Los retos de la neurociencia

86 mil millones de neuronas

Dice Xurxo Mariño: “La religión no sólo es un impedimento para la ciencia, sino para la salud mental de cualquier persona”. De su actividad cotidiana, la neurociencia, explica, “estamos intentando averiguar cómo emerge la conciencia a partir de la actividad eléctrica y metabólica de nuestros 86 mil millones de neuronas”.

Xurxo Mariño

Xurxo Mariño (Lugo, 1969) es uno de los más activos divulgadores científicos que tenemos en Galicia: se pasea por medio mundo explicando, a quien quiera atender, los entresijos de nuestro encéfalo, las particularidades de la neurociencia. Doctor en Ciencias Biológicas y con máster en Neurociencia, estuvo colaborando en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) y publica trabajos de investigación en revistas especializadas y de divulgación científica, además de pertenecer a varias sociedades científicas españolas e internacionales.

En España fue pionero en la promoción de cafés científicos, una forma de llevar las materias que imparte en la universidad hasta la gente que no suele pisarla. Con otro científico y la ayuda de un actor, además de la complicidad del bar o la cafetería donde se desarrolla la charla, consigue que los de a pie entendamos un poco mejor cómo funciona nuestro cerebro mientras nos tomamos una cerveza o un café con leche. Hablamos aquí con él sobre la divulgación científica y los retos de la neurociencia.

—En este mismo número de Replicante hay una entrevista con Javier Sierra, el llamado “Dan Brown” español, donde pone en cuestión la ciencia acusándola de un vicio que se suele achacar a las religions: “La ciencia a veces también es dogmática: mira ahora lo de los neutrinos, que está poniendo en jaque la velocidad de la luz. Todo el revuelo que se ha levantado se debe al dogmatismo sobre ciertos asuntos, en este caso del lado de la ciencia”. ¿Cree que la ciencia puede caer en el dogmatismo?

—La ciencia, desde luego, no, pero los científicos sí que caen en el dogmatismo. En ciencia las ideas fijas no existen; cualquier teoría o corpus de conocimiento científico está continuamente sometido al escrutinio, a posibles modificaciones y, si aparecen evidencias en contra, al rechazo. Pero lo que ocurre es que hay una cantidad nada desdeñable de científicos que hacen ciencia sin apoyarse en un marco filosófico y epistemológico coherente, de manera que terminan cayendo en una cosa que se llama cientifismo, que conduce fácilmente al dogmatismo científico.

—El mismo Javier Sierra es conocido por su faceta como “periodista del misterio” y sus programas y revistas junto a Iker Jiménez y otros ufólogos son seguidos por muchísima gente en todo el mundo. ¿Cuál es la razón por la que los humanos hacemos más caso a los charlatanes y magos que a los científicos?

—La búsqueda rápida y fácil de una explicación, venga de donde venta. Una de las tareas de la divulgación del conocimiento científico es precisamente ayudar a la gente a diferenciar entre lo que es ciencia y la simple charlatanería. Desgraciadamente hay una cantidad enorme de personas que creen en cualquier superchería simplemente porque nadie les ha enseñado la diferencia entre un conocimiento racional sólido y rígido y todo lo demás.

En ciencia las ideas fijas no existen; cualquier teoría o corpus de conocimiento científico está continuamente sometido al escrutinio, a posibles modificaciones y, si aparecen evidencias en contra, al rechazo. Pero lo que ocurre es que hay una cantidad nada desdeñable de científicos que hacen ciencia sin apoyarse en un marco filosófico y epistemológico coherente, de manera que terminan cayendo en una cosa que se llama cientifismo, que conduce fácilmente al dogmatismo científico.

—Usted se dedica a divulgar su especialidad, la neurociencia, de un modo bastante curioso, ¿cómo se le ocurrió?

—A lo largo del año doy muchas conferencias en centros de enseñanza y otros foros pero, a pesar de elaborar charlas atractivas y en cierta medida divertidas, la gente que acude a estos eventos suele ser poca. Por eso decidimos ir directamente a donde está la gente, los bares. Con esta idea llevamos varios años haciendo una actividad de divulgación que se llama café-teatro-científico, en donde varios científicos y un actor charlamos de ciencia durante hora y media con el público de algún bar. El papel del actor es animar la cosa y darle también un toque de humor. A raíz de la colaboración con el mundo del teatro, se me ocurrió también realizar, junto al actor Vicente de Souza, una especie de charlas-teatralizadas que llamamos “discurshows”. Resultan mucho más divertidas y entretenidas que una charla normal y han tenido mucho éxito.

—En España, en estos momentos, el divulgador científico más mediático es alguien que apenas tiene que ver con la ciencia, el político y anunciante de pan de molde Eduard Punset. ¿Necesitan los científicos acercarse al mundo del espectáculo mediático o el acercamiento debe ser al contrario?

—No creo que exista ningún modelo de divulgador. Cualquier persona con ganas y capacidad sirve, siempre que tenga un conocimiento sólido y de cierta profundidad de la ciencia. El mundo del espectáculo puede ser una buena herramienta, como hemos comprobado nosotros con el “discurshow”. La manera de acercarse a la gente dependerá de cada divulgador: algunos preferirán escribir libros y otros hacer teatro, las dos opciones son perfectamente válidas y complementarias.

—También eres profesor en la Universidad de La Coruña: ¿están mejor formados los jóvenes —siempre se nos vende que son la generación más preparada— ahora que estás en tu etapa de profesor universitario?

—Es probable que salgan más especializados, mejor formados en alguna disciplina concreta; lo cual repercute en sus conocimientos de cultura general, que creo que son notablemente inferiores a no ser que se haga un esfuerzo personal e independiente de los estudios oficiales (aunque, en cierta medida, esto siempre ha sido así: la enseñanza oficial es una de las mejores maneras de estropear la imaginación y el acceso libre al conocimiento… pero bueno, esto es otro tema, más complejo).

Xurxo Mariño en una charla TEDX en Galicia © Marcus Fernández

—Neurociencia: en el MIT se dedicó usted a estudiar neuronas de gatos luego de recibir estímulos visuales. ¿Cuál era el objetivo?

—El objetivo era conocer la organización funcional de unos circuitos muy concretos de la corteza visual primaria, unos circuitos encargados de determinar la orientación de las cosas (es decir, los bordes de los objetos). Estudiamos con bastante detalle las propiedades biofísicas de las neuronas implicadas en ese procesamiento.

—Usted también ha investigado sobre lengua y encéfalo, sobre si la lengua nos condiciona la forma de pensar: ¿podría resumirme el resultado?

—No he realizado investigación en ese campo, pero sí que me interesa y he escrito algún trabajo a partir de las investigaciones de otros. La conclusión más interesante es que la lengua determina de una manera apreciable la formación de la mente, de tal manera que personas que hablen lenguas distintas también tendrán capacidades y habilidades cognitivas distintas. Otra conclusión de estas investigaciones es que las personas bi- o plurilingües tienen unas capacidades cognitivas distintas de las personas que hablan únicamente una lengua: hablar más de una lengua puede incrementar la masa encefálica en algunas regiones, mejorar la velocidad de reacción en algunas tareas, etcétera.

—Al hilo de lo anterior: ¿se puede hacer ciencia y divulgarla en cualquier lengua, o hay unas más preparadas —por vocabulario o formación de las palabras u otros factores— que otras?

—Se puede hacer en cualquier lengua, no tengo ninguna duda. La ciencia es más una actitud que un conjunto de técnicas, una actitud de escepticismo y curiosidad para tratar de entender el mundo en que vivimos. Cualquier persona puede hacer ciencia, no sólo en cualquier lengua, sino que con cualquier tipo de formación, no hace falta tener un título para hacerse preguntas interesantes sobre la naturaleza.

—¿Cuáles son los retos más interesantes en la neurociencia ahora y a largo plazo?

—A largo plazo: conocer cómo emerge la conciencia a partir de la actividad eléctrica y metabólica de 86 mil millones de neuronas. A corto plazo hay infinidad de retos, pero los más importantes son aquellos que puedan incrementar el conocimiento que tenemos sobre las enfermedades neurodegenerativas (Parkinson, Alzheimer, esclerosis múltiple, etc.) y psiquiátricas, ya que mejorarían la calidad de vida de muchísima gente.

A corto plazo hay infinidad de retos, pero los más importantes son aquellos que puedan incrementar el conocimiento que tenemos sobre las enfermedades neurodegenerativas (Parkinson, Alzheimer, esclerosis múltiple, etc.) y psiquiátricas, ya que mejorarían la calidad de vida de muchísima gente.

—Hace apenas un mes se ha muerto Christopher Hitchens, el autor de, entre otros libros, Dios no es bueno. ¿Comparte su tesis de que la religión, cualquier religión, es un lastre e incluso un impedimento para la ciencia?

—Completamente. No sólo un impedimento para la ciencia, sino para la salud mental de cualquier persona. Las religiones son una invención de la débil mente humana que pudieron tener su utilidad hace muchos años, cuando todavía estábamos dando palos de ciego, pero hoy en día son una fábrica de odio y de basura mental que no conducen más que a la ignorancia y a la vaguedad espiritual. Se puede —y se debe— tener una moral y unos principios éticos nobles y humanísticos sin tener que recurrir a esa colección de estupideces.

—¿Qué opinión le merecen las revistas de divulgación científica para lectores normales, tipo Muy Interesante? Y las publicaciones científicas donde escriben usted y sus colegas: ¿cree que sería posible hacerlas menos áridas o no interesa que los lectores curiosos pero legos en ciencia nos acerquemos a ellas?

—Los dos tipos de revistas son necesarios. Tienen funciones distintas. No tiene sentido hacer menos áridas las revistas científicas especializadas: son útiles así. Si se quiere una revista menos árida, se hace, pero con unos objetivos distintos. Yo, por cierto, escribo en los dos tipos de revistas.

—Finalmente, ¿qué papel está desempeñando la Red en la divulgación de la ciencia? ¿Cómo podemos distinguir webs de charlatanes con remedios milagrosos de las webs con fundamento científico?

—La web es un método estupendo para divulgar cualquier cosa, tanto ciencia como pseudociencia. Y, de nuevo, distinguirlas puede no ser fácil. Lo mejor es leer, leer mucho: la estructura lógica del conocimiento científico es tan sólida y poderosa que termina aplastando por su propio peso cualquier charlatanería. Pero para ello todos tenemos que poner algo de nuestra parte: prueben con comenzar a leer un poco más. ®

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Publicado en: Destacados, Enero 2012, La ciencia del futuro

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