Periodismo cultural y redes sociales

Entrevista con René Avilés Fabila

En medio de una crisis profunda en el periodismo cultural mexicano, el escritor y periodista René Avilés Fabila aborda en esta entrevista sus impresiones sobre el panorama intelectual y artístico de nuestro país, de cara a las nuevas tecnologías y a la redes sociales en el siglo XXI.

René Avilés

René Avilés Fabila, ganador del Premio Nacional de Periodismo en distintas ocasiones, nació en la Ciudad de México en 1940 y es autor de cerca de treinta títulos entre novelas y cuentos, además es profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana y un aficionado a las cantinas, como él mismo lo confiesa, debido a la herencia que le dejó la generación de La Onda, conformada por José Agustín, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña.

Lo entrevistamos en la Fundación René Avilés Fabila, ubicada en la colonia Narvarte, la cual alberga el Museo del Escritor, un proyecto ambicioso que ha quedado congelado por la falta de apoyo económico. Aquí la conversación con el director de la revista El Búho y autor de las novelas Tantadel y El gran solitario del palacio, entre otras.

—¿Cuándo se inició en el periodismo cultural?

—Empecé por 1962, siendo muy joven, a escribir en la sección cultural de El Día, que entonces era un periódico innovador, impetuoso, progresista, con mucha gente nueva; hasta que me cambié a Siempre!, cuando todavía lo dirigía Fernando Benítez y, al mismo tiempo, empecé a colaborar en El Nacional, que todavía tenía mucho peso y prestigio, era el periódico del Estado, y el suplemento cultural era muy bueno, se llamaba Revista Mexicana de Cultura y la dirigía un poeta español extraordinario, militante comunista y un hombre generoso que ayudaba mucho a los jóvenes…

—¿Juan Rejano?

—Juan Rejano, así es. Con Rejano nos formamos muchos. Recuerdo a Musacchio, a Alberto Dallal, a Manuel Blanco y a Jesús Luis Benítez, que ya murieron; una gran cantidad de jóvenes que se formaron ahí. Digamos que yo no me formé, pero me consolidé dentro del periodismo cultural. Yo veo más como mi maestro a Rejano. En fin, era una lista larga.

”Tuvo dos épocas ese suplemento: en la primera, colaboraron gente como José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes, escritores más reconocidos y, bueno, Rejano era un hombre que tenía las páginas abiertas para todos aquellos que quisieran. Ese fue el principio. Y ocasionalmente estuve con Emmanuel Carballo en Ovaciones, que tenía una especie de suplemento cultural, una sección que él dirigía, y ahí estuve un tiempo muy limitado…

—¿Comenzó haciendo periodismo cultural exclusivamente?

—Sí. El periodismo político lo empecé a ejercer en el Unomásuno. Cuando Manuel Becerra Acosta funda el periódico en 1975 yo tenía 34 años, y comencé en la sección política como analista político y como reportero político, ahí empieza mi carrera dentro del terreno político, que es la única que he podido mantener.

”Hoy en Excélsior, en Crónica y en la revista Siempre! escribo temas políticos, ya nadie me pide cosas culturales; ocasionalmente la revista de la UNAM o la revista de la UAM, pero muy ocasionalmente.

—¿El periodismo en sí es un fenómeno cultural o sí existe una definición de periodismo cultural?

—Dentro del periodismo hay secciones, hay áreas determinadas muy claras y el periodismo cultural es una de ellas. Se suele dar de dos maneras en los diarios: a través de secciones, que tendrían que aparecer diariamente, más bien informativas, con reporteros, y, desde luego, los suplementos culturales, que pueden ser semanales, en donde sí hay trabajo periodístico, pero también hay creación: hay poesía, hay cuento, hay novela, hay ensayo. Son más elaborados los suplementos culturales y, por decirlo de alguna manera rápida, menos periodísticos, más creativos.

—¿Cuál es la función social del periodismo cultural?

El periodismo político lo empecé a ejercer en el Unomásuno. Cuando Manuel Becerra Acosta funda el periódico en 1975 yo tenía 34 años, y comencé en la sección política como analista político y como reportero político, ahí empieza mi carrera dentro del terreno político, que es la única que he podido mantener.

—Básicamente mostrarle a un país de escasos lectores la importancia y el valor de la cultura. Yo creo que el periodismo cultural es un puente entre la sociedad y la cultura.Sin embargo, el puente se ha ido estrechando y hoy son pocos los diarios que tienen secciones y suplementos culturales, que normalmente vienen mezclados con las secciones de espectáculos. La sección cultural queda reducida a unas cuantas notas y las más oficiales que se pueden encontrar.

—¿Por cuál momento atraviesa nuestro periodismo cultural?

—Estamos en el peor momento para el periodismo cultural. Y eso que hay por ahí un apoyo, pues Conaculta tiene una colección de periodismo cultural, y en donde hay un libro mío, justamente, de periodismo cultural. Pero en términos generales hay una tendencia a ignorarlo, lo cual me parece absurdo porque es un país que tiene una oferta cultural extraordinaria como país, y el Distrito Federal como ciudad, una oferta cultural de alta categoría: festivales, ferias del libro, autores de gran calidad, músicos, cantantes, gente que producimos en este país y no tienen dónde figurar, donde aparecer.

—Decía Gabriel Zaid que muchos editores en México avalan la incultura, haciéndola pasar como cultura y así la difunden, ¿qué tan cierto es esto?

—Cuando Gabriel Zaid escribió esto era un hecho que acabábamos de descubrir. Hoy es una manía, hoy ya es una costumbre aterradora porque va uno a los periódicos y si uno ofrece un proyecto de tipo cultural, las puertas se cierran de inmediato. Incluso en los medios en los que yo estoy, por lo menos en los diarios, no hay suplemento cultural, hay una pequeña y muy modesta sección y es todo.

”Para no dar nombres, hay directores de periódicos importantes que, de plano, me han rechazado abiertamente la idea de crear un suplemento cultural y me han dicho: no nos importa la cultura, nos importa el deporte, nos importan los espectáculos, la política, desde luego, y una política cada vez más amarillista, más llena de sangre. Porque, bueno, finalmente así está el país, en pésimas condiciones.

”Pero, en efecto, no lo ven como un negocio; esto es grave. Pero sí se podría hacer negocio. Si uno sabe vender, sabe moverse, hay universidades privadas, públicas, librerías, editoriales, empresas que se dedican a la cultura.

”Incluso hay algo importante: en vista de que el Estado mexicano comienza a abandonar el gran apoyo cultural que por tradición México ha llevado a cabo, empieza a aparecer de la iniciativa privada, de la sociedad civil y de ciertas empresas una gran actividad cultural: las fundaciones de Slim, la de Banamex, la de Jumex; organizaciones como la Casa Lamm; universidades particulares como el TEC o la Ibero, desarrollan una relativa actividad cultural y entonces ellos también pueden anunciarse.

”Es decir, sí hay formas, lo que pasa es que simplemente los editores tienen más un criterio empresarial pero barato. En Europa y en Estados Unidos se demuestra que con la cultura también se hace negocio.

—¿Están destinados a desaparecer los suplementos culturales?

René Avilés y Jose Agustín

—Yo espero que no, pero yo no les veo ningún futuro. Podemos ser optimistas, pero no lo veo. Por ejemplo decimos: hay canales culturales, están el 22 y el 11, por lo menos, oficialmente, ¿qué tanto realmente producen? Son simples transmisores de programas que vienen del extranjero, en el mejor de los casos; producción de parte nuestra hay mínima.

”Y finalmente, como son manejadas por criterios empresariales también, provenientes de un gobierno panista, están preocupados por el famoso rating y el rating sí te lo da, en efecto, Chabelo y no un programa cultural. Finalmente nosotros los intelectuales, los periodistas, los escritores, los críticos culturales, los músicos, somos los principales enemigos de la cultura porque somos incapaces de mostrar que la cultura es útil y puede ser divertida y amena.

”Así, siempre que vemos un programa en televisión de tipo cultural es un señor aburridísimo y solemne contándonos sus experiencias metodológicas para construir una antinovela, eso vacuna a cualquiera y no te vuelves a acercar nunca a la cultura.

”En mi experiencia como director de El Búho, en Excélsior, que fueron doce o trece años, ya no me acuerdo, fue la de crear un suplemento exitoso. Hubo un momento, al final de esa época, que la gente compraba más el periódico los domingos por El Búho.

—¿A qué se debió el éxito?

—A que era un periodismo lúdico, juguetón, en donde se mezclaba la imagen con el texto, en donde se recurría a la caricatura, donde se hacían reportajes atractivos, divertidos, interesantes. Donde se debatían problemas de orden político, sí, pero desde la perspectiva cultural.

”La verdad es que yo tengo esa experiencia gratificante, además tengo los premios habidos y por haber con ese suplemento. Todos, hasta el Nacional, que me entregó la Presidencia de la República. Entonces, si simplemente hacemos un periodismo vital, ágil, ameno, entretenido, inteligente; sabemos manejar a los reporteros, y a los intelectuales de peso les decimos que están escribiendo para un público más amplio, que hay dirigirse de manera más sencilla, se puede tener éxito.

—¿Sigue El Búho teniendo esas características hoy en día?

—No, se fue perdiendo en la medida en que nosotros dejamos de pagar, porque entonces está uno sujeto a lo que te dan; es decir, yo no puedo decir: quiero en este momento que vaya un reportero a la Cámara de Diputados a ver que están leyendo, a ver si saben quién es Mario Vargas Llosa; no, primero hay que pagarle. Así, tengo lo que me dan mis amigos, la gente que se acerca y que buenamente quiere publicar. Claro, pasa por un tamiz, por un consejo, no cualquiera. Conservamos cierta calidad, cierto nivel, y tenemos muy buenos colaboradores todavía, pero al no pagarles no podemos exigir, no podemos ponernos muy demandantes.

—¿Es sufrida la labor del periodista cultural? ¿Se arrepiente de haber tomado esa ruta?

—Yo creo que no. Y no estoy arrepentido; en general yo no soy un hombre que se arrepienta de las cosas. Siempre pongo como ejemplo una canción de Edith Piaf que dice que no se arrepiente de nada, y yo tampoco me arrepiento de nada. Todo lo que he hecho me parece que ha sido interesante, que ha sido enriquecedor, sobre todo que ha sido divertido y gozoso.

—¿Cuál fue la enseñanza que le dejó Elena Garro como periodista?

—Su periodismo, que era explosivo por las cosas que decía, lo conocí tarde. No me di cuenta de que ella estaba haciendo una crítica al mundo intelectual mexicano realmente seria, importante, significativa, que los hería, que los lastimaba en su vanidad, en su arrogancia, y no lo vi porque estaba yo ajeno a ella como periodista, la veía exclusivamente como escritora y como la esposa de Octavio Paz.

”Entonces yo estaba más atento, por ejemplo, al periodismo de Octavio Paz. Pero ahora que he leído a Elena sí veo que tenía una carga explosiva, era muy crítica, y si la vemos con ojos muy convencionales, si la vemos con esa tendencia a dividir en centro, derecho, izquierda, pues era una mujer conservadora, era una mujer católica, era anticomunista, en una época en que el comunismo iba en ascenso. Entonces eso no se lo perdonaron los intelectuales, porque en esa época los mismos intelectuales que ahora no creen en el socialismo en esa época sí creían; lo veían crecer y desarrollarse, hasta Vargas Llosa tuvo su militancia izquierdista en sus mocedades, después rompió con Cuba y se fue distanciando. Pero en el caso de Elena es distinto, Elena siempre fue anticomunista y eso en México, en aquella época, tenía un precio.

—¿Cómo se autodefine René Avilés? ¿Sigue siendo un dinosaurio atrapado en el hielo?

Su periodismo, que era explosivo por las cosas que decía, lo conocí tarde. No me di cuenta de que ella estaba haciendo una crítica al mundo intelectual mexicano realmente seria, importante, significativa, que los hería, que los lastimaba en su vanidad, en su arrogancia, y no lo vi porque estaba yo ajeno a ella como periodista, la veía exclusivamente como escritora y como la esposa de Octavio Paz.

—Sí, porque soy comunista, marxista, y ya no cambia uno. Es decir, me supongo que no voy a creer en Dios de la noche a la mañana, pues he cultivado mi ateísmo con tanto esmero, ¿no? Y con tanta cultura científica que me he metido en la cabeza. Pero nunca he cambiado, siempre he pensado igual, siempre he tenido una pugna con el poder. A veces pienso que soy más anarquista que marxista, por eso nunca he podido durar en cargos como funcionario.

”Fui director de Difusión Cultural en la UNAM y terminé peleándome con el rector; en la UAM algo semejante me ha ocurrido. Entonces, lo mejor es ser René Avilés Fabila, escribir lo que quiero, como quiero, utilizar la libertad de expresión que hay, la libertad de cátedra para dialogar con mis alumnos y eso es todo lo que yo veo.

—¿Y la educación en México?

—La educación está fatal. Uno recibe alumnos para titularse que no leen, que no escriben correctamente, que no saben expresarse con cuidado, con fluidez, y ahora las nuevas tecnologías mientras no acaben de aterrizar, mientras no tengan un uso inteligente y racional estamos perdidos, porque ahí es donde se deforma más el idioma, por ejemplo.

—¿Qué les dice a los jóvenes periodistas que comienzan su labor en los medios?

—Solamente que sean críticos. Les ruego, les pido, los impulso a leer lo más que puedan para entender lo que ocurre pero, sobre todo ser críticos. Yo no creo que el periodismo sea para elogiar, el periodismo es para hacer una crítica saludable, y si se quiere uno poner generoso, hasta propositiva, pero yo no veo que ése sea el papel, la función de un periodista, andar proponiendo nada. Uno ve los vicios, los defectos, los errores y los señala; al Estado le pagan para solucionarlos.

—Le gustan las redes sociales…

—Sí, me gustan, me entretengo mucho. La cercanía con los estudiantes me atrae mucho, es como una ventana al mundo. De pronto me escribo con una argentina que dice que yo fui jurado cuando ella ganó el Premio Rulfo, encontrarme con alguien que fue mi novia y que ahora ha de tener 120 años. Y, sobre todo, saber que hay jóvenes que me leen, eso tiene atractivo.

—¿Cómo va el proyecto del Museo del Escritor que usted impulsa?

—Es una idea congelada, no ha habido ningún apoyo. Hemos recurrido al gobierno de Fox, al gobierno de Calderón. En su momento a Sari Bermúdez, a Sergio Vela, desde luego a Consuelo Sáizar, a particulares como Slim, con la gente de Slim, con él nunca, pero con gente muy cercana a él, les hemos presentado el proyecto que es muy ambicioso, no sólo se trata de mostrar objetos, libros y fotos de escritores, sino hacer una escuela de escritores, un lugar interactivo donde haya conferencias, presentaciones de libros, debates, mesas redondas, un museo vivo. Pudo haberlo tomado el gobierno mexicano si no fuera tan imbécil, me refiero al actual, para el Centenario y el Bicentenario; nada mejor que decir: abrimos el Museo del Escritor con 200 años de literatura mexicana, con una exposición de ese tipo, por ejemplo. Hicieron puras pendejadas. Ya no es la época de Vasconcelos, ni de Torres Bodet ni de Agustín Yáñez, ahora es total incomprensión. ®

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Publicado en: Julio 2011, Libros y autores


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