Narradora contra poeta

Casa de geishas, de Ana María Shua

Divido en tres bloques, el volumen en poco equitativo, pues el primero de ellos es el de mejor forma y hechura, entusiasma en su forma, tiene una lógica temática clara, el argumento está a su favor, es el inmueble y las aventuras que se desatan en él, invita a penetrar la puerta de esa casa enorme…

En el mapa literario de habla hispana se le reconoce más como narradora, especializándose sobre todo en el microrrelato, pero también ha incursionado en el mundo de la poesía como puede dar testimonio el volumen donde reúnen sus versos titulado El sol y yo; Ana María Shua (Argentina, 1951) ahora presenta Casa de geishas [México: Posdata Editores, col. Hormiga Iracunda, 2011].

Divido en tres bloques, el volumen en poco equitativo, pues el primero de ellos es el de mejor forma y hechura, entusiasma en su forma, tiene una lógica temática clara, el argumento está a su favor, es el inmueble y las aventuras que se desatan en él, invita a penetrar la puerta de esa casa enorme, con mucho que dar, por ejemplo lo deja claro el final del poema Multitudes: “Trabajando sin parar, el personal de maestranza separa con cuidado las fantasías cumplidas y barre rapidito los deseos frustrados”.

Y es que allí se incuban los sueños de la lujuria y el peso exacto del finiquito para lograr acercarse a su realización, todo eso al lado de la crudeza, de la realidad que resulta por ejemplo Sofisticación: “Para los sofisticados (pero admitamos que se trata de una perversión muy cara), la madama está en condiciones de contratar los servicios de su propia esposa”. Porque de eso van los versos, del amor en una casa de citas, de la carne y el pecado, de golpes de realidad.

Sin embargo, al concluir esa sección y llegar a “Versiones” empieza a una etapa de decepción, resulta fallido el salto que va de doncellas, unicornios, ermitaños y cenicientas, pues el peso de las ficciones cortas a las que está acostumbrada no la deja en libertad par explotar los versos como deben de ser, la simpleza no debe confundirse con la falta de rigor.

Se llega de esa forma a la última y más larga de las secciones “Otras posibilidades”, compendio variopinto donde se abusa del verso libre pero no deja claridad en cuanto a su armado. Hay demasiados temas entrelazados, aunque la sonoridad se nota mejor que en la sección de en medio.

Por momentos parece que se cortan las líneas no ya para hacer versos, sino por capricho puro. Pudieron ser versos en prosa muchos de ellos, pero siendo sinceros, algunos como minificciones serían geniales, no todos, algunos no pasan de una mala broma, los menos, claro.

En suma, Casa de geishas es un libro apurado y falto de rigor en cuanto a su hechura, donde el peso de la narradora le juega en contra a la poeta. Y donde hay muchas historias que pueden contarse en minificciones, pero no en versos. ®

Archivado en Agosto 2012, Libros y autores

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