Medios, redes y audiencia

Destripadores de programación que atentan contra guionistas

Guillermo Orozco Gómez, especialista mexicano en el estudio de la recepción comunicacional, analiza el variable impacto de las nuevas tecnologías en el comportamiento de las audiencias.

Guillermo Orozco Gómez

Su ritmo es tranquilo. Apacible. Atenta contra el vértigo mediático. Pareciera que su mirada profunda quisiera detener el incesante bombardeo informativo. Guillermo Orozco Gómez es mexicano, de Guadalajara. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y doctor en Educación por la Harvard University, su interés por el análisis de las audiencias en un momento de transición digital resulta apasionante. Mientras el periodismo ciudadano aparece como salvaguarda de la democracia y los medios analógicos corren detrás del furor Facebook, Orozco hace una pausa. Su promoción pedagógica sobre cómo ver televisión es una insignia. El comunicador sostiene que hay que preparar a las audiencias para interactuar. ¿Cuál es el papel de los periodistas en el siglo XXI? Espacios, grietas y nuevos roles donde escuchar las necesidades de la audiencia está en el centro de la escena.

—Usted define al periodista como mediador entre múltiples lenguajes y audiencias semialfabetas. Con la irrupción del digitalismo y los nuevos medios, ¿en qué medida se complejiza el rol comunicador?

Su promoción pedagógica sobre cómo ver televisión es una insignia. El comunicador sostiene que hay que preparar a las audiencias para interactuar. ¿Cuál es el papel de los periodistas en el siglo XXI? Espacios, grietas y nuevos roles donde escuchar las necesidades de la audiencia está en el centro de la escena.

—Si bien se complejiza el proceso comunicativo, estamos finalmente ante la posibilidad de hacer realidad esa utopía de que no solamente deberíamos formar audiencias críticas frente a los mensajes de los medios sino también activas. No sólo mental o simbólicamente activas, lo cual ya es bastante, sino también materialmente activas. Es decir, que produzcan sus propios mensajes a partir de los mensajes recibidos. Esto hace que, si bien se abre una posibilidad muy importante para todos, el papel del periodista y del comunicador se multiplica y se hace más complejo en la medida en que hay una nueva dimensión —no solamente un nuevo lenguaje— para la cual hay que hacer de mediador entre todos nosotros, los medios y los dispositivos de comunicación.

—¿Qué impacto tienen sobre la sociedad esas audiencias cada vez más activas?

—No quiero ser idealista ni sonar tecnocrático y decir que gracias a la tecnología ahora sí vamos a salir de todos los problemas. De ninguna manera. Pero sí veo que las posibilidades tecnológicas nos permiten, con mucha inteligencia, esfuerzo y práctica, hacer lo que antes no podíamos. Cualquiera puede producir y, teniendo la destreza tecnológica que se puede adquirir fácilmente, poner a circular hacia otros sus pensamientos, textos, ideas, fotografías y productos audiovisuales. La consecuencia es que estamos asumiendo un papel que nos había sido negado por los grandes medios masivos de comunicación. Ahora, tenemos que estar muy atentos al hecho de que también hay límites y algunos determinismos que no podemos superar. La misma configuración de las plataformas que existen no las hicimos nosotros. Nosotros las podemos utilizar y podemos hacerlo de una manera muy libre, pero hay condicionantes, determinismos anteriores y límites en distintos momentos del proceso de comunicación que vienen impuestos por los otros. Y, claro, tampoco estamos exentos de límites que vienen impuestos por nosotros mismos, nuestra cultura, nuestras condiciones concretas.

—¿Cuáles son las mayores tensiones que advierte en relación con los límites que enfrentan las audiencias al producir contenidos?

—Primero, el oficio. Hay que desarrollar un oficio. Los periodistas y los comunicadores hemos ido a la universidad para lograr cierta calidad en la producción técnica. No estoy pensando en que todos pasen por la carrera de comunicación y periodismo, pero sí hay que asumir que no se nace técnico capacitado para producir y enviar mensajes por distintos canales tecnológicos y por distintas pantallas. Tenemos que lograr un mínimo de destreza, un mínimo de oficio para eso. Porque las consecuencias ahí pueden ser graves. Primero, corremos el riesgo de que no nos vean, de que no interese lo que hagamos: necesitamos un mínimo de calidad, de claridad y de uso de los elementos para tener garantía de que el mensaje va a ser recibido. La otra parte es la que tiene que ver con la ética, con la privacidad, con la fidelidad a la verdad. Tenemos que tener mucho cuidado y aprender los derechos ciudadanos, los derechos individuales y los derechos a la comunicación para no hacer públicas cosas que son de la vida privada. Hay nuevos aprendizajes que tenemos que hacer. Así como teníamos que hacer, y aún no los hemos acabado, muchos aprendizajes para nuestro papel de ser receptores, menos aún hemos adquirido los que necesitamos para ser sujetos productores.

—Los medios tradicionales intentan incorporar a las audiencias en tanto productoras de contenidos. ¿Qué opinión le merece ese fenómeno?

—Es una tendencia emergente que en algunos países va consolidándose mucho. En principio, yo creo que se trata de una primera respuesta, siendo bien pensados, de medios comerciales para tratar de incluir propuestas que vienen de receptores que antes no eran escuchados nunca, no eran considerados interlocutores. Ésa es la parte positiva. La otra parte es que eso aumenta el rating de ciertos programas O sea que, finalmente, hay un objetivo mercantil. En Estados Unidos se ha producido el fenómeno de personas de la audiencia que tratan de averiguar qué va a suceder en el próximo capítulo de ciertos programas televisivos. Llaman la atención e incluso tienen un nombre: los destripadores de programación. A América Latina no ha llegado todavía este nombre. Ellos destripan el final, lo que va a pasar y lo van comunicando por cualquier otro medio, en cualquier otra plataforma y le quitan el chiste a la obra. Yo no sé si ésa va a ser la tendencia en América Latina. A mí me parece que lo que estamos viendo es que, sí, cuando se abre un sitio de algún programa, la gente participa cada vez más, retroalimentando a los productores que bien harían en tomar en cuenta sobre todo aquello que no gusta y molesta a las audiencias.

Trayectoria y audiencia

Guillermo Orozco Gómez estuvo en Rosario. Participó como disertante en la Jornada Nacional de Metodología y Comunicación organizada por el INTA, que tuvo lugar en la Sede de Gobierno de la Universidad Nacional de Rosario. Orozco es profesor e investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara (México). Algunos de sus libros publicados son Televisión y audiencias, un enfoque cualitativo (1996); Lo viejo y lo nuevo, investigar la comunicación en el siglo XXI (2000); La investigación de la comunicación dentro y fuera de América Latina (1997); El maestro frente a la influencia educativa de la TV (1998); Lo viejo y lo nuevo, investigar la comunicación en el siglo XXI (2000); Televisión, audiencias y educación (2001) y Recepción y mediaciones, casos de investigación en América Latina. ®

Nota publicada originalnente en Diario Cruz del Sur, Rosario (Santa Fe) en mayo de 2010, y videocrónica emitida en Crónica Z de Argentina.

Archivado en Destacados, Nuevas miradas a la televisión, Septiembre 2011

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