Libros y… ¡lejaim!

Últimas andanzas tapatías

Hubo de todo y para todos, dentro y fuera, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La difícil tarea, por ejemplo, de aprender a expresar “¡Salud!” en hebreo. “¡Lejaim!”, así me lo dijeron un grupo de jóvenes músicos de visita a la ciudad cuando chocamos las botellas por el encuentro entre México e Israel.

Ángel Ortuño y su 1331.

Ángel Ortuño y su 1331.

No podía faltar la charla con autores locales como los hermanos Ortuño. Ambos presentaron libros y con ellos platiqué en distintos momentos. Ángel, el poeta al que le gustan los letreros citadinos impresos y verbales, trajo un poemario con excelsos versos chatarra titulado 1331, y Antonio, el narrador verborreico, una novela amarga llamada La fila india.

Le pregunto a Ángel sobre el éxito literario de su hermano Antonio. Me responde con una imagen de su infancia: “En las tiendas de abarrotes solía haber un letrero que era una estampa dividida en dos estancias. En una de ellas un personaje rotundo, sonrosado, vestido con un traje de tres piezas, reloj con leontina, un anillo en cada dedo. Decía: ‘Yo vendí de contado’; en el otro cuadrante, un personaje enteco, macilento, con un traje raído. Decía: ‘Yo vendí a crédito’”.

Ángel me cuenta que en muchas ocasiones ha bromeado con su hermano Antonio al respecto. “Tú eres el primer cuadrante, yo estoy vendiendo a crédito. Yo no estoy apostando que a lo mejor en cien años alguien diga: ¡Mira los versitos de este tipo! Es una especie de broma doméstica, a mí me da muchísimo gusto el éxito que tiene”.

Camila y Antonio.

Camila y Antonio.

Antonio Ortuño sostuvo más de sesenta entrevistas en nueve días —una más, casi al final con quien escribe— y tuvo, por cierto, uno de los anuncios espectaculares más vistosos de la FIL: “Nadie escribe como Ortuño ni tiene una fiel legión de lectores como él. David Milkos”.

La novela de Antonio aborda la reacción de la sociedad mexicana con respecto a los migrantes centroamericanos a través de los ojos de la Negra, una mujer funcionaria que es enviada a una población del sureste llamado Santa Rita. Pero si bajamos un poco el libro que cómodamente sostenemos en nuestras manos y observamos alrededor, nos daremos cuenta de que un grupo numeroso de madres hondureñas, guatemaltecas, salvadoreñas, están reclamando al gobierno mexicano que encuentre a sus hijos desaparecidos en territorio nacional. Pudimos mirar una tarde, a las afueras de la Expo-Guadalajara, las fotos de decenas ellos extendidas sobre el suelo.

Entre otros autores tapatíos con los que conversé está Gerardo Lammers, autor de Historias del más allá en el México de hoy. Crónicas esotéricas, publicación de un proyecto editorial periférico creado por el periodista J.M. Servín. Este pequeño libro de papel reciclado es el primero de Producciones del Salario del Miedo y salió en noviembre del año pasado; contiene historias alucinantes que tienen lugar en diversos lugares de la Ciudad de México, Guadalajara, Durango. El tiro de la primera edición fue de mil ejemplares, que ya se agotó.

En el prólogo Doñán recuerda que “los tapatíos hoy siguen siendo fieles a su pasado y también a sí mismos: continúan siendo contradictorios de raíz; modestamente ególatras; orgullosos de su ciudad y de los logros de sus ancestros, y ello a pesar de los no pocos achaques y rezagos que la capital jalisciense ha venido acumulando en los años recientes”.

J.M. Servín le apuesta a un público selecto de lectores que busquen autores muy específicos, como los de Fernanda Melchor, Aquí no es Miami, de Leonardo Tarifeño, Extranjero siempre. Crónicas nómadas, y de José Garza, En la piel equivocada.

En el stand de la editorial jalisciense Arlequín, entre las múltiples novedades hay una escrita por el puntilloso periodista Juan José Doñán, que en realidad es una reedición de su libro de 2001 Oblatos-Colonias. Andanzas tapatías, cuyo título alude a la ruta de un camión que atraviesa las dos Guadalajaras; la populachera del oriente y la pudiente del poniente.

En el prólogo Doñán recuerda que “los tapatíos hoy siguen siendo fieles a su pasado y también a sí mismos: continúan siendo contradictorios de raíz; modestamente ególatras; orgullosos de su ciudad y de los logros de sus ancestros, y ello a pesar de los no pocos achaques y rezagos que la capital jalisciense ha venido acumulando en los años recientes”.

En la FIL también se vieron otras presencias extravagantes —¿o contradictorias?— como la del cardenal Juan Sandoval Íñiguez o la del rostro “brilloso” —no brillante— del predicador de la excelencia personal Miguel Ángel Cornejo. Estos personajes contrastan —bendita-maldita diversidad— con la presencia de escritores como el autor de La virgen de los sicarios, la ex actriz porno Sasha Grey o mi amiga Yuni Guzmán, librera que vino de Morelia para encontrarse con sus compañeros de las librerías Educal para reflexionar sobre su oficio, el cual va más allá de vender libros; sin la FIL tal vez no se hubieran reunido.

La FIL se termina con el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez a Juan Villoro —quien abrazara fraternalmente días antes al plagiario Sealtiel Alatriste en el stand de la editorial oaxaqueña Almadía—, en donde expresó que “un texto que no recibe respuesta es un territorio ganado”.

El concurrido pabellón de Israel.

El concurrido pabellón de Israel.

Internados en el espacio de la Expo-Guadalajara nos enteramos del infarto de Andrés Manuel López Obrador —ingresado en el hospital privado Médica Sur—, de la muerte de ex presidente sudafricano Nelson Mandela, de que México sí irá al Mundial en 2014, del reconocimiento al polémico Raúl Padilla López por parte de Francia, de los desaparecidos bajo tierra en La Barca, Jalisco, y de la celebración del grupo tapatío Azul Violeta por sus 25 años.

¡Lejaim! Hasta el 2014, en la FIL número 28, con Argentina como país invitado. ®

Publicado en: Diciembre 2013, FIL

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