Los viajes de Eugenio Partida

“La nota es el libro, no la presentación”

A Eugenio no le gusta del todo la Feria Internacional del Libro, tampoco las presentaciones de libros; si lo invitan a firmar sus novelas prefiere irse de viaje. Es como un forastero de su propia tierra. “El libro es la nota, no la presentación”, dice mientras da un trago a su cerveza.

Eugenio Partida en La Fuente. Foto © J.A. Monterrosas.

Eugenio Partida en La Fuente. Foto © J.A. Monterrosas.

Estaba dispuesto a conocer a José Mujica, el presidente de Uruguay, que se encuentra en Guadalajara para la entrega del galardón Corazón de León por parte de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), organización que representa a los más de 240 mil estudiantes de la Universidad de Guadalajara —según un comunicado—, pero me metí a la cantina La Fuente, en el centro de Guadalajara, y se me pasó.

La verdad es que ahí me esperaba el escritor Eugenio Partida, quien vive en esta ciudad desde hace quince años —Eugenio nació en Ahualulco, en 1964— para conversar sobre su libro Viaje (el sexto libro de crónicas de la editorial El Salario del Miedo).

A Eugenio no le gusta del todo la Feria Internacional del Libro, tampoco las presentaciones de libros; si lo invitan a firmar sus novelas prefiere irse de viaje. Es como un forastero de su propia tierra. “El libro es la nota, no la presentación”, dice mientras da un trago a su cerveza. Explica que muchos periodistas hacen la nota sobre la presentación, pero no leen el libro, y por eso no le gustan esas ceremonias. Dice que J.M. Servín, editor de El Salario del Miedo —y quien detesta el término “editorial independiente”—, se encargó de todo.

Mientras llega un plato de unicel con charales de Chapala le digo que pareciera que esta edición de la FIL la ausencia de Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y de Mario Vargas Llosa pesó en la notoria reducción de la asistencia en algunos eventos literarios. Eugenio coincide pero dice que no hay que preocuparse demasiado pues “ese pinche viejito de José Mujica, que no me cae mal, está sustituyendo”, por ejemplo, “a Saramago”.

Para Eugenio, Carlos Fuentes fue el Arturo Córdova de la literatura y Juan Villoro, sucesor de todo ese grupo de escritores, un hombre inteligente pero que no tiene un solo personaje recordable en sus novelas, y me pregunta: “A ver, cómo se llama el personaje principal de El testigo”.

El también escultor, oficio que aprendió de su padre, cree que a Mujica lo van a exprimir como lo hicieron con José Saramago, a quien todo mundo utilizó. Hasta su esposa, le digo, y ríe: “Bueno, de la esposa no te salvas”.

Para Eugenio, Carlos Fuentes fue el Arturo Córdova de la literatura y Juan Villoro, sucesor de todo ese grupo de escritores, un hombre inteligente pero que no tiene un solo personaje recordable en sus novelas y me pregunta: “A ver, cómo se llama el personaje principal de El testigo”.

Vienen otro par de cervezas y se nos va olvidando Mujica, Fuentes y Villoro. Eugenio Partida estudió hasta la secundaria y cuenta que en su casa había muchos libros, y que sabía mucho más que sus propios maestros. Me obsequia dos de sus libros: La ballesta de dios y El lobo y otros cuentos.

Le pregunto por la beca que le permitió irse a vivir a Cuba durante un año. En la introducción Viajes, Eugenio narra que para cumplir con el programa de la beca, al no haber entregado nada de lo que había prometido como proyecto y llegada ya la fecha del segundo informe, “escribí apresuradamente la crónica que aparece en este libro”. Enfrascado en el descubrimiento de La Habana, viajes a la playa, pasar tiempo en pueblos pequeños y bucear, la historia tiene elementos del llamado periodismo gonzo, parecidos a la anécdota que cuenta Hunter S. Thompson cuando al ser enviado a cubrir el derby de Kentucky y dado que se la había pasado bebiendo, “redactó una apresurada crónica sólo para cumplir, seguro de que la rechazarán, pero que fue muy celebrada por su editor como una pieza magistral, y que le gustó mucho al público”.

Entre otras cosas más que me dijo Eugenio está una frase que podría enmarcar y colgar en la sala de mi casa: “Si uno viaja una semana a un lugar está listo para escribir un libro, si uno se queda un mes ya no estará tan seguro, y si uno se queda un año jamás lo escribirá porque se dará cuenta de que no sabe nada del lugar”. ®

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Publicado en: FIL, Noviembre 2014


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