Música hecha por mujeres

Ocho potentes obras de 2017

Desde el vanguardista footwork de la artista estadounidense Jlin hasta la deliciosa psicodelia de Jane Weaver, pasando por el beligerante pop electrónico de la israelí Noga Erez.

Jesca Hoop. Fotografía tomada de www.thegirlsare.com

De unos años para acá la escena musical contemporánea ha visto un despunte significativo en lo que a música hecha por mujeres se refiere. No sólo la cantidad de música hecha por mujeres solistas se ha incrementado, también la calidad de las creaciones musicales es sorprendente. El auge femenino abarca un abanico amplio de géneros y subgéneros. Desde el vanguardista footwork de la artista estadounidense Jlin hasta la deliciosa psicodelia de Jane Weaver, pasando por el beligerante pop electrónico de la israelí Noga Erez. La paleta es extensa, es multicolor y, sobre todo, altamente gratificante para los amantes de la música en general y, particularmente, para los que, como yo, disfrutamos de la frescura que inyecta la energía creativa femenina al anquilosamiento del que últimamente sólo algunas creaciones hechas por hombres logran escapar. La música reciente hecha por hombres, salvo excepciones, lleva años sumergida en el remake y la repetición ad nauseam del pasado. De ahí mi inquietud por reseñar brevemente algunas de las obras más potentes de 2017. Todas hechas por mujeres.

Jlin, Black Origami

A partir de la primera secuencia el tribalismo electrónico de Black Origami te traga. La bestia, compuesta por cientos de loops —compases musicales que se repiten— encadenados de manera imposible, abre el hocico y no deja nada afuera. Desde su debut, la artista de Gary, Indiana, ha llevado el footwork callejero al extremo. El deslinde esencial de este trabajo consiste en que, a diferencia del footwork tradicional, éste no está específicamente hecho para bailar. En este sentido, las composiciones de Jlin no sólo son innovadoras, sino también abren una nueva brecha hacia un tipo de música menos física y más cerebral. Bienvenidos a la entraña.

Jesca Hoop, Memories are Now

Desde sus inicios el indie ha estado en constante coquetería con el folk. Jesca Hoop transporta esta relación a alturas sublimes. Memories are Now es una obra tanto de intimidad como de variaciones estupendas que, por momentos, transitan por territorios lóbregos, pero que, en su conjunto, se suman a una celebración poética y musical llena de gracia. La versatilidad vocal de Hoop matiza toda la obra; tanto que, en ocasiones, pareciera que escuchamos a vocalistas distintas. A pesar de que una sensación melancólica domina la atmósfera, en términos generales, ésta nunca desemboca en tristeza, sino, curiosamente, en esperanza.

Jane Weaver, Modern Kosmology

Weaver no es ninguna principiante, y aunque su material discográfico anterior tiene buenos momentos, es en Modern Kosmology donde finalmente la artista de Liverpool deja ver todo su potencial, un álbum que no tiene un sólo compás de desperdicio. El eclecticismo triunfa gracias a su sensual psicodelia pop y a la imparable secuencia de melodías que fluyen con soltura entre distorsiones atenuadas por los largos acordes del órgano analógico. De principio a fin, un conjunto musical impecable.

Mitski, Puberty 2

La historia de esta artista japonesa es la de los viajes. Antes de que su madre se estableciera definitivamente en Nueva York, Mitski vivió a su lado en lugares tan disímiles como Malasia y la República Democrática del Congo. De varias formas Puberty 2 refleja esta sensación de sentirse en constante transición. La pubertad es una etapa de más preguntas que respuestas. Esta búsqueda de identidad adolescente marca cada verso del álbum. El desamor, la tristeza y el extrañamiento se entrelazan en melodías que rozan el punk. A pesar del título y de la temática, musicalmente el indie rock de Mitski no tiene nada que ver con la inmadurez. Por el contrario, es un ramo robusto de creatividad e idiosincracia.

Vagabon, Infinite Worlds

Laetitia Tamko, mejor conocida como Vagabon, nació en Camerún, pero fue criada en Nueva York. En Infinite Worlds Tamko toca todos los instrumentos. Trabaja en soledad y nos obsequia un álbum rico en postales, donde se imponen los juegos vocales y el lirismo racial. Sutilmente, Tamko migra de la suavidad acústica hasta el alboroto punk en un vaivén que se extiende durante casi media hora. Para ser exactos, 28 minutos de hermosa magia negra.

Laura Marling, Semper Femina

A los 27 años Marling es ya una veterana. Su carrera musical de casi una década y seis discos está llena de nominaciones y reconocimientos. Semper Femina (siempre mujer) es, por supuesto, un retrato íntimo femenino donde la música, tal y como sucede con las grandes obras, es intemporal. La feminidad de Marling es crítica sin ser radical y es romántica sin sensiblerías. Folk y jazz se tocan en una excelente producción que recuerda —sin imitarla— a la mejor Joni Mitchell. “I was wild once” canta la joven británica. Salvaje, persiguiendo piedras, continúa en el próximo verso con la veteranía que le dan sus 27 años.

Noga Erez, Off the Radar

El contexto de la artista Noga Erez no es el de la paz. Por tanto, es indispensable asociar su aguerrido pop robótico con sus circunstancias de vida. Erez nació en Tel Aviv, donde ha vivido durante 26 años. El comentario social y la provocación son ingredientes primarios en este ejercicio artístico plagado de secuencias electrónicas cuidadosamente producidas. ¿Puedes bailar mientras disparas?, cuestiona Erez. Su voz predomina y clarifica, mediante coros y recitaciones, el caos aparente de las quince piezas que componen Off the Radar, su promisoria ópera prima.

Kelly Lee Owens

El poeta galés Brian Harris escribió: “Nacer en Gales, no con una cuchara de plata en la boca, sino con música en la sangre y poesía en el corazón”. Así, la música de Kelly Lee Owens, nacida en el país británico hace 28 años, no elude su destino. Sus virtudes emanan justo de la cercanía que tienen sus creaciones con la naturaleza. A lo largo de 46 minutos los sonidos electrónicos de este álbum que lleva su nombre se funden con sonidos orgánicos, boscosos, selváticos. Del tecno minimal pasamos al roce del agua con las piedras. La base es simple: capas de sonido sobrepuestas, sintetizadores y, sobre todo, falsetos en reverberación que forman mantras fabulosos. Una producción limpia donde la estética nunca se enfrenta al resultado, sino lo complementa. Kelly Lee Owens parece decidida a recordarnos que el primer beat del que se tiene memoria es, precisamente, el latido del corazón. ®

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Publicado en: Música


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