LAS REDES SOCIALES Y LA URGENCIA DE HACER CLIC

Es necesario crear una teoría crítica para las nuevas redes

Los medios sociales en línea son y serán el campo de batalla mediático, académico y social donde se debatirá el presente y se construirá el futuro. No hay tiempo para esperar a que los editores decidan la pertinencia de publicar este o aquel texto, dice el autor. El momento es ahora. No hay tiempo que perder. Hay que hacer clic urgentemente.

Cada época tiene sus propios “tiempos interesantes”. Éstos son los nuestros. Tuve mi primera computadora personal ya en edad adulta, por lo que no soy un “nativo digital” (el término es de Marc Prensky y data del 2001). Sin embargo, en cosa de diecisiete años he podido experimentar en carne propia cambios muy radicales, definidos por la forma en que usamos computadoras y otros aparatos. Recuerdo por ejemplo un artículo que escribí para una revista en 1996 sobre el “chat”, que en ese momento tenía aterradas a las buenas conciencias que veían en la práctica una interrogación peligrosa de concepciones “estables” de identidad. Las ansiedades que la interacción en línea causaba en ese momento reflejaban qué tan cosificadas estaban esas nociones imperantes. Una práctica social, comunicativa y textual, facilitada por un recurso tecnológico, ponía en crisis fundamentos heredados y asumidos casi siempre de forma acrítica. Como en el famoso cartón del New Yorker (5 de julio de 1993: 61) “En Internet”, decía un perro frente al monitor, “nadie sabe que eres un perro…”

Desde 1993 han pasado muchas cosas, pero si uno se guía por la mayoría de los artículos periodísticos que hablan de “redes sociales” la cosa no ha cambiado tanto. Debería ser una necedad subrayar que los cambios tecnológicos son causa, expresión y consecuencia de fenómenos más amplios que ellos mismos. Una visión lineal y sin complicaciones es incapaz de siquiera acercarse a las complejidades de los cambios históricos. La tecnología, en este caso las computadoras y las formas en que interactuamos con ellas, sólo puede interpretarse interconectando procesos culturales, políticos, económicos y hasta fisiológicos. Es fácil reírse de las visiones que sobre el futuro se expresaron en el pasado desde el presente; ¡qué hilaridad causa leer que hace una década había quien se asustaba por los blogs y la confusión de lo público y lo privado, lo amateur y lo “profesional”! Por eso es importante recordar que una fenomenología de la interacción humano-computadora sólo puede darse desde la conciencia de esa particular posición espacio-temporal del aquí y ahora, aunque también inspirada por el deseo de construir el porvenir.

Los dos párrafos anteriores son extensas postergaciones del tema que quiero discutir en este espacio, pero obedecen a esta preocupación por encuadrar las sutilezas de la problemática. Es febrero del año 2010 y parece que ha pasado un milenio desde que el planeta escuchó de una red social en línea llamada “Facebook”, y también distante parece ya la popularización del nombre “Twitter”. Aunque es posible que sigan siendo desconocidos por una importante sección de la población mundial, ambas “redes sociales” o “medios sociales”, como también se les llama, son para muchos el pan de todos los días, tan normal como lo fuera en su momento para otras generaciones el correo, el telégrafo, el teléfono o la televisión.

En este contexto es vital que la crítica a las tecnologías de intercambio de información actuales trascienda la tecnofobia característica de quienes se ven intimidados por la posibilidad de perder su autoridad (editores, periodistas, políticos, escritores, académicos atrapados en esquemas empolvados, que padecen una suerte de analfabetismo digital funcional de segundo grado). La crítica de los medios digitales es una disciplina específica que requiere de especialistas cuya formación no sólo sea empírica sino también teórica. Todos comemos y apreciamos la comida, pero no todos estamos calificados para la crítica gastronómica. Del mismo modo, la descripción de procesos culturales ligados específicamente al desarrollo de las tecnologías digitales requiere de especialización, y tiene que darse desde el entendido de que en el último análisis, como lo advertía Frederic Jameson, todo al final es político.

Dónde se dicen las cosas importa tanto como el qué se dice, pero los valores que adjudicamos al dónde y al qué son variables y contextuales. En su momento el establishment gritó horrorizado ante Wikipedia, pero es un hecho constatable que en años recientes se ha convertido en referencia estándar para definir criterios en exámenes de doctorado, evaluar la importancia de una publicación y tomar decisiones en los comités editoriales de revistas académicas (Anuradha y Usha,, 2006; Hendler, 2008). Los medios sociales en línea son y serán el campo de batalla mediático, académico y social donde se debatirá el presente y se construirá el futuro. Esto no es una verdad impuesta ni un slogan propagandístico; simplemente hay que asomarse a otras realidades más allá de las inmediatas. Negarles su importancia es tan ingenuo como adoptarlos sin reservas. No hay tiempo para esperar a que los editores decidan la pertinencia de publicar este o aquel texto. El momento es ahora. Antes los periódicos perdían valor al día siguiente; ahora las opiniones y las noticias pierden relevancia en cuestión de minutos. No hay tiempo que perder. Hay que hacer clic urgentemente. ®

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Publicado en: Abril 2010, Tecnología, educación y cultura

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