PASIVOS DE LA FIL

El Nobel ausente

Aun cuando por momentos pareciera haber una suerte de unanimidad favorable hacia la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y una renuncia para verla desde una perspectiva mínimamente crítica, la verdad es que, a lo largo de sus 23 años de existencia, la FIL ha reportado no pocos pasivos, aun cuando sus organizadores —y los de la Universidad de Guadalajara— insistan en negarlo. Y ese déficit no sólo es de carácter económico, sino también de orden intelectual.

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Entre el primero está la gran cantidad de recursos públicos (del gobierno federal, del gobierno de Jalisco, de los ayuntamientos de Guadalajara y Zapopan, de diferentes instituciones y organismos oficiales, y de la propia UdeG), dinero del erario que la FIL ha consumido desde su creación en 1987.
Y por lo que hace a los pasivos de carácter intelectual, bastaría con mencionar el nombre de Octavio Paz, el único premio Nobel de Literatura mexicano y quien, a pesar de ello, nunca vino a la FIL, aun cuando para 1998, el año de la muerte de Paz, la que se presenta como “la más importante feria del libro de habla hispana” ya llevaba once años de existencia.
El ninguneo a Paz por parte de los directivos de la FIL fue mencionado, el martes de esta semana, por la que tal vez sea la escritora e investigadora literaria más rigurosa que se ha avecindado en nuestro país: Fabienne Bradu.
En una mesa, organizada a destiempo por la FIL y por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, con el propósito de recordar el vigésimo aniversario de la entrega del Premio Nobel al gran poeta y ensayista mexicano, Bradu dijo algo que no fue recogido por ningún medio de comunicación: que a Paz se le ninguneó porque, entre otras cosas, los organizadores de la Feria tenían otras preferencias.
No los mencionó por su nombre, pero al hablar de algunos escritores “favorecidos” por la FIL, era por demás obvio que Bradu estaba aludiendo, entre otros, a Carlos Fuentes, a Gabriel García Márquez, a José Saramago, a Carlos Monsiváis.
Pero más allá de gustos y disgustos personales, de simpatías y antipatías, de afinidades y diferencias, es obvio que los organizadores de la FIL —comenzando por la persona que la encabeza, el ex rector Raúl Padilla— no le dieron a Octavio Paz el trato que merecía, máxime cuando se trataba nada menos que del único Premio Nobel de las letras mexicanas.
Durante las primeras ediciones de la FIL sus organizadores se olvidaron olímpicamente de quien para esas alturas no sólo era el más grande escritor de nuestro país, sino también uno de los más importantes intelectuales de fines del siglo XX.

No los mencionó por su nombre, pero al hablar de algunos escritores “favorecidos” por la FIL, era por demás obvio que Bradu estaba aludiendo, entre otros, a Carlos Fuentes, a Gabriel García Márquez, a José Saramago, a Carlos Monsiváis.

Después, cuando en 1990 le fue concedido a Paz el Premio Nobel de Literatura, tan gran acontecimiento no fue motivo de ninguna celebración en la cuarta edición de la FIL.
Luego de tamaño descuido, a toro pasado el presidente de la Feria y por entonces también rector de la UdeG, Raúl Padilla, trató de componer las cosas. Sin embargo, Octavio Paz dio muestras de no querer tener trato ni con la FIL ni con la institución que la organizaba.
La primera muestra de ello la dio en 1991, durante la Primera Cumbre Iberoamericana, la cual tuvo verificativo en Guadalajara y en la que el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari fungió como anfitrión. Como parte de esa reunión, a la que asistieron jefes de Estado de América Latina, España y Portugal, fue inaugurada una biblioteca que iba a formar parte del patrimonio de la Universidad de Guadalajara y a la que, por disposición del propio Salinas, se le impuso el nombre oficial de “Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz”, para lo cual se anunciaba la inminente asistencia del premio Nobel mexicano.
Paz sencillamente decidió no venir; se disculpó por ello y lo único que hizo fue enviar un breve escrito para agradecer el gesto de poner su nombre a la biblioteca, escrito que fue leído por otra persona en el acto inaugural.
Y aun cuando, tres años más tarde, las autoridades de la FIL y de la UdeG le encargaron al escritor Fernando del Paso, director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, que invitara al premio Nobel mexicano para ofrecerle un reconocimiento, el escritor agradeció el ofrecimiento, pero no vino. ¿Por qué? Oficialmente, porque dijo no estar bien de salud, aun cuando ello no le impidió viajar, por esas fechas a Nueva York para participar en un acto en su honor.
Pero es probable que Paz no viniera por el hecho de haber sido ninguneado en un principio y porque no le parecía muy poco honroso ser plato de segunda mesa. O quizá porque sencillamente no le entusiasmaba mucho la compañía de la persona que, ya para entonces, llevaba seis años regenteando a la Universidad de Guadalajara, lo que hasta la fecha sigue haciendo. ®

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Publicado en: FIL, Noviembre 2010


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