NARCOTWITTEROS

El crimen también se enseñorea en el ciberespacio

El pitazo ha sido quizá por siglos la forma más común de evadir a la autoridad. Como casi cualquier actividad humana, éste también ha evolucionado y hoy corre a través del ciberspacio en 140 caracteres: en forma de Twitter o incluso, encriptado en las letras de videos de narcocorridos expuestos en YouTube.

“La televisión es como una pistola en medio del desierto”, era un ejemplo básico en las aulas de las carreras en comunicación hace una década y media, cuando se trataba de explicar la “inocencia” del medio como estructura física, como hardware que sólo sirve de instrumento para transmitir el mensaje. Lo “peligroso” era, más bien, quién estaba detrás del aparato y con qué intenciones lo utilizaba. Aun así, la discusión siempre resultaba demasiado ambigua.

¿Es Twitter un medio peligroso porque hoy podría estar sirviendo de plataforma de comunicación para integrantes del crimen organizado en México? No, lo que demuestra más bien es la capacidad de los criminales de incorporar a gran velocidad siempre nuevas herramientas para quebrantar la ley.

Avisar a través del celular a un amigo dónde estaba ubicado un retén de alcoholímetro fue tan sólo el principio, y era, para muchos, algo de risa. El pitazo respectivo era un acto de solidaridad. El sistema evolucionó con la tecnología: la ubicación de los retenes se enviaba vía correos electrónicos, luego encontró espacio en una combinación de llamadas por celular-avisos-mirc(o icq)-aviso a celular.

Hace poco llegó a Facebook, incluyendo herramientas de Google Maps. Más allá del riesgo que suponía el que conductores en estado de ebriedad pudieran provocar accidentes lamentables, para los usuarios de estos sistemas de comunicación representaba una especie de acto de rebeldía-tecnológica contra el sistema que terminaba por tomarse de forma poco seria, en cuanto a sus consecuencias.

El asunto se agrava cuando en 140 caracteres o menos un individuo envía un mensaje que podríamos suponer como algo similar a esto: retén en carretera a CJuárez 20 soldados con r15 y m16, 3camionetas 1todoterreno.mejor desviacion hacia… Sólo basta con restringir las listas de seguidores y seguidos y se tiene una comunidad propia, cerrada, con una mayor velocidad y efectividad en la comunicación.

La posibilidad de que uno de los medios de comunicación que hoy día parecen tener más impacto positivo —cuyos beneficios han sido demostrados en caso de emergencias y desastres naturales, entre otras situaciones de riesgo y conflicto—, se convierta en una herramienta más de la criminalidad hace quedar a aquel @antiAA_DF[1], con todo y los Facebooks[2] y blogs que se crearon en derredor (Tweetworth lo valúa en mil 586 pesos[3]), como un pequeño acto para evadir la legalidad.

Ya no es un joven o adulto evadiendo una patrulla del Distrito Federal o de cualquier otra ciudad; puede ser un secuestrador, un sicario, un traficante de droga escurriéndose entre las filas de las corporaciones policiacas y sus operativos, distribuyendo información entre sus cómplices para lograr su cometido sin ser capturado por la autoridad, o dando señales sobre en qué momento es mejor realizar un secuestro.

Especialistas en temas de seguridad personal habían advertido de secuestros realizados luego de que los perpetradores seleccionaran a sus víctimas a través de los perfiles en Hi5, MySpace, Facebook y otras redes sociales. La propia página de MySpace publicó una advertencia al respecto a sus usuarios, emitiendo incluso recomendaciones específicas: no usar datos personales ni confidenciales[4].

Luego vinieron los “experimentos” que el crimen organizado habría realizado en febrero pasado en Reynosa, distribuyendo mensajes en Twitter sobre supuestos choques entre bandas de narcotraficantes o criminales y elementos de corporaciones de seguridad con el objetivo de generar una parálisis, como para medir su fuerza e influencia[5].

Según Ghaleb Krame, especialista en seguridad nacional de la Alliant International University, campus México, el crimen organizado ha desarrollado un aparato de contrainteligencia con lo último en tecnología que incluye, entre sus diversas áreas, subirse a las redes sociales para aprovechar sus alcances y ventajas en materia de comunicación[6].

Pensar que una herramienta, mecánica, informática, física o virtual puede convertirse en un instrumento peligroso es una verdad de perogrullo. El ejemplo de la televisión y la pistola sobre la arena del desierto deja una discusión abierta que pasa además por las ventajas de cómo la propia herramienta puede quizá no combatir, pero sí conformar un frente, dentro del mismo espacio en el que opera, para disminuir los daños posibles ocasionados por su uso pernicioso.

Ahí está también el ejemplo de lo ocurrido en Tamaulipas. Después de la ola de terror desatada por los narcotraficantes, que referían cómo un convoy de 60 camionetas arrasaría con quien se les interpusiera, la propia comunidad, ante el silencio de la autoridad y los medios de información, comenzó a compartir datos sobre lo que ocurría en realidad y lo que no, con una increíble velocidad[7].

El uso de la propia herramienta, en este caso Twitter, como medio de comunicación, tiende a permitir enfrentar el miedo o las paranoias que puede causar el hecho de que las propias instituciones policíacas se vean rebasadas por las nuevas formas de operación de la criminalidad, y lo haría mucho mejor que iniciativas como la del diputado Nazario Sánchez que, en su momento, frente a sitios como @antiAA_DF, propuso controlar los contenidos de las redes sociales[8]. Hoy eso parece poca cosa. ®

[1] http://twitter.com/antiAA_DF
[2] http://es-la.facebook.com/pages/Twitter/A-mi-me-hizo-el-paro-antiAA_DF-para-no-caer-en-los-alcolimetros/115303921824882
[3] http://tweetworth.com/antiaa_df
[4] http://impreso.milenio.com/node/8102767
[5] http://www.milenio.com/node/390320
[6] http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1981607,00.html
[7]http://www.youtube.com/watch?v=OnvULP75Ugg
[8] http://www.eluniversal.com.mx/notas/650582.html
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Publicado en: Destacados, Las drogas y la cultura, Mayo 2010

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