Max regresó a su habitación

Maurice Sendak (1928-2012)

Maurice Sendak, autor e ilustrador de libros para niños, entre otras cosas, célebre por Where the wild things are (Donde viven los monstruos), falleció el martes 8 de mayo a los 83 años. ¿Su legado? Libros. Libros para personas.

Pero los monstruos gritaron “¡Por favor no te vayas,

Te comeremos, te queremos tanto!”

Y Max dijo “¡No!”

Maurice Sendak

Después de un día de trabajo María José, mi hija de tres años, cuando no está dormida, espera que por lo menos por unos minutos le siga el paso con alguna de las actividades en las que está entretenida. Puede ser jugar con las perras, pintar o jugar futbol. O leer. Como Olivia, la cerdita creada por Ian Falconer, toma cuatro o cinco libros en sus manos y pretende que le lea todos. Yo, como la mamá de Olivia, negocio con ella hasta que la convenzo de que sólo lea uno o dos. Verla correr hacia mi cuarto con un libro bajo el brazo es una de las escenas que más orgullo me producen. Y también que no le gusten las princesas de Disney. Y que, a veces, uno de los libros que escoge sea Donde viven los monstruos, un libro que al principio la desconcertó, pero que sirvió para que aprendiera a apreciar lo diferente.

Donde viven los monstruos (1963) es un libro difícil. No empieza como suelen empezar los libros, sino de manera abrupta, un poco como las narraciones de un niño pequeño que fantasea e inventa historias. Es un libro retador. Apuesto a que muchísimos papás se sobresaltan y no saben qué hacer cuando se lo leen por primera vez a sus hijos y llegan a la parte en que

Su madre lo llamó “¡MONSTRUO!”

y Max le contestó “¡TE VOY A COMER!”

y también apuesto a que, en muchos casos, es la primera y última vez que se abre ese libro. Y es que la literatura de Maurice Sendak transgrede de una manera especial. Sendak te lleva a ver las cosas desde una óptica poco tradicional, cumpliendo aquello que le dijo a Stephen Colbert en una entrevista apenas a principios de este año: “Yo no escribo para niños. Yo escribo”, y lo que lleva implícita esta declaración es que escribía con todos los obstáculos y todas las facilidades que se le pudieran ocurrir, porque sus lectores no son idiotas. Eso es tenerle muchísimo respeto al lector, pero no conmiseración. Porque, le explica a Spike Jonze, “No creo en los niños, no creo en la infancia, no creo en esta demarcación: ¡Oh, debes decirles eso! ¡debes decirles aquello”. Éstas son las palabras de Sendak en una parte de Tell them anything you want. A portrait of Maurice Sendak, el documental que, oh, madita casualidad (o vida, o suerte, o muerte), produjo el también recientemente fallecido Adam Yauch.

Pero este tema de la infancia lo elabora un poco más en una conversación que sostuvo con Art Spiegelman (hey, he escrito ya demasiados textos sobre él, no voy a volver a decir quién es). Publicada en 1993 en la revista The New Yorker, setrata de un cómic dibujado entre los dos artistas, quienes caminan en la finca de Sendak en Connecticut y sostienen una charla sobre el proceso creativo y los libros para niños. “¡LA INFANCIA SON CANÍBALES Y SICÓTICOS QUE TE VOMITAN EN LA BOCA!”, exclama Sendak, pero para llegar a eso, sucede este diálogo:

MS: Libros para niños… libros para adultos… eso no es más que marketing. ¡Los libros son los libros!

AS: Supongo. Pero cuando los padres le dan a sus hijos Maus, mi libro sobre Auschwitz, yo pienso que es abuso infantil… ¡Yo quiero proteger a mis hijos!

[…]

MS: Art, no puedes proteger a los niños… ¡ellos lo saben todo! […] En realidad, la infancia es profunda y rica. Es vital, misteriosa e intensa. Yo recuerdo mi propia infancia vívidamente… Yo sabía cosas terribles… pero sabía que no debía que los adultos supieran… porque los asustaría.

* * *

¿Qué sabía Sendak? Sabía de la muerte. Sabía, también, que en ocasiones no queda más que desaparecer, cerrar tras de sí la puerta de la casa materna, embarcarse a una isla habitada por wild things y no regresar hasta que le lleven la cena a su cuarto. Ésas son las cosas que hacen los niños, se pasean por la casa:

a) vestidos con una pijama estrafalaria,

b) desnudos,

c) asustando al perro,

d) gritando: “¡No me importa!”

Un minuto estás vivo y al siguiente ya no. Un minuto tus padres están a tu lado y al siguiente alguien se los ha comido y al siguiente tres cocineros te están horneando y al siguiente estás celebrando tu cumpleaños. El título del documental de Spike Jonze resume todo esto. Los niños (como Pierre, Max y Mickey, protagonistas de los libros de Sendak) tienen que saberlo todo, porque entienden y no son idiotas. “Diles lo que quieras. Si es verdad, diles”. ¿Qué hacen los niños? ¿A qué se dedican? Hay que echarle un vistazo al alfabeto de Sendak: Alligators all around. Algunos ejemplos, F: Forever fooling (tonteando todo el tiempo), P: Pushing people (empujando a las personas), U: Usually upside down (usualmente de cabeza), T: throwing tantrums (haciendo berrinches). Pero todas ésas son actividades que no sólo hacen los niños, sino que hacemos todos, incluidos los caimanes.

Sendak fue un niño complejo: enfermizo, homosexual y judío, y vivió traumado por algunos eventos que conoció en su infancia, uno de ellos la muerte de buena parte de su familia durante el Holocausto. Pero vivir sin preocupaciones vitales no produce buen arte, o produce arte exangüe. A los cuatro años se enteró del triste caso del secuestro del hijo —de veinte meses de nacido— del aviador Charles Lindbergh, quien fue secuestrado y no se le encontró sino hasta dos meses después, muerto, con el cráneo fracturado, cerca de la casa de sus padres. El terror infantil. Pero Sendak, en lugar de ocultar, desvelaba (aunque parcialmente, ya veremos por qué). Si los niños son revoltosos, incansables, crueles, antipáticos, altaneros y difíciles, en lugar de edulcorar la realidad, la mostraba tal y como es. Si su personaje Pierre se pasea desnudo por “la cocina nocturna” es porque “los niños no sólo están aprendiendo sobre su cuerpo, sino ajustándose a él”. Sendak desvelaba parcialmente porque nunca se atrevió a salir del clóset. En cambio, trató siempre de aparentar ser muy heterosexual (si eso es posible) a ojos de sus padres.

Maurice Sendak (1928) falleció en un hospital de Danbury, Connecticut, a los 83 años de edad, tras haber sufrido un derrame cerebral. En su casa, se puede ver, un Barack Obama de cartón permanece de pie, junto a su colección de juguetes de Mickey Mouse. Obama le hizo uno de los mejores cumplidos que hay: leer frente a un grupo de niños Where the wild things are (lo mismo, si lo hubiera hecho George W. Bush, habría sido un insulto; además, lo habría leído de cabeza, pues, como sabemos, éste es el mundo al revés).

Dios bendiga a la leche y a Dios bendiga a Maurice. ®

Maurice Sendak en videos:

Animación de The night kitchen

Where the wild things are

Where the wild things are, leído por Barack Obama:

Bumble-Ardy, narrado por Jim Henson:

Chicken soup with rice, narrado por Tammy Grimes:

Really Rosie, partes 1 y 2:

Pierre, cantada por Carole King:

Pierre, cantada por The Dresden Dolls:

Sendak on death (and life), fragmento de Tell them anything you want: a portrait of Maurice Sendak, documental de Spike Jonze:

Entrevista de Stephen Colbert.

Parte 1:

Parte 2:

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Publicado en: Literatura gráfica, Mayo 2012


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