Más sobre la crítica del arte contemporáneo

El MUAC y Gabriel Orozco en el Palacio

A propósito de la discusión en torno a la crítica en esta edición de Replicante sobre un texto de Gabriel Orozco —publicado en la revista La Tempestad— decidimos reproducir dos artículos del pintor y crítico Flores Richaud que complementan sus argumentos en torno al pensamiento de ese artista conceptual.

I. El Museo Universitario de Arte Contemporáneo

© Gabriel Orozco

Inaugurado el 26 de noviembre de 2008, el flamante y níveo MUAC está ubicado en el Centro Cultural de la UNAM, en la Ciudad de México. Con radiantes y amplios espacios iluminados, un gran ventanal inclinado a 45 grados de 12 x 70 metros que se refleja en un espejo de agua; mediateca, auditorio, tienda, librería, cafetería, corredores, patios interiores, salas de estar, desniveles, terrazas y múltiples vistas del pedregal, es un Espacio Experimental de Construcción de Sentido (EECS) (¡?). Guías lozanos y entusiastas, vigilantes atentos, empleados relucientes de amables. Mucho público joven y anhelante de harto arte. Así, pues, todos andamos de estreno. Los docentes y los estudiantes, los chilangos y los pumas, las autoridades mayores, los curadores, los artistas, los mercaderes y los espectadores estamos de albricias por el boyante Museo Universitario de Arte Contemporáneo, incluido un suntuoso catálogo del despilfarro por una deslucida ¿colección? de arte (?).

Recursos incontrolables y otros desplazamientos; El reino del Coloso. El lugar del asedio en la época de la imagen; Cantos cívicos; Las líneas de la mano. Éstos son los no menos fastuosos y enigmáticos títulos de las exposiciones inaugurales. En las que era inevitable la presencia de Gabriel Orozco, de sus seguidores y epígonos; de Francis Alÿs, Teresa Margolles, Sierra y otros predecibles etcéteras. No era menos predecible la presencia de Miguel Ventura con una desmesurada, enloquecida y desventurada ¿instalación? También cabía la ilusión de admirar como arte un camposanto (?) de balones de futbol desinflados, así como de cobertores de encobijados descabezados. Versiones, todas, ya muy rehechas de infaltables ready-mades. Rebeldías avejentadas. Cenizas de difuntos. Laberintos de ansiedad. Fieltros, bordados, pinturas, dibujos, fotografías, plástico, vinil, videos, ocurrencias, cositas, espejitos y muchas, pero muchas explicaciones: “Se trata de una propuesta museológica que intenta poner tierra de por medio a la concepción grandilocuente, monolítica, didáctica, del modelo modernista de museo; una propuesta que, por llamarle de alguna manera, sería un posmuseo”. “La conceptuación del museo ha sido holística”, explica Graciela de la Torre, directora de Artes Visuales de la UNAM. ¿Conceptuación? ¿Holística? ¿Posmuseo? Pues más bien creo que logra lo contrario de lo que se propone. “[El espacio] pretende dejar atrás el modelo de museo destinado simplemente a mostrar sus tesoros”. ¿Será acaso porque no los tiene?

Pinturas que en otros tiempos fueron de Ruptura se encuentran perdidas entre tantos vanguardismos. Neomexicanismos se diluyen con exotismos-posmos. Vanguardias extraviadas entre transvanguardias, que, a su vez, se disipan en la noche de los tiempos de todas las retaguardias. Tecnologías, video instalaciones, instalaciones sonoras y lucecitas para encandilar al incauto. Salones amplios e iluminados que exponen aburrimiento. Áreas relumbrantes se desperdician por lo que exhiben. Hay, por el contrario, muy agradables pasillos y corredores desnudos, con gratas vistas del interior o exterior del museo.

Lo mejor: la luz y el espacio del flamante museo. Lo peor: El vacío con el que lo atiborraron.

Neomexicanismos se diluyen con exotismos-posmos. Vanguardias extraviadas entre transvanguardias, que, a su vez, se disipan en la noche de los tiempos de todas las retaguardias. Tecnologías, video instalaciones, instalaciones sonoras y lucecitas para encandilar al incauto. Salones amplios e iluminados que exponen aburrimiento.

Este nuevo museo universitario, en vez de actuar con criterios propios, originales y, suponíamos, universales por pertenecer a la Universidad Nacional Autónoma de México, considerada entre las mejores de habla hispana. En cambio también sirve de escaparate, al igual que casi el resto de museos, galerías y colecciones de arte de la Ciudad de México, a lo que he denominado el “maíz-tream” (por mainstream) de la puntada y la ocurrencia. Pero es un muy mal síntoma para la cultura postulada “autónoma” y “universitaria”, para la crítica y la cultura del país y para el arte en general que en este nuevo, importante, iluminado, “independiente” y espacioso foro sus directivos, autoridades, curadores, coleccionistas y museógrafos no quieran o no puedan percibir y difundir otro arte más diverso, menos pretencioso que no ilustre el consabido chascarrillo conceptuoso o la predecible trasgresión trasnochada ampliamente difundida en muchos otros espacios de nuestra patria y allende sus fronteras.

Pero uno —artista metido a contemplador, espectador forzado a ser crítico—, también juega con la ilusión o con un mínimo reducto de esperanza para que este flamante museo mejore algún día sus colecciones y exhibiciones. Uno nomás fantasea con que lo que está en la arbitraria sombra vea algún día la luz. Y lo que permanece, encandilado, en el conveniente escenario, regrese mejor a las tinieblas o al olvido que le correspondan. Y, por último, uno observa que el ensueño de las vanguardias, las ironías de la provocación, las rebeldías de ingenios pasados se han vuelto no sólo una aburrida y triste realidad, sino una amarga y muy dilatada pesadilla.

[Publicado originalmente en Replicante no. 18, “La fiesta!”, primavera de 2009.]

II. El ego de Gabriel en el Palacio

A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores.
—Georg Ch. Lichtenberg

Disparar contra el arte contemporáneo: he aquí un deporte de práctica creciente.
—Iván de la Nuez, Babelia

El museo, para mí, es la vida entera…
—Fernando Pessoa, Libro del Desasosiego

Tres impresiones, que expresan muy bien las citas anteriores, se me agolparon al acceder al magno Palacio de las Bellas Artes para abstraerme en la exposición retrospectiva del internacional artista mexicano Gabriel Orozco. La primera impresión es que se trata de una muestra presuntuosa. Las subsecuentes dos impresiones —que intento separar de mis desencantos y de las convicciones incondicionales de la concurrencia deslumbrada por la fama—1 es que es una muestra amena en su minimalismo a la vez que indiferente en su ostentación.

Piedra que cede © Gabriel Orozco

Soy totalmente Palacio

Hay un culto incondicional y exaltado a Gabriel Orozco que le permite realizar cualquier capricho; aplaudirle cualquier discurso; admirarle cualquier gracia dentro del medio artístico que lo fomenta.2,3

Ahí está un ejemplo dentro del espacio cardinal de la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes.En medio de la gran pared central y vacíase encuentrael simple trazo del círculo de carbón sobre muro, Estela, frente a la Piedra que cede.Algo que pudo ser atrevido, museográfica y artísticamente, hace varios años. Antes, pero mucho antes de que “lo atrevido” se volviera convencional.

En el nivel de permisividad en el que se encuentra Gabriel Orozco por el gran reconocimiento internacional4 dentro de la experiencia vanguardista, ya nada puede ser provocador ni audaz. Dado que la fama tiende a estimarse por encima de lo que se concibe, y lo que se concibe deviene del aplauso incondicional. Por eso ya nada resulta subversivo.

Pero situado en ese nivel de aceptación, dentro de la gran tolerancia del arte contemporáneo si acaso se puede intentar ser innovador. Lo que significaría empezar por negarse a ser provocador. You know?

Ahí están los otros ejemplos en sus grandes dibujos de frottages sobre texturas del piso del metro parisino o de hojas secas “caídas al azar”, que son replicados insípidamente de otros frottages y experiencias dadaístas y surrealistas, y de Alechinsky, y de Jaspers Johns, y de Arp, y de… O la huella de sus manos sobre barro en forma de corazón que, foto incluida, considero muy similar en su intensión al Yo como fuente de Bruce Nauman. O en sus lienzos con impresiones de huellas de pelotas de tenis empapadas en pintura negra y rodadas sobre un lienzo blanco, el resultado no justifica el esparcimiento o la ocurrencia no sostiene la obra. Y además remiten esas “acciones” a las imágenes de Jackson Pollock, vehemente y ensimismado, moviéndose alrededor y a través del gran lienzo del dripping, en la idea de manipular el espacio bidimensional como un todo. O recuerdan la impresión de una huella de llanta de automóvil que hizo rodar Robert Rauschenberg, allá por 1951, sobre un rollo de papel muy largo. Y así sucesivamente surgen los recuerdos de las citas, conscientes e inconscientes, que se despiertan en esta recreación de sucesos artísticos revistos en el tiempo.

Pero aquí, en este espacio presente ahora vanguardista, inmaculado y prestigioso del Palacio marmóreo, sólo escucho el otro rollo interminable de la alabanza y del halago entusiasta.

Ahí están las Mesas de trabajo con diversidad de objects trouvés acomodados de manera conveniente. Entre los que se encuentran curiosidades como las cajas de embalaje abiertas de cierta correspondencia que se le envía al domicilio del artista en Tlalpan. Y que él exhibe con desparpajo junto a algún fierro viejo; una figura plateada y rota; unos cochecitos de juguete, huesos, hojas, pelotas, flechas y otras menudencias encontradas en la calle, recolectadas en algún lugarde sus andanzas por el mundo o, tal vez, recuperadas de su infancia. Objetos que reúne con curiosidad, que guarda con esmero, que depura con cuidado, que ordena con deleite, que exhibe sin necesidad… y sin gracia y sin objeto…

Aciertos en el desconcierto del Palacio

Hay un culto incondicional y exaltado a Gabriel Orozco que le permite realizar cualquier capricho; aplaudirle cualquier discurso; admirarle cualquier gracia dentro del medio artístico que lo fomenta.

Hay, sin embargo, aciertos admirables en su amplia producción artística. Como lo serían, entre otros, el cráneo con una cuadrícula dibujada a lápiz, propiedad del Museo de Philadelphia; el grabado al aguafuerte de una hoja de loto del natural; algunas pequeñas esculturas de materiales mixtos. La escultura del hueco que forma la mano, creada y extendida por pequeñas paletas de madera. Las acertadas series fotográficas que son el registro de actos en la realidad o de momentos de la realidad: El aliento sobre piano, De techo a techo, Reflejo extendido, Isla dentro de la isla, Hoja con clip, Percepción total, la lluvia sobre una construcción en obra negra, la pelota de futbol ponchada y con agua, el reflejo circular sobre la mitad de una llanta en el campo. Visiones de la realidad que son propias de una mente con una sensible capacidad de observación.

Desaciertos en el gran concierto vanguardista

Pero en otro extremo del logro artístico considero los pegotes de envoltorios de cigarros Alaz, los dibujos al pastel sobre papel recuperados de su juventud, las banderas mexicanas pintadas sobre cartón en las que un hueco “sustituye” al escudo nacional, la sala de “esculturas” Espumas en, precisamente, hule espuma escurrido. Las series de pinturas geométricas Árbol de samurai sustentadas, tal vez, en interesantes juegos geométricos, pero decorativos y triviales pictóricamente hablando, más propias del geometrismo de décadas pasadas. El video de 29 largos minutos Papalotes en Jhipur, cometas volando en el cielo que remiten, inevitablemente, a las largas tomas cinematográficas fijas y muy prolongadassssssssss de Andy Warhol.

Pero el mayor desconcierto es el desacierto por la mezcla y arbitrariedad de todo el conjunto de la exposición retrospectiva. En la que, según valores de la actualidad artística y prestigiosa, todo deviene posible y por lo tanto arte.

Megalomanías de la expropiación arquitectónica

La vanguardia pasó de apropiarse de ciertas ideas del arte moderno a expropiarse del concepto del ready-made; a adaptarse algo de la expresión del cine en el video; a sustraerse algo de la escenografía en la instalación; a adjudicarse algo del teatro y de la danza en el performance. Y también hausado algo de lo literario en lo conceptual, así como mucho de lo musical en el arte sonoro.De tal modo que la noción contemporánea de artes visuales, implícita en el término vanguardia, es muy abierta pues engloba muchos lenguajes. De manera que ahora, y dentro de esta muestra retrospectiva, también se embarga a la arquitectura. A la que se reproduce o se recrea a tamaño natural dentro de un palacio. Así tenemos los ejemplos siguientes:

1. Sombra entre aros de aire

“Maqueta de tamaño 1 a 1 de un pabellón arquitectónico para exhibir esculturas” de un arquitecto italiano de la década de los cincuentas”.

Como si esta construcción fuera un gran ready-made tamaño instalación o, según el enfoque, como una escultura monumental bajo techo, o como una arquitectura dentro de la arquitectura. Lo que resulta en admirar, al analizar tanto empeño, en una doble “hazaña”: La arquitectura-escultura-instalación pastiche-modernista-vanguardista construida, exhibida y reubicada dentro de la arquitectura palacete-merengue-art decó. Y lo que, a su vez, resulta hasta en la triple proeza de hacer un malabarismo arquitectónico-artístico-conceptual que deviene una jactancia, una frivolidad y un dispendio.5

2. Observatorio

Ese indefinible monumento que construyó en las costas de Oaxaca, que es una interpretación de otro observatorio que existe en Nueva Delhi. Me pregunto si esta construcción, que se encuentra en un paradisíaco lugar del Océano Pacífico sobre un peñasco frente al mar, es una casa, una escultura, una instalación, un espacio para observar el mundo, o todo eso y más. Pero desde mi modesta perspectiva sólo echa a perder, precisamente, el esplendoroso paisaje o esa parte del mundo que pretende contemplar. Sin embargo, también se exhiben los planos, las maquetas y las fotos de la construcción del armatoste. Cosas que, supongo, asimismo hay que considerar arte.

Límites de un sistema artificial

De tal modo que la noción contemporánea de artes visuales, implícita en el término vanguardia, es muy abierta pues engloba muchos lenguajes.

Uno de los riesgos que enfrenta la vanguardia es el de presuponer que con replicar en el museo, por medio de cualquier lenguaje, cualquier experiencia de la realidad, se crea arte. Pero eso que puede ser una interesante premisa se debe sostener con una más interesante propuesta. Porque si no sólo se recrea una realidad descontextualizada con un lenguaje ajeno a lo visual.

La infinita realidad y su percepción pueden ser toda una limitante para su representación artística si sólo se logra expresar el documento, el concepto, la casualidad o la contingencia de lo real sin una forma válida que lo contenga y justifique, esto es, que lo exprese. Por lo que entonces deviene en una idea sin mayor trascendencia o en una ocurrencia de apariencia espectacular.

Por eso al ver la amplitud de técnicas, lenguajes, medios, ambiciones y soluciones exhibidas en el museo y expresadas en las notas de los cuadernos de Gabriel Orozco, registradas en sus bosquejos, en los diagramas de algunas de sus exposiciones. Al ver todo ese ahínco y diversidad, se me vino a la mente, como una luz dentro de la perplejidad, una reflexión de Paul Valéry: “El pensamiento consciente de sí mismo se hace de sí mismo un sistema artificial”.

“Un sistema artificial”…Eso explica de manera clara y convincente algunas de sus obras, así como una idea general de la vanguardia personificada en esta exposición retrospectiva que ocupa todas las salas del Palacio de las Bellas Artes. Palacio convertido ahora, por la “penuria” de los tiempos presentes, en otro espacio “ganado” para la vanguardia todavía omnipresente. ®

[Publicado originalmente en Umélec, edición española, número 2, 2007.]

Notas

1. Una visitante exaltada escribió en el libro de visitas de la exposición: “Yo te amo Gabriel”, como si se tratara de la visión del mismísimo arcángel San Gabriel.

2. “El éxito y el prestigio generan conformidad y nos inducen a interpretar el arte siguiendo las directrices de nuestra cultura y a aferrarnos con tenacidad a ciertos comportamientos”. Suzi Gablik, ¿Ha muerto el arte moderno?

3. “Cuando un artista mexicano es reconocido mundialmente obtiene licencias invisibles, inalcanzables para los mortales, que lo autorizan a hacer absolutamente cualquier cosa con no sólo el visto bueno, sino con la total e incondicional devoción de los también contados integrantes del círculo del arte en México. Tal es el caso de Gabriel Orozco”, Marisol Rodríguez, Replicante no. 8.

4. Gabriel Orozco recibió el pasado noviembre el premio Blue Orange como reconocimiento a su trayectoria. “Uno de los premios más prestigiosos para artistas visuales que se entrega en Alemania por segunda ocasión”.

5. En una información de la crítica de arte Blanca González Rosas en la revista Proceso, no. 1581, se lee lo siguiente: “Considerada por Gabriel Orozco como una tía (Proceso 1569), Mercedes Iturbe (directora del Palacio de las Bellas Artes cuando se organizó e inauguró, 29.XI.06, la muestra) desplegó en todas las instalaciones del MPBA una exposición retrospectiva del artista que ocasionó gastos por 3 millones 836 mil 748 pesos —información otorgada por el INBA a través del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública… Con cantidades como 700 mil pesos gastados por el traslado de obra del extranjero a México, 126 mil en las impresiones fotográficas de obra que se exhibe en la exposición, 67 mil en la reproducción fotográfica en sala y 11 mil 970 gastados en el arreglo floral para la inauguración de la exposición, entre las cantidades sobresalen los 811 mil 800 pesos gastados para el catálogo. Destacan no sólo por el monto, sino muy especialmente porque es un gasto que privilegia principalmente al artista, a sus promotores comerciales y a sus coleccionistas”. Pero no necesariamente al público y a la ciudadanía, añade la misma crítica más adelante.

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Publicado en: Arte, Febrero 2011


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  • juan lópez

    ¿que pasó?, ¿no se sostuvo por sí solo tu artículo de febrero del 2011?
    ¿Cada que recibas replicas que desvaraten tus arguments vamos a tener que leer otro artículo que hayas publicado con anterioridad?