Los paranoicos tenían razón

Art Spiegelman, la sombra de las torres y Maus

Spiegelman vivía a pocas cuadras del lugar donde se erigían las torres gemelas del World Trade Center. Él y su esposa Françoise, editora artística del New Yorker Magazine, caminaban por la zona aquel día del atentado y vieron en vivo y en directo el enorme agujero que el impacto del primer avión dejó en la torre norte.

Art Spiegelman

“Crecí oyendo decir a mis padres, sobrevivientes del Holocausto, que el mundo es un lugar increíblemente peligroso y que, por ello, siempre hay que estar preparado para escapar”, declaró Art Spiegelman en una entrevista publicada por el diario Forward. Sin la sombra de las torres es el cómic que Spiegelman produjo hace una década como respuesta al atentado del 11 de septiembre de 2001. Inicialmente se trató de apariciones únicamente mensuales, que comenzaron en el periódico estadounidense Forward, en el diario alemán Die Zeit y en el London Review of Books de Gran Bretaña. En 2004 todas las entregas fueron reunidas y publicadas como In the Shadow of No Towers por Random House Pantheon Books. Por su parte, Norma hizo una edición impecable en español, libro cartoné, con cuarenta bellísimas páginas en color titulado: Sin la sombra de las torres.

Un mundo peligroso

La obra de este hombre, más conocido como el autor de Maus, la novela “gráfica” acerca de sus padres, la cacería y el exterminio de los judíos en manos de los nazis, fue considerada una joya de la literatura-cómic y sus dos tomos (Maus y Maus II) le valieron a Spiegelman el premio Pulitzer en 1992.

“En ese sentido los paranoicos tenían razón”,afirma Spiegelman a la hora de referirse a la olla a presión en que se ha convertido el mundo actual.

En Maus I (Una historia de sobrevivientes, 1986) y en Maus II (Desde Mauschwitz hasta Catskills, 1991) Spiegelman realiza un trabajo de animalización de los personajes muy interesante: dibuja a los judíos como ratones, a los polacos como cerdos y a los nazis como gatos. Esta presentación alegórica le otorga el distanciamiento necesario para desplegar una narración cruda, sin sentimentalismos ni moralinas.

Antecedentes

Art Spiegelman nació en 1948 en Estocolmo, donde se habían establecido sus padres, Vladek y Anja, tras haber pasado por los campos de concentración nazis. Posteriormente, en 1951, se trasladaron a Nueva York. En la década de 1960 combinó trabajos como la realización de la serie de cartas Garbage Pails Kids para la Topps Chewing Gum Co. con la creación de historietas underground, en muchos casos de corte autobiográfico.

En 1977 se casó con Françoise Mouly y al año siguiente ambos crearon la revista Raw, sinónimo desde entonces de vanguardia en el mundo del cómic. Bajo esa cabecera tuvieron cabida historietas de autores estadounidenses artísticamente inquietos, así como el trabajo de diversos autores europeos desconocidos en el nuevo continente. También fue dentro de la revista Raw donde comenzó la serialización de Maus y su posterior salto a la fama.

Sin la sombra de las torres

El dibujante y escritor vivía a pocas cuadras del lugar donde se erigían las torres gemelas del World Trade Center. Él y su esposa Françoise, editora artística del New Yorker Magazine, caminaban por la zona aquel día del atentado y vieron en vivo y en directo el enorme agujero que el impacto del primer avión dejó en la torre norte.

Aquel episodio lo marcó de un modo semejante al que la historia de sus padres lo había hecho y la necesidad de expresar ese desasosiego lo embarcó nuevamente en un proyecto gráfico que se convirtió en el cómic In the Shadows of No Towers.

El tamaño importa

Tal vez el elemento más llamativo de esta creación de Spiegelman es el tamaño: el cómic abarcaba una página completa de periódico. Así solían publicarse los dibujos a comienzos del siglo pasado, en tamaño tabloide. Pero la decisión artística/estética del autor se relacionó directamente con el target del desastre y un sentido de escala emocional. Las torres eran muy grandes”, dijo Spiegelman con sutileza, “por ello necesité tanto espacio”. En realidad lo que necesitaba era un espacio/tiempo para digerir el acontecimiento.

El artista piensa que el cómic es uno de los medios más efectivos para expresar las emociones especialmente involucradas en sucesos dolorosos. Al igual que lo hizo con Maus, que también fue serializada en cientos de páginas de periódicos, el mismo protagonista re-aparece en los dibujos de las no-torres. Es el alter ego del autor quien resulta expuesto a la hora de transitar los caminos de la oscuridad. Spiegelman explica esta suerte de transposición con las siguientes palabras: “Fue una manera de representar(me) en un tiempo en el que difícilmente podía ver(me) y reconocer(me) en el espejo”.

La serie de las torres tuvo, además del tamaño, algunas otras características peculiares; por ejemplo, su presentación en mosaico o montaje de imágenes. Estas misceláneas estaban montadas de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo o viceversa, podían aparecer rodeadas por círculos o cruzadas por diagonales que a su vez sub-dividían el espacio mayor en varias parcelas y otras veces se trataba literalmente de estallidos de imágenes.

El dibujante/narrador explicaba el suceso de los cómics aduciendo que funcionan del mismo modo en que lo hace el cerebro humano: La gente piensa en imágenes iconográficas, no en hologramas… la gente piensa en remolinos de palabras, no en párrafos”.

La idea conceptual que vertebró esta arquitectura visual para encarnarse en el papel no fue otra que la variedad de ángulos. Ver al 11 de septiembre y su consecuencias desde todos los puntos de vista posibles.

Una puesta en papel de este tipo no resultó nada fácil de producir. La densidad de los dibujos era intencional y esa aparente compactación —que representa muy bien la inmediatez— requirió un posterior trabajo mental de “unpack” que continuaba durante un tiempo en las cabezas de los lectores.

El dibujante/narrador explicaba el suceso de los cómics aduciendo que funcionan del mismo modo en que lo hace el cerebro humano: La gente piensa en imágenes iconográficas, no en hologramas… la gente piensa en remolinos de palabras, no en párrafos”.

La vida después del 11 de septiembre

Se podría decir que después del 11 de septiembre de 2001 la vida artística/laboral de Spiegelman dio un giro sustancial. Hacía unos años que había abandonado la creación de cómics porque le demandaban un arduo trabajo que ya no quería realizar y se había volcado de lleno a las famosas ilustraciones de tapa del New Yorker Magazine.

Precisamente uno de los trabajos que más recuerda la gente para este medio fue un paisaje de las torres desaparecidas, dibujadas en negro sobre negro, dos sombras en la oscuridad, una imagen fantasmal en su familiaridad sombría (Ground zero). Posteriormente Spiegelman renunció a su cargo invocando incompatibilidad de criterios con la línea editorial de la revista.

Luego del atentado Spiegelman decidió, según sus propias palabras, “volver a usar los dos hemisferios cerebrales en la producción de un cómic que tratara sobre el desastre de las torres y sus implicaciones”, pues no hacerlo le habría parecido cobarde de su parte. Así fue como aplicó toda su potencia creativa a la re-animación de su antihéroe (alter ego) el ratón —protagonista de Maus— para hacerlo trabajar en In the Shadow of No Towers.

¿Quién es Maus? … la máscara

En una reseña a la edición completa de Maus, publicada por Planeta en 2001, Pedro Jorge Romero desgrana sintéticamente las particularidades del premiado texto.

La obra está estructurada en dos planos. En uno el hijo nos relata la compleja relación que mantiene con su padre, superviviente de los campos nazis, mientras recoge notas para la realización de un cómic que contará las vivencias de aquél en la guerra. En la otra, asistimos a la historia en sí, la de una joven pareja de recién casados inmersa en el tumulto nazi.

El autor entreteje continuamente las líneas del relato, haciendo que las viñetas de una narración interrumpan el flujo de la otra, como corresponde a lo que en el fondo es un relato oral. Este recurso y dibujar a los judíos con cabezas de ratón y a los nazis con cabezas de gato ayudan al autor a conservar el distanciamiento ante lo que cuenta, y su profesionalidad como creador de cómics. Así, Art Spiegelman no tiene que juzgar los hechos, sólo darles cuerpo en imágenes y contarlos lo mejor posible.

La disposición de las viñetas en la parte rememorada (época que el autor no conoció, por lo que se encuentra emocionalmente seguro en ella) usa todos los elementos que el cómic permite para reconstruir la atmósfera emocional de la época o el estado anímico de los personajes (viñetas sin recuadrar, viñetas de formas extrañas, viñetas dentro de viñetas, etc.), conservando siempre el equilibrio maestro entre el distanciamiento y la emoción (como deja ver la escena en la que un nazi golpea a un niño contra la pared).

En contraste, los sucesos contemporáneos muestran una aparente pobreza visual, que esconde realmente emociones reprimidas en pequeñas viñetas clásicas y ordenadas, dentro de las cuales el autor lucha con calmada desesperación por comprender a su padre. Queda patente el contraste entre las pequeñas tragedias cotidianas, los malentendidos inevitables entre un padre y un hijo que viven realidades radicalmente diferentes y la gran tragedia del pasado que todavía pesa sobre la conciencia de todos los personajes.

En ese punto, el genial recurso del autor le hace dibujarse como un ser humano que lleva una máscara de ratón, simple detalle que hace más por poner de manifiesto los sentimientos encontrados del autor que largas páginas de explicaciones. Sin duda, la de Spiegelman es una obra mayor que siempre vale la pena visitar.

Un ejemplo: en una misma página el padre recrimina a su hijo por dejar caer al suelo las cenizas de su cigarrillo, mientras simultáneamente le vemos ser víctima del sadismo nazi. En otra, Vladek cuenta píldoras obsesivamente mientras habla de la implicación de su primera esposa (la madre de Art Spiegelman) en conspiraciones comunistas. En un momento dado, el autor interrumpe una conversación para ir en busca de lápiz y papel con los que transcribirla fielmente, a fin de incluirla en el libro.

Art Spiegelman sólo se permite expresar abiertamente sus emociones en el cómic: Prisioneros en el planeta infierno. Un caso clínico, dibujado por Art Spiegelman para relatar los sucesos posteriores al suicidio de su madre, incluido en Maus y leído y comentado por los personajes (en un juego que haría las delicias de Borges). En el fondo hay dos Art Spiegelman distintos: el dibujante profesional de cómics que conoce su oficio, y el hijo que sufre, llora y duerme junto a su padre en el suelo la noche del suicidio.

Ese contraste entre las dos encarnaciones del artista queda rápidamente patente en la segunda parte de la obra, en la que Art Spiegelman es, además de hijo y cronista, el autor de un famoso cómic llamado Maus que relataba las vivencias de su padre. ¿Era eso lo que quería? ¿Qué significa haber obtenido el éxito relatando una tragedia prácticamente incomprensible?

En ese punto, el genial recurso del autor le hace dibujarse como un ser humano que lleva una máscara de ratón, simple detalle que hace más por poner de manifiesto los sentimientos encontrados del autor que largas páginas de explicaciones. Sin duda, la de Spiegelman es una obra mayor que siempre vale la pena visitar. ®

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Publicado en: Existenz, Octubre 2012

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