La barbarie admitida
Luego de que los sicarios cercanos a los capos desterraron a Yander y Javier y su camarilla, con el paso de los meses el Ejército y la Marina les tendieron una trampa, a pesar de que les entregaron muertos a varios Emes que durante un tiempo no pudieron atrapar.
La noche que veré a R
Solía amarrarme desnuda a una silla, a la cama o simplemente inmovilizarme para hacerme toda clase de juegos. A veces llevaba a alguien más para que jugaran conmigo, otras para que retozaran con él. Lo amaba, por eso aceptaba acostarme con sus amigos.
La mujer de arena
Estábamos sentados uno al lado del otro. Hacía calor, o eso me parecía a mí, o eso creo recordar. Ella tenía puesta una pollera tableada que formaba un círculo a su alrededor, ese círculo me tocaba. En un momento yo empecé a deslizar mi mano derecha por debajo de su pollera muy lentamente…
Mis encuentros con ella
La gente de casi todos los países empezó a ir para asomarse desde la barda y verla escuchar, una y otra vez, melodías de todo género. La gente se amontonó ahí como si no fuera una criatura sobrenatural, sino un animal de circo.
La vida en el multifamiliar
Quien ha planeado esta unidad ha tenido la gentileza de ubicar un centro comercial, una cancha multiusos, un templo y un solar para que se instale una feria o a veces un circo. Para algunos, vivir aquí es sólo una condena temporal en espera de mejores ingresos; para otros, la resignación tiene el rostro de una esperanza envuelta en decepción.
Lo que sobra de Lorenz
“¡Barra de esquivos, carros falcados!”, rezongó el protagonista pillando a Bucket. “¡Remeros ciegos, niñas en kimono!”, bregaba a sus tripulantes en tono simplón, pero éste no era Bombeck. El Bombeck que Élmer conoce y saborea, al que se afiliaría en un chasquido, pájaro furtivo que le fascina y frecuentemente también le desconcierta, faltaba.
El gran Omó Saché
El Gran Omó Saché lo puso en el centro. Me dijo: “Tú sólo seguirás instrucciones. Quédate tranquilo frente a mí”. Entonces tomó el bastón y empezó a golpear con él la tierra de manera rítmica, acompañando sus movimientos con un cántico en yoruba, el idioma de sus lejanos ancestros africanos.
El pintor ciego
Me contó lo que sentía cuando dibujaba. Consideraba que la pérdida de uno de los sentidos podía constituirse en una ventaja. Amaba el olor del papel, la rugosa textura de su superficie; decía que podía oír el sonido del grafito deslizándose y sentir la imperceptible resistencia que oponía la granulosidad a la mina finísima que usaba para dibujar.
El pollo a las brasas
Aunque el tren estaría a unos 25 metros de distancia de mi punto de cruce y el maquinista hizo resonar la alarma, alcancé a cruzar las vías con aplomo, sin suponer nada al futuro ni recordar nada del pasado, como dicen le sucede a los moribundos.
Navideath en San Pedro
Adentro el Brujo manoseaba a unas morritas que se veían como de prepa, las invitó a quedarse en su casa. Karpath y los músicos pisteaban cada uno su caguama. El slam estaba a todo lo que daba: chingados, miados, cagados, sangrados, festivos, tirando puñetazos al aire, agitando la melena o la cabeza rapada o el penacho, patadas, brincos y el sonido de Rectal Smegma.
