Los paisajes de la mujer

Una charla con Rigel Herrera

Es muy respetable la idea romántica de la pintura y la inspiración y el artista que se pierde apasionadamente en el lienzo en blanco, pero si se supiera lo interesante que es la búsqueda previa, todo el trabajo que hay detrás de una fotografía…

El aroma del café turco invade el estudio de Rigel Herrera (Guadalajara, 1975). “Es el único vicio que me queda”, dice la pintora al tiempo que sirve el espeso líquido en pequeñas tazas de diseño italiano. “¡Llevo seis meses sin fumar!”, presume con alegría, como si se hubiera quitado un peso de encima. Aunque conserva felizmente otro vicio: la pintura. Trabaja un promedio de doce horas diarias hasta seis días a la semana.

—Tenías seis años sin una exposición individual, ¿han cambiado tus sensaciones respecto al oficio de pintar?

—Sí. Cada año pinto más tranquila y cada vez me interesa menos el resultado. Cada año mis estudios me llevan a sensaciones estéticas más interesantes, desde mi punto de vista. Creo que mis gustos se refinan pero he aumentado los detalles. He visto la Venere de Botticelli más de veinte veces y cada vez descubro algún detalle nuevo. Se dirá que son un cliché ciertas obras de arte, pero mi pasión por la pintura me marea por entender por qué la gente dura horas frente a estos cuadros. ¿Qué hace que una pintura sea admirada por siglos?

—Alguna vez dijiste que quisieras llegar al hiperrealismo, ¿te sientes hoy más cerca de él?

—¡No! Cada vez veo que me faltan mucho más detalles. Necesito tener más paciencia, más imparcialidad, objetividad y frialdad. Creo que le meto mucha pasión. Ahora me quedo con el término con el que me calificaron alguna vez: hipernaturalismo.

—Con frecuencia el público reacciona ante tus cuadros con admiración. ¿Qué piensas?

—¡La verdad, me emociono! Y siento que voy por buen camino. Comprendo cada día, sin menospreciar otras tendencias, que a la mayoría de los espectadores les gusta, respetan y admiran el oficio de pintar. Me da gusto saber que puedo seguir pintando “de caballete” por un par de años más.

—Aunque hay quienes critican el uso de la fotografía como punto de partida para la pintura que parece foto…

—Es muy respetable la idea romántica de la pintura y la inspiración y el artista que se pierde apasionadamente en el lienzo en blanco, pero si se supiera lo interesante que es la búsqueda previa, todo el trabajo que hay detrás de una fotografía, y si se comprendiera realmente que la mayoría de los artistas son obsesivos compulsivos, se entendería también que hay un trabajo meticuloso y gratificantemente romántico al interpretar una fotografía que ya de entrada fue apasionadamente seleccionada. Es solamente una técnica, algún día lo superaremos.

—¿Por qué sólo pintas mujeres?

“¿Por qué pintar paisajes, si existen las mujeres?” Quiero entender la sensualidad y voluptuosidad de la belleza, y la encuentro en los detalles del cuerpo femenino. ¡Me encantan las mujeres! Con mi nombre, no se sabe si soy hombre o mujer; digamos que no denota un género, así que es muy divertido cuando mi dealer le dice a la gente que soy mujer, irremediablemente preguntan: “¿Es lesbiana?” Y nunca surge la respuesta correcta, así que se los dejo a su decisión.

—No recuerdo quién dijo: “¿Por qué pintar paisajes, si existen las mujeres?” Quiero entender la sensualidad y voluptuosidad de la belleza, y la encuentro en los detalles del cuerpo femenino. ¡Me encantan las mujeres! Con mi nombre, no se sabe si soy hombre o mujer; digamos que no denota un género, así que es muy divertido cuando mi dealer le dice a la gente que soy mujer, irremediablemente preguntan: “¿Es lesbiana?” Y nunca surge la respuesta correcta, así que se los dejo a su decisión. Finalmente hoy en día el bombardeo publicitario es completamente erótico-femenino.

—¿Cuál ha sido tu mayor fuente de inspiración como pintora?

—Las grandes obras de la pintura del Renacimiento

—¿Por qué te gusta tanto el Renacimiento?

—Por su búsqueda de la belleza. Por la comprensión del cuerpo. Por la naturalidad del romanticismo idealizado.

—¿Y las épocas posteriores? ¿Las más actuales?

—Soy fan de al menos una cosa de cada periodo en la historia del arte. En la escultura, por ejemplo, sólo se han dado tres grandes saltos, desde mi punto de vista: Miguelángel, Rodin y Ron Mueck. Cada uno con su antecesor y sucesor de gran calidad, pero a mí me interesan los puntos más altos. La búsqueda de la comprensión del alma en los ojos vacíos de Modigliani. La burla total al comercio del arte con Damien Hirst, y muchos otros ejemplos. Pero, definitivamente, con respecto a la técnica, al pintar me quedo con el Renacimiento.

—De un tiempo a la fecha trabajas sobre hoja de oro, como se hacía en el 1200. ¿Ves en el arte del pasado una solución pictórica?

—Veo una solución estética y pictórica, sí. Y no sólo en la utilización de la hoja de oro, si no en la composición áurea y en la cantidad de veladuras de colores.

—¿Podrías explicar eso de la composición áurea?

—La sección áurea o proporción divina no es tan complicado como parece. En el arte es, en resumen, el estudio de la belleza a través de la naturaleza. Existe una proporción numérica y una serie de números llamados de Fibonacci, pero todo se centra en un mismo punto: acercarse a Dios. En el Medioevo, la hoja de oro servía para representar lo divino y bajar a lo terrenal el paraíso. Últimamente he intentado a utilizar estos elementos y aplicarlos a mi pintura. Desde la composición hasta la aplicación técnica.

—La hoja de oro la utilizó Gustav Klimt siglos después…

—Sí, y a la fecha muy pocos artistas la han aprovechado. Investigando me he dado cuenta que por desgracia es considerada y utilizada más como artesanía. Klimt supo aprovechar su carácter casi divino y sumergió a sus mujeres en un mundo irreal divino y contrariamente banal.

—Estudiaste arquitectura dos años. ¿Te queda algo, o fue una pérdida de tiempo?

—Cada vez que dibujo el fondo arquitectónico de un cuadro es una pesadilla. Como en el cuadro Devotion, de la Ópera de Praga. Tardé tres días en sacar la perspectiva y los detalles. Cuando los pinto recuerdo lo bonito que fue haberme salido de la Facultad de Arquitectura y tomar la decisión de entrar a La Esmeralda.

—¿Qué te interesa del arte mexicano?

—Adoro el arte novohispano. ¿Cómo lograron los artistas mexicanos apropiarse de tal manera de un arte bello y superarlo? Hicieron un manejo precioso y particular del dolor y el color, del dorado y del verdaccio, y del concepto de la manipulación y el dramatismo. Admiro la obra de Víctor Rodríguez. Fabián Ugalde es tan divertido como contundente. Las obras de Mónica Castillo y Daniel Lezama me parecen un balance perfecto del concepto y la alegoría en la pintura.

—¿Y tus artistas favoritos entre todos los del mundo?

—Tengo que mencionar primero a Sandro Botticelli, y mi mezcla favorita: Leonardo da Vinci, Damien Hirst, Amadeo Modigliani, Francis Bacon, Gustav Klimt, Chuck Close, Michaelangelo Buonarroti y Ron Mueck. Cada vez se agregan a la lista pintores hiperrealistas como Alyssa Monks. Me impresiona Alberto Durero y Giotto. Y de igual manera me deja perpleja una pieza de Duccio como una de Jackson Pollock. En resumen, me gusta la pintura, no tengo remedio. ®

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Publicado en: Marzo 2013, Plástica


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