autocorrige, mientras se mantenga como tal.

Que gane el menos peor y aunque los insultos han sobrado en estas campañas electorales, no puedo dejar de imaginarme a un hipotético Bill Clinton parafrasear veinte años después: “It’s the democracy, stupid”.

V. Guerra sucia

Ciudadano, no te confundas. Si a un candidato se le dice producto chatarra, burro, asesino, pendejo, ignorante, ratero, farsante, marioneta de la tele, dóndestásmarioaburto, ésa es una defensa de la democracia. Pero si al otro candidato se le compara con Chávez o se le acusa de hacer negocios con Wall-Mart o se entrevista a Adelitas estafadas o se difunde el audio de sus asesores de campaña pidiendo seis millones de dólares a cambio de tráfico de influencias ¡ésa es guerra sucia! ¿Capisci?

VI. El apóstol del cambio verdadero

Vi con cierta expectativa el encuentro del panel de periodistas del programa Tercer Grado con el candidato Andrés Manuel López Obrador. La expectativa se fue diluyendo con el transcurso del programa de Televisa. ¿Qué vi? Un candidato mañoso y marrullero con una oratoria soporífera. Un pésimo polemista y con un discurso —por decirle de alguna manera— monótono, rígido y repetitivo. A prácticamente todo lo que le preguntaran les contestaba el mismo rollo: la honestidá, la lucha contra la corrupción (en las milpas de mi compadre, diría el ranchero), Yo soy distinto, Estoy seguro de que vamos a ganar, el renacimiento de México, Ya voy ganando en mis encuestas, el cambio verdadero y demás yerbas sobadas y manidas, así, ad nauseam.

Contó con la complicidad y la benevolencia de los periodistas que se contagiaron de la lentitud del candidato que es más pesado que un elefante en brazos, y los escasos momentos que presagiaban cierto oficio periodístico pasaron con mucha pena y nada de gloria.

Cuando se le cuestionó sobre el escandaloso pase de charola de sus asesores y candidato a secretario de Energía, sacó su gastada carta del compló —ahora encabezado por Juan Ealy Ortiz, director del diario El Universal— y de que él era inocente y regaba las flores. Cuando se le reviró el que Mancera denunció el uso de su nombre (para conseguir fondos a cambio de promesas de tráfico de influencias) y por qué él no lo hizo, respondió con una cantinfleada en slow-motion que ni Dios Padre entendió.

Lo más cercano a un cuestionamiento periodístico interesante fue cuando Carlos Loret de Mola, con los papeles en la mano, le dijo que los índices de pobreza, transparencia y corrupción durante su mandato de cinco años en el Distrito Federal empeoraron, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y Transparencia Mexicana. Y de un plumazo le espetó que eran falsos, así nomás tan pancho… como igualmente lo hizo con las estadísticas mostradas al inicio que desmentían su repetida calumnia del supuesto cerco informativo de Televisa.

Otro de los escasos momentos de solaz y esparcimiento que proporcionó fue cuando dijo “He hecho de esto un apostolado”.

Al final, pero no al último, me llamó poderosamente la atención que la palabra democracia, así sin adjetivos, no la mencionó ni una sola vez. Sólo habló de la democracia representativa para criticarla y preferir la democracia participativa, penoso eufemismo de la caricaturesca “democracia popular” tan usada por las dictaduras comunistas.

Se le cuestionó sobre su rechazo en la mañana al Instituto Federal Electoral, si respetaría el resultado de las urnas y el veredicto de las autoridades electorales, y con tirabuzón sólo le sacaron la respuesta de que respetará el veredicto de los ciudadanos… ¿de cuáles ciudadanos? No hubo poder humano que le sacara algo más que un rollo ininteligible.

Con muchos trabajos llegué hasta el final del programa. Sólo me mantuvo un solo ojo semiabierto un ominoso pensamiento: ¿Cómo es posible que un político tan silvestre tenga la simpatía de, por lo menos, la cuarta parte del electorado? ¿Qué le ven los millones de simpatizantes que tiene? Y muchos de ellos gente preparada y progresista. Porque lo que yo vi fue un relato de cartón piedra de pastorela menesterosa —maniqueo, conservador, moralino y rudimentario— expuesto por uno de los peores oradores que me haya tocado presenciar en mis 53 años. A su lado Echeverría es un Demóstenes y Peña Nieto es Winston Churchill. Ahora entiendo la función principal que desempeñan en sus mítines los insultos y denuestos que les asesta a sus adversarios. ¡Es para que no se le duerman los asistentes! Como esa noche tuvo que prescindir de los vituperios el resultado fue peor que un barbitúrico. Bueno, hasta Carlos Marín —director del diario Milenio— se contaminó del efecto de cámara Phantom y lo tuvieron que apurar al final del programa.

Al final, pero no al último, me llamó poderosamente la atención que la palabra democracia, así sin adjetivos, no la mencionó ni una sola vez. Sólo habló de la democracia representativa para criticarla y preferir la democracia participativa, penoso eufemismo de la caricaturesca “democracia popular” tan usada por las dictaduras comunistas.

Al cerrar mis vencidos ojos un último flashazo cruzó mi seminarcotizado cerebro. Si hora y media se me hizo eternal, ¿se imaginan seis años en cadena nacional? Digo, hasta Hugo Chávez por lo menos sabe cantar rancheras…

Colofón

añade un elemento nuevo a este ajigolón en que se ha convertido la lucha por la presidencia. Lo último es un anónimo refrito de refritos (rechazado por la revista Etcétera y fusilado y firmado por un reportero de Proceso) que cruzó el oceano y, de manera sorprendente, halló cobijo en las prestigiadas páginas de The Guardian, paradigma de la prensa de izquierda verdaderamente profesional. Así el midi británico consideró relevantes, periodistícamente hablando, los tan traídos y llevados archivos en Excel y PowerPoint sin logotipo y sin firma que supuestamente indican gastos extraordinarios en la televisora de Chapultepec del candidato presidencial puntero y un compló —otra vez el compló— de la infame Televisa contra el apóstol del cambio verdadero.

Y… el último debate

A excepción de la rijosa Josefina el debate del 10 de junio transcurrió en santa y dominguera paz. Un poco demasiada paz…

Andrés Manuel López Obrador

Lo bueno: Mucho más tranquilo y propositivo. Añadió el factor Kalimán: Serenidá… serenidá.

De manera rarísima no le sacaron a relucir lo del pase de charola de Mandoki/Hellmund. Ya la andaba regando cuando empezó a enumerar a sus “secretarios” de gabinete pero se detuvo en el filito y se abstuvo de mencionar a Adolfo el Charolastra Hellmund, ¡Fiú, por poquito!

Lo malo: Nomás no le salieron las cuentas de los 300 mil millones, ni corriendo a todos los altos funcionarios.

Universidá para todos. Pues muy bonito sueño guajiro, pero ya sabemos cómo resultan sus proyectos universitarios. La malhadada Universidad de la Ciudad de México, por él fundada, que de los 20 mil matriculados en el 2001 únicamente se han titulado 81.

Evidenció una colosal falta de imaginación con la resucitada de la delamadridista Renovación Moral. Lo bueno es que ya no habrá más debates, si no capaz que nos sale con conceptos tan novedosos como La Solución Somos Todos o Arriba y Adelante

Enrique Peña Nieto

Lo bueno:

Siguió con su línea propositiva e institucional de siempre, con su propuesta social y económica que la tiene muy macheteada y contra-atacaba sólo en defensa propia.

No le recordaron el affaire The Guardian-Televisa. Eso se me hizo muy raro.

Lo malo:

Sigue administrando su ventaja y no se lanza al ataque de los flancos vulnerables de sus enemigos —que los tienen y muy débiles—, ¿le alcanzará? Está tomando un riesgo excesivo porque la distancia que lo separa del Peje disminuye día a día, en un bajo porcentaje pero continuo y sin cesar.

Le pegaron en los dos temas más candentes del PRI, el caso Yarrington y el caso Moreira —y le van a seguir pegando.

Josefina Vázquez Mota

Lo bueno:

Por fin reaccionó y se dio cuenta de que circunscribir sus críticas sólo a Peña Nieto, sin tocar al Peje, al único que beneficiaba era a éste, sin redituarle ni una décima de intención de voto para ella.

Hasta ahorita ninguno de sus adversarios ha capitalizado en toda su magnitud la masacre de los 60 mil muertos del sexenio, pero eso habla mejor de ellos que de la candidata oficial.

Lo malo:

Qué poco creíble resulta su impostada expresión oral y gestual. No me explico cómo ha sido considerada una conferenciante exitosa. Parece presentadora de infomercial de bajo presupuesto.

Ni bueno ni malo:

Lo del ejercicio de imaginación resultó muy recordable y se convirtió en las delicias de la red, pero no veo cómo le aporte ni una miserable décima de punto. Se le agradece los momentos de solaz y esparcimiento que aportó a la raza.

Gabriel Quadri

Lo bueno:

Sigue siendo el candidato con más amplitud de maniobra y se le ven las tablas que la ha dado la academia en desenvoltura y claridad de exposición. Evidencia demasiado la rigidez de los otros candidatos.

Hay que reconocer que la caballada está flaca. ¿Se imaginan esta contienda presidencial entre Manlio Fabio Beltrones, Juan Camilo Mouriño y Marcelo Ebrard? Las discusiones estarían en otro nivel.

Se avienta buenas puntadas como el TLC con China o el Instituto Octavio Paz —Instituto El Mono Quadrático, propone como nombre alternativo Óscar Aparicio.

Lo malo:

Elba Esther Gordillo.

¿Qué pudo haber pasado? ¿Por qué de repente tanta tranquilidad entre el Peje y EPN? ¿Por qué no hubo contra ataque feroz de éstos a la rijosa Josefina? La que salió relativamente indemne.

Haciendo un ‘ejercicio de imaginación’ elucubro que los tres traían la faltriquera llena de cuchillos, puñales y balas de plata, y la única que los usó —y mal— fue la dama del blanquiazul. Los otros dos candidatos los guardaron para mejor ocasión …y esta llegará …no lo dudo que llegará. Esto no se acaba hasta que se acaba…®

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Publicado en: Destacados, Elecciones y democracia, Junio 2012, ¿Nos estamos acabando el mundo?

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