LOS LOBOS Y ROBERTO BOLAÑO

“La poesía es más difícil”

“Creo que vengo de la poesía. No me parezco ni a César Aira ni a Rodrigo Rey Rosa ni a Villoro ni a Javier Marías ni a Vila Matas. Ninguno de ellos es autor de poesía. Yo básicamente soy poeta; empecé como poeta. Casi siempre he creído y aún lo creo que escribir prosa es de un mal gusto bestial…” Palabras de Bolaño.

La novela de Roberto Bolaño Nocturno de Chile (2000) encierra un mundo de malos presagios como tantas otras novelas cortas del universo latinoamericano. En una entrevista concedida a la periodista Melanie Jôsch el autor (1953-2003) habló del significado que esta obra tiene en el contexto de su prosa conocida y publicada en vida y anterior a 2666. En seguida se ofrece una síntesis de la charla sostenida por ambos en Barcelona, antes de su lanzamiento en Santiago de Chile, en diciembre del mismo año, último del milenio.

Para el autor de Amuleto, esta noveleta de 150 páginas es superior a Los detectives salvajes “por algo muy sencillo: la novela es un arte imperfecto, tal vez sea, en la literatura, el más imperfecto de todos, y a más páginas escritas las posibilidades de lucir tus imperfecciones son mayores”. Bolaño reconoce que su Nocturno es la metáfora de un país infernal y algo más: también es la metáfora de un país joven, de un país que no sabe muy bien si es un país o un paisaje.

Los protagonistas de Nocturno de Chile son seres siniestros: desde el narrador Urrutia Lacroix, alias Ibacache, pasando por dos personajes claves, al parecer extraídos de una trama de F. Kafka, Odem y Oido, que le financian al cura un viaje a Europa y los de la Junta Militar a quien el miembro del Opus Dei da un curso breve de marxismo, sin ignorar a Farewell, propietario y símbolo de los grandes terratenientes del Cono Sur y proveedores y sostenedores del poder instituido por el Estado. Pero no son lobos. Con excepción de los mencionados, los demás personajes son “más bien seres extraviados, en el sentido en que todos estamos extraviados. Incluso cuando hablamos de lobos, yo añadiría lobitos. Ni siquiera lobos, porque el matiz está tal vez en que el terror lo sienten mucho más los lobitos”.

En la novela no parece salvarse nadie, observa la entrevistadora, ¿por qué esa mirada a su país de origen? Bolaño niega que sea a Chile sino que es un vistazo a personajes concretos y a un momento concreto de su vida.

La segunda parte de la novela, el “quiebre” o “segunda vuelta de tuerca” de la trama, sucede a partir de la instauración del toque de queda luego del derrocamiento del presidente Salvador Allende, la muerte de Pablo Neruda, “de cáncer”, dice Farewell, y el ascenso al poder de Augusto Pinochet. Pero el clímax se iniciará con las reuniones literarias en casa de la poeta María Canales en el momento en que un aprendiz de la versificación se extravía y va a dar a la habitación donde se encuentran encerrados disidentes políticos víctimas de los militares y del marido estadounidense de la anfitriona.

En la novela no parece salvarse nadie, observa la entrevistadora, ¿por qué esa mirada a su país de origen? Bolaño niega que sea a Chile sino que es un vistazo a personajes concretos y a un momento concreto de su vida. En el cuerpo de la historia se “salvan” los campesinos del inicio de la trama, el hijo de la poeta, el cura de Burgos y su halcón “Rodrigo” —“que simboliza el mal instalado en el corazón de la Iglesia”, precisa el autor.

Sin embargo, el entrevistado acepta, finalmente, que su obra es a un tiempo un libro “oscuro y claro” sobre su país. “Creo que es una novela con mucho sentido del humor. Al menos cuando la escribía me reía como loco. Incluso en los momentos más terribles de la novela hay sentido del humor, del ridículo, entendido a la manera chilena, es decir, un ridículo espantoso. Un ejemplo quizá se encuentre cuando Farewell le dice a Ibacache: ‘No se ruborice, todos los chilenos somos sodomitas’”.

El asedio a Bolaño prosigue: ¿de dónde proviene usted generacionalmente hablando? Esto luego de que el autor ha hablado del boom y la secuela que dejase en los años ochenta sin grandes talentos: “Creo que vengo de la poesía. No me parezco ni a César Aira ni a Rodrigo Rey Rosa ni a Villoro ni a Javier Marías ni a Vila Matas. Ninguno de ellos es autor de poesía. Yo básicamente soy poeta; empecé como poeta. Casi siempre he creído y aún lo creo que escribir prosa es de un mal gusto bestial… es mucho más difícil la poesía: las escenografías que te proporciona ésta son de una pureza y una desolación muy grande. Cuando juntas pureza y desolación el escenario se agranda automáticamente hasta el infinito y lo lógico es que tú desaparezcas en ese escenario y, sin embargo, no desapareces. Te haces infinitamente pequeño pero no desapareces”. Hasta aquí. En seguida el link para los investigadores: http://sololiteratura.com/bol/bolamiscsiviviera.htm. ®

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Publicado en: Agosto 2010, Ensayo


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