Mujerismo, homenaje y confusión

Que “el feminismo no es sólo cosa de mujeres”

Comentarios del autor a uno de los once hombres participantes en el homenaje a la feminista Marta Lamas: Arditi no es capaz de preocuparse de su propia identidad de género y mirarla desde la crítica.

Marta Lamas. Fotografía © elmundodecordoba.com

A comienzos del pasado octubre hubo un pequeño revuelo en las pequeñas redes sociales de la pequeña burguesía intelectual. Se convocó a un coloquio —después se supo que— en homenaje a los setenta años de Marta Lamas, al que dio por llamársele “Marta Lamas en diálogo con XY”. La palabra homenaje no aparecía y en él participarían once ponentes, todos hombres —de ahí la sutileza XY—, y donde los temas anunciados versarían sobre feminismo: Feminismo y derecho y Feminismo y mercado.

El revuelo tachó el evento de un #allmenpanel —con sobradísima razón— ante lo cual Lamas defendió el acto diciendo que se trató de un homenaje para ella que le hacían los hombres que la habían “acompañado” en su quehacer feminista; que la gana del evento era un tanto lúdica y tenía la intención de mostrar que “el feminismo no es sólo cosa de mujeres”… y ¡admitámoslo!, de señalar que ella no comulga con la idea de que los hombres sean excluidos de algunos contingentes en las marchas feministas.

Fue invitado Jenaro Villamil, posiblemente en desagravio, quizá para que quedara bien clarito que no debieron haberlo corrido de ningún contingente en la marcha del pasado 17 de septiembre. También estuvieron los politólogos Benjamín Arditi, Rolando Cordera, Benjamín Temkin y José Woldenberg, los juristas José Luis Caballero, José Ramón Cosío y Rodolfo Vázquez, los literatos Fabio Vélez y Alberto Vital, quien también es coordinador de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El único, digamos, entendido en feminismo era Francisco Cos–Montiel, quien se ha desempeñado como funcionario de la ONU en temas de género y pobreza.

Estoy de acuerdo con la idea general, porque también opino que la violencia es repudiable venga de donde venga —y también que la Lamas se agasaje con un homenaje—, pero… ¡por el amor de Simone de Beauvoir!, escribir la palabra “feminismo” y desenfocar que el problema es la violencia contra las mujeres y enfocarnos en los (pocos) hombres que se sienten agraviados me parece un despropósito.

Quizá estoy de acuerdo con la idea general, porque también opino que la violencia es repudiable venga de donde venga —y también que la Lamas se agasaje con un homenaje—, pero… ¡por el amor de Simone de Beauvoir!, escribir la palabra “feminismo” y desenfocar que el problema es la violencia contra las mujeres y enfocarnos en los (pocos) hombres que se sienten agraviados me parece un despropósito. Sra. Lamas, usté disculpará que me olvide de su homenaje para pensar en otras cosas, lúdicamente, por ejemplo: que los hombres debemos de callar, aprender y hacer introspección… Ceder poder, privilegios, espacio público y privado, y después del acto de contrición que nuestro género no ha hecho en siglos regresar a compartir lo que aprehendimos y estamos dispuestos a encarnar para “platicar” de feminismo.

En su página de Academia.edu encontré el texto que Benjamín Arditi leyó en el coloquio celebratorio y coincido con él; mejor enunciado: coincido con las diferencias y críticas que hace Marta Lamas al “mujerismo”, postura radicalizada e ineficaz… y al tiempo que me parecen atendibles los argumentos de Lamas también me parece que debemos de seguir respetando de manera crítica tal postura cuando nos excluye —como hombres— de “sus actividades”, porque —como el mismo Arditi enuncia—: “aun con sus discrepancias, Marta es suficientemente generosa como para incluir al mujerismo dentro del feminismo. Es una ideología que daña a la causa de la igualdad de género, pero Marta la acepta como parte del feminismo”.

Lo que no acaba de parecerme sensato es que en su sesudo texto el doctor Arditi se encargue de enrostrarle a las mujeres su “mujerismo” tan puntillosamente y con ¿encono?, ya que dedica todo su paper a eso, claro, avalado por los argumentos de Lamas. Me parece que eso es a lo que se ha dado en llamar mansplaining ¿no?, feminista pero mansplaining ejercido con los propios argumentos de una señera del feminismo mexicano (¿debemos señalar a Arditi como audaz o calificaría como petulante?); mire que echarles en cara su mujerismo, su sectarismo ante los hombres ¿aliados? ¡Brillante!

Concilio de mujeres en Qassim, Arabia Saudita, con la participación de puros hombres.. ¡ninguna mujer! Marzo de 2017.

Sin embargo, lo que no acaba de sorprenderme, de cara a la mismísima Marta Lamas, es que Arditi no mencione al fallecido Daniel Cazés y sus estudios sobre masculinidades, ¿por qué no se lo presentó? ¡Caray!, me parece que tan ínclito personaje pudo haber abonado a los incipientes estudios de masculinidad(es)… he escuchado de Arditi es avezado en su campo. Eso además le hubiera añadido otra faceta a su intervención, quizá. Hubiera podido mostrar cómo los estudios de masculinidad(es) son la parte que complementa a los de feminismo, los que en verdad acompañan el trabajo de las mujeres en pos de la equidad.

Arditi no es capaz de preocuparse de su propia identidad de género y mirarla desde la crítica, lo cual me hubiera parecido más homenaje a Marta Lamas que denostar el “mujerismo”. No emite una sola palabra que hable de cómo ha hecho él, como hombre, para abonar a la lucha de Marta Lamas. La ha leído, la conoce y es su cuata. Él, Arditi, sabe de feminismo, pero ¿y de masculinidad(es), ¿de cómo ejerce su masculinidad?, de eso nada: Hágase la voluntad de Dios en las mulas de mi comadre.

No puedo creer que se haya llenado la boca de palabras para señalar el pecado de las mujeres y no haya sido capaz de un atisbo de reconocimiento a su trabajo como hombre en torno a su masculinidad. A su actuar cotidiano, a su quehacer en la academia como hombre de saberes y poderes… porque a mí que no me venga a decir nadie que está libre de toda seña heteropatriarcal cuando todos la hemos mamado.

Cuando es necesario mirarse todo el tiempo en contexto y reconocer cuándo violentamos, cuándo controlamos, cuándo corregimos; cuándo nos plantamos en la superioridad (lloro cuando me doy cuenta, media hora después, de que lo he vuelto a hacer con mi pequeña hija. Y me lastima más cuando ella, en un acto reflejo a mi crítica, revisa lo que le he vuelto a pedir, en vez de mandarme a la goma y decirme “Papá, ya lo he hecho”. Me duele no ser lo suficientemente consciente de mis actos de control y crítica para erradicarlos y que ella tenga un papá más libertario).

Sí, doctor Arditi, me lastima no ser el hombre que quiero ser no sólo para conmigo y mis pares sino —y sobre todo— para con mi hija. Sí, nunca he sido alguien que ejerza violencia física; ya no soy alguien que desacredite el trabajo de mis pares femeninas, pero sigo siendo alguien que recurre al control y —en sus inseguridades— a la doble revisión y lo trasmino…

Sí, no entendí el 24 de abril del 2016 la “exclusión” de los hombres de los contingentes ¿mujeristas?, pero ya para el 17 de septiembre de este año me quedaba claro que había contingentes que no deseaban hombres en sus filas.

Me llevó más de un año entenderlo… ¿A usted cuánto tiempo más cree que le llevará aceptarlo? ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas


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