Las mejores críticas del cine pop

Flims, el libro, del chileno Hermes Antonio

Flims, el libro logra como aporte pintar un mural del cine que ha marcado a las generaciones jóvenes —digamos de los años setenta a la actualidad—. No hay cosas más viejas, excepto la sabiduría milenaria que comparte el autor a través de su mirada y voz.

A Paulina Arancibia.

El autor, Hermes Antonio.

El autor, Hermes Antonio.

Todo articulista, crítico o colaborador constante de una publicación guarda un íntimo y no siempre confesable deseo: anhela que sus escritos, al tiempo que tienen la incidencia, frescura y oportunidad del periodismo, trasciendan lo efímero, su evanescencia, su pronta caducidad: aspiran a que sus textos se recopilen en un libro lanzado al mar de la eternidad.

En rigor, pocos lo logran y menos aún lo merecen. Y no sólo por la sombra de una descuidada escritura a causa de entregas urgidas que luchan contra el deadline, sino porque su influencia es estrictamente coyuntural y sus ideas y perspectivas envejecen más pronto que el papel en el que aparecieron publicadas. Si no es que están sepultadas en ruinas digitales como blogs, páginas electrónicas not found o en redes sociales que quisieron congraciarse con los likes y no con una argumentación firme y persuasiva.

Pero existe otra estirpe de periodistas —si periodista es quien escribe periódicamente sobre un tema determinado o con un hilo conductor sobre varios tópicos— que juegan en liga premier y que desde el momento en que perpetran sus escritos lo hacen para acompañar el paso de la historia.

Y no sólo no envejecen, sino que justo con el correr de los meses y los años, esas colaboraciones adquieren notoriedad precisamente por ayudar a comprender un momento social, una tendencia estética, una cima importante —cualquiera— de la cultura que el ser humano crea en su andanza. Y, en ciertos casos afortunados para el lector, están escritos con un estilo depurado, con esa calidad que los puristas llaman literaria.

A ese cuerpo de élite pertenece el chileno Hermes Antonio —aka Hermes el sabio, aka Diego Muñoz ahora que su identidad, tanto como su distancia del azúcar, ha sido revelada—, quien luego de varios años de ser un gurú visionario de la crítica fliméfila en medios como La zona de contacto, Wikén, Blogs LG, El definido y sus propias páginas maestras, ahora lanzó Flims, un libro que recopila sus mejores críticas de todos los tiempos —algunas antiguas iniciado el siglo XXI, otras recientes último modelo, unas más enchuladas o inéditas como bonus–track— en una especie de Hermes el sabio: Greatest hits.

Aparecida bajo el sello Dogitia, Flims es una publicación lanzada al mercado en octubre de 2014, que sin embargo parece destinada a acumular ediciones —en 2015 iba ya en la segunda— debido a que es la Biblia para sus miles de seguidores y nadie puede dejar de adquirirlo y atesorarlo como Maz Kanata conservaba en Takodana el sable luminoso de Luke Skywalker —spoiler— para legárselo —el libro— a su descendencia jedi.

Flims tiene 359 páginas y más de medio centenar de críticas, agrupadas en ocho capítulos temáticos. En cada una de ellas reluce el buen humor de Hermes casi en la misma proporción que su aguda ironía, un estilo narrativo inconfundible mitad realista y mitad ficción delirante, así como un inocultable amor al cine que se conjuga con un amplio conocimiento fliméfilo de las películas y peliculastas —directores— que en perspectiva han hecho historia en la órbita del cine pop, ése que se disfruta o se sufre con un tazón de cabritas entre las manos, completos italianos y un vaso gigante con bebida refrescante.

“Cuenta la leyenda que empecé a escribir críticas después de sufrir un accidente que me dejó inmovilizado y con mucho tiempo libre para ver todas las películas del cine mundial, y la verdad es que así no más fue. Después de ver muchas películas al hilo y de no poder comentarlas con nadie por culpa del encierro, decidí escribir estas críticas maestras y subirlas a un blog, a ver qué pasaba. Y aunque muchos de mis primeros lectores salieron con que el accidente me había dejado lesión cerebral porque las críticas eran lo peor que le había pasado a la humanidad desde que Hitler decidió dedicarse a la política, yo seguí escribiéndolas igual…”

Puesto que si bien hay cameos del llamado cine de arte, el filete del libro es sobre ese rubro cinematográfico hollywoodesco que invade sí o sí la mayoría de pantallas en el orbe entero. Para bien y para mal. Sin olvidar apartados para cines de nicho, como algunas cintas chilenas —que no siempre salen bien paradas, ¿cierto, Caleuche?—, o flims de autor que trascienden las clasificaciones simplistas de la alta o baja cultura.

Al tratarse de una antología que muestra diversas etapas de escritura en las críticas de Hermes —libretista de Canal 13 en la vida real y dibujante de monos fliméfilos que durante enero y febrero de 2016 se expusieron en la Biblioteca de Santiago—, también es posible rastrear el surgimiento del autor, la inquietud por comentar lo que veía y la evolución de su estilo.

En el “Capítulo 1: El amanecer del crítico famoso” consigna: “Esta es la parte del libro que transcurre hace muchos años atrás, igual que el comienzo de 2001: Odisea en el espacio. ¿Se acuerdan que esa película partía en la prehistoria con los monos cavernícolas esos inventando el hueso? […] Bueno, para que sepan las críticas que vienen en este capítulo representan mi etapa de mono cavernícola inventando el hueso, donde el mono cavernícola soy yo y las críticas maestras son el hueso que se transforma en nave espacial, o algo así”.

Es el sitio en el que de manera algo sintética se ocupa de obras como Secreto en la montaña, King Kong, la trilogía Matrix o El Código Da Vinci. El orden de las cintas y de las críticas no es cronológico ni alfabético, sino de irrupción creativa. La personalidad, en cierta forma tímida, está aún en formación pero el germen analítico es lo que vale.

Y el autor lo sabe: “Cuenta la leyenda que empecé a escribir críticas después de sufrir un accidente que me dejó inmovilizado y con mucho tiempo libre para ver todas las películas del cine mundial, y la verdad es que así no más fue. Después de ver muchas películas al hilo y de no poder comentarlas con nadie por culpa del encierro, decidí escribir estas críticas maestras y subirlas a un blog, a ver qué pasaba. Y aunque muchos de mis primeros lectores salieron con que el accidente me había dejado lesión cerebral porque las críticas eran lo peor que le había pasado a la humanidad desde que Hitler decidió dedicarse a la política, yo seguí escribiéndolas igual […] Leyéndolas ahora me da una mezcla de vergüenza con nostalgia, como cuando uno ve las fotos antiguas del papá y el compadre parece Sandro. Pero, saben qué, no hay que renegar de los orígenes por más vergonzosos que sean”.

El “Capítulo II: Superheroísmo” se ocupa, ya con mayor oficio y una identidad definida que amplía también sus capacidades de juicio, de películas protagonizadas por esos personajes con máscara o capa o multipoderes que combaten a los bellacos que buscan el triunfo del mal en el universo: Batman inicia, Superman regresa, Iron Man, Kick Ass y The Avengers, entre ellos. El “Capítulo III: Los horrores sangrientos terroríficos de la fantasmagoría espectral”, de los más logrados del libro en tanto que engloba uno de los géneros favoritos de Hermes Antonio, incluye críticas de cintas de culto como The Texas Chainsaw Massacre y El exorcista.

El “Capítulo IV: Es mejor el libro” despacha cintas como Nunca me abandones, Crepúsculo, Soy leyenda, El padrino o El planeta de los simios, mientras que en el “Capítulo V: Más solo que un dedo” sus críticas hacen compañía a esos personajes solitarios o aislados física o emocionalmente en películas como El Gran Torino, Náufrago, Hachiko: siempre a tu lado, Wall–E o Inteligencia artificial.

Para esas alturas del libro el estilo de Hermes ya no sólo es sólido y sabio, sino que su puntería se ha afinado de tal forma que es capaz de penetrar mejor la esencia de una película, para ofrecer un análisis más profundo y lograr al mismo tiempo un deleite en el lector que prolonga la experiencia del cinéfilo.

El primer epígrafe elegido por Hermes, extraído de Cahiers du Cinéma, autoría de André Bazin, es una auténtica declaración de principios del libro y de herramienta principal y de su meta: “La función del crítico no es presentar en una bandeja de plata una verdad que no existe, sino prolongar, en el intelecto y la sensibilidad de quienes lo leen, el impacto de una obra de arte”.

El “Capítulo VI: Bang bang” recupera uno de los apartados que el autor cultiva con mayor frecuencia en su sitio de Internet Flims, bajo la etiqueta de una onomatopeya inconfundible para esas películas en las que los tiroteos son medulares en el desarrollo de la trama. Kill Bill Vol. 1 y 2 y Duro de matar 4 y 5 son ejemplo de ello.

El primer epígrafe elegido por Hermes, extraído de Cahiers du Cinéma, autoría de André Bazin, es una auténtica declaración de principios del libro y de herramienta principal y de su meta: “La función del crítico no es presentar en una bandeja de plata una verdad que no existe, sino prolongar, en el intelecto y la sensibilidad de quienes lo leen, el impacto de una obra de arte”.

De manera casi frenética el lector llega a los últimos dos capítulos, si bien es cierto que el libro puede leerse de manera aleatoria o salteada, ya que su estructura promueve y casi exige sesiones episódicas más que lineales. El libro, como el tiempo, como la vida, pasa súper rápido, a tal grado que el cinéfilo irredento apetece aún sin terminar Flims un segundo, tercer y cuarto volumen: una saga tan interminable como lo es la producción cinematográfica, su goce o tortura. Porque para entonces Hermes Antonio se ha convertido en ese amigo con el que se discute y aprende sobre las películas, sus creadores, protagonistas y las trivias más inútiles y nerds.

Flims, el libro.

Flims, el libro.

El “Capítulo VII: Los elegidos” parecería destinado a aquellos personajes cuya misión estaba escrita en las páginas del destino desde el principio de los tiempos: Noé, El planeta de los simios (R) Evolución, La red social o, de manera exclusiva, el final de la canónica serie que sigue los pasos del mediocre profesor Walter White hasta convertirse en el soberbio cocinero de metanfetamina azulada Heisenberg: Breaking Bad.

El capítulo VIII en realidad es una tríada de apéndices en los que hay lugar para las películas de Pixar, los placeres culpables y el cine chileno.

En la introducción de este último, la relación pasional y a veces ríspida propia de toda cercanía queda expuesta sin ambigüedad: “Viene septiembre y eso significa que hay que querer a Chile más que los otros meses. Para promover el amor a la patria en todas partes la gente se disfraza de huaso, se comen cosas con mosca en el patio, el tío se emborracha y la tía llora, parte uno a la playa a ver el mar tranquilo que nos baña y, lo más entretenido de todo, ve uno a los soldados desfilar con cara de estatua como si la guerra la fueran a ganar con la pura expresión. (Eso sí que sube el amor). En el colegio la profesora nos pidió un trabajo sobre lo que más nos gustaba de Chile y cuando dije que lo que más me gustaba de Chile era el Hoyts y el MacDonald’s, ella dijo que debería ir a un colegio especial. (De genios). Cuando le pregunté ‘qué’ ella dijo ‘nada’ y me dijo que por último hablara de cine chileno. Yo como soy crítico famoso me gustan los desafíos y le hice caso”.

En conjunto, Flims, el libro logra como aporte pintar un mural del cine que ha marcado a las generaciones jóvenes —digamos de los años setenta a la actualidad—. No hay cosas más viejas, excepto la sabiduría milenaria que comparte el autor a través de su mirada y voz.

Es una publicación —que puede conseguirse en librerías y tiendas de cómic chilenas o pedirse por Internet en el caso de lectores fuera del país andino— capaz de construir un entrañable parque temático en el que el lector puede recrearse con un placer intenso; el del cinéfilo que habla y encuentra referencias de lo que ama, sueña y piensa: el cine. ®

Publicado en: Cine

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