Navideath en San Pedro

Black Brutal Porno Grindcore Metal Fest en La Laguna

Karpath y los músicos pisteaban cada uno su caguama. El slam estaba a todo lo que daba: chingados, miados, cagados, sangrados, festivos, tirando puñetazos al aire, agitando la melena o la cabeza rapada o el penacho, patadas, brincos y el sonido de Rectal Smegma.

Alma Grinder regresó montada en un pingüino de Bon Ice a casa del Brujo.

Órale, puto, levántate, nos vamos a San Pedro. ¿En eso? No, pendejo, ese triciclo es para vender bolis en el Centro. Pero es Navidad, morra, nadie compra bolis en Navidad. ¡Cállate, baboso!, hace un calor de la verga afuera, nomás porque tú no sales y te la pasas tragando Gansitos con esta bola de gediondos, ¿y dónde está el pinche Brujo?

Alma recorrió la sala, aventó cojines, cajas, zapatos, ropa sucia; saltaron envolturas de Gansitos y envases de Cocacola que se estrellaron al caer, unos morros que estaban en el suelo se despertaron sin decir nada.

¿Qué buscas? ¡Me enferman, parásitos! Bájale de huevos, morra, ya los despertaste. Pues que se vayan a la mierda o que aquí se queden, total, es lo mismo, los corrieron de sus casas, pendejos analfabetas, ni la secundaria terminaron. Ya, bájale, morra, a ti también te corrieron. ¡Te corrieron tu puta madre!, yo me fui solita. ¿Y tu hijo? ¡Cállate, baboso!, orita vamos por él, para eso traigo esta merca. ¿El pingüino? Vamos por mi hijo y vamos a encontrar al Brujo. ¿Vamos?

Salimos montados en el pingüino junto a la barda que limita el vado del Río Nazas en la colonia Moderna. Yo pedaleaba mientras Alma, uniformada de azul aqua, gritaba ¡Bon Ice!

Entonces ¿para qué vamos a San Pedro? Si serás baboso, me cae.

Me dio una palmada en el hombro, luego un zape y se rio a carcajadas. Cruzamos el bulevar Independencia por la Rodríguez, señaló una barda tapizada de pósters, estacioné el pingüino en la esquina, Alma vendía bolis de fresa a un par de niñas acompañadas de su mamá, me acerqué a la pared y vi el anuncio del toquín: Karpath Productions presenta: / Navideath Black Brutal Porno Grindcore Metal Fest / directamente de Holanda Rectal Smegma / bandas locales Eternal Darkness, Desmadration, Tricomoniasis, Kaguamazo, Gonorrea Durangore / 25 diciembre 2012 / 8:30 PM / Preventa $120 Día del evento $150 / Lugar: Laguna Splash!, San Pedro de las Colonias, Coah. / ¡Ambiente para todas las edades!

Alma vendía bolis de fresa a un par de niñas acompañadas de su mamá, me acerqué a la pared y vi el anuncio del toquín: Karpath Productions presenta: / Navideath Black Brutal Porno Grindcore Metal Fest / directamente de Holanda Rectal Smegma / bandas locales Eternal Darkness, Desmadration, Tricomoniasis, Kaguamazo, Gonorrea Durangore / 25 diciembre 2012 / 8:30 PM / Preventa $120 Día del evento $150 / Lugar: Laguna Splash!, San Pedro de las Colonias, Coah.

¡Arre pues!, no te quedes ahí de clavo, baboso. Cámara, morra, ¿entonces cuántos bolis tenemos que vender? Ciento cincuenta de jodido y sin pistear. No mames. Ya sé, pendejo, por eso tenemos que vender más, ¡órale!, pedaléale y vámonos al mercado ¿o ya te apretaste?

El mercado Alianza estaba aperrado de ñoras que compraban ingredientes para la cena. Alma se colgó la hielera, se bajó del pingüino y se metió al mercado gritando ¡Bon Ice! Me quedé afuera con el triciclo y una perra hambre, recordé que no me dejó zumbarme un Gansito antes de salir. No traía varo desde que salí de casa, de casa de mis papás, ni de con el Brujo, de eso hace un par de semanas y una constelación de espinillas menos en mi cara.

Miré alrededor esperando no encontrarme con mis papás o mi hermana. De nuevo busqué una moneda de perdido para acabalar una gordita pero nada. Tuve que gritar. Gritar durísimo ¡Bon Ice! porque las ñoras y los camiones hacían un escándalo y luego el sonido de los locales, la puta cumbia y la puta banda, ruido de trogloditas. ¡Bon Ice! ¡Lleve su Bon Ice de fruta con chilito: naranja, manzana verde y mango!

No fue tan difícil vender bolis. El pingüino atraía a la gente y yo sólo tenía que despachar el sabor indicado. A este paso juntaríamos el varo y nos alcanzaría para unos lonches.

Alma regresó corriendo.

¡Se están agarrando a madrazos, cabrón!, una ñora le quitó el marrano que otra había apartado y pues que no se dejó y se armó el desvergue, se juntó un chingo de gente.

Abrió el vientre del pingüino y sacó más bolis.

Apenas era mediodía y aunque venteaba fresco el sol quemaba. Alma regresó y me mostró su hielera vacía. Se quitó la cachucha y soltó su cabello güero oxigenado como pelos de elote más o menos emparejados. Se estiró, se limpió el sudor con la manga del antebrazo, se acomodó los piercings de la ceja, nariz, cachetes y labios. Sacó dos bolis de guanábana y me ofreció uno.

Chíngatelo para aguantar. ¿A dónde vamos? Le vamos a dar por la Hidalgo hasta el mercado Juárez. ¿Y un lonche después o qué? Cállate, baboso, yo no como cadáveres y espero que tú no te comas a un muerto frente a mí, pendejo. No mames, pinche morra vegana, no me dejaste tragar ni un Gansito. No mames, tu puta madre, vamos a gastar este varo en ir por mi hijo, ir al toquín y encontrar al Brujo. ¿A poco ahí va a andar el Brujo? Creo que sí, más le vale, ¿o crees que se quede con esa bola de arrimados como tú que se quedan en su cantón?

La Hidalgo estaba llena de cholitas nalgonas y triponas. Puras morenas con plastas de maquillaje para aclarar la piel. Groseras y guandajonas, apenas en secundaria y embarazadas, con la barriga remachada con un clip en la blusa a la altura del ombligo para protegerse del mal de ojo.

Ya deja de verlas y ponte a vender, pendejo. No te pongas celosa, morra. Vete a la verga, pendejo, ¿celosa yo de esas pinches cholas nacas? Pos sí ¿qué tiene? Son putas. Pues son mujeres. ¡Cállate, baboso!, ¿qué estás insinuando? No insinúo ni madres, digo que a las morritas les gusta coger, ¿o no? Sí. ¿A los cuantos te dejaron panzona? Qué te importa. ¿Cuántos años tiene tu hijo? ¡Ya ponte a trabajar, degenerado!

Llegamos al mercado Juárez donde Alma se metió a vender. Afuera me encontré con Lety, una morrita chichona y desnalgada a quien la llamábamos Lilith cuando se quedaba con el Brujo. La invité al toquín con Alma.

Esa vieja está loca, Flavio. ¡Todas las viejas están locas! No mames, yo estoy bien buena. Y también estás loca, Lilith. Pero no tengo alergia al látex ni parí un mocoso que a los cuatro años todavía usa pañal. ¡No me chingues! Es neta: su hijo es un odioso, chiple y cagón de cuatro años. ¿Y usa pañal? Asquito, ¿verdad, nene?

Unos niños se treparon al pingüino.

Ponte a vender, Flavio Filth, no te chivees porque estoy aquí contigo.

Lilith me abrazó así con sus chichis casi al aire, sujetas por una blusa negra sin mangas y otra blusa manga larga de red. En eso se acercó su hermana gemela Eva empujando una carreola.

¿Ya conocías a mi sobrina, Flavio?

Saludé a Eva y me incliné para ver a la bebé. Una criaturita morena envuelta en un pañalero de Metallica y cobijas negras con blanco y calaveritas rosas.

¿Entonces vamos o qué morra? No puedo, ¿verdad, hermana? Vamos a cenar con la familia a celebrar que ya regresó esta muchacha perdida y que por fin terminará la prepa abierta. Felicidades, morrita, hasta que le inteliges. Graciosito, deberías volver a la prepa en vez de andar trepado en un pingüino; bueno, nene, nos vamos. Cuídense, chicas. Tú también, Flavio, cuídate de esa vieja loca, ¿no te ha dicho que hablaba con muñecas? Como cualquier niña, ¿no? No, decía que se movían solas y que estaban poseídas por el diablo. Ja ja, te mamas. Es neta: pregúntale al Brujo, él las exorcizó.

Nos despedimos.

Alma llegó y me empujó.

¿Qué quería esa puta? ¿Cuál puta?, era Lilith. Por eso: pinche puta. Bájale morra, nomás la saludé. La invitaste al toquín, ¿verdad, pendejo? No. Te conozco, Flavio, eres un puerco como todos los hombres, ¿te gusta? Pos tiene bonitas tetas. ¡Ésas no son tetas, son ubres!

Me reí, Alma amagó con darme una cachetada y se rio de nuevo a carcajadas enseñando hasta las muelas. Me dio una palmada en el hombro.

Pobre pendejo, mejor mira.

Se miraba contentota.

¡Mira!

Señaló su nariz.

¿Qué? ¡Mira bien, pendejo! Ah, un septum, no mames ¿y mi lonche? ¡Lonche tu puta madre, pendejo!, ya tenía días que quería esta pieza, ahora quiero un tatuaje en la espalda. ¿Pero te gastaste el dinero en eso? No, pendejo, me lo fio el Killer, le dije que íbamos con el Brujo a la Navideath en San Pipas. ¿Así nomás? ¡A huevo, puñetas, soy chingona!

Nos volvimos a trepar al pingüino. Le di rumbo a la estación de autobuses rancheros.

Primero vamos por mi hijo, baboso. ¿A dónde? A Gómez. ¡Ya ni chingas!, vámonos en camión. No. Estoy cansado, morra, y ni un Gansito ni un lonche, no me chingues. Ahí con mi jefa te alivianas, ella también come muertos como tú, pedazos de escoria.

Regresamos por la Rodríguez. Ya había pasado la hora de la comida. Me rugía la panza. Alma no dejaba de gritar ¡Bon Ice! Parecía que se caía del triciclo cuando los camiones pasaban a un lado de nosotros. Cruzamos el puente plateado sobre el lecho seco del Nazas.

Entramos a Gómez Palacio que olía peor que Torreón: pollo podrido, mecos, mierda y desechos industriales.

Alma me roló otro boli de guanábana para aguantar el pedaleo hasta el Centro de Gomitoz.

Llegamos a la Plaza de Armas.

Espérame aquí, voy por mi morrito. ¿Y mi lonche? Ah, sí, cómprate uno con lo que vendiste.

Alma se llevó el pingüino. Me dejé caer en una banca bajo la sombra de un árbol. Me levanté en chinga cuando vi que los pájaros rodearon y cagaron la plaza que se encendía con luces navideñas. Fui por el lonche, una Cocacola y un Gansito.

Empezaba a oscurecer. Los pájaros seguían peinando y cagando la plaza. Ya no era hora de bolis. Se soltó el aire fresco. Se escuchaba más ruido de camiones, carros y personas apuradas por comprar regalos o alcohol. Era el espíritu navideño. Queríamos desmadrarnos.

Alma llegó con su hijo que caminaba con las piernas muy abiertas. El niño venía abrigado. Alma traía dos chamarras y me entregó una.

Es mía, ¿de dónde la sacaste? Me la llevé de la última vez que nos vimos en casa del Brujo. Hace como un mes de eso. Sí, gracias, ora vámonos recio, puto.

Nos subimos a un camión que nos dejó en la central de autobuses rancheros. Pagamos por un San Pedro Directo Clase Ejecutiva. Esperamos diez minutos junto a los viejitos y señores que cargaban cajas con huevo, gallinas, juguetes y comida.

Agandallamos lugar en la fila cuando nos pidieron cuidar el lugar de un viejito que tuvo que ir a mear.

En el camión nos sentamos hasta atrás.

Cerré los ojos. Intenté dormir.

Flavio… Flavio… Flavio… Flavio… ¿Qué? ¡Puto! Flavio… Flavio… Flavio… Flavio… ¿Qué? ¡Marica! Oh, no me jodas, morro, déjame dormir. ¡Cállate, baboso!, no le hables así a mi hijo, pedazo de mierda, cómo te atreves es un niño, un niñito, un chiquitito precioso y metalero, ¿quién te quiere, bebé? Por favor, morra, déjenme dormir ando jodido. Jodido vas a traer el culo si le sigues hablando así a mi hijo, bestia.

Dormí por ratitos. El cacareo de las gallinas, el olor a meados de viejo, el hijo de Alma jalándome el cabello y hablando con sus juguetes me despertaban.

¿Ya mero llegamos? Acabamos de salir de Torreón. No mames. No mames tú, culero cochino, hueles feo. Ja ja qué lindo mi hijito, siempre diciendo la verdad. Ya pues. ¡Aguante vara, vato, no sea marica! Bueno, ya bájale de huevos, morro.

Alma me soltó una cachetada y el niño me jaló el pelo.

Te lo advertí, pendejo, no le hables así a mi hijo. Chíngatelo, mami, chíngatelo. Ora vete a la verga por culero.

Me aventó del asiento y caí sobre una charola de huevos. El dueño de la charola me gritó, se puso de pie, Alma reía, el hijo aprovechó para agarrar un huevo y aventarlo. Otra persona se levantó y gritó, y las gallinas cacarearon, aletearon, cagaron, Alma y su hijo reían a carcajadas, Alma abría tanto la boca que se le veían los dos aretes en la lengua y una muela podrida, se puso colorada, el niño aventó otro huevo que le calló al chofer. Detuvo el camión.

Los pasajeros nos señalaron como los culpables del alboroto. Yo señalé al hijo de Alma. Alma me gritó que era un pendejazo y pusilánime. El chofer me bajó del camión. Por la ventanilla vi que Alma y su hijo se carcajeaban y se despedían de mí cuando el chofer le tocó el hombro, le dijo algo que hizo que Alma saltara, gritara, pataleara, agarrara a su morrillo y saliera del camión.

Grind

Nos rodeó una nube de polvo al arrancar el autobús.

Tenías que cagarla, pendejo. No mames, morra, agarra el pedo. ¡Mamá! ¡Tenías que cagarla, idiota, pedazo de escoria! No te alebrestes, morra, por tu maniacada nos mandaron a la verga. ¡Mamá! ¡Maniacada tu puta madre!, eres un imbécil que no sabe tratar con niños, no tienes corazón. ¡Mamá! Ora resulta, no me chingues, primero me cagan el palo y ahora soy un insensible. ¡Mamá! ¡Pero te va a cargar la verga, cabrón, te va a cargar la verga cuando lleguemos con el Brujo, te vas a arrepentir! ¡Mamá! ¡Te vas a arrepentir de ofender a mi hijo y de portarte como un pendejazo y pusilánime, eso es lo que eres! ¡Mamá! Te vas a acordar de mí en tus pinches pesadillas, cabrón, no vas a poder dormir cuando el Brujo se te aparezca. Cámara, morra, ya te estás pasando de verga, ¿a poco crees esas chingaderas? ¡Mamá! ¿Qué? ¡Mamá! ¿Qué? ¡Mamá! ¿Qué chingados quieres, hijo? Me cagué.

Unos minutos después Alma y su hijo salieron de los matorrales secos. Caminamos hasta la siguiente parada de autobús que era la entrada a un ejido de Matamoros. Alma se sentó, recostó al niño en sus piernas y le hizo piojito. Me senté a su lado. Alma suspiró y recargó su cabeza en mi hombro.

El camión podría tardar una hora o menos en pasar. Me levanté y caminé a pie de carretera a pedir rait. Pasaron carros que me prendieron las altas. Sólo nos iluminaban los focos pelones de las casas y las luces de los autos.

Media hora después se detuvo una Van negra. Adelante iban un par de greñudos vestidos con chamarras de cuero, pulseras con picos, con las caras pintadas de blanco y negro y con la boca salpicada de algo que parecía ser sangre. Adentro se escuchaba un estertor de guitarras.

¿Pa dónde la giras? ¡Ah, chinga, eres el Flavio! ¿Karpath?

Corrí con Alma, intenté cargar a su hijo pero me lo arrebató.

Karpath nos abrió la puerta de la Van donde iban instrumentos y otro vato echado, rodeado de botellas de cerveza vacías.

No le hagan caso al Caguameitor, anda borracho, ustedes acomódense. Gracias, Karpath, ya estaba harta de aguantar a este pendejazo, por su culpa nos bajaron del camión. Así es la vida del metal, Alma, pure fucking metal con Eternal Darkness.

Alma, Karpath y el copiloto platicaron del Brujo que según esto iba a tener un hijo con Lilith pero que una noche se lo absorbió desde el útero.

¿Cómo? Así con la boca, se lo aspiró con todo y sangre, a él le gusta hacer esas ondas. No mames, Karpath, él no hizo eso. Es lo que dice la banda. Tal vez le exorcizó la barriga. O se lo sacó con una espada. O tal vez la puta ésa decía que estaba embarazada para bajarle varo y nada de que estaba panzona porque es una pinche alcohólica, no la conoceré a esa putísima, se cree la muy buena pero desde que se juntó con el Brujo y las caguamas se puso guandajona y tripona, ustedes hombres cómo son pendejos. Ja ja, pinche Alma, por eso te dejó tu vato. ¡Cállate, baboso!, mi vato no me dejó, lo anexaron. ¿En el Cereso? Simón, sale en dos meses, así que no te quieras pasar de verga conmigo.

El hijo de Alma le jaló las greñas a Caguameitor que respondió con un manotazo y un vómito que manchó los pantalones del niño.

No vales verga, Caguameitor, ya echaste toda tu pinche vasca en mi hijo.

Alma le aventó una botella que le pegó en la jeta, cogió al niño, le quitó el pantalón y lo tiró por la ventana. Caguameitor despertó, se limpió con la mano el hilo de vómito que colgaba de su boca, abrió otra cerveza, dio un trago y nos saludó.

El hijo de Alma lloraba y pataleaba. Karpath y el copiloto rieron y se burlaron de Caguameitor. Yo sonreí y brindé con ellos.

Atravesamos varios ranchos hasta entrar al pueblo de San Pedro de las Colonias, Coahuila, cuna de la Revolución y último bastión del metal en la Comarca Lagunera. Llegamos al parque acuático Laguna Splash! Entramos sin pagar con Karpath y su banda Eternal Darkness. Al hijo de Alma le prestaron una toalla.

Ya había empezado el toquín con bandas locales. En el escenario el vocalista berreaba y orinaba a una mujer envuelta en látex negro mientras la banda ejecutaba serruchazos en sus liras. El poco público gritaba y aventaba cerveza. Algunos andaban en calzones y botas militares. Otros andaban todo de negro, vestían de cuero o de mezclilla, con accesorios de picos, parches, gabardinas, chamarras de motociclista, greñas largas, penachos, mohawks, caras prietas, grasienteas, ojerosas, algunos güeros de rancho, mujeres gordas envueltas en negro como tamal gótico, algunas delgadas con top negro y blusas de red, todos sudando porque el Laguna Splash! no tiene sistema de refrigeración más que abanicos de techo.

Atravesamos varios ranchos hasta entrar al pueblo de San Pedro de las Colonias, Coahuila, cuna de la Revolución y último bastión del metal en la Comarca Lagunera. Llegamos al parque acuático Laguna Splash! Entramos sin pagar con Karpath y su banda Eternal Darkness. Al hijo de Alma le prestaron una toalla.

Alma se quitó la chamarra y mostró los tatuajes en sus brazos: el nombre de su hijo, un par de calaveras, un vampiro y un marrano enojado. Su hijo se quitó la toalla de un jalón, la aventó e hizo la señal del rock n roll.

¡A huevo, putos, ése es mi hijo! Qué chingón el morro. Cállate, baboso, hace horas te caía mal. Cámara, morra, no seas sentida. No seas un pendejazo y tráete las cheves.

Caminé guiado por las luces navideñas que enmarcaban la barra. El local estaba oscurísimo, tan sólo un juego de luces en el escenario y un par de focos blancos en los baños iluminaban el pasillo y área del slam. Afuera en la penumbra sampetrina, al fondo del bar, se miraban los toboganes abandonados como enredaderas que se hundían en la alberca sin agua. Ahí cotorreaban Karpath y otros músicos, nomás se veía que se prendía la llama de un encendedor y se iluminaba en un parpadeo la punta de una antena.

Le entregué la cheve a Alma. Se la empinó y terminó en dos tragos.

¡Jesucristo, qué rica tu pipí!, ¿y por qué nomás me trajiste una?, tráete la tina, baboso.

Metal

Guitarrazos y gritos azotaron las paredes. Se dejó caer más banda. No me di cuenta el momento en que el slam nos había alcanzado y terminamos por agarrarnos a madrazos para defender nuestra cerveza. El niño de Alma correteaba y gritaba y se meaba en los rincones. Después de un codazo que me dejó en la pendeja, me abrí con las cervezas. Alma me siguió.

¿A dónde te las llevas, pinche sordero?, ya se está poniendo bueno el desvergue, nomás falta que llegue el Brujo. ¿Y para qué quieres a ese güey? Se llama Brujo, pendejo, dilo bien. Tranqui, morra, ¿entonces para qué quieres al Brujo? Necesito que haga algo por mí. ¿De qué o qué? Ya verás, se va a poner chingón, él sí es un hombre, no un pendejazo espinilludo y puñetero como tú.

Llegó el turno de Karpath y su banda Eternal Darkness. Se apagaron las luces excepto la serie navideña en la barra. Sonó un murmullo de ultratumba que se fue convirtiendo en un estertor y luego en un rugido de carne desgarrada. Un resplandor y un golpe de bataca, otro resplandor y un susurro de teclado, el resplandor se volvió luz estroboscópica acompasada por el doble pedal de batería y guitarrazos que simulaban demoliciones. Silencio y oscuridad. Otro resplandor dejó ver que del techo bajaba una sombra.

¡Es él! ¿Quién? ¡El Brujo! ¿Cómo lo sabes si ni siquiera se ve? Sólo lo sé, pendejo.

Oscuridad.

De nuevo luz estroboscópica y el golpe de metales y gruñidos. El Brujo o la sombra bajó de un brinco extendiendo su gabardina como alas de vampiro. Cayó de pie en medio del escenario junto a Karpath. Vestía completamente de cuero negro, botas de plataforma: una terminaba en pezuña de chivo y la otra en espolones de gallo. El cinto era un pentagrama invertido con la cabeza de un chivo, su camisa abierta mostraba cadenas y dijes de la Santísima Muerte y pentagramas; sonrió y mostró sus colmillos largos, ojos rojos y ceja delineada, cabeza rapada a excepción de dos cuernos. Remataba su atuendo con una gabardina larga y anillos de garras en los dedos índices y anillos de calaveras y piedras en los demás dedos.

Grindcore

Karpath le entregó un murciélago al Brujo y le arrancó la cabeza con los dientes. La gente aplaudió, gritó y tiró chingazos. La misma morra envuelta en látex subió al escenario. El Brujo sacó una navaja, le hizo una cortada en el antebrazo, a la altura de la muñeca y le chupó la herida mientras se oían gemidos de la morra a través de la máscara con cierres en los ojos y boca. El Brujo miró a su público y sonrió manchado de sangre. La banda dejó de tocar. Karpath dio las gracias al Brujo y a la morra quienes bajaron del escenario. Al Brujo lo rodearon ñoras y adolescentes.

Alma me jaló del brazo y entre empujones y codazos nos acercamos al Brujo. Se miraron un rato, Alma se atrabancó con unos besotes en la boca sangrienta del Brujo. Todavía no acababan el besuqueo cuando se rieron y escupieron al suelo.

Chido tu septum, Almita, ¿y este tatuaje es nuevo?, te miras chida. Necesito que lo hagas, Brujo. ¿Qué cosa? Lo que le hiciste a Lilith. ¿Estás segura? Sí. ¿Cuándo? Ya. ¿Él es el bueno? Hmmm, él es un pendejazo, un amigo, mi vato está anexado. Ya entendí, vámonos pues.

Alma dejó a su hijo saltando en el escenario con la cara pintada de blanco, negro y salpicaduras de rojo.

Fuimos a la zona de toboganes. El aire rugía como tripas hambrientas cuando atravesaba los tubos enredados. El Brujo prendió la antena y fumó. Alma temblaba junto a mí.

¿Qué pasa, morra?, ¿qué va a hacer? Cállate, baboso, cómo chingas, nomás mira y que te valga verga. Para qué chingados me traes entonces. Para que te comportes como hombre y no como un pendejazo, pinche vato pardo, mejor tráeme mi chamarra o dame la tuya. Ten pues, pero dime qué va a hacer el Brujo. Ya verás. ¿Para qué quieres que vea, puta madre?

El Brujo cargaba una caguama. Llamó a Alma. Fue y se quedó quieta junto a él. Le dijo algo y le hizo señas. Alma se quitó la ropa. El Brujo sacó su navaja, hizo más señas, apuntó al abdomen de Alma y trazó una estrella invertida de cinco picos y un círculo, hizo un corte en su propio antebrazo, chupó la sangre y la escupió sobre el monte de Venus. Alma se acostó con las piernas flexionadas. El Brujo se inclinó y comenzó a chuparle la entrepierna y a morderle los muslos. Se levantó y volvió a escupir, levantó la caguama y gritó unas chingaderas en no sé qué idioma, agitó el envase, lo destapó con los dientes y lo colocó rápidamente entre las piernas de Alma que casi se levanta como un resorte, pero se contuvo y gritó, le salió espuma por la boca.

Cuando se terminó la caguama, el Brujo succionó el sexo de Alma, de ratitos levantaba la cara para escupir un líquido oscuro.

Eternal Darkness dejó de tocar. Rectal Smegma subió al escenario y agradeció, en inglés, a Karpath la oportunidad de tocar en la cuna del metal del norte de México. Después, la primera rola que salió como vómito de los amplificadores, sonido corrosivo, doloroso, directo de la boca del estómago, un flujo intraducible de baba, ácido, bilis, tragazón y chingadera.

El Brujo pasó a mi lado y me palmeó la espalda. Alma seguía tirada en el zacate.

Ayúdame a levantarme, pedazo de escoria. Ya voy. Ora sí te salvé de una, pendejo. ¿De cuál? No te quieras pasar de verga y me vayas a agarrar las nalgas o te arranco el pito a mordidas. Estás bien pinche loca, morra. ¡Loca tu recontraputa madre!, pásame mi blusa y deja de verme los pezones, ya sé que no tengo chichis, pendejo. ¿Ya todo machín? No, traigo la panocha fría como si me hubiera masturbado con un pinche Bon Ice. ¿Y eso es malo? No sé, pregúntale al pingüino, yo siempre ando caliente.

Caminamos de regreso al toquín. Adentro el Brujo manoseaba a unas morritas que se veían como de prepa, las invitó a quedarse en su casa, había espacio, comida y heavy metal. Karpath y los músicos pisteaban cada uno su caguama. El slam estaba a todo lo que daba: chingados, miados, cagados, sangrados, festivos, tirando puñetazos al aire, agitando la melena o la cabeza rapada o el penacho, patadas, brincos y el sonido de Rectal Smegma. Alma sonrió con toda su encía de fuera al ver a su hijo que se había quitado el pañal y cagaba en el escenario. ®

(Este cuento se realizó con el apoyo del Programa Estatal para la Creación y el Desarrollo Artístico de Coahuila a través del programa Jóvenes Creadores 2011-2012.)

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Publicado en: Marzo 2013, Narrativa


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