Los niños incómodos, I

De pandillas, chamacos y otras chiquilladas

La infancia y adolescencia han sido un tema inagotables para el cine. Quizás por las condiciones sociales del mundo desde que se inventó el séptimo arte, muchas de estas historias están ligadas a la violencia. Aquí una reflexión dedicada a cuatro largometrajes, incluyendo al “hijo bastardo” del más reciente ganador de la Palma de Oro.

Dice el escritor sudafricano J. M. Coetzee en su libro Contra la censura. Ensayos sobre la pasión por silenciar [Debate], que “Los niños no son, por el hecho de serlo, inocentes. Todos hemos sido niños y sabemos —a menos que prefiramos olvidarlo— lo poco inocentes que éramos, qué resueltos esfuerzos de adoctrinamiento fueron necesarios para convertirnos en inocentes, cuán a menudo tratamos de escapar de la etapa de la infancia y cuán implacablemente nos llevaron de vuelta”.

Vaya esta cita del Premio Nobel de Literatura 2003 como preámbulo para comentar que el pasado 11 de mayo se inició el 32 Foro Internacional de la Cineteca, en la Ciudad de México, y continúa, de manera itinerante, por varios estados de la república y por casualidad o causalidad, si el espectador tratase de seguir una ruta crítica del compendio de filmes que, según los objetivos del Foro, hasta donde logro entender, intenta ser un espacio donde las historias tengan un toque vanguardista o de narrativas poco lineales. Al terminar de ver los dieciocho largometrajes que lo conforman veo que el tema de la infancia atraviesa varias películas, pero no es una infancia cualquiera, es una incómoda, ácida, violenta y violentada. Infancia que desacomoda las posturas adultocentristas.

Play. Juegos de hoy (Suecia-Dinamarca-Finlandia, 2011), del documentalista Ruben Östlund muestra, desde la ficción, el caso de verdaderos “niños incómodos”, entre los doce y catorce años, que en Gotemburgo, Suecia, entre 2006 y 2008, cometieron más de cuarenta asaltos mediante el truco del “pequeño hermano”, el cual consistía en que una pandilla de adolescentes amenaza a otro grupo de infantes con el argumento de que ellos le robaron el celular al hermano menor de alguno de la pandilla. Cualquiera pensaría que esto es una cosa meramente de chicos, pero no es así. Los tres niños acorralados, física y psicológicamente, después de vagar por la ciudad durante varias horas, agotados acaban cancelando cualquier forma de escapatoria. Bullying cinestelar.

Pequeñas voces (Colombia, 2010), de los colombianos Jairo Carrillo y Óscar Andrade, es otro ejemplo de cómo la mirada infantil es aquejada por la realidad adulta. Esa película, resonancia de filmes como Persépolis o Walzt with Bashir, por el trabajo de animación que comúnmente se piensa que es para niños “inocentes”, lleva en sí las más crudas y dolorosas historias del mundo de los adultos y cuando la fórmula es presentarte la vida de niños, entre ocho y trece años, con entrevistas en voz en off y animaciones basadas en dibujos que aquellos niños hicieron cuando fueron desplazados y algunos otros que formaron parte de grupos paramilitares en Colombia, las cosas cambian. La animación se pervierte para narrar el dolor de aquellos infantes mutilados. Las pequeñas voces de los escuincles resulta fundamental para entender cada una de las ilustraciones de los cuatro protagonistas de esta historia cruel y verdadera. Más cercana de lo que podemos creer al México podrido por la narcoviolencia de nuestros días.

Al terminar de ver los dieciocho largometrajes que lo conforman veo que el tema de la infancia atraviesa varias películas, pero no es una infancia cualquiera, es una incómoda, ácida, violenta y violentada. Infancia que desacomoda las posturas adultocentristas.

Mundo secreto (México, 2011), del mexicano Gabriel Mariño, es también la historia de una adolescente que en su último día de clases comienza la búsqueda de un sitio en este extenso y ancho país llamado México, en el que su mundo interno se mire reflejado. No tengo duda de que estamos frente a uno de los directores que pueden hacer un cine desde la ficción, que sea personal, inteligente, auténtico y que haga suyas las ciudades y sus resquicios, a partir de poner su ojo detrás de la cámara. Ya se había comentado en este espacio, de réplicas fílmicas, que ese largometraje es un contraste necesario, frente a las estridentes historias de lugares comunes, manchadas de generalidades, como Días de gracia o Miss Bala y el ahora recién estrenado Colosio: El asesinato, en el que anda Carlos Bolado diciendo que su “peli” es “una ficción basada en hechos reales”, vaya manera fácil de decirle al espectador Esto que ves no es lo que ves, pero qué crees, sí es lo que ves y todo lo contrario. ¿Chamaqueo Films, chiquillada electoral, política ficción? Mundo secreto es la infancia perdida de una adolescente que rasguña la juventud absoluta, pero dolorosa.

Finalmente, Michael. Crónica de una obsesión (Austria, 2011), del austriaco Markus Schleinzer, es tal vez la más terrible de todas. Ópera prima de “un hijo bastardo” del recién galardonado con la Palma de Oro en la 65 edición de Cannes, Michael Haneke, con irremediable influencia del insoslayable cine de Import/Export del otro austriaco Ulrich Saidl. Eco estrujante del caso de la joven austriaca Natacha Kampusch que fue secuestrada por Wolfgang Priklopil cuando tenía diez años de edad reteniéndola durante más de ocho años o el de Josef Fritzl, quien tuvo en cautiverio durante 24 años a su hija.

“A finales de 2008 no podías leer un periódico sin encontrar alguna nota referente al abuso infantil”, afirma el director de esta película. Michael. Crónica de una obsesión es la historia de un hombre solitario y exitoso, de 35 años de edad, que en su aparente normalidad, vida perfecta, escondía terribles y lúgubres secretos. La discreción y el respeto a un tema tan delicado como el abuso infantil es llevado a la pantalla de cine dejando lejos el rugiente espectáculo cotidiano. Zona de silencio, agua que hierve lentamente, niño que gruñe en un aparente juego dulce, tierno, inofensivo. Agrio. La infancia, qué incómoda es para los que nunca han sabido regresar una y otra vez a ella. En la televisión una conductora dice: “Más de mil niños son desaparecidos en Alemania cada año. Voluntarios y grupos de ayuda dan apoyo a los padres…” Michael, apaga la televisión. ®

Archivado en Cine, Junio 2012

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