Pagar promesas de campaña

El regreso del PRI a Jalisco

A escasos tres meses de tomar posesión del cargo de gobernador de Jalisco, al priista Aristóteles Sandoval ya lo están esperando todos sus “compromisos” de campaña, aparte de los múltiples pendientes que habrá de heredar de la agonizante administración del panista Emilio González Márquez, entre ellos la deuda pública por la friolera de 18 mil millones de pesos, la cual representa algo así como la cuarta parte del presupuesto anual del estado.

Aristóteles Sandoval

Pero volvamos al asunto del principio: a los compromisos contraídos voluntariamente por el ahora gobernador electo y de los cuales se valió para tratar de convencer a los electores de Jalisco de que él era la mejor opción para conducir los destinos del estado por los siguientes seis años.

A quererlo o no, esos compromisos pondrán a prueba de inmediato (léase a partir del 1 de marzo de 2013) el regreso del PRI a la gubernatura de Jalisco, luego de dieciocho años de escasa competencia de los gobiernos del Partido Acción Nacional.

De cumplir o no —y de hacerlo, además, de forma satisfactoria— con esos deberes que Aristóteles Sandoval se autoimpuso durante su campaña dependerá que sea visto o como un funcionario serio y capaz de honrar su palabra, o como otro charlatán más, de ésos que suelen defraudar cínicamente a la sociedad y burlarse de la buena fe de la ciudadanía, con el calculado fin de llegar a un cargo público.

Por lo que hace a la promesa de campaña para ampliar la cobertura del Tren Eléctrico Urbano, mejor conocido por los tapatíos como Tren Ligero, Aristóteles Sandoval ya tiene un signo de esperanza en el anuncio hecho, durante su toma de posesión, por el presidente Enrique Peña Nieto, quien explícitamente habló de extender el servicio de transporte urbano mejor calificado por los tapatíos y que, a pesar de ello, fue abandonado por los gobiernos de Acción Nacional.

Estos gobiernos, particularmente el de Emilio González Márquez, le apostaron a un medio de transporte de menor calidad y de mayores inconvenientes: los camiones articulados del BRT o Macrobús, ante la desaprobación y molestia de la ciudadanía, que castigó severamente en las urnas al PAN por insistir, a pesar de todo, en ese proyecto tan poco estimado por la sociedad.

El gobernador electo, que será gobernador a secas en cosa de dos meses, tendrá la oportunidad de cumplir con el más costoso de sus compromisos de campaña con el respaldo del gobierno federal de Peña Nieto, aunque hasta ahora sólo sea un respaldo de saliva.

De cumplir o no —y de hacerlo, además, de forma satisfactoria— con esos deberes que Aristóteles Sandoval se autoimpuso durante su campaña dependerá que sea visto o como un funcionario serio y capaz de honrar su palabra, o como otro charlatán más, de ésos que suelen defraudar cínicamente a la sociedad y burlarse de la buena fe de la ciudadanía, con el calculado fin de llegar a un cargo público.

Pero a Aristóteles Sandoval le aguardan otros pendientes más o menos onerosos, como su promesa de ofrecer transporte gratuito a los estudiantes del estado; su compromiso de salvar los poblados de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, amenazados por la proyectada presa de El Zapotillo, así como el anuncio de transformar Casa Jalisco de residencia oficial del gobernador en una edificación de asistencia social.

Para cumplir con en el primer caso, el de transporte gratuito a estudiantes, el siguiente gobierno de Jalisco tendría que echar mano de una parte significativa del presupuesto estatal, desatendiendo otras áreas de la administración pública. Y ello aun cuando sólo decidiera brindar ese transporte sin costo a estudiantes de educación media y superior, algo que en su momento no especificaron ni el entonces candidato del PRI a la gubernatura de Jalisco ni su equipo de campaña.

Por lo que hace a la palabra dada a las personas que resultarían afectadas con el proyecto de El Zapotillo y evitar que sean inundados sus pueblos y propiedades, Aristóteles Sandoval sólo tiene dos opciones: o lograr cancelación de la presa de El Zapotillo (algo que durante su campaña no descartó) o conseguir que se baje significativamente la altura de la cortina de esa represa.

En cualquiera de los dos casos podrá verse si el próximo gobernador de Jalisco es una persona que sabe honrar su palabra, aun cuando para ello tenga que enfrentar a autoridades federales y sobre todo del vecino estado de Guanajuato, o si sólo se trata de otro político hijo de la charlatanería, de esos acostumbrados a burlar las esperanzas de los demás, al prometer cosas que saben que serán incapaces de cumplir, o si pueden, sencillamente no querrán hacerlo por los intereses (políticos y económicos) que hay en juego.

Finalmente, por lo que hace al caso de si el gobernador debe o no vivir con su familia en Casa Jalisco, éste es un asunto relativamente menor y de escaso beneficio social, tanto así que, por ahora, pareciera ser la única promesa de campaña que Aristóteles Sandoval podría cumplir sin mayores complicaciones, a partir del próximo viernes 1 de marzo del cada vez más cercano 2013.

Pero es obvio que con este eventual acto el inminente nuevo gobernador del estado no estaría cumpliendo ni de lejos con los compromisos que, voluntariamente, contrajo con los jaliscienses, y quienes estarán a la espera de que el del priista Aristóteles Sandoval sea, de veras, un mejor gobierno —o como mínimo menos decepcionante— que el de sus predecesores panistas. ®

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Publicado en: Diciembre 2012, Política y sociedad


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