Nadie gana en una guerra

Heli: el México del miedo

Amat Escalante es uno de los realizadores nacionales comprometido no sólo con su manera de narrar, sino con un discurso que muestra lo que se vive diariamente en diferentes rincones del país.

Escena de Heli

Escena de Heli

Dicen que nadie gana en una guerra, y los mexicanos ni siquiera estamos en condiciones de contar las bajas ante la violencia que se vive en este país.

Desde hace varios años el mundo dejó de vernos como el paradisíaco país en donde todo era lindo y barato para vacacionar. Ya los extranjeros saben que visitar ciertas zonas de México es buscar al mismo tiempo diversión, atractivos naturales y actividades extremas, y no en el buen sentido del término.

Amat Escalante es uno de los realizadores nacionales comprometido, no sólo con su manera de narrar, sino con el discurso de mostrar lo que se vive a diario en diferentes rincones del país. Otros prefieren contar historias de infidelidades y orgasmos porque descubrieron que “en México ya se pueden abordar esos temas”. Otros más le hablan a la muchachada y les dicen que deben de tomar conciencia y ser responsables con sus familias y sus padres. Amat no. Amat sabe que hay muchos a los que nos duele el recuento de los daños de todos los días. A ésos que no tienen la más mínima idea de cómo se vive la violencia es a quienes busca despertar.

Heli es un ejercicio narrativo impecable. El cineasta no tuvo que recurrir a litros de sangre para hacernos sentir asco por la impunidad que ya parece endémica en México. Hubo algunos comentarios “inocentes” que advertían que lo violento de la cinta exaltaba al crimen. Yo les pregunto a esas “buenas conciencias”: ¿hay una mejor forma de encumbrar a los narcotraficantes al estatus de rockstar que entrevistarlos en los noticieros nacionales de mayor audiencia?

La mayoría de las historias que tratan sobre la delincuencia en el país tiene a capos y narcos como personajes principales. Se componen corridos en su honor, son graciosos, algunos de hecho son bonachones y tienen el dinero para juntar a un grupo de asesinos de élite para rescatar al hermano en peligro. Amat Escalante prefiere contarnos de los daños colaterales, de la gente que a diario camina las calles con miedo, del tipo que puede ir a comprar un cartón de huevos a la tiendita de la esquina y que no volverá a casa por una pinche bala perdida.

Fiel a su costumbre, Escalante y su equipo utilizan a actores no profesionales para esta trama en donde un joven de procedencia humilde tiene que sufrir los embates de la delincuencia porque su enamoradiza hermanita toma decisiones propias de una chica en plena adolescencia. Las consecuencias de esos actos sencillos tendrán terribles consecuencias.

Con la fotografía precisa de Lorenzo Hagerman, Escalante transita de modo pausado y sin prisas por la existencia casi desértica de la familia de Heli, el personaje principal que da nombre al filme, y poco a poco va develando la amenaza perenne de la espiral de violencia que aún vivimos pero que tienen oculta con pactos y cifras maquilladas.

Heli es una película dolorosa, de ésas que da coraje ver, con secuencias tan significativas como la tortura de la que son parte los personajes sin que nadie meta las manos, sin que la gente alrededor sienta la más mínima empatía por el sujeto a quien se está maltratando. Así tenemos a una ama de casa que bien puede preparar la cena o lavar la ropa mientras sus parientes y la palomilla le dan “su merecido” a un par de jóvenes.

La cadencia elegida por Escalante para contarnos cómo se va pudriendo México es la adecuada. Es el ritmo de vida de la mayoría, con las actividades de siempre y el proceso natural de quienes son estudiantes y van al colegio, de quien debe acudir diariamente al trabajo para ganarse el dinero con que mantiene a su familia. De repente, el horror llama a la puerta del modo más inesperado.

No es el mejor trabajo de Escalante, pero sí el más provocador. Armando Espitia, Andrea Vergara y el resto del reparto hacen un trabajo plausible, pero están lejos de transmitir ciertas emociones que le habrían dado mayor contundencia al relato. Es la mano del director y cómo nos cuenta esta tragedia la que le da vida y sentido a la historia. Es muy probable que el premio como mejor director en el Festival de Cannes haya ido a parar a manos del mexicano-catalán* porque, no obstante las carencias, supo hacer de Heli un documento para mostrarnos lo que otros no: lo que pasa con quienes viven la guerra y ni siquiera forman parte de ella.

Peor aún, el estado de indefensión en el que se encuentra la sociedad está fiel (y tristemente) retratado en Heli. Con políticos que sólo saben aplaudir ante acciones que desconocen, discursos rimbombantes que repiten una y otra vez la misma perorata de “vamos ganando”. El saldo está ahí para quien quiera contar y hay premios para los creadores de una estrategia sin pies ni cabeza: un expresidente que prefiere vivir fuera del país porque no se siente seguro. El chiste se cuenta solo.

La cadencia elegida por Escalante para contarnos cómo se va pudriendo México es la adecuada. Es el ritmo de vida de la mayoría, con las actividades de siempre y el proceso natural de quienes son estudiantes y van al colegio, de quien debe acudir diariamente al trabajo para ganarse el dinero con que mantiene a su familia. De repente, el horror llama a la puerta del modo más inesperado. Por decisiones lógicas, comunes, lo que haría cualquiera de nosotros que no quiere formar parte de ese grupo que se hace millonario con la droga.

Tal vez Heli desespere a muchos, no es la forma más vistosa de pedir justicia, menos de denunciar la inoperancia de quienes se supone deben de proteger a esta nación, pero es un gancho al hígado. Si lo que ves en el trabajo de Escalante no te causa repugnancia, mis más sentidas condolencias, la indiferencia con la que se trata el crimen y la violencia en este país te ha alcanzado. ®

Nota

* Al momento de ser redactado este artículo aún no había ganado Amat Escalante el Premio al Mejor Director, el cual, efectivamente, le fue entregado en mayo de 2013 (Nota de Replicante).

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Publicado en: agosto 2013, Cine


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  • Heber Pérez

    Mario Garrido. ¿Ya olvidaste la entrevista al JJ o la Barbie misma que disparó la venta de playeras tipo polo? ¿Entrevistas que se pelearon a muerte por tener Loret de Mola y Alatorre en los horarios de mayor audiencia sin que a nadie le importara el ejercicio periodístico?

    Mientras que la entrevista dada por el Mayo a Julio Scherer sí contuvo una carga periodística y de investigación siendo publicada íntegramente en dicho medio.

    Saludos

  • Mario Garrido

    “…¿hay una mejor forma de encumbrar a los narcotraficantes al estatus de rockstar que entrevistarlos en los noticieros nacionales de mayor audiencia?”

    Perdón, pero que yo recuerde ningún noticiero nacional de mayor audiencia ha entrevistado a algún narcotraficante. El único que ha tratado como rockstar a una capo de la droga -con portada y todo- fue la revista “Proceso” cuando Scherer entrevistó al “Mayo” Zambada…