Narrativa
Podría comenzar sacrificando el nombre baptismal de Bogousslavski a la manera del modernista tras The Burnt Dancer (1914, 1996), pero inocente soy yo del nombre de este justo: veréislo vosotros…
Era esa edad en la que estás grandecito para sentirte niño y al mismo tiempo nadie te considera grande en absoluto. Una especie de limbo etario en la que la mayoría de las personas que te rodea ignora tu existencia. La edad perfecta.
Son las playas, sin duda alguna, los sitios que Mr. Tormentas prefiere para robar a otros la felicidad. Si uno pasea por esos parajes y está atento —por una natural inclinación precavida o por haber sido ya víctima de alguna de sus diabluras climáticas—, no es improbable que sea testigo de un curioso espectáculo.
Reía, se reía y no paraba de reírse. De la jeta se le escapaba la blancura de los dientes blandos. Trompita de tururú. Si cada vez que hablaba ponía boca de tabla del 2. Era todo beso. El acertijo de la vida se descifraba en la negrura tozuda de su mirada.
A fines de otoño regresé al occidente. Hacía justamente un año que no pisaba la tierra de mis antepasados, los orígenes de mi abuelo paterno, aquel hombre de ojos claros que un día empezó a cargar los años sobre el lomo como el Pípila cargó la losa en los libros de texto gratuito.
Estás entregada a la inmutabilidad y no parece existir algo que logre alterar lo impasible del momento. El tiempo corre distinto. No es éste el tiempo del reloj. El transcurrir del nuestro es irregular, se nos escurre como arena entre los dedos.
Morir a los 33 está pasado de moda, o lo que es peor, caminar desde los treinta compartiendo el pensamiento que durante quince años ha evolucionado en ti está pasado de moda.
Entre la cortina de pestañas que se argamasa con el cristal líquido de mis ojos miro cuatro, cinco, seis siluetas. Y de nuevo la luz. Artificial. Me lancina. Es tan intensa que aquellos entes no son más que espectros de opacidad angustiosa.
Con todo, el Jarocho sigue filmando de vez en cuando. Por fortuna soy una de sus favoritas. De videos, todo; de lo demás, si puedo evitarlo, mejor. Regularmente me he negado a atender a alguno de sus clientes de manera directa y convencional, salvo cuando me quedo sin un clavo y no hay ningún cuate a mano para salvarme.
El último ciclo que los bípedos reconocieron en sus mediciones estelares está marcada con los signos “2012”, indicación en la que, al parecer, una hecatombe inexplicable los engulló.
La noticia apareció en las computadoras del diario como aviso digital. Cayó en el ánimo de todos como cubetazo de agua fría.
Justo a medio día abrió la bolsa y esparció su equipo profesional, que consistía en una docena de caracoles cowrie, un trozo cuadrado de tela con figuras místicas y enigmáticas, un cuaderno y un atado de manuscritos en papel de palma.
“Los mapas revelan rumores de topografía, las rutas de invasiones y comercio, y la mentalidad loca y oscura de las historias de viajeros aparece en varios registros árabes, y chinos, y medievales. La isla sedujo a toda Europa. Los portugueses. Los holandeses. Los ingleses”.
Observando la quietud que se instauraba en la habitación cuando las estructuras permanecían en pie Nataniel se convenció de que éstas tenían el poder de congelar el tiempo. Al menos, mientras no se derrumbaran.
Lava la ropa blanca los lunes y ponla a secar en las piedras; lava la ropa de color los martes y cuélgala del tendedero; no camines con la cabeza destapada bajo el sol de mediodía; guisa frituras de calabaza en aceite dulce muy caliente; remoja tu ropa interior justo después de quitártela; cuando compres algodón para hacerte una blusa linda cerciórate de que no tenga resina porque si no, no va a aguantar ni una lavada.
nunca jamás me había sucedido esto le juro yo sólo me dejé llevar y bueno yo no quería que algo así pasara es que yo sólo iba en el carro y lo vi y no pude me detuve y y bueno la radio venía a todo volumen y yo cantaba dulcemente detrás del volante mientras circulaba por Himno Nacional
Ayer, después de casi tres meses en mi nueva casa, hice un openjaus e invité a mis amigos. Pero nadie vino, sólo uno que es muy enfadoso, pero se enteró y llegó con una sonrisa como si quisiera presumir sus dientes. Yo no lo invité.
Para entonces, la colonización de Marte había comenzado hacía una década. Tres años antes del 2019. Después, recién iniciadas las celebraciones del año nuevo 2026 en lo que hasta entonces se conocía como la Unión Americana, comenzó la Gran Guerra. El resto todos lo sabemos.
Aquí mi trama ha fracasado: estoy en la librería La Azotea, adonde llega un desconocido que me ofrece en venta un libro de nombre y autor inciertos para mí. Me pide que le ayude con el favor de comprarle el libro pues hace años que la border patrol lo echó del país, que no ha podido acabalar su ciclo de hombre sin patria; que sueña con regresar a sus raíces a bien morir.
Podía ser un cuarto de grandes dimensiones, una bodega, sin ventanas y con una sola puerta; a veces tenía un ojo de buey, cerca del techo, con el fin de que se ventilara el lugar o, dado el caso, saliese el humo o el llanto del chico castigado por respondón, desobediente o cualquiera fuese el motivo de la sanción.






























